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Espacio celebrativo, de B. Ferreira, en CPL

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A la hora de celebrar la liturgia utilizamos edificios antiguos o nuevos. Cada período histórico ha encontrado una expresión arquitectónica y artística para que puedan reflejar la realidad de la Iglesia, y lo ha hecho de forma más o menos afortunada, dependiendo también de cómo la concepción del misterio de la Iglesia ha ido cambiando. El Concilio Vaticano II planteó un desafío en ese sentido.

El desafío está en la Constitución sobre Sagrada Liturgia, en el número 124: «Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles». Un número muy breve, pero que ya plantea dos criterios importantes: el primero es la aptitud del templo para las acciones litúrgicas. El segundo es la consecuencia del criterio pastoral que sobrevuela toda la Constitución: la participación activa de los fieles en la celebración litúrgica.

Muchas veces hemos hablado de lo que significa esta participación activa: por medio de los signos, símbolos, gestos y palabras de la liturgia se realiza un verdadero encuentro con Cristo, presente en la celebración a través de ellos, no solamente en la Presencia Real Eucarística, sino también en cada una de las realidades litúrgicas a su modo.

Por eso es necesario construir espacios litúrgicos y en la medida de lo posible adaptar los que ya tenemos: «[para que] resulten adecuadas para celebrar las acciones sagradas, conforme a su auténtica naturaleza, y obtener la participación activa de los fieles» (Inter Oecumenici, 90).

El autor de este libro formula  la mutua interconexión entre espacio y celebración litúrgica, que va desarrollando a lo largo de las páginas de este libro. Se trata de expresar la comunión y la trascendencia en la disposición de los diferentes elementos que constituyen el núcleo de la acción litúrgica de la asamblea reunida: el ambón, como lugar del anuncio de la Resurrección, el altar como mesa de la Última Cena y piedra sacrificial, y el sentido de la sede presidencial constituyen el centro del estudio de Bernardino Ferreira, que acompaña su reflexión con sugerentes imágenes de nueva arquitectura. Bernardino Ferreira da Costa, doctor en Liturgia y profesor en la Universidad Católica de Porto, es abad del monasterio benedictino de Singeverga, en Portugal.

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