Editorial Centro Católico Multimedial. «A 100 días»

CEROCAHUI, CHIHUAHUA, 27JUNIO2022.- Jesuitas, familias de comunidades tarahumaras y autoridades asistieron a darle el último adiós a Joaquín César Mora Salazar, de 80 años, y Javier Campos Morales, de 79, sacerdotes jesuitas quienes fueron asesinados dentro del templo de Cerocahui en el municipio de Urique. Los cuerpos descansarán en el patio de este templo. FOTO: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
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Editorial CCM / Este 28 de septiembre, los jesuitas de la provincia de México recordaron los 100 días desde los asesinatos de los padres Morita y Gallo en Cerocahui, Chihuahua, cuando el 20 de junio fueron atacados por El Chueco, líder criminal quien sigue libre, a pesar del despliegue de fuerzas militares y policiales que no han dado resultados en su captura.

100 días atrás, la conmoción era traducida en una condena por los atroces delitos. Los hechos le dieron la vuelta al mundo, no había diario o noticiero que no replicara y condenara estos crímenes. Se pidió una rápida intervención de las autoridades, la gobernadora de Chihuahua juró una pronta captura del responsable para castigarlo con todo el peso de ley y, como pasa en estos casos, el despliegue de fuerzas fue de lo mucho a lo poco.

100 días después, las cosas no parecen haber mejorado. Al momento, no tenemos a un responsable para responder de los asesinatos de los padres Javier Campos, SJ, y Joaquín Mora, SJ. Los jesuitas, a través de un comunicado, afirman que en la zona se sigue viviendo el miedo y la incertidumbre, parece haber una tensa calma, una paz artificial producto del temor, creando un clima de fragilidad que puede detonar acciones más atroces y en los que los jesuitas de México no ocultan su preocupación fundamental: “Una gran incertidumbre sobre el futuro”.

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100 días en los que la Conferencia del Episcopado Mexicano ha desarrollado una serie de jornadas de oración hasta finales del 2022 para pedir por la conversión de los hacedores del mal, por las víctimas de los delitos, por el descanso de los miles de desaparecidos, el consuelo de sus familias, por los jóvenes, víctimas del delito y reclutados por la delincuencia organizada, por los sacerdotes asesinados en este sexenio. Jornadas que parecen estar disminuyendo en su impacto y alcance a medida que el tiempo oculta bajo sus sombras, el escándalo e indignación, no obstante la confianza por haber generado un “fermento para seguir caminando por la verdad y por la justicia para todas las víctimas de la violencia en nuestro país”.

100 días en los que los jesuitas recuerdan con particular insistencia sobre la urgencia en el fortalecimiento de la seguridad para la población civil en la región “con una estrategia que apueste a la paz a mediano y largo plazo”.

100 días que, a pesar de los hechos que nos conmovieron, han visto la consolidación de la militarización de la que, como señala la provincia jesuita, las fuerzas armadas “no son la solución para combatir la violencia en Cerocahui, ya que se necesita construir paz y seguridad mediante el trabajo comunitario y civil”.

100 días en donde se ha intentado que la “memoria de nuestros hermanos y de tantas víctimas en el país impide el olvido y la empatía permite que nos cobijemos en un solo cuerpo”, dice la Compañía de Jesús en un claro intento por mantener vigente la presencia de sus compañeros asesinados y no dejar en el conveniente olvido a quienes han sido blanco del escarnio y de la degradación del México violento cuyos cómplices también se encuentran enquistados en la dirección de los destinos de la nación.

100 días han pasado… ¿Cuántos más habremos de esperar?

 

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