“México está moribundo”: Obispo de Cuernavaca

Foto: Sol de Cuernavaca
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A lo largo y ancho del país, la Iglesia católica celebró la eucaristía teniendo en particular el recuerdo de los sacerdotes y agentes de evangelización fallecidos por causas violentas en las últimas décadas, jornada de oración motivada por la muerte de los dos jesuitas de la Tarahumara, los padres Gallo y Morita.

En la diócesis de Cuernavaca, el obispo Ramón Castro Castro, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, la homilía en torno a la parábola del buen samaritano, para el descubrimiento de la realidad del prójimo, fue propicia para una dura y contundente reflexión sobre la situación de violencia del país y la urgencia de la paz en México.

“México está herido por la violencia, México está moribundo” dijo el obispo señalando que han sido muchos los que han pasado de largo viendo esta realidad sin hacer mucho por cambiar el estado de cosas que nos ha puesto en esta delicada situación.

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¿Por qué está herido? Se preguntó el obispo respondiendo que es por la grave violencia y remarcó la preocupación de los pastores de México por acompañar a los fieles y pueblo. “No queremos tener en la conciencia haber sido pastores que ven la realidad y le dan la vuelta porque tienen miedo o porque no se quieren meter en problemas”.

Los obispos, remarcó, tienen el deber de atender al herido y curarlo para recuperar la salud. “Soñamos con un México en paz” dijo y recordó que el Episcopado Mexicano alzó la voz a través de un comunicado por el que suplicaron la paz ante la preocupante violencia y la expansión de la acción del crimen organizado que se ha extendido por todas partes “trastocando la vida cotidiana de todos”.

Afirmó que actividades delincuenciales como la extorsión “pululan” y el crimen organizado se ha adueñado de calles, colonias, de pueblos enteros, caminos y carreteras, señalando el encarnizamiento del crimen cuando ha perdido todo sentido de respeto por la vida. “Se han perdido valores y el problema más grave, estamos perdiendo sensibilidad a ese México herido”.

Castro Castro afirmó que la Iglesia está concentrando sus esfuerzos para incentivar el diálogo nacional en el que especialistas generen la unidad para construir la paz. Y señaló que las afirmaciones acerca de que las muertes están entre miembros del crimen organizado no son ciertas cuando puso de ejemplo dos particulares casos que llegaron a su conocimiento. Así contó de la experiencia de una viuda del sur del Estado de Morelos cuyo esposo fue asesinado por el crimen organizado. Su hijo, por necesidad, tuvo que enrolarse en la venta de droga; sin embargo, el ascenso en la cadena tenía por delante asesinar a otra persona. Al negarse, la madre recibió en una caja la cabeza de su hijo. “No se están matando entre bandas, también entre aquellos inocentes que no quieren colaborar” señaló el obispo Castro.

Como esos, los casos se reproducen por miles, afirmó, remarcando la necesidad de dar un giro a la estrategia de seguridad implementada por el gobierno de la República para buscar la paz que tanto anhelados.

Castro Castro recordó igualmente a los sacerdotes y obispos asesinados recuperando la memoria del primer obispo de Ciudad Obregón, José Soledad Torres Castañeda, ultimado en 1967 por robarle su automóvil. En 1994, la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo “que no murió en fuego cruzado, lo asesinaron directamente”, además de los obispos que sufrieron algún delito en carne propia. “Mi predecesor, el obispo Alfonso Cortés, le robaron su automóvil en las lagunas de Zempoala, quienes iban conduciendo fueron secuestrados y amenazados de muerte. El cardenal Robles y monseñor Sigifredo Noriega han dicho públicamente que han tenido que enfrentar retenes del crimen organizado para poder pasar a su territorio… El obispo de Autlán, Rafael Sandoval, hace unas semanas, iba hacia Aguascalientes y en la frontera entre Jalisco y Aguascalientes, le roban su auto, lo amenazan y lo dejan a pie”.

“México herido” señaló Castro que pretender recuperar su salud con la oración de miles de católicos que este domingo 10 de julio comenzaron las jornadas “para que Dios nos ilumine y seamos instrumentos de su gracia, para ser buenos samaritanos. Esta jornada de oración va a traer buenos frutos, nos va a iluminar, sobre todo a quienes tenemos alguna responsabilidad, para buscar la paz”.

Castro afirmó que la Iglesia “no busca declarar la guerra a nadie” ni provocar mayores conflictos, más bien impulsa la disposición al diálogo y la construcción de la paz.

En la catedral de Cuernavaca, algunas fotografías de los sacerdotes asesinados fueron puestas a la vista de los fieles y durante la plegaria universal, se pronunció los nombres de algunos de ellos para pedir por su eterno descanso, particularmente por el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, los presbíteros José Guadalupe Popoca Soto, Tomás Arturo Ortega, Iván Añorve Jiménez, Israel Garrido, José Moisés Fabila Reyes, Gregorio López Gorostieta, José Alfredo López Guillén, Germán Muñiz García, Francisco Javier Gutiérrez Díaz, Erasto Pliego de Jesús, José Ascencio Acuña, Alejandro Nabor Jiménez, Juan Ssenyondo, Felipe Altamirano Carrillo, Nicolás de la Cruz, Luis López, Joaquín Hernández, Rolando Martínez, José Alfredo Juárez de la Cruz, Miguel Gerardo Flores Hernández, Joel Román Salazar, Juan Miguel Contreras, José Miguel Machorro Alcalá, Ignacio Cortés, Gumersindo Cortés, José Gómez Preciado, José Guadalupe Rivas, José Martí Guzmán, Hipólito Villalobos, Juan Antonio Orozco, Rubén Alcántara Díaz, Javier Campos Morales, Joaquín César Mora y el obispo José Soledad Torres.

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