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La mafia que encubre al depredador sexual

El caso no es más que otra de las historias que continúan saliendo a la luz a lo largo y ancho del mundo como una pesadilla para la Iglesia. 
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Editorial Centro Católico Multimedial / José Leonardo Araujo Araque, ciudadano venezolano, sufrió agresión sexual a los 13 años. Su victimario no era un personaje común. Amparado bajo la confianza y haciendo uso del poder, el sacerdote de la Sociedad de San Pablo, Juan Arcadio Huerta Ibarra, cometió actos reiterados de abuso contra quien, en ese momento, aspiraba a convertirse en sacerdote. En 2002, el religioso originario de México era encargado de la fundación de la comunidad de formación ‘Reina de los Apóstoles’, para recibir a cualquier joven con aspiraciones a la vida religiosa y sacerdotal en el país Sudamericano.

Sin embargo, Huerta Ibarra estaba construyendo la fachada perfecta para consumar los abusos y delitos que pronto lo llevarían a ser parte de la trama de encubrimientos de los superiores de la comunidad que lo han protegido para moverlo desde Venezuela, pasando por los Estados Unidos y refugiarlo en México.

Desde 2019, José Leonardo ha emprendido una lucha que aún no tiene respuesta en la conocida historia ya común en los ambientes eclesiásticos respecto a los abusos sexuales: impunidad. El pasado 26 de julio, en conferencia de medios en Ciudad de México, y gracias al respaldo de la asociación civil Spes VivaAraujo Araque hizo visible en odisea judicial emprendida en Venezuela y los estériles esfuerzos ante la pantomima de justicia canónica que ha resultado en eso, en la protección del sacerdote Huerta Ibarra quien, hasta antes de la pandemia, fue visto en Basílica de Guadalupe realizando, sin restricción alguna, los apostolados propios de la comunidad a la cual pertenece.

El caso no es más que otra de las historias que continúan saliendo a la luz a lo largo y ancho del mundo como una pesadilla para la Iglesia. No parece que el presunto abusador sea un depredador solitario. Para Huerta Ibarra, la pertenencia a una comunidad religiosa es la perfecta tapadera que, en un ámbito penal, revelaría la conspiración de sus superiores para tolerar el delito. 

Es claro que arriba de Huerta existen otros personajes que lo protegen. Esos son sus amigos en la Sociedad de San Pablo de la provincia de México quienes actúan como verdadero cártel y que, en su momento, consintieron descaradamente que el clérigo se moviera de un país a otro evadiendo a la justicia.

Tienen nombre y apellido. Araujo Araque lo señala. En ese entonces, José Faustino Hernández Esteves, provincial de la Sociedad de San Pablo para México y Cuba, fue responsable del traslado desde Venezuela, pasando por Chicago hasta llegar a México para abrazar al presunto delincuente. Y a pesar de que Hernández Esteves ha dejado la titularidad del gobierno de la provincia, su sucesor, Oliverio Mondragón Martínez, ha resuelto aplicar la de Poncio Pilatos para lavarse las manos, mientras Juan Huerta parece burlarse de todas las acciones judiciales y canónicas que ni cosquillas le hacen. 

Efectivamente, en la Iglesia también puede haber corrupción y aquí es obligada la reflexión. Ya el tribunal de la arquidiócesis de México emitió un comunicado del caso que, a los efectos, es puro placebo que no repara el asunto. Al final, si Juan Huerta es dimitido del estado clerical, eso no resuelve los crímenes que se le imputan ni se desmantela a los mafiosos que le protegen. Y en esto es necesario advertir la inutilidad de la reumática y mal llamada justicia eclesiástica de los tribunales canónicos competentes sólo de levantar cortinas de humo para proteger obispados mientras los delincuentes se mueven a su antojo sin consecuencia alguna. ¿Qué sucede con el aparato de la burocracia eclesiástica? ¿Dónde está Juan Arcadio Huerta Ibarra? ¿Cuántos más fueron abusados sexualmente por este depredador? 

Ya en esa conferencia de prensa lo señalaba categórico José Barba, exlegionario de Cristo, histórico por la denuncia que sacó a la luz al más grande clérigo depredador  que ha amparado la estructura, Marcial Maciel: Mientras se habla y habla de la prevención de los abusos y de hacer de la Iglesia casa segura,  en los hechos no hay la voluntad real para perseguir y entregar a las autoridades civiles y penales a los delincuentes con sotana que usan y golpean a la Iglesia para resguardarse impunemente. 

La mafia que encubre al depredador sexual

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2 comentarios en “La mafia que encubre al depredador sexual
  1. Otro caso de pederastía de tipo homosexual.
    Suma y sigue.
    Deberían alertar de esto en los colegios,cuando van a adoctrinar a los niños los grupos legeteberEs.

  2. » en los hechos no hay la voluntad real para perseguir y entregar a las autoridades civiles y penales a los delincuentes con sotana que usan y golpean a la Iglesia para resguardarse impunemente. »
    De sefuro hanla usted en hiperbole porque el clero en Mexico tiene decadas sin usar sotana y pareciera que les da alergia siquiera mencionarselos. Solo las pocos sacerdotes de ordenes tradicionales o de corte conservador como el opus dei o los Miles Christi la usan.

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