Editorial Agencia Católica de Noticias: «Pregúntate cómo y cuándo sucedió…»

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Editorial ACN / Los días del ayuno, penitencia y dolor terminaron. De nuevo, la alegría del anuncio de la resurrección de Cristo recupera nuestro sentido acerca del por qué profesamos esta fe. Decimos en la eucaristía: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven Señor Jesús!”

La celebración de estos misterios, al concluir la Semana Santa, no son meramente la expresión de la devoción, los actos litúrgicos cargados del luto o las representaciones teatrales que dieron un especial significado de lo que recordamos en las últimas horas de vida del Salvador. Son antesala del anuncio de un hecho que se debe recuperar en nuestro tiempo cargado de múltiples propuestas que, según parezca, pueden asociarse y ser presentadas como equivalentes o similares al mensaje de la resurrección. Para algunos puede ser lo mismo a “reencarnación”, “reanimación”, “revivificación” o, peor aún, ser mezcolanza para explicar, según sea el sentido que mejor parezca y acomode. a quienes quieran sentirse confortados como si esto se tratara de magia, mito o superchería.

El sentido de la resurrección es diferente, más grande y maravilloso. Alcanza a todos aun después de dos mil años Es un hecho que entró en nuestra historia. En 2012, durante la homilía en la noche de la vigilia pascual, el Papa Benedicto XVI hacía una pregunta actual y reverberante: “¿Cómo puede llegar todo esto a nosotros sin que se quede sólo en palabras, sino que sea una realidad en la que estamos inmersos?” El desaparecido pontífice respondía a esta pregunta con una alegoría, la del puente, representado en la profesión de fe que es la misma desde hace dos milenios.

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Efectivamente, la noticia de la resurrección causó en los discípulos el estupor, impactados por la noticia inesperada que chocó con la imagen del Galileo deshecho, maltratado y escarnecido en la cruz. Y aunque lo había anunciado, su resurrección fue una experiencia para la cual no estaban preparados. Sólo al verlo, al hablar y comer con Él, la vida fue transformada completamente.

Nosotros hemos creído en eso, pero es necesario cavar en lo recóndito de nuestro corazón. Como bien afirmó el Papa Francisco durante la homilía de la vigilia pascual 2023: “Pregúntate cómo y cuándo sucedió, reconstruye el contexto, el tiempo y el lugar, vuelve a experimentar las emociones y las sensaciones, revive los colores y los sabores…”

Sin embargo, nuestro tiempo tiene oscuridad y es verdad, el mensaje del anuncio de la muerte y resurrección no ha llegado a todos en el mundo. Como también lo afirmó Benedicto XVI: “La oscuridad amenaza verdaderamente al hombre porque, sí, éste puede ver y examinar las cosas tangibles, materiales, pero no a dónde va el mundo y de dónde procede…”

Y en este contexto social, especialmente en un país cargado de polarizaciones, odios, extremismos, esterilidad, dolor, incertidumbre y mucha tristeza, donde el poder político parece encumbrarse por encima de todos, en una era de falsos mesías,  “nos desalienta… las lógicas del cálculo y de la indiferencia que parecen gobernar la sociedad, ante el cáncer de la corrupción, ante la propagación de la injusticia, ante los vientos gélidos de la guerra (Papa Francisco, vigilia pascual 2023), el don de resurrección es actual. Es nuestra esperanza y eso da el espíritu al mundo. ¡Vive! Él nos espera…

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