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La noche perpetua sobre Roma y el Vaticano, la actividad del Papa Francisco, la persistente peste que no termina, los principios de Benedicto XVI.

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Hemos pasado la fiesta de la Epifanía y entramos de lleno en un año que presenta con toda la gama de grises degenerando en negros. Llevamos muchos días, demasiados, en que en Roma no para de llover acompañado de un frío poco habitual. El 2021 ha entrado en la ciudad eterna como una noche perpetua, los días parecen noches y podemos hablar de tiempo infernal. Los romanos son muy dados a leer los vaticinios y la tristeza se siente, no hay turistas, ni baratos, tan criticados en tiempos de bonanza y tan añorados ahora; ni caros, los grandes hoteles y restaurantes están casi cerrados y con ínfima actividad, todos a partir de las 6 de la tarde, la bulliciosa noche romana ya no existe y la poca vida que queda se ha ‘privatizado’ y hemos vuelto al tiempo de las catacumbas. Nos dicen que estamos saliendo, no queremos ser muy negativos, pero todo apunta a que estamos entrando.

Si en Roma la vida languidece lo del pequeño estado del Vaticano es de antología. Ni los más viejos del lugar, y los hay y muchos, recuerdan nada similar. Los míticos tiempos de la Roma de la gran guerra quedan cortos. La actividad de la Basílica de San Pedro es lo más cercano a la nada. La celebración de las misas privadas de la mañana se ha reducido tanto que la basílica ha perdido ese palpitar de oraciones en todas las lenguas y ritos. Las largas colas de turistas y curiosos ya no existen, todos los ‘negocietes’ que asaltaban los sacros lugares han desaparecido. Los alrededores del Vaticano no son ni la sombra de lo que hemos conocido, los pocos abiertos intentan sobrevivir. Los encuentros presenciales en los dicasterios y organismos del Vaticano han desaparecido y estamos en plena curia ‘on line’. Los años son los años y el Papa Francisco está entrando en edades peligrosas, no se disimula el miedo a un cónclave en esta situación. Las actividades del papa se han reducido a casi nada, de las audiencias públicas solo queda el nombre, las privadas continúan con un riesgo para el pontífice que hace temblar. En Santa Marta seguimos viendo el paso de ‘llamados’ a capítulo por el Papa Francisco y estos días sorprenden las visitas, casi diarias del ‘renunciado’ cardenal Becciu.

El parón continuado se nota en los trabajadores que están viendo como se retuercen los argumentos para no regalar ni un céntimo y se está recordando que hay que recuperar las horas ‘perdidas’ y que el papa ya nos ha pagado. El Papa Francisco ha jurado y perjurado que no se echara a nadie, pero cuanto más para el tiempo es menos seguro que se cobrará el salario. La salida del Reino Unido de la Unión Europea se ve desde el Vaticano como el inicio de la disgregación de un proyecto soñado para otros tiempos. Hoy es tema común de conversación lo sucedido en los Estados Unidos y la preocupación de que estemos ante un episodio de enorme gravedad que puede contagiarse como el virus. Las epidemias del pasado nos indican que tuvieron consecuencias en todos los ámbitos de la sociedad y esta no será muy distinta. Todos esperamos situaciones sociales complicadas, no sabemos cuando, como o donde pueden suceder, pero es seguro que sucederán.

Tenemos delante un periodo de la historia de la iglesia en que todos los demonios están sueltos. Las parroquias están sufriendo la mayor hemorragia de fieles que recordamos, las diócesis viven de las rentas y las rentas se terminan. Las órdenes religiosas se van extinguiendo en una agonía sin fin. Los golpes que vienen de Alemania pueden ser el detonador de otros golpes. La autoridad del Papa Francisco está bajo mínimos y las decisiones autoritarias están acelerando el proceso de degradación. Cuando hay que utilizar al argumento de la amenaza y la fuerza se podrá vencer, pero nunca convencer.

