Infovaticana
Sursum Corda

Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres

antonio maria domenech
10 Abril, 2016

DSC_0034 En el día de ayer bauticé a un niño por primera vez en Villar de la Encina. Llegué a la Parroquia hace casi cuatro años y no había tenido la dicha de que la Iglesia aumentara en sus miembros siendo testigo de la Fe de sus padres y padrinos tan de cerca. Por el Bautismo, en el momento de la unción con el santo Crisma, el mismo que se utiliza para la Confirmación y para el Orden Sacerdotal, somos constituidos sacerdotes, profetas y reyes. El sacerdote, en el Antiguo Testamento era el único que podía hablar con Dios. Al estar bautizados todos podemos orar. El profeta es el que habla de Dios. Como decía San Pablo, desde que estamos bautizados podemos hablar de Dios a tiempo y a destiempo. No faltarán personas que digan que no es posible. Que debemos callarnos. Las autoridades, en muchas ocasiones intentan silenciar la voz de los que dicen la verdad. No solamente a nivel político o ciudadano, sino además en el marco de la Fe, la Esperanza y la Caridad. A ellos hay que contestarles cuando nos preguntan: ¿No os habíamos prohibido formalmente hablar en nombre de Ese?, en las muchas ocasiones que nos puede ocurrir, hemos de responder siempre: ¡Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres! Recuerdo una ocasión en la que, predicando una novena, una persona se giró y mientras salía del templo dijo: “¿No habrá nadie que le cierre la boca a ese hombre?”. Por supuesto que lo hay, y muchas veces en muchas ocasiones. Pero no nos pueden cerrar la boca cuando decimos la verdad. A la verdad no hay que tenerle miedo. Y mucho menos, si lo que estamos diciendo forma parte de la doctrina cristiana que tenemos el deber de enseñar. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.  Ese cometido se refiere a la función de santificar. Administrar los sacramentos nos lo permiten en casi todas las ocasiones en nuestro entorno. Lo que no quieren es que digamos la verdad, que enseñemos aquellos que nos han enseñado. Eso forma parte de la Tradición y del “munus docendi” que también es parte de nuestra obligación; incluso cuando a muchas personas no les parezca oportuno. Es un derecho fundamental del cristiano predicar la palabra de Dios, llevar su mensaje de amor a los hombres. Y como reyes, también servir a los demás en la caridad. Nadie puede impedirlo. Cada uno, según su propia iniciativa, puede servir a los demás y hablar de Cristo, sencillamente, por el don del Bautismo. El Evangelio de hoy nos habla de Jesús que se vuelve a aparecer a los apóstoles cuando van a pescar, diciéndoles donde deben echar las redes. “En tu nombre, Señor, echaré la red” fue la respuesta de San Pedro en otra ocasión. Hoy dijeron directamente: “Es el Señor”. Tantas veces pensamos que son fantasmas, aquellos mismos signos que Dios pone a nuestro alcance. Cuando vemos la acción del Señor no nos damos cuenta de que Él está obrando a través nuestro o a través de otras personas en la tarea de llevar almas de joven a Cristo. En la inestimable misión de ayudar a los demás a descubrir la voluntad de Dios en nuestras vidas, Él es quien marca el camino. Si lo escuchamos, si hacemos lo que nos dice, podremos, tantas veces, reconocerlo como los apóstoles. Pero lo entrañable de este relato evangélico, de esta aparición después de resucitar, no es solamente que se les manifestara, ni tan siquiera que les dijera dónde estaba la mejor pesca, ni tampoco que le reconocieran, porque es parte de la misión de los pastores reconocer aquél que es a la vez, pasto, oveja y pastor. Lo más entrañable es que, como cada domingo cuando podemos recibirle, esta vez les invitó a almorzar. Tenía preparados unos pescados para comer con ellos. En algunas ocasiones puede ocurrir que pensemos que Jesús no está en las cosas de la vida ordinaria. Que no nos acompaña en los buenos momentos, porque nos hemos acostumbrado a descubrirlo sólo en la Cruz, o pensamos que es más perfecto sufrir que alegrarnos con los demás. En la vida diaria, en los acontecimientos alegres de nuestra familia y amigos, en los convites por un bautizo o una boda, también está Jesús y nos dice: “Almorzad”. Descubrir a Jesús en la vida de cada día puede evitar que caigamos en la rutina, nos permite transmitir a los demás el mensaje cristiano con la alegría de la Pascua. Creo que es urgente que los ministros de Cristo sepamos llevar a los demás el mensaje de la BUENA NOTICIA, el kerigma de la salvación, la realidad de la muerte y resurrección de Jesús, en un ambiente de júbilo, de gozo que, no solamente se note, sino que se contagie. La juventud, y también las personas mayores, los matrimonios, sus hijos, deben ver en nosotros, los cristianos, los bautizados, la alegría de Cristo resucitado, que está vivo y que nos anuncia con su resurrección, que también recordamos en el Bautismo: SÍ CREO, SÍ CREO, que también nosotros resucitaremos. Enhorabuena a esta familia, a la que también tuve el gozo de celebrar su matrimonio. Enhorabuena al pueblo de Villar de la Encina por sus celebraciones. Dentro de pocas horas consagraremos a la patrona del pueblo a Adrián y participaremos de la Santa Misa, con el nuevo cristiano. Gracias por vuestra preparación e ilusión. Gracias por la Fe del pueblo. Hasta enseguida.

antonio maria domenech