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Las Naciones Unidas y el Papa Francisco, los valores trasversales del Vaticano, la viña de Benedicto XVI, la ‘finezza’ de Andreotti.

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La sede de las Naciones Unidas está en Nueva York y fue inaugurada el 9 de enero de 1951, tal día como hoy de hace 70 años, antes, es enorme solar estaba ocupado por una enorme cervecera y son muchos los que piensan que estaba mucho mejor empleado. Su imagen principal es el  famoso «Palacio de Cristal», sede la Secretaría y extraterritorial. Es el resultado de las últimas grandes guerras del siglo XX y estamos viviendo el final de las razones que la hicieron nacer y sobrevivir en estos años. El periodo de post guerra y sus terribles consecuencias se está terminado y nos encaminamos hacia otra realidad social y política que por ahora es muy complicado de entender y valorar.  Incluso las agencias especializadas de la ONU están en una seria crisis de legitimidad sin precedentes, pensemos en la UNESCO o en la OMS.

La Iglesia Católica participa en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030. El 15 de octubre de 2020, el Papa Francisco lanzó su Pacto Mundial por la Educación y el 17 de diciembre de 2020 dijo que veía «con satisfacción que los gobiernos se han comprometido una vez más a poner en práctica estas ideas mediante la adopción de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, en sinergia con el Pacto Mundial por la Educación ”. Ya en septiembre de 2015, el Papa Francisco había calificado la Agenda 2030 como una «importante señal de esperanza, si es que se implementa realmente a nivel local, nacional e internacional». El 8 de marzo de 2019, el Papa Francisco señaló que «La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por más de 190 naciones en septiembre de 2015, fueron un gran paso adelante para el diálogo global, en signo de una necesaria nueva solidaridad universal ”.

Lo curioso de esta situación es que esos Objetivos en muchos puntos fundamentales van en contra de la moral natural y, por supuesto, de la católica, impregnada de ideología de género: «Garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar, «información, educación e integración de la salud reproductiva en las estrategias y programas nacionales». Podemos pensar que la Iglesia quiere hacer suyos los objetivos buenos y no colaborar con los malos. El propio documento dice que los Objetivos están «interconectados» e «indivisibles»,  para asegurar la transversalidad de estos derechos, vinculándolos con la salud, la educación, la pobreza, el clima, la salud de los adolescentes y jóvenes y  la escuela.

Para muestra un botón, hoy tenemos un comentario en el blog de Tosatti a una entrevista al padre Vianelli, responsable de la Pastoral de la Familia de los obispos italianos. Entramos de lleno en la ética de la situación o la moralidad de la «realidad». La nueva moral sexual nos enseña a no reprimir el instinto sexual fundamental para la vida equilibrada del hombre. De lo contrario, resultan inhibiciones, complejos, neurosis; moralmente inaceptables. Se propone una especie de ‘santidad del espíritu’ mientras que la carne puede seguir sus tendencias naturales. De aquí nace la «teología de la homosexualidad», basada en el supuesto de que el amor es la única ley de vida; cuando hay amor, hay de todo y cuando no hay amor, falta todo. Todo esto suena demasiado a Amoris Laeticia. No es extraño que empecemos a ver con claridad lo que se empieza a conocer como «iglesia profunda», el lado oscuro del poder eclesiástico. El caso McCarrick no es único y tenemos demasiados ‘macarristas’ en ejercicio.

La vid del Papa Benedicto XVI fue arrancada el año pasado, para dejar espacio a la gran estructura de acero que se suponía que serviría como centro cultural pontificio. El mega centro cultural previsto dentro de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, no se hará. La crisis golpea muy duro y este hecho doméstico nos sirve de imagen para darnos cuenta como se intenta arrancar todo lo que huele a ‘Benedicto’ y sembrar castillos en el aire. Perdemos mucho y de buena calidad, el vino es la Eucaristía, y nos queda un solar vacío lleno de las quimeras 2030. El viñedo, arrasado innecesariamente, fue donado al Papa Benedicto XVI inspirado en sus primeras palabras: «Soy un humilde trabajador en la viña del Señor».

Carta del Papa Francisco al cardenal Baltazar Porras, arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas, con motivo de su onomástica el 6 de enero: «Que Dios siga dándole fuerza y ​​parresía para que con el corazón de un padre pueda acompañar y consolar a su fiel pueblo santo, puesto a prueba por los sufrimientos provocados por el flagelo de la pandemia, por la arrogancia de poderosos y la pobreza creciente que los estrangula».

Para los ajenos a los sacros palacios, hablar de Silvestrini es hablar de un cardenal más y puede que desconocido, en el Vaticano decir ‘silvestrini’ es decir mucho. Murió en agosto de 2019 a los 96 años, siempre ha desempeñado el papel de puente entre la Santa Sede y la política italiana, y el actual primer ministro Conte se formó, como otros importantes dirigentes,  en su Villa Nazareth que no soltó hasta su muerte.

En tiempos del exprimer ministro Giulio Andreotti, sabía que no podía pedir más de la Santa Sede que una abstención sustancial de intervenciones hostiles,  escribió a Silvestrini una carta en la que le comunicaba que después de hablar con «alguna figura eclesiástica autorizada» se había dado cuenta de que «los términos esenciales del debate político interno» solo se conocían en «forma aproximada y distorsionada «.  Andreotti escribió «una entrevista privada» que, se define «Confidencial, Entrevista no para la prensa».  «También creo que tal vez podría ser útil leerlo una persona más autorizada»,  le dio el título ‘¿Me puede dar un cuarto de hora?’. Hoy la tenemos en su totalidad, nos hace ver que los tiempos no han cambiado demasiado y que lo que estamos viviendo tiene raíces mucho más profundas y diseminadas de lo que podemos imaginar. Todo esto se enmarca en la ‘finezza’ de Andreotti: «Lo concibo en el espíritu de «cooperación» entre los que aman a Dios».

«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.»

Buena lectura.

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2 comentarios en “Las Naciones Unidas y el Papa Francisco, los valores trasversales del Vaticano, la viña de Benedicto XVI, la ‘finezza’ de Andreotti.
  1. Eso que comenta Valli sobre Wa-shington es lo que cualquiera que no esté ses-gado y no haya perdido la cabeza puede concluir viendo las imágenes.

  2. Eso que comenta Valli sobre Washington es lo que cualquiera que no esté sesgado y no haya perdido la cabeza puede concluir viendo las imágenes.

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