Hoy tenemos artículos que entran reflexiones sobre la pandemia y sus implicaciones en la vida religiosa. Del Pozzo nos habla de teatro del absurdo en el que estamos viviendo y razón no le falta. Referencias al terremoto en Croacia y la presencia de la iglesia local ayudando a los damnificados. Persecución a  quien no se somete a lo políticamente correcto, o a lo católicamente correcto, sobre las ideologías dominantes.  Más sobre la pena de muerte, abolida en la legislación del Vaticano por Pablo VI, pero viva en el catecismo. Nos llegan 15 reclutas a la guardia suiza, en principio, para quedarse tres años de servicio si pasan las pruebas iniciales. Carta abierta a los obispos alemanes para que paren cuanto antes el cisma que tenemos en camino. Perplejidad sobre el alineamiento de la Santa Sede con los principios de las Naciones Unidas. La película sobre Chiara Lubich ha gozado de máxima audiencia en el primer canal de la televisión pública. No puede faltar el escándalo diario de abusos, hoy es un obispo brasileño cesado por abusos a seminaristas, un martilleo que no termina.

En el lejano 2006 el Papa Benedicto XVI explicó, con una claridad meridiana, los principios no negociables que bueno será que no olvidemos en estos momentos de confusión:  «protección de la vida en todas sus fases, desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural; reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como una unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa ante los intentos de hacer que sea jurídicamente equivalente a formas radicalmente diferentes de unión que en realidad la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel social insustituible; la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos. Estos principios no son verdades de fe, aunque queden iluminados y confirmados por fe; están inscritos en la naturaleza humana, y por lo tanto son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia en su promoción no es por lo tanto de carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, independientemente de su afiliación religiosa. Por el contrario, esta acción es aún más necesaria en la medida en que estos principios son negados o malentendidos, pues de este modo se comete una ofensa a la verdad de la persona humana, una grave herida provocada a la justicia misma.

«El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»

Buena lectura.

 

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4 comentarios en “La noche perpetua sobre Roma y el Vaticano, la actividad del Papa Francisco, la persistente peste que no termina, los principios de Benedicto XVI.
  1. «Los años son los años y el Papa Francisco está entrando en edades peligrosas, no se disimula el miedo a un cónclave en esta situación.»

    Las Congregaciones, o reuniones precónclave, también se verán afectadas gravemente por la pandemia. Éstas reúnen a todos los miembros del
    Colegio Cardenalicio y a la espera de la convocatoria del Cónclave por el camarlengo, que se espera en el 15º día de la declaración de la sede vacante. Las Congregaciones son secretas, y sólo el portavoz vaticano, refiere a los periodistas algunos de los temas genéricos abordados. El Cónclave será ya secreto eclesial riguroso, bajo amenaza de excomunión, así como los pactos: la mafia de San Galo, sus miembros, no son admisibles.

    En las Congregaciones se intenta tener ya ligado el futuro Papa, pues los cardenales pueden discutir con mayor libertad, y porque los debates en el Cónclave están muy restringidos, y más aún con la pandemia, hasta los comentarios que se hagan durante las comidas. Por lo general, seguramente se formarán dos grupos claramente diferenciados: los que serán continuistas del peor Papa de la Historia Eclesial, Francisco, y los que no querrán saber nada de él y desearán borrar toda huella doctrinal dejada por él.

    En definitiva, será un Cónclave potencialmente cismático, pues los católicos ya estamos con más conocimientos, con más redes sociales (esto no es ya el 2013 ni el 2005) y muchísimo más escarmentados de la falta de rigor de obispos, cardenales y del Papa mismo. Será el primer Cónclave de la nueva época altotecnológica de lo digital y virtual. Olvídense de todo lo que hemos conocido. Ese mundo ya no volverá. Y si el Papa es un Francisco II, lo sabremos pronto y la Iglesia se fracturará. Las críticas al Papa vendrán desde el minuto 0, y ya nada dejará de ser escrutado milimétricamente, y si se debe de denunciar y no acatar al Papa equivocado, pues se hará sin miramientos. Mentiras y embustes, no, acabaron, y los tramposos no tienen cabida.

