Curas y monjas… Historias trágicas y divinas de la farándula

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Sacerdotes y religiosas en la farándula, cantantes o comediantes, algunos han tenido éxito; otros acabaron trágicamente

Millones de visitas y un video en youtube convirtieron en sensación a una joven religiosa. En 2014 tomó el micrófono y, con voz potente, pasmó a los jueces con una canción nada religiosa, No One, sorprendiendo a los cazatalentos. Boquiabiertos veían a la joven con un gran don. “Soy monja de verdad”, tenía 25 años y quería en retribución la llamada del Papa Francisco, un telefonazo como lo ha hecho con amigos y fieles necesitados. El éxito sumó el comentario de millones haciéndola modelo valiente de evangelización y tomar esos escenarios. Un éxito llevó otro y sor Cristina Scuccia enarboló la bandera del triunfo al llevarse el título de La Voz, Italia. Hoy ha colgado los hábitos para ser más mundana.

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Sor Cristina, no era la primera ni última en esta constelación de estrellas con hábitos y alzacuellos. Unos han tenido éxito y usan esos dones en la evangelización repartiendo sus regalías para beneficio de los pobres, sin millones de likes ni RT; otros, fueron seducidos por las luces, la farándula, la fama y el dinero haciendo el ridículo o, peor, acabando en dolorosas tragedias.

Sor Sonrisa, de «Dominique» al suicidio

En medio de los cambios del Concilio Vaticano, los curas y monjas dejaron el hábito por la ropa común y conquistar la pantalla chica. Jeanne Deckers (1933-1985), una dominica belga, tomó los hábitos en 1959 para ingresar al convento de Fichermont en Waterloo. En 1963 sonó “Dominique”, una cancioncilla simple que rápidamente se puso en el top ten compitiendo con el rey Elvis y en labios de una tal sor Sonrisa, sin más marketing que su voz y una guitarra, sumándose al desfile de los mejores temas del rock en los Estados Unidos; el cover en México fue un hitazo hecho por Angélica María.

Los medios indagaron sobre la identidad de Sor Sonrisa hasta el mismo convento donde servía a Dios en el silencio. En The Ed Sullivan Show se reveló la identidad de la monjita, la hermana Jeanne, quien, con apoyo de la superiora, firmó un jugoso contrato con Philips records y hacer de Dominique una veta de oro.

La fama creció como la espuma. En 1966, Jeanne colgó los hábitos con la garantía de que, por su simple nombre, el éxito perduraría. Sor Sonrisa se transformó en Luc Dominique con otras interpretaciones dedicadas a la revolución feminista y a la píldora anticonceptiva.

La secularización no convino y los contratos con Philips no fueron redituables. La fama desapareció y sus melodías ni siquiera figuraron en el hit parade.

Junto con otra compañera religiosa se dedicó a la enseñanza, pero al haber renunciado a sus regalías, no pudo pagar sus obligaciones financieras. Viviendo en pareja, ambas se sumieron en la depresión y, con una combinación de alcohol y barbitìricos, cometieron suicidio 1985.

 

La doble vida del «Cura cantante»

En 1993 murió uno de los clérigos más famosos de Irlanda. Michael Cleary (1934) fue líder para la juventud y uno de los más grandes comunicadores de la Iglesia.

Guitarra en mano recorría los caminos animando a los jóvenes a vivir la castidad defendiendo las enseñanzas morales católicas sobre la sexualidad; su carisma llamó la atención de los superiores y pronto ocupó cargos de responsabilidad como la preparación y atención de la visita del Papa Juan Pablo II en 1979.

Conocido como el Cura Cantante, escribió libros y artículos sobre los retos de la fe católica en el mundo contemporáneo, incluso inmerso en las grandes polémicas en torno a la defensa del la vida y contra el aborto, pero el padre Michael tenía una doble vida, una casa, una pareja y un hijo. Su muerte dio paso al escándalo cuando su vástago, señalado por la conservadora sociedad de Irlanda, lidió con la herencia del padre, quien hizo de su existencia una esquizofrenia: el sacerdote impecable y rígido en la vida moral y, por otro lado, el hombre que vivió en la tragedia debatiéndose entre una vocación sacerdotal ejemplar y una familia soterrada.

