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La experiencia pascual

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Ruan Ángel Badillo Lagos / Agencia Católica de Noticias.- Hemos de saber que a la resurrección nunca llegaremos por nuestras fuerzas ni por alguna deducción especial que hagamos nosotros mismos; a la resurrección solamente se puede llegar mediante el contacto con el resucitado. Hay que tener la experiencia como testigo para entender un poco sobre el significado de la resurrección de Jesús.

Se dice en un ámbito coloquial que los hechos valen más que mil palabras, algunos somos testigos de ello, espero que tú lo seas también. Existen frases como las siguientes: “resucitó el Señor, se ha dejado ver, se le ha aparecido a alguien”. Sin embargo, como hombres letrados de ciencia, estas palabras no dicen mucho. Nadie reconocerá al resucitado, aunque lo tengamos enfrente, si él no se manifiesta. Es necesaria una iniciativa de Jesús, que te llame por tu nombre o te explique las escrituras y parta para ti el pan.

Reconocer a Jesús resucitado exige de la fe como una respuesta a su iniciativa, el reconocimiento que se le da, es decir, que es necesario darme cuenta de que él me ha estado llamando y muchas veces ha estado delante de mí, pero que yo no he sido capaz de verlo ni mucho menos de reconocerle.

Ahora bien, atender a su llamada y reconocerle lleva consigo implícitamente una tarea, una misión. Se pudiera pensar que la resurrección es algo personal y sí, pero lo que implica ser testigo de la resurrección de Cristo “afecta a toda la vida”; lograr un estilo de vida que abarque todas las áreas de mi existencia es el resultado de ser testigo del resucitado, porque él me ha levantado de donde pudo encontrarme, porque él mismo me dice “¡tú que duermes, levántate!, despierta que quiero iluminarte, ¡sal de ahí! sacúdete la mazmorra porque yo no te llamado para que estuvieras preso, enfrascado en tus pensamientos, ¡sal de aquí, vámonos! tengo preparado para ti una vida nueva”.

En la actualidad, la injusticia, los desamores y la muerte no tienen la última palabra; cuando los injustos hacen sus negocios explotan al pobre y parece que Dios no lo ve, lo mismo cuando se nos presenta una amenaza de cualquier tipo, por ejemplo, la enfermedad, por lo que vivimos en una sociedad en la que estamos obsesionados por no sufrir, pero ¿no será acaso falta de fe?, “la materia será trasformada pero no abandonada”, así es que, ¿por qué temer? Hoy en día esto nos llama la atención porque nos quiere dominar la cultura de la muerte. Dios nos creó para que crezcamos y nos realicemos.

La posmodernidad nos viene a decir que no hay nada que esperar, lo mejor es desentenderse de la vida nueva; se trata de vivir y pasarla bien, reduciendo la vida a un pasatiempo. No obstante, los hombres razonables sabemos que no debe ser así. Debemos obtener experiencia del resucitado y cumplir con la tarea, como es mi caso, para llevar y acercar una palabra de esperanza, para decirles que sí es posible vivir una nueva vida. Esta es la visión con la que he experimentado, espero que sirva este indicio para el carácter de la Buena Noticia.

¡Lo digo y lo sostengo! esto es la experiencia pascual.

La experiencia pascual

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