Infovaticana
Sursum Corda

Id a José

antonio maria domenech
18 marzo, 2016

IMG-20160310-WA0011[1] Celebramos esta tarde en Santa María del Campo Rus, con motivo del conocido Viernes de Dolores, una procesión con la Virgen Dolorosa y su Cofradía de la Virgen de los Dolores. Saldremos desde el convento de los frailes trinitarios de dicha localidad, a las ocho de la tarde, para llegar a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y celebrar allí la Santa Misa en honor de San José. Antes de comenzar la Misa se bendecirá la campana de la misericordia que está a punto de llegar al pueblo. Ha sido una iniciativa promovida por algunas personas del pueblo, a fin y efecto de tener el campanario completo con motivo del Año de la Misericordia, promovido por el Santo Padre. La colocación en su sitio definitivo, junto al confesonario, de la nueva imagen de la Piedad, así como la llamada de la nueva campana, promueven, este año de forma especial un aumento de las confesiones, durante la cuaresma y el martes santo. En esta Santa Misa meditaremos, en unión a los dolores de María Santísima aquellos momentos que se conocen en la religiosidad popular como los Dolores de San José, para meditar mañana sus Gozos. San José se caracteriza por haber realizado una tarea fundamental en la historia de la salvación, pero de forma silenciosa. No conservamos ninguna palabra suya en el Evangelio. Quizás el dolor más profundo del santo fuera al sentirse indigno de custodiar a la Madre del Mesías, de tener al mismo Dios en su casa, y decidir, con grandes dudas, retirarse de esa tarea, hasta que el ángel del Cielo le confirmara que Dios le ayudaría en tan importante misión. A veces juzgamos de los demás sin saber lo que el Señor quiere de ellos, sin saber su sufrimiento interno, su vida. También sufriría el santo en Belén al no tener posibilidades de albergar a su esposa y su hijo en ningún sitio mejor que una cueva con animales. ¡Cuánto sufren aquellos que no pueden dar un trozo de pan a su familia! A veces sufrimos porque no tienen todo como los demás niños. No es necesario tenerlo todo, pero pidamos por los que no pueden tener ni lo necesario. ¡Qué pena por otra parte, no ser querido ni por los tuyos! Los Reyes y los pastores alegrarían al santo patriarca el final de su estancia en el pueblo de sus antepasados. No sería un momento feliz el que pasar al escuchar la profecía de Simeón, las espadas de dolor que iban a clavarse en el corazón de María, bien seguro se estaban clavando en aquel momento en el suyo, ya que se empezaba a vislumbrar que San José no estaría en el calvario, porque como dicen: “De haber estado vivo, o no lo habrían crucificado, o las cruces habrían sido cuatro”. Él sabría pronto que aquella Pasión, que aquellos dolores, eran camino de salvación para todos los hombres que quisieran recibir el amor de Jesús. Egipto fue para San José otro gran dolor. Era tierra de infieles para un judío piadoso como él. Aún no caminaba el que era Camino, Verdad y Vida, y debe huir a una tierra de idolátrica mentira, a fin de no perder su vida. Caminos desconocidos, muchas veces, los de la providencia. Es cierto que gozaría al volver, al darse cuenta de que la obra de Dios, se iba realizando, al entender que por su obediencia pronta había salvado a la Virgen y al Niño del terror de Herodes; pero tuvo que ser un periodo difícil, de angustia, de incomprensión, como tantos de vosotros, pasáis en muchas épocas de la vida. Hoy pedimos al santo por los matrimonios del pueblo, por sus familiares, por todos esos momentos en los que no se sabe cómo actuar, porque no somos capaces de hacer felices a los nuestros, ni tampoco cómo ayudarlos en sus problemas. Por último, un momento incomprensible de la vida de los cristianos, de la vida de la Sagrada Familia. Cuando perdemos a Jesús. Ellos lo perdieron en Jerusalén, nosotros lo perdemos al pecar. Podemos perderlo cuando nos alejamos de los Sacramentos. Que este año de la Misericordia, por intercesión de San José, recibamos la gracia de acercarnos al Sacramento del Perdón y de la Eucaristía. Que como el santo encontremos a Cristo, no solamente en los Sacramentos sino en todos los acontecimientos de nuestra vida. Feliz día de San José, felicidades a todos los padres que quieren vivir su paternidad como si sus hijos fueran el mismo niños Jesús. A él encomendamos el trabajo de cada familia, el sustento de los sin techo, las vocaciones del Seminario, la Iglesia entera. Porque le constituiste Señor de tu casa y jefe de todas tus posesiones, ten misericordia de nosotros, Señor. ¡Id a José!

antonio maria domenech


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