PUBLICIDAD

Cómo Venezuela ha llegado hasta aquí (III: el tiranicidio)

TEOLOGÍA, ECONOMÍA Y LIBERTAD
|

El padre Juan de Mariana (Museo del Prado).jpg

¿Es moralmente lícito matar al tirano?

Esta pregunta ha sido objeto de reflexión moral, política y teológica durante siglos.

Muchos han afirmado, con limitaciones y salvaguardas, el derecho de los súbditos de matar al tirano en defensa del bien de la sociedad. Entre ellos, Juan de Salisbury en el siglo XII y Jean Petit en el siglo XV.

El jesuita Juan de Mariana (1536- 1624) desarrolló la doctrina sobre la legitimidad del tiranicidio en su libro De rege et regis institutione publicado en 1599.

Este tratado expone cómo ha de ser una monarquíay cuáles son los deberes del rey. El rey, como cualquier vasallo, ha de subordinarse a la ley moral. Propone como máximo valor de un monarca la virtud cardinal de la prudencia, en su sentido aristotélico. Y sobre todo la de impedir que los impuestos asfixien a los súbditos.

La finalidad de la obra es establecer límites claros al poder político fundándose para ello en la tradición artistotélico-tomista, según la cual la sociedad es anterior al poder político y por lo tanto aquella puede recuperar sus derechos originales si el Gobierno no es bueno. Por eso desarrolla la doctrina sobre el tiranicidio, extensamente aceptada entre los autores escolásticos, ampliando el derecho de matar al tirano a un individuo cualquiera.

El padre Mariana afirma que en ningún caso puede el gobernante considerarse propietario de los bienes de los súbditos. No puede imponer impuestos sin el acuerdo de los súbditos. Ni puede crear monopolios estatales, dado que las mismas no son sino entidades destinadas a imponer cargas tributarias. Tampoco puede devaluar la moneda (reduciendo el contenido de oro o plata de las mismas), lo que inevitablemente conduce al aumento de los precios. El tirano es el que todo lo atropella y todo lo tiene por suyo. En cambio, el rey justo restringe sus codicias dentro de la razón y la justicia.

Según Mariana, son actos propios del tirano los siguientes:

“Se apropia de los bienes de los individuos y los malgasta, poseído como está por los innobles vicios de la codicia, la avaricia, la crueldad y el fraude…

Los tiranos, en verdad, intentan dañar y arruinar a todos, pero dirigen su ataque especialmente contra los ricos y los hombres honrados en todo el reino… Expulsan a los mejores hombres de la comunidad bajo el principio de que quien sea exaltado en el reino debe ser derribado… Exprimen a todo el resto, de forma que no puedan unirse, demandándoles nuevos tributos diariamente, promoviendo peleas entre los ciudadanos y uniendo una guerra a otra. Construyen grandes obras a costa y sufrimiento de los ciudadanos…

El tirano teme necesariamente que a quienes aterroriza y mantiene como esclavos intenten derrocarle… Así que prohíbe que los ciudadanos se reúnan, las asambleas y la discusión común de los asuntos de la comunidad, quitándoles mediante métodos de policía secreta la oportunidad de hablar y escuchar libremente, de forma que ni siquiera se les permite quejarse libremente”.

PUBLICIDAD

Mariana sostenía que la gente debía soportar un tirano todo lo posible, y actuar sólo cuando su opresión hubiera sobrepasado todos los límites.

La justificación del tiranicidio se basa en la doctrina de la legítima defensa, cuando ésta es la única vía practicable para acabar con un gobierno que violenta sobremanera los derechos naturales de los ciudadanos.

Al parecer ése es el argumentario que Claus von Stauffenberg utilizó para añadir adeptos a su conspiración para matar a Hitler. Stauffenberg provenía de una familia católica y fue quien planificó el atentado más importante contra Hitler: el «complot del 20 de julio» de 1944. Después de ese atentado, que fue fallido, Hitler y Himmler ordenaron unos 5.000 arrestos y 200 ejecuciones, incluidos mujeres e hijos de los detenidos.

No son pocos los tiranos que han sido asesinados en la historia. Planificar y ejecutar las acciones requiere por parte de los conspiradores estar dispuestos a asumir que si fallan no sólo les aguarda la muerte, sino que también afectará a sus familias y conocidos.

Hablaba de esto ayer con un familiar exponiéndole que, en mi opninón, para un creyente, la decisión de ejecutar a un tirano tiene que ver primariamente con el juicio de la propia conciencia. El juicio de la conciencia sobre el grado de tiranía del gobernante, y por tanto sobre la licitud moral de la acción o no. Y secundariamente sobre el impacto en su propia vida y la de sus familiares, por graves que éstas puedan ser.

¿Se da esta situación en el caso de Venezuela? Sólo la conciencia de cada uno lo puede decir.

 

Miguel Ángel Sanz

Más entradas de TEOLOGÍA, ECONOMÍA Y LIBERTAD.

Sobre este blog y su autor

 

5 comentarios en “Cómo Venezuela ha llegado hasta aquí (III: el tiranicidio)
  1. Ah pájaro pinto, lanzas la piedra y escondes la mano con la última pregunta, ¿eh? ^^

    Yo voy a empezar por decir que el intento de asesinato de Hitler (quién no lo ‘bendeciría’, a toro pasado) trajo como consecuencia esos 5000 arrestos y 200 ejecuciones*; esto es, buscando el bién común, incluso con rectitud de corazón, hay veces que viene un mal mucho mayor. La razón puede ser un arma terrible y de doble filo.

    *Decir que se cree que al general Rommel (figura histórica apreciada, en general) se le obligó al suicidio porque se sospechaba que participó en la trama.

    Sigo por comentar que todas estas doctrinas de legítima defensa ante injusticias «evidentes» son muy entendibles, aunque depende también de la época y tiempo histórico vivido.

    Ahora bien, siempre hay otra vía que no contemplan estos eruditos, ni nosotros en nuestra razón de hombres ante el mundo.

    Si nos vamos a Cristo (y un cristiano sigue las huellas de Cristo) mayor injusticia que crucificarlo no ha habido (el escándalo de la Cruz para los hombres, que dirá San Pablo) y dijo que Él moría, como cordero expiatorio, para salvación y justificación** de todos (buenos y malos).

    **La palabra ‘justicia’ tiene dos acepciones: ajusticiar y justificar (ojo ahí).

    Entonces el cristianismo llamará a amar al enemigo (tirano de turno, puede ser), rogar por los que te persiguen o bendecir a los que te calumnian (y no ‘de boquilla’). Y ésto no lo digo yo, que lo dice Cristo, eh.

    Y ya hemos encontrado una tercera vía ante las tiranías y opresiones del mundo, que es Cristo.

    (Con ésto podremos entender también mucha de la predicación y actuación de Francisco, en la actualidad.)

    Ésto obviamente es contrario a cualquier pensamiento sensato y razonable de cara al mundo y su justicia; pero es que «nuestra sensatez y razón» son dos de las armas preferidas por el demonio desde siempre.

    1. Muchas gracias Alex. Me has hecho sonreír con la primera línea. Y me has hecho pensar con el resto.
      En el caso de Venezuela… y en los demás casos, está todo en manos de Dios, y todo en nuestras manos.

      1. Gracias a ti, Miguel.

        Te he dejado un comentario en el hilo de tu presentación, también.

        Enhorabuena y más que bienvenido, por mi parte, te digo otra vez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *