Editorial Centro Católico Multimedial. «Hagámonos estas preguntas…»

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Editorial CCM / En escasas horas acabarán las campañas electorales y se impondrá una veda de reflexión para que los más de 90 millones de votantes convocados a las urnas este 2 de junio, emitan un voto que definirá nuestra identidad y rumbo en un tiempo de hipercrisis, postverdad y transhumanismo.

En casi seis meses de intercampañas y campañas, miles de aspirantes a los cargos de elección federal y local se batieron en discursos y más discursos, pero brillando por la escasez de ideas. Abnegados defensores de la mal llamada transformación o hacedores de un pretendido cambio, la batalla política giró en torno a la frivolidad y excesivo gasto. Quizá sólo tendremos certeza pública de la millonaria inversión y gasto de quienes aspiran a la presidencia de la República, más de 135 millones de pesos, pero nunca conoceremos ese gran desperdicio de recursos que patrocinaron campañas tan oscuras como irrelevantes en cada rincón de la geografía electoral mexicana.

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Campañas de toneladas y toneladas de desperdicios y residuos que, en medio de la más grave crisis climática y sequía, llenaron de basura electoral, calles y avenidas de las grandes ciudades degradando el medioambiente. Basura visual y auditiva, todo a costa de los contribuyentes, cuyo voto, cada voto, costará alrededor de 24.03 dólares, equivalente a casi dos veces el salario mínimo en vigor desde enero, mientras que, a diferencia de los socios comerciales de Norteamérica, un voto cuesta 9,3 dólares en Estados Unidos y 9.07 en Canadá.

Por eso, la veda electoral es una especie de retiro que obligará a los ciudadanos a hacer un examen serio de lo que está en sus manos. Ya no escucharemos las ridículas canciones naranjas, ni los ensoberbecidos triunfalismos transformadores guindas, ni otras vacuas promesas. Pensar en el voto es hacer muchas preguntas para decidir bien por el futuro. ¿Estamos mejor que hace seis años? ¿De verdad nos hemos transformado? ¿La presidencia en realidad estuvo en manos de un estadista? ¿Nos sentimos más seguros? ¿Ha sido un tiempo de transparencia y de rendición de cuentas? ¿Tenemos salud como en Dinamarca? ¿Nos alcanza el salario mínimo para tener una vida digna y decorosa? ¿Podemos vivir en paz y en armonía? ¿Se ha vencido la polarización e impera la justicia? ¿Se acabaron los escándalos de corrupción y privilegios nepotistas? ¿Hay respeto por los derechos de cada persona? ¿Hay menos pobres? ¿Vivimos en un país con un gobierno respetuoso del medioambiente? ¿Quién responde por los más de 300 mil mexicanos muertos en una pandemia mal manejada? ¿Por qué hay más de 180 mil muertos por circunstancias violentas? ¿Por qué se asesina arteramente a un niño de doce años a las puertas de su casa? ¿Por qué el ejército viola la Constitución? ¿Por qué hay más balazos y menos abrazos?

Hoy existe una ciudadanía que exigirá el cumplimiento de la palabra pública empeñada cuando cada candidata y candidato rogaron por nuestro voto. Y hay una sociedad “reactiva” para exigir que los compromisos asumidos por quienes ostentan los cargos de elección y los gobiernos sean cumplidos y explicados.  Por eso, esas sólo son unas preguntas de las más que pueda tener el amable lector. Cuestiones obligadas cuando en la soledad de casilla electoral, frente a las boletas electorales, cada persona se haga la única que engloba a todas las anteriores. ¿Vamos por buen camino?

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