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Maniobras en el Vaticano: entre la política del Papa Francisco y la Fe del Papa Benedicto, los católicos ‘normales’, el futuro del padre Georg, la ética AI.

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Domingo del Bautismo del Señor, Misa en la Capilla Sixtina con bautizos, trece, preside el Papa Francisco. Muchas noticias de hoy entran el tema del cambio que se ha producido en la iglesia con la muerte de Benedicto XVI. Entramos en el final del pontificado del Papa Francisco, una fase que será peculiar, no sabemos cuento durara, los años y la naturaleza no presagian mucho tiempo.  Vemos cómo el Papa Francisco intenta aparecer en público en plena forma, hoy se ha evitado la imagen en silla de ruedas. Se miden sus apariciones, cada vez con tiempos mucho más reducidos. Presidencia sentado, como estamos ya muy habituados,  y brevísima homilía de pie. Muy torpe Vérgez, necesita ayuda para sus movimientos y volvemos al altar móvil, liturgia ajustada para dar el máximo protagonismo al Papa Francisco.

Empiezan las maniobras en la Curia tras la muerte de Benedicto XVI. La protección ya no está y los nerviosos lo son mucho más en los francisquistas, para los que todo depende de Francisco y  ven que su tiempo se termina.  Estos días escuchamos que “Hay tensiones entre progresistas y conservadores” . ¿Pero quién decide quién pertenece a las dos supuestas “categorías”?.  La presencia de Benedicto XVI amortiguó los contrastes, ahora las dos almas de la Curia se empiezan a ver con mucha más claridad.  No podemos caer en la trampa y más que estar ante tradicionales y progresistas, confrontación buscada y alimentada por los de la ‘primavera católica’,  estamos ante  la lucha entre la política y la fe que empieza a emerger con mucha más fuerza.

Seguimos con artículos sobre la ceremonia del jueves:  «fue chapucera, peor: fue una chapuza deliberada, un ultraje premeditado; inaceptable. Nadie puede atreverse a ultrajar a un pontífice fallecido del nivel de Benedicto XVI.  Quien quiera puede leer los siete minutos de banalidad de la homilía del Papa Francisco y compararlos con la excepcional homilía del cardenal Joseph Ratzinger del 8 de abril de 2005. Los dos están divididos por un abismo formal y sustancial. ¿Ya no hay en la Curia plumas necesarias para escribir una homilía para acompañar a un pontífice en su último viaje? Es una chapuza, es grotesco que pase esto. Fue un ultraje premeditado y buscado. Buscado y anunciado el traslado del cuerpo de Benedetto desde su residencia hasta San Pedro, a menos de doscientos metros, en un carro de la policía fúnebre y de noche».

Algunas noticias recuerdan los episodios que provocan le renuncia de Benedicto XVI y que en muchos casos siguen siendo un misterio.  Las palabras de Gabriele, el mayordomo ¿traidor?:  “No me arrepiento de haber perdido todo lo que he perdido: no he perdido nada bueno, es una situación que me enfermó, entonces ¿cómo voy a arrepentirme?.   Llegó un indulto «sobre todo para devolver la paz y la seguridad a mi familia, pero no todos estuvieron de acuerdo y de hecho me mandaron a trabajar por mil euros al mes en una cooperativa extramuros donde no ejercía ninguna actividad: durante seis meses fui allí y no me dejaron hacer nada. Me querían volar la cabeza para vengarse”.

Nos parece de sumo interés un artículo que entra en lo que piensa el común de los fieles. Son miles de personas las que estos días se han acercado al Vaticano movidos por un anciano que lleva diez años fuera de escena, es un fenómeno que no se explica fácilmente aunque sea un Papa. El funeral de Benedicto XVI está derramando océanos de tinta, lo cierto es que los fieles, en su santa libertad, se identifican con un pontífice mientras que con otro no se atan. Como decía Guareschi: «la fe es un asunto jodidamente complicado que tiene que ver con la humanidad y un sacerdote como don Camilo, capaz de hacer simpático al Todopoderoso, es difícil de encontrar».

Los fieles normales, la gran mayoría,  no se preocupan, no tienen ni la voluntad ni las herramientas necesarias, por las maniobras en la sombra de los sacros palacios, por las intrigas y el humo de Satanás en el Vaticano, por las orientaciones políticas. Puede que sean superficiales, pero la fe, al fin y al cabo, es una cosa sencilla, lo tiene que ser. El resto, se podría comentar, viene del diablo. Estos fieles comunes y corrientes sienten, de manera confusa pero clara, que el papa Benedicto XVI recibió una carnicería de época: distorsionaron uno de sus discursos en Ratisbona y lo aprovecharon para matarlo. Nadie lo defendió. El Islam no lo quería, el Vaticano tampoco lo quería, el clero progresista estadounidense no lo amaba y los todopoderosos Obama lo odiaban.