  2. «Los romanos son muy dados a leer los vaticinios y la tristeza se siente, no hay turistas, ni baratos, tan criticados en tiempos de bonanza y tan añorados ahora; ni caros, los grandes hoteles y restaurantes están casi cerrados y con ínfima actividad, todos a partir de las 6 de la tarde, la bulliciosa noche romana ya no existe y la poca vida que queda se ha ‘privatizado’ y hemos vuelto al tiempo de las catacumbas. Nos dicen que estamos saliendo, no queremos ser muy negativos, pero todo apunta a que estamos entrando.»

    Los romanos saben de sobras que su ciudad es la sede del pecado en Italia, tanto por la banda de la República como de la Santa Sede, y por lo tanto, han de expiar los intensos pecados sociales que se han cometido desde los 1965, el postconcilio y toda la era de la Italia del plomo, la masonería, las sectas y el satanismo, el ateísmo y el agnosticismo, el ocultismo y la nueva era, la mafia (Roma es parte de la Italia mafiosa), la corrupción pública y privada, la ineficiencia, la deshumanización, la dejadez, la codicia, la avaricia, su asunción legal de la cultura de la muerte, de la ideología de género y del relativismo moral, su apostasía de las leyes de Dios… se lo merecen, y más aún, y lo saben.

  3. «Hoy es tema común de conversación lo sucedido en los Estados Unidos y la preocupación de que estemos ante un episodio de enorme gravedad que puede contagiarse como el virus. Las epidemias del pasado nos indican que tuvieron consecuencias en todos los ámbitos de la sociedad y esta no será muy distinta. Todos esperamos situaciones sociales complicadas, no sabemos cuando, como o donde pueden suceder, pero es seguro que sucederán.»

    Las epidemias son castigos de Dios por los graves pecados sociales, y evidentemente, traen repercusiones extrasanitarias: crisis culturales, políticas, religiosas, económicas.

    Lo de EEUU puede estar lejos de solucionarse, pues aunque Biden haya sido electo presidente por el parlamento, Trump dice que habrá una transición ordenada (ordely transition), pero sin nombrar a Biden, por lo que es ambigua aparentemente, no dice si es a Biden o a un nuevo Gobierno Trump sin Pence ni otros que considere como traidores.

    Mi hipótesis es que Trump esperó a la consumación perfecta del golpe de Estado perpretado por el vicepresidente Pence y los parlamentarios republicanos infieles, y dejó agotar el procedimiento constitucional ordinario de ayer día 6 de enero, con la sorpresita final de la payasada de la ocupación del Capitolio, para luego ejecutar el procedimiento extraordinario constitucional y legal contra el golpe de Estado, como la Orden Ejecutiva del 2018 y otras leyes, de manera sorpresiva contra el enemigo confiado, pues es la ultima ratio que incluye el uso de fuerzas armadas de todo tipo.

    Todo es bastante raro, complejo y peligroso, pues es extraña esta aparente defección de Trump sobre su propia tesis: lucharé contra el fraude hasta el final y Biden nunca jamás será presidente.

    No imagino a Trump en la jura del 20 de enero ante Biden, saludándolo como presidente, ni mucho menos dándole las claves de las 6.000 ojivas nucleares a un incapacitado incompetente. Pero el tiempo dirá qué pasará. De todas maneras, Trump dice que toda esta película de serie B acabará seguro el 20 de enero, por lo que aparentemente todo debe de resolverse en 14 días. Da la sensación de que hay música, bandurria, castañuelas y fanfarria para al menos dos semanitas.

    De otro lado, la ley patriota del 2001 da poderes para designar a grupos terroristas internacionales, pero parece que aún no están designados los grupos terroristas nacionales, como ANTIFA y posiblemente otros más (¿Black Live Matters?). Trump ha hecho un proyecto para que en un futuro, se incluyan a los antifas como grupo terrorista doméstico:

    http://www.whitehouse.gov/presidential-actions/memorandum-inadmissibility-persons-affiliated-antifa-based-organized-criminal-activity/

  4. «Las parroquias están sufriendo la mayor hemorragia de fieles que recordamos, las diócesis viven de las rentas y las rentas se terminan. Las órdenes religiosas se van extinguiendo en una agonía sin fin. Los golpes que vienen de Alemania pueden ser el detonador de otros golpes. La autoridad del Papa Francisco está bajo mínimos y las decisiones autoritarias están acelerando el proceso de degradación.»

