Editorial Agencia Católica de Noticias. «Al presidente Biden con cariño»

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Editorial ACN / Violento inicio de año para el país. El 1 de enero, un comando armado ingreso al Centro de Readaptación Social No. 3 de Ciudad Juárez. Se produjo un violento motín dejó un saldo de 17 muertos, de los cuales 10 son custodios del penal, 14 heridos y 30 reos fugados. Situación difícil de inseguridad, reflejo del sistema penal quebrado a lo largo y ancho del país.

Pero la primera semana del año tuvo más sobresaltos. la víspera de la Cumbre de Líderes de América del Norte, a iniciar el 9 de enero en Ciudad de México, a la cual asistirá el presidente Joe Biden y el primer ministro Justin Trudeau, el gobierno de la República declaró la captura de Ovidio Guzmán López, El Ratón, por quien el gobierno de los Estados Unidos ofrece recompensa de 5 millones de dólares, en una operación de meses de preparación de la que sabían poquísimos funcionarios.

Nada es coincidencia en política. El 17 de octubre de 2019, ni el presidente de México tenía conocimiento de lo que se llamó el Culiacanazo cuando el cartel de Sinaloa y el ejército sostuvieron un duro enfrentamiento en el que se capturó a Ovidio Guzmán. Ese jueves negro tuvo un saldo de ocho muertos y 16 de heridos, después el presidente López Obrador ordenó liberar al capo argumentando que eso serviría para impedir un baño de sangre.

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Lo del jueves 5 de enero es continuación de ese hecho apremiante. A diferencia del 2019, la operación militar obedecería a un momento político delicado que no augura, al menos de inmediato, la paz que exigen millones de personas en el país. Sinaloa vivió una artificial calma que no es fruto de la confianza, sino de que algo peor podría venir con la captura de El Ratón.

No obstante, la coyuntura de la visita de Biden a la Ciudad de México logró, además, que el presidente de los Estados Unidos cumpliera el antojo de AMLO. El Air Force One  aterrizará en el infortunado aeropuerto internacional “Felipe Ángeles” complaciendo la estrategia política de una administración que se hunde.

Cada gobierno ha tenido una marca con la captura de capos. Las consecuencias han sido la restructuración de los carteles cada vez más violentos. AMLO y su gabinete de seguridad presumirán a Biden y Trudeau que “los abrazos y no balazos” son el camino correcto cuando la captura de Guzmán López fue una manera de “construir la paz” no de ganar la guerra, pero el interés de Estados Unidos es otro, la extradición de Ovidio por los delitos cometidos en su país, no contra la paz de los mexicanos.

Ante los hechos, los obispos de México lanzaron un duro llamado a las autoridades: “Mantengan la estabilidad nacional y el Estado de Derecho ante el crimen organizado”Y hay mucho de razón. Si la captura de Guzmán López tiene otro trasfondo, entonces es preocupante. De ser una ofrenda, el gobierno de México actuó de forma sumisa al complacer intereses extranjeros a los que AMLO corresponderá cuando extienda los brazos y diga: “Para usted, presidente Biden, con cariño…”

 

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