Algunos medios dieron cuenta del trágico destino del hijo. Viviendo en la absoluta miseria, en 2018 declaró que el Papa no sólo debería pedir perdón de los abusos clericales, también por los hijos engendrados por curas infieles a su voto de celibato y promesa de castidad: ‘El daño que hizo una jerarquía que se mostró reacia a reconocer un problema o a abordarlo, simplemente va en contra del dogma, es absurdo y espantoso. Además del abuso, hay renuencia a abrazar a las personas y ayudarlas. ¿Dónde está el amor? ¿Dónde está la compasión?”

 

«Sacerdote, padre y marido», el galán consentido de Miami

Alberto Cutié era el pastor católico preferido de la farándula de Miami. Guapo y con porte conquistó ese pantanoso medio gracias a los escandalosos talk shows religiosos compitiendo con otros más morbosos. Cutié no desdeñó el coqueteo y gozó del beneplácito de dueños, comunicadores y peones de los medios; las principales cadenas católicas lo tenían como consentido y los consejos a las personas necesitadas de orientación matrimonial o personal caían del cielo en voz del sacerdote galán, siempre con el argumento oportuno y la palabra sabia, incluso recomendando la abstinencia para prevenir enfermedades de transmisión sexual. Su carisma hizo que los superiores le confiaran cargos importantes en los mass media católicos, además de sus columnas habituales en prensa. Los reflectores le caían muy bien al sacerdote hijo de cubanos.

Los errores en el caso Cutié fueron consecuencia de los mismos causados por sus superiores quienes no advirtieron los límites para darle con todo hasta la excomunión. Fueron apantallados por las luces que apuntaron a su estrella, dejaron que siguiera en su pantomima del cura carismático y sacerdote consentido de la farándula a quien no perdonaron la traición.

Los flashes de los paparazzi azuzaron el escándalo y exhibieron el gran secreto de Cutié, el cura sin doblez con una vida paralela a su sacerdocio. En 2009, algunas fotografías iniciaron la rebatinga exhibiendo en una playa al padre Alberto en una relación sospechosa y más que pastoral con una dama. Ante el escándalo. Cutié se hizo episcopaliano aceptando esta vida oculta y lo más propicio fue culpar a la Iglesia por el cruel celibato y redimir al priest-show al optar por una vida normal “como Dios manda”. Y así fue, con trece años de vida matrimonial, el excura ahora forma una familia feliz, tiene tres hijos y los medios se montan en este reality show del “sacerdote, padre y marido”  Como ministro anglicano infunde la religión en casa y, como dijo a medios en 2021: “Yo era un cura muy bien educado, muy bien formado, tenía muchas ideas de la vida, pero no tenía la experiencia que tengo ahora. […] Ya son 12 años de casado y sé lo que es el compromiso del matrimonio. No me han contado, sino que lo sé”, confesó mientras recordaba el pico de su fama”.

Lo del celibato sería lo de menos, aunque fue lo de más cuando, en los ventarrones del escándalo, se quiso poner a la Iglesia como inhumana contra quienes tienen “prohibido amar a una mujer”.

 

The Priests…

En 2013, estos sacerdotes irlandeses, dos de ellos hermanos de sangre, hicieron una gira bien aceptada por los Estados Unidos; sin embargo, su fama no se hizo de la noche a la mañana, no fueron improvisados ni pasaron por realities o talk shows.

Desde 1974, este trío cantó para el público ejecutando lo clásico y lo profano. Su éxito fue consecuencia de un equilibrio entre sus compromisos con las disqueras y sus obligaciones sacerdotales; lo primero, es la obligación con la diócesis y después, en el tiempo libre, llevar esos dones al público, diría el grupo a un diario estadunidense durante una gira en noviembre de 2014 que los llevó a 18 ciudades incluyendo Canadá. Y hay un objetivo común: Si el público apoya al trío, otros podrán mejorar su vida. Repartir las ganancias de sus discos incluyen el bien de los otros a través de una fundación que atiende a los desposeídos, los discapacitados y a la atención educativa en países de África y Asia.

