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Editorial Centro Católico Multimedial. «Catastrofismo»

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Editorial CCM / La reciente firma del Compromiso por la paz en donde los candidatos a la presidencia de la República respaldan la iniciativa de la Conferencia del Episcopado Mexicano y de la Provincia jesuita de México para un emplazamiento acciones concretas para resarcir el tejido social, tuvo diferentes recibimientos, algunos optimistas calificando este hecho de inédito y donde la Iglesia católica se apuntaló como referente y actor social en esta tare urgente.

Otros, menos proclives a esta suma de voluntades, tacharon al Episcopado imponiendo razones que, sin lugar a duda, pretenden un ocultamiento y justificación. El primero, que México sufre una indecible cadena de hechos que han desaparecido la soberanía del Estado para ceder ante el poder del crimen organizado y, el segundo, que gracias a esas fallas, se pretende dar plena legitimidad a acciones que, en su momento, fueron criticadas en tiempos de campaña como lo fue la desmilitarización de la seguridad pública.

Tal fue el rechazo del Compromiso por la candidata del oficialismo. Su discurso, bajo la aparente máscara del diálogo, fue el del suave reclamo en tiempos electorales para advertir a los obispos que su firma fue plasmada sólo para la foto y no quedarse atrás para evitar la ola de críticas de no haberse parado en un escenario tan importante como Centro Universitario Cultural Tlateloco. Un respaldo que, en apariencia, motivó a una momentánea paz con la Iglesia en tanto se desarrollen el proceso y jornadas electorales.

El dirigente del partido oficialista, como buen mastín del sistema, no ocultó lo que, en el fondo es el mismo pensamiento de la cachorra del movimiento. Tildando los postulados del compromiso en el catastrofismo, el dirigente nacional usó lo que mejor tienen en base a su jefe en la presidencia, la polarización, el encono y agarrarse de los militares, así como de su fallida estrategia de abrazos no balazos.

En mundos paralelos, los políticos del nuevo establishment y del reciclaje autoritario, tienen una visión que ya los aparta de la realidad para soterrar a conveniencia, las múltiples catástrofes provocadas por el gobierno de un autócrata que ahora se dedica a dar clases de historia patria mientras el país se le desmorona entre las manos…. Negando la catástrofe que viven miles de personas, las familias de los más de cien mil desaparecidos a quienes, este régimen de sangre, se esfuerza por hacer menos manipulando las cifras reales.

De la catástrofe cuando ningún mexicano tiene garantías de vivir en paz y en seguridad siendo el sexenio más violento de la historia con 85 personas asesinadas diariamente.

De la catástrofe de los miles de mujeres y niñas que dejaron de existir en el peor sexenio para vivir y ser mujer cuando más de 4 mil feminicidios permanecen sin resolver en este país.

De la catástrofe que vive la Iglesia católica cuando siete sacerdotes han sido asesinados y cuyos procesos no se han resuelto, resultado de la impunidad y de los pactos en lo que es mejor archivar carpetas que hacer justicia.  O cuando casi 50 periodistas han perdido la vida en un sexenio en el que se ha atacado constantemente la libertad de prensa y de opinión.

De la catástrofe cuando, por el mal manejo de la pandemia gracias a la veleidad, soberbia y petulancia de un subsecretario de salud, más de 300 personas murieron por el covid-19…

Esa es la catástrofe de país frente el desdibujado catastrofismo de los políticos. Ahora, el Episcopado Mexicano acelera una campaña de concientización por elecciones justas y apegadas a derecho y no le falta razón. Que la candidata del oficialismo haya firmado el Compromiso por la paz es equivalente a decir que Mefistófeles lo hizo de propia mano… Esa es la verdadera catástrofe a la que nos asomamos.

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