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Fundamentos del celibato sacerdotal a partir de la lectura de Presbyterorum Ordinis 16 (II)

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Definición de los términos El Decreto Presbyterorum Ordinis, en su numeral 16 habla indistintamente de virginidad y celibato. Por eso creemos necesario previamente a la presentación de los fundamentos del celibato en el sacerdocio, definir a grandes rasgos estos términos que generalmente se utilizan al hablar de tema del celibato sacerdotal. Trabajaremos en este capítulo tres términos: celibato, castidad y virginidad. El celibato, estrictamente hablando, es «el estado de una persona no unida en matrimonio» . Si bien las motivaciones pueden ser varias, abordamos aquí el que se da en el estado clerical según afirma el Código de Derecho Canónico: «Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres» . Esta continencia o castidad perfecta por el Reino de los Cielos (expresiones que se usan como sinónimos al término celibato) significan la abstención del matrimonio, las relaciones sexuales y todo aquello que conlleve a una coherencia de vida con dicho estado. Así lo expresa el Concilio, cuando habla de la entrega «en la virginidad o en el celibato. La Iglesia siempre ha apreciado muchísimo esta castidad perfecta a causa del reino de los cielos» . Ello no implica una negación o minusvaloración del estado matrimonial . Ambos estados son llamados que Dios hace y atentar una de éstas vocaciones implicaría la denigración de la otra. Por ello, podemos afirmar con un conocido teólogo peruano lo siguiente: «La estima del celibato por el Reino y la estima por el sentido cristiano del matrimonio son inseparables para el hijo de la Iglesia. A tal punto es esto verdad que denigrar uno es afectar seriamente a ambos, y valorar uno es también apreciar al otro. Cada cual es camino adecuado para quien ha sido llamado a él. Es pues asunto de vocación divina» . La exigencia canónica del celibato para el estado sacerdotal se aplica solamente a la Iglesia Latina: «Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato “por el Reino de los cielos” (Mt 19, 12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus “cosas”, se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios» . Pero para abordar con más exactitud el tema del celibato es importante reflexionar en otro término que va muy ligado: el de la castidad . Según el Catecismo, ésta es la «integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual» . Además de la necesaria castidad (virtud que todo cristiano debe vivir), el célibe entrega totalmente su cuerpo, alma y espíritu a las «cosas» de Dios mediante la renuncia al matrimonio y sus deberes . Evidentemente entra aquí una renuncia a las relaciones sexuales y a todo lo que vaya en ese sentido. El celibato presupone la castidad. El Catecismo habla de la castidad como el camino que lleva a mantener la integridad de las fuerzas de la persona, integridad que asegura la unidad de la persona; además es un don de Dios y un aprendizaje del dominio de sí mismo, pues es una escuela de donación. Obra que dura toda la vida, requiere de un particular sacrificio, pues necesita del combate espiritual contra las propias pasiones movidas por el hombre viejo del que habla San Pablo; lucha además contra el mundo y sus influencias y, especialmente, contra las asechanzas del maligno; se trata de las tres concupiscencias de las que habla San Juan . La castidad puede ser vivida de diferentes formas según el estado de vida que la persona tenga : «“En la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o célibes”. Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia» . Finalmente, es importante abordar un término más que se relaciona con el celibato: la virginidad . Si bien el concepto originalmente tiene un carácter biológico (la integridad física de la persona, hombre o una mujer), en lo religioso significa una renuncia voluntaria al matrimonio por el Reino de los Cielos. En el Antiguo Testamento la virginidad era mal vista, como lo atestigua la historia de la hija de Jefté que lloró su virginidad (no había tenido hijos) considerándola una deshonra. Y es que estaba relacionada con la esterilidad, lo cual significaba una humillación . Se debe entender la virginidad como una realidad integral en cada persona: «(no es solamente) una realidad física, sino también una conducta; no es una situación material solamente, sino ante todo una decisión. La integridad fisiológica, aunque sea además psicológica, es decir, voluntariamente querida y conservada, mucho menos cuando es mera fisiología, no es aquello que constituye específicamente la virtud de la virginidad; ni siquiera en el caso en que la integridad es el premio de multitud de combates ganados a base de ser de corazón casto. La virginidad, como virtud, está constituida en su esencia por la decisión, plasmada con toda propiedad en el voto religioso, de abstenerse para siempre del trato sexual y del deleite que éste lleva consigo» . Sin embargo es importante ver que en ocasiones el término virginidad, ha sido utilizado indistintamente como realidad o complementaria al de celibato. Se buscaba definir la misma realidad: la consagración que uno hace dedicándole la totalidad de la propia vida al Señor y sus cosas, mediante la renuncia al matrimonio. Así lo encontramos en el Decreto Presbyterorum Ordinis: «Los presbíteros, pues, por la virginidad o celibato conservado por el reino de los cielos, se consagran a Cristo de una forma nueva y exquisita, se unen a El más fácilmente con un corazón indiviso» . Otro texto conciliar expresa lo mismo cuando habla de la entrega «en la virginidad o en el celibato» . Esta misma relación entre la virginidad y el celibato, la encontramos en S.S. Pablo VI en la encíclica Sacerdotalis coelibatus: «En plena armonía con esta misión, Cristo permaneció toda la vida en el estado de virginidad, que significa su dedicación total al servicio de Dios y de los hombres. Esta profunda conexión entre la virginidad y el sacerdocio en Cristo se refleja en los que tienen la suerte de participar de la dignidad y de la misión del mediador y sacerdote eterno, y esta participación será tanto más perfecta cuanto el sagrado ministro esté más libre de vínculos de carne y de sangre» . Finalmente, esta misma relación, S.S. Juan Pablo II la expresará en la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis: «Viviendo su celibato el sacerdote podrá ejercer mejor su ministerio en el pueblo de Dios. En particular, dando testimonio del valor evangélico de la virginidad» . Hemos hecho una breve explicación de las diferencias y similitudes de estos términos. Concluimos que no pocas veces se usan otros términos de manera equiparada al de celibato. Relación que se muestra en particular en el Magisterio de la Iglesia. Estos términos (virginidad, castidad perfecta o algún otro semejante) se utilizan a veces como sinónimos para hablar de la misma realidad (la del celibato), pero no siempre haciendo alusión al celibato sacerdotal (tema que trataremos en el presente artículo) sino que a veces se refieren también al celibato de los consagrados. Por ello buscaremos especificar y utilizar a lo largo del artículo el término “celibato” con su especificación “sacerdotal”, para distinguirlo así del celibato que podrían vivir personas consagradas.

Comentarios
1 comentarios en “Fundamentos del celibato sacerdotal a partir de la lectura de Presbyterorum Ordinis 16 (II)
  1. Esperando el siguiente artículo. Quizás en este hay una confusión entre el estado sacerdotal y el religioso. No es lo mismo el celibato sacerdotal, que puede ser querido y alabado por sus frutos prácticos y espirituales, pero que no es fundamento del sacramento del Orden, del celibato del religioso, que pertenece a la esencia misma del estado religioso por su profesión del voto de castidad.

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