 

The Priests hacen del canto un ministerio, la música sacra es una forma efectiva de evangelización y perfectamente compatible con la identidad, el papel y la vida como sacerdotes católicos, según dirían estos tres curas cuya fama no les ha hecho perder cabeza ni quitar los pies de la tierra. Hoy dan sus talentos a comunidades parroquiales que hacen de los espacios sagrados un lugar digno para encantar el alma con el canto divino aderezado con exclusivas presentaciones, lo mismo al Papa Benedicto XVI como a la reina Isabel II cuando, en febrero de 2022, honraron a la desaparecida monarca en el 70 aniversario de su reinado.

 

Cantos de oriente, sor María Keyrouz

Quizá más discreta que otros bajo los reflectores es María Keyrouz, religiosa de rito maronita. Nacida en el Líbano, sor María lleva a la práctica el dicho de que el canto y la música hacen doble oración a Dios. No sólo interpreta como los ángeles los cantos de la Iglesia oriental, su biografía da cuenta de una profunda formación musical y académica: Doctora en antropología religiosa y musicología. Su voz posee lo que pocos en el mundo, el efecto cautivante para inducir en el oyente al gran misterio tan antiguo como nuevo, sin importar lo extraño que pueda ser la lengua en la que ejecuta su tributo al Altísimo.

Sor María Keyrouz hace de su voz un puente entre lo divino y lo humano al hacer vivo el canto sacro que pertenece a los templos e Iglesias, compartir su entusiasmo por Dios y su emoción en el instrumento más perfecto que un ser humano puede poseer: la voz. Mientras sor Scuccia cosechó su primer éxito, la religiosa maronita ejecutó una magnífica presentación en la Catedral metropolitana en el marco del Festival del Centro Histórico en marzo de 2014.

 

Cristina Sccucia se coronó en una inercia imparable gracias a su carisma bien replicado en las redes sociales. Sea por curiosidad, sea por tenacidad o bien la intervención directa de lo Alto, la joven religiosa cautivó espontáneamente al mundo donde se liba a la vanidad y se ignora lo bendito.

Quizá en muchos, el deslumbramiento y codearse con luminarias como Ricky Martin y Kyle Minogue, agitarían los deseos, sueños y fantasías del ídolo musical seguido por miles de fans, tentaciones muy humanas al compartir un don, en este caso, la voz.

Y así como el diablo sabe rezar el Padrenuestro y entonar gregoriano, también conoce debilidades y vanidades. Tras la pandemia, decenas de curas y religiosas han tomado por asalto las redes lanzándose a la virtualidad con el discurso de la postverdad. Algunos con discreta aceptación, otros más aplaudidos  como payasos y bufones; también los hay afeminados y delicados, manipulando esos medios para anunciar el evangelio y vender con ingenioso marketing ajustándose el habito o luciendo el almidonado alzacuello como buena marca que seduce y convence.

En 2014, sor Succia despegó los pies de la tierra. El hábito y vocación le abrieron paso a una fama que ni siquiera había sospechado en el ambiente donde lo principal son las libaciones al Mammon: “El Señor se ha servido de mi deseo para llamarme a él, me llamó a una nueva vida y me está llevando a cumplir mi sueño según su voluntad, de una forma que jamás habría imaginado”, diría de forma cándida sintiendo una especie de predilección.

Y en ese momento, quienes sabían mover los hilos del marketing hacedor de estrellas buscaron fotos de Scuccia antes de ser la hermana Cristina… Y ya las tienen. Dejó los hábitos. Ahora vuelve a la realidad después de un sueño que le dio una fama divina.

Los cristianos están llamados a ser luz del mundo y sal de la tierra y no están exentos de las tentaciones y persecuciones. Según el Evangelio de Lucas, el diablo dice a Jesús para ponerlo a prueba: “Te dará todo este poder y esplendor de estos reinos porque me han sido entregados y yo los doy a quien quiero”. Los placeres de la fama, los reflectores y, desde luego, mucho dinero. Encumbrar o despeñar, el pecado de ese mundo movedizo, electrizante y voluble de los ídolos musicales. Esa es la gran treta de la farándula: jugar con los más grandes y puros anhelos del espíritu humano.

 

 

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