Vino la ‘primavera católica’ y lo reemplazaron por alguien que, como quieran, era todo lo contrario, un papa poco teólogo, sumergido en la política como pocos en los últimos tiempos y con  maneras partidistas: justificó masacres islamistas, como la de Charlie Hebdo, montó la idolatría ecologista , tenía atención solo para los inmigrantes, que creía que eran el nuevo proletariado revolucionario, en la estela de ciertos malos maestros neomarxistas, y ahora exclusivamente para Ucrania: ciertamente una tierra atormentada, pero tal obsesión es sospechosa en un mundo donde Los católicos están siendo masacrados, cada vez más, desde Nigeria hasta Sudán, desde Filipinas hasta los regímenes autoritarios de América del Sur y del Este.  Nunca una palabra en contra de la persecución de los sacerdotes católicos en China,  molesto por los gobernantes de derecha o más bien alejados de la izquierda que gusta. Íntimo a los dictadores latinos, desde los Castro a los Lulas,  hasta los Morales y los Maduros,  sin un suspiro de crítica.

A la masa de fieles comunes, le gusta mucho menos este Papa de lo que pretenden los medios globalizados; añoran al otro, y no se comprometen con la lógica geopolítica. Estos cristianos sienten la nostalgia de un guía sereno, tranquilizador, apacible, aparentemente desligado de las cosas mundanas, incluso hasta divertido. Un papa sacerdote, que trata más con el Todopoderoso que con las ONG, que nutre una relación sencilla pero intensa con lo sagrado.

El padre Georg Gaenswein, secretario privado de Ratzinger, se ha convertido en el centro de las noticias estos días. La acusación contra el Papa Francisco de haber «roto el corazón» de Benedicto XVI con Taditionis Custodes. La decisión  de quitarle todo poder como prefecto de la casa pontificia, elección que hizo que Benedicto dijera «entre lo serio y lo bromista»: «Francesco ya no confía en mí y quiere que me cuides». La última bomba es la polémica sobre el «Ideología de género». Escribió a Francisco para «encontrar un equilibrio entre el respeto por la persona y la doctrina de la fe», señalando que «la filosofía de género enseña que es el individuo quien se convierte en hombre o en mujer». Para Benedicto, «no se trata del bien de la persona homosexual» sino que se trata de «una manipulación deliberada del ser». Nos encontramos ante una «guerra ideológica» que requiere una «resistencia fuerte y pública».

Gaenswein acaba de cumplir 66 años, es demasiado joven para jubilarse y existe un alto riesgo de que pueda acabar en el cementerio de elefantes.  En el pasado, las reglas que se aplicaban de un pontificado a otro preveían una colocación digna para los antiguos colaboradores, hoy es difícil imaginar que el Papa Francisco pueda rescatar a Gaenswein, confiándole una diócesis en Alemania.  A la muerte de Juan Pablo II en 2005, Benedicto XVI garantizó un paso digno a don Estanislao, entonces histórico secretario de Wojtyla, asignándole la diócesis de Cracovia y más tarde  lo hizo cardenal.  Alguien plantea una misión lejos de Europa, quizás en una nunciatura remota,  Don Georg habla cuatro idiomas con fluidez y podría ser perfecto como embajador del Vaticano. Nuestra impresión es que se dedicará al ‘libre ejercicio de la profesión’, empleando el tiempo y las fuerzas que Dios le dé, en trabajar el legado del Papa Benedicto.

Un viejo episodio está despertando en las redes sociales, el encuentro en 2012 entre el entonces Papa Benedicto XVI y un adolescente estadounidense con cáncer, ese niño se recuperó y se convirtió en sacerdote.  Es el padre Peter Srsich, que a los  17 años  le diagnosticaron cáncer de pulmón con momentos difíciles, incluso de rechazo a la fe. En 2012,  Pedro y su familia lograron una audiencia con el Papa Benedicto, se dirigió al niño, lo bendijo y le tocó el pecho justo a la altura del pulmón canceroso. Gracias a los tratamientos, y también a «las oraciones» que siempre ha agradecido, la enfermedad remite y nueve años después de aquel encuentro con Benedetto, el muchacho se convierte en sacerdote. Saber que el Papa sería parte de mi futuro me ayudó a superar todo esto y, de una manera pequeña y no milagrosa, me ayudó a recuperarme del cáncer. Hoy, el sacerdote está a la vanguardia de los movimientos pro-vida estadounidenses.

La vida sigue y el 10 de enero, en la Casina Pio IV, tendrá lugar el evento «Ética AI: Un compromiso abrahámico con el Llamado de Roma». Monseñor Paglia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, acompañará al Gran Rabino Eliezer Simha Weisz y al Jeque Abdallah bin Bayyah en la firma oficial de un documento creado dentro de la Academia Pontificia para la Vida y editado por la Fundación RenAIssance para promover un desarrollo «algorético», es decir, ético de la inteligencia artificial.

Monsignor Michele Basso , anciano canónigo de San Pedro, ha fallecido, parece que de infarto, en su apartamento del palacio de la Sacristía. Es conocido por ser un compulsivo coleccionista de arte de primer nivel que parece que ha dejado en herencia a la Basílica de San Pedro. El tesoro acumulado durante toda una vida, se ‘perdió’, y fue noticia por ello, en las salas octógonas de San Pedro. 

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Buena lectura,

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