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El gobierno de Pedro Sánchez y el salario mínimo (I)

TEOLOGÍA, ECONOMÍA Y LIBERTAD
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El gobierno de Sánchez aprobará el próximo día 21 de este mes una subida del 22% del salario mínimo, a 900 € mensuales en 14 pagas. [1]

¿Por qué el gobierno quiere subir tanto el salario mínimo? Porque  es una medida que genera impacto mediático y que seguramente otorgue votos a PSOE y Podemos. Y que aparentemente no tiene coste para las arcas públicas. Pero sí pasará factura a muchas pymes, pequeños comercios, trabajadores y parados.

Pensemos, por ejemplo, en el dueño de un pequeño comercio, o en un autónomo que quiere contratar un nuevo trabajador. ¿Cuánto le cuesta emplear a una persona? De entrada, debe abonarle 14 pagas, no 12. Además, el empresario debe hacerse cargo de su parte en las cotizaciones sociales. Y también de las vacaciones pagadas, y de otros costes (los costes detallados se encuentran al final).

Resulta así que el coste mínimo de contratar a un trabajador es de 18.197 € anuales. Una media de 1.516 € mensuales ¡Los 900 € mensuales de salario mínimo cuestan al empleador más de 1.500 € mensuales!

El dueño de la pyme, a la hora de decidir si contrata o no a un trabajador adicional, se planteará si ese empleado es capaz de generar unos beneficios adicionales de 20.000 € o más al año. Pymes poco boyantes que contratan a profesionales poco cualificados a los que pagan el SMI van a tener que despedir trabajadores para sobrevivir.

El Magisterio de la Iglesia habla de los salarios en algunos de sus textos:

Y los «pobres» se encuentran bajo diversas formas; aparecen en diversos lugares y en diversos momentos; aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo —es decir por la plaga del desempleo—, bien porque se deprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia.[2]

La clave aquí es saber cuál sea ese justo salario. Más adelante, en la misma Laborem Excersens, Juan Pablo II nos indica:

 Un salario único dado al cabeza de familia por su trabajo y que sea suficiente para las necesidades de la familia sin necesidad de hacer asumir a la esposa un trabajo retribuido fuera de casa[3]

Llegados a este punto cabría preguntarse, ¿cómo se determina el salario justo? ¿Se debe entonces fijar un salario mínimo por ley? ¿La fijación de un salario mínimo por ley es moral, inmoral o indiferente?

A la pregunta del salario justo respondieron así los teólogos españoles del s. XVI:

San Bernardino de Siena y San Antonino de Florencia trataron los salarios como si fuere el precio del trabajo. En esta línea Luis de Molina remarca también que el salario se determina al igual que los demás precios, y el más tardío Henrique de Villalobos piensa que en materia de salarios tenemos que juzgar de la misma manera en que juzgamos el precio de los demás bienes. Por esto, para nuestros escolásticos, la teoría del salario justo descansa en la voluntariedad, el libre consentimiento, excluyendo todo tipo de fraude o engaño. La necesidad del trabajador no determina el salario, así como la necesidad del propietario no determina el precio del alquiler o del arrendamiento. El salario justo es el que resulta de la libre negociación entre las dos partes.

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De aquí que resulte interesante la declaración de Francisco de Vitoria cuando dice que está obligado a la restitución el patrono que impone un cierto salario al sirviente o criado, aunque este no lo acepte; y lo explica diciendo que el acuerdo no fue voluntario simpliciter, sino que tuvo algo mezclado de involuntario al margen, es decir, la necesidad, obligado por la cual fue a servirle, porque no pudo más, por ver que se moría de hambre y no hallaba donde ir. Y el propio Luis de Molina reconoce la obligación de restitución a cargo de los dueños cuando se determine un salario menor que el mínimo acostumbrado, bien por ignorancia, coacción o necesidad del criado.[4]

Según vemos, los teólogos de la Escuela de Salamanca consideraban el salario justo no aquél que permite a la mujer no tener que trabajar fuera de casa, sino al del mercado, acordado en libertad. Y –esto es importante– cuando el patrono se aprovechaba de las circunstancias para establecer un salario menor al del mercado, cometía injusticia y tenía la obligación de restituir.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se fija un salario mínimo por ley? Si hay personas con poca experiencia, o muy jóvenes, cuyo valor en el mercado es menor, se genera un problema: las empresas contratarán a menos personas (incluso despedirán a algunas), ya que el gobierno las hace obligatoriamente más caras, y se generará paro. Hay gente en la economía que querría trabajar por menos dinero y la ley se lo prohíbe. Establecer un salario mínimo genera paro y mantiene el paro.

Podría argumentarse que ninguna persona estaría dispuesta a trabajar por debajo del salario mínimo. Esto no es verdad, y lamentablemente el contraejemplo lo tenemos en los jóvenes y la crisis española. El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud elaboró un informe titulado Crisis y contrato social. Los jóvenes en la sociedad del futuro. [5] El estudio analiza las percepciones de los jóvenes españoles sobre la crisis, sus expectativas para afrontar el presente y proyectarse hacia el futuro. La investigación fue realizada entre los meses de abril y noviembre de 2012 a partir de una muestra de 1.000 jóvenes. Es estudio muestra como hasta un 48,6% de los encuestados manifiesta su disposición a aceptar un trabajo en cualquier lugar y con cualquier sueldo.

¿Qué es una injusticia? ¿Prohibir a un joven trabajar por 600 € al mes y obligarle a que siga en el paro o a que tenga que emigrar? ¿O darle trabajo por 600 € al mes?[6]

(Continuará en la siguiente entrada)

Miguel Ángel Sanz

Sobre el blog TEOLOGÍA, ECONOMÍA Y LIBERTAD, y su autor

 

[1] https://www.europapress.es/economia/laboral-00346/noticia-gobierno-aprobara-dia-21-subida-22-salario-minimo-20181212092307.html

[2] Juan Pablo II, Laborem Exercens, 8.

[3] Juan Pablo II, Laborem Exercens, 19.

[4] Rafael Termes, Desde la libertad¸ Eilea, Las Rozas, 1997, p. 122-123.

[5] http://www.injuve.es/sites/default/files/2014/02/publicaciones/crisisycontratosocial.pdf

[6] El salario mínimo en España en 2013 era de 752 € al mes.

 

COSTES LABORALES DETALLADOS

El salario mínimo legal se compone de 14 pagas. Por eso, el sueldo bruto anual en 2019 no serán 10.800 € (900 € mensuales de media), sino 12.600 (1.050 € mensuales de media). Segundo, el empresario debe hacerse cargo de su parte en las cotizaciones sociales. Eso supone el 30,9% del salario bruto anual. Por consiguiente, el coste laboral mínimo es de 16.493 € por año (1.374 € mensuales de media).

Además el empleador debe hacerse cargo de las vacaciones pagadas. Por cada mes trabajado se devenga el derecho a 2,5 días de vacaciones pagadas. Esto supone un coste mensual extra del 8,3%. Si añadimos otros costes asociados al trabajador (espacio de oficina, mobiliario, asesoría laboral que se ocupe de gestionar la preparación y presentación de contratos de trabajo, nóminas y cotizaciones sociales…) llegamos a otro 2%. El coste mínimo de contratar a un trabajador es de 18.197 € anuales; una media de 1.516 € mensuales.

Esa cantidad seguramente será más alta, ya que hemos obviado otros costes como el plan de prevención de riesgos laborales, coste de herramienta y maquinaria, etc.[1] Los 900 € mensuales cuestan al empleador más de 1.500 €

[1] https://www.billin.net/blog/cuesta-contratar-trabajador/

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