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Editorial Centro Católico Multimedial. «Cristo nace, verdadero Dios, verdadero hombre»

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“Hoy brillará una luz sobre nosotros porque nos ha nacido el Señor, se llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro Es así como la liturgia católica inicia la misma de aurora por el nacimiento del Salvador, acontecimiento que rompe el transforma el significado de la relación entre Dios y la humanidad entera sin distinción alguna. La llegada de Cristo irrumpiendo en la historia tiene profundas consecuencias que han modelado la historia por más de dos mil años. La fe y la cultura, las relaciones sociales o políticas, la Navidad es un momento de la participación de la vida divina de Cristo que quiso participar de la naturaleza humana.

Sin embargo, la Navidad no siempre es vista a través de estas consecuencias sobrenaturales. En los tiempos contemporáneos, el fin de año sirve para diluir y vaciar del actual significado de una fecha que implica más que un evento sociológico. Hoy, incluso políticos, sentados al lado de nacimientos de barro, pretenden enseñar doctrina con una catequesis oficialista al pretender un desentrañamiento del papel de Cristo como “dirigente social más grande de la historia”.

Apropiarse de Cristo cualquiera lo puede hacer. De una forma más envilecida, lo realizan los políticos quienes, apoltronados, califican y polarizan instrumentalizando al Salvador. Cuando la persona de Cristo es manipulada por políticos, entonces tenemos un grave problema: la exacerbación del fanatismo y un estado laico a modo, conveniente, con un solo intérprete. Envolver a Cristo en los pañales del populismo y la demagogia es sencillo y corruptor. Creer que se levantó contra la opresión “y por eso lo sacrificaron” es atractivo.

Polarizar e instruir desde la silla con el discurso de pobres contra “potentados y poderosos”, un conveniente ardid para engañar a quienes idolatran a un presidente que se puede colgar de todo, incluso meterse en el pesebre, estar junto a la mula y el buey, para adorar a un Cristo a modo, empatado con las ideas de un pauperismo que desecha a todos los demás quienes no son pobres. Un Cristo superhombre, defensor de los humildes, que como lo enseña la dialéctica materialista, es referente del exacerbamiento social.

Es muy fácil decir que “el amor está por encima de todo”, pero la manera de realizar ese amor tiene una causa distinta a lo que implica el don que Dios nos ha dado en Cristo, Su Hijo. Mientras se predica el amor como demagogia, miles buscan a sus familias cuando un sistema les niega la justicia elemental; cuando se alaba el amor de forma nominal, hoy cientos de padres y madres verán una lugar vacío en la mesa de casa por la falta de ese hijo o hija que no tuvo sus medicamentos a tiempo debido a la incompetencia de un sistema de salud que debió funcionar como el de Dinamarca; cuando se hacen aspavientos sobre el amor como un concepto de aprecio hueco, en la vida cotidiana cientos de mujeres y hombres son acarreados para “marchar” en defensa del autoritarismo bajo el cliché de que “amor con amor se paga”. Cuando el amor es presumido como recurso de Estado, en realidad vivimos bajo el capricho de la manipulación y del engaño que polariza, genera odio, encono y división.

El nacimiento de Cristo es más profundo que un discurso demagógico que lo descarna de su realidad divina y humana. Pronunciar un mensaje sentado en jardines de Palacio quiere imponer a Cristo como un líder importante, pero no es así. Si la luz de Dios se apaga, se extingue también la dignidad divina del hombre como dijo alguna vez Benedicto XVI y eso es lo que vemos hoy en un gobierno que podría apantallarnos con el dulce discurso del presidente, pero que tiene un detrás una peligrosa bomba.

Como en los tiempos del nacimiento del Niño, en México “hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas”, “botas estrepitosas de los soldados” que respaldan al populismo demagógico. Bien afirmó el Papa emérito Benedicto XVI: “Dios es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones…” Y eso vale también para el presidente.

Desde el Centro Católico Multimedial deseamos a todos ¡Feliz Navidad!

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