    «Si en Roma la vida languidece lo del pequeño estado del Vaticano es de antología. Ni los más viejos del lugar, y los hay y muchos, recuerdan nada similar. Los míticos tiempos de la Roma de la gran guerra quedan cortos. La actividad de la Basílica de San Pedro es lo más cercano a la nada. La celebración de las misas privadas de la mañana se ha reducido tanto que la basílica ha perdido ese palpitar de oraciones en todas las lenguas y ritos… Los alrededores del Vaticano no son ni la sombra de lo que hemos conocido… Los encuentros presenciales en los dicasterios y organismos del Vaticano han desaparecido y estamos en plena curia ‘on line’… Las actividades del papa se han reducido a casi nada, de las audiencias públicas solo queda el nombre, las privadas continúan con un riesgo para el pontífice que hace temblar.»

    1. Hemos de partir de lo que es de superior jerarquía: el Papa tiene un grave problema doctrinal con Amoris laetitia, que autorizó la comunión y absolución de los adúlteros, y que el Rescripto de 5 de junio del 2017 lo elevó a falso magisterio auténtico.

    2. Evidentemente, después de 5 años sin contestar a las Dubia sobre Amoris laetitia, Jesús está pasando la escoba y la fregona por su Casa, la Iglesia Católica, pues el Papa debe obediencia a la Cabeza Mística del Cuerpo Místico, que es Jesús, y si no lo hace, ha perdido la unción espiritual, y con ello, también la salud y la prosperidad:

    1Co 11,27-34

    Dios castiga con graves penas a los que indignamente comulgan, por lo que hay que recibir con respeto y reverencia la Sagrada Eucaristía, lo que incluye al Papa mismo, quien está sujeto a estos castigos del comulgante indigno:

    De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere el cáliz del Señor INDIGNAMENTE, reo será del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
    Por tanto, examínese a si mismo el hombre, y de esta suerte coma de aquel pan y beba de aquel cáliz.
    Porque quien lo come, y bebe INDIGNAMENTE, se traga y bebe su propia CONDENACIÓN, no haciendo el debido discernimiento del Cuerpo del Señor.
    De aquí es que hay entre vosotros muchos ENFERMOS, y sin fuerzas (DEBILITADOS), y muchos que MUEREN.
    Que si nosotros entramos en cuentas con nosotros mismos ciertamente no seríamos así juzgados por Dios.
    Si bien, cuando lo somos, el Señor nos castiga como a hijos, con el fin de que NO seamos CONDENADOS juntamente con este mundo (LA ENFERMEDAD, DEBILIDAD Y MUERTE SON PARA TENER LA SEGUNDA VIDA).

    la Eucaristía es el sacramento de la caridad y de la unidad eclesiastica, como dice San Agustín, además de ser alimento y medicamento espiritual; y estando el pecador sin caridad y separado, considerando la eucaristía como un vulgar alimento y sin efectos curativos y reparativos, con toda razón, de la unidad de la 1glesia, si se llegase a este sacramento, cometería una falsedad, dando a entender que tiene la caridad, la verdad y la unidad que en absoluto no tiene y no quiere tener. Unir el Año de San José con el Año de la Familia y la herética «Amoris laetitia», es atentar contra la Eucaristía, la unidad, la verdad, la justicia, la santidad y la caridad, pues para juzgar la gravedad de un pecado, hay que atender a dos cosas: a la especie del pecado (VI Mandamiento: no cometerás adulterio; Sacramentos de la Confesión, Extrema Unción, Eucaristía y Matrimonio) y al que comete el pecado (el Papa) con su escándalo (la perdición de millones de obispos, cardenales, curas y fieles).

    Los castigos divinos por los pecados tienen castigo, a veces, en la misma tierra y sobre el mismo hombre viador, y tienen un carácter de conversión y exhortación.

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