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El sínodo del Papa Francisco ¿qué sínodo?, buscando culpables, Pío XII, ‘la pena del pederasta’, los locos abundan.

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Con octubre casi mediado y el otoño ya presente entre nosotros entramos en la iglesia de los sínodos, universales, continentales, diocesanos, de periferia, en salida, todos abiertos, dialogantes, diversos, fraternos, defendiendo el planeta y enfriando calenturas. Los medios generalistas parece que no se han enterado del Sínodo, y no hay referencias de su descafeinada apertura. Roma ha visto cosas mayores y lo de ayer no paso de una fiesta de parroquia de periferia. La actual administración del Vaticano no quiere ver que están provocando una desbandada sin precedentes, a esta burra averiada no se apunta nadie. La gerontocracia de primaveras que nos gobierna son indiferentes al desánimo, viven es su mundo y lo que es evidente y manifiesto,  es que no se creen lo que dicen, pero morirán diciéndolo.

Hay algo que sí están consiguiendo con gran éxito, al tratar de encorsetar el concilio, el Vaticano II, en sus ensoñaciones lo están destruyendo. Lo mucho o poco que de bueno nos puede aportar los textos conciliares quedará en nada con estos defensores. Detrás de ellos no queda nada, pero antes de rectificar prefieren morir dejando tierra quemada a sus sucesores. En evidente que si el Papa Francisco es el concilio encarnado, es mejor estar lejos antes de que la barca se hunda y nos ahoguemos todos. Mejor irse al  carajo,  se ven las cosas mucho más claras.

Con el tema de los abusos, independientemente del discutible informe francés, no estamos en tiempos de vergüenzas y lamentaciones en quienes, empezando por el Papa Francisco, tienen la responsabilidad de gobernar. La «terrible realidad» de los abusos en el ámbito eclesiástico sigue doliendo profundamente a toda la Iglesia. El Papa Francisco se queda en dar ánimos como si la cosa no fuera con él: «Animo a los obispos y a ustedes, queridos hermanos que han venido aquí a compartir este momento, animo a los obispos y superiores religiosos a seguir con los esfuerzos para evitar que se repitan dramas similares». Según  Scicluna, ahora muy en segundo plano, la Iglesia desde el punto de vista legislativo ya ha dado los pasos necesarios. Siguen con la matraca de querer resolver todo con la formación de los futuros sacerdotes cuando seguimos soportando dando lecciones a los matusalenes encubridores en las más altas cumbres de gobierno. Motivos para pedir perdón, personal, por lo que muchos han hecho tienen y sobrados, basta recordar a McCarrick y sus macarristas, y con esos antecedentes se ponen a dar lecciones.

Siempre resulta más cómodo hablar de pájaros y flores. El Papa Francisco en el encuentro interparlamentario rumbo a la COP26:  «promuevan la transición a las energías limpias; adoptar prácticas de uso sostenible de la tierra que preserven los bosques y la biodiversidad; que promuevan sistemas alimentarios que respeten el medio ambiente y las culturas locales; continuar la lucha contra el hambre y la desnutrición; y que apoyen estilos de vida, consumo y producción sostenibles».

Mientras el Papa Francisco abría el camino sinodal: «Preguntémonos: en la Iglesia, ¿cómo estamos con la escucha? ¿Cómo es el «oír» de nuestro corazón? ¿Permitimos que las personas se expresen, caminen en la fe incluso si tienen caminos de vida difíciles, para contribuir a la vida de la comunidad sin ser obstaculizados, rechazados o juzgados?»;  Viganò, ante una multitud, predicaba en la Plaza del Pueblo en una concentración contra la imposición de las vacunas: «¡No!: No a la locura pandémica, No a los encierros, toques de queda, la imposición de vacunas, No a los pasaportes sanitarios, al chantaje de un poder totalitario esclavizado por las élites».

El 9 de octubre de 1958 murió el Papa Pio XII a quien el Padre Pío vio en el cielo entre los ángeles y santos. Su sobrino, el quinto príncipe Pacelli nos contaba: “Pío XII amó concretamente y no con palabras, a todos los seres humanos, especialmente a los que sufrían. Este amor lo empujaba a querer sufrir como ellos, a imponerse las mismas privaciones a las que estaban obligados. (…) En público mi tío siempre quiso parecer perfecto, impecable. Representó a la Iglesia, sintió el sentido de esta suprema dignidad de una manera muy elevada. Su comportamiento y su ropa, por fuera, eran tan impecables como los de un gobernante. Pero en realidad era muy pobre. (…) Cuando murió no dejó nada a nadie porque no tenía nada».

Muy interesante releer ‘Pío XII visto de cerca’ de  Renzo Allegri: «Entre 1939 y 1947, millones de cartas llegaron al Vaticano. Eran de católicos, pero también de protestantes, musulmanes, judíos, creyentes y ateos, también de Pier paolo Pasolini que pidió información sobre su padre encarcelado en África. En esos años de gran dolor y sufrimiento, el Papa fue un referente por encima de las partes. Y me llamó la atención el hecho de que Él había dado órdenes de que se contestara a todos. Con este fin, creó la «Oficina Internacional del Vaticano para los Prisioneros de Guerra», dirigida Montini, que llego a contar con  600 empleados».

Dando un otoñal paseo romano, bajamos del Pincio y nos encontramos con la iglesia que el papa pascual II hizo construir sobre la tumba de Nerón,  la actual basílica de Santa María del Popolo.  La plaza y la puerta, con columnas del viejo San Pedro,  son universalmente conocidas, el papa Sixto V erigió en el centro de la plaza el gran Obelisco Flaminio de 24 metros de altura, egipcio  del 1232-1220 a.C. traído por Augusto para el Circo Máximo.  Son muy llamativas sus dos «iglesias gemelas», Santa María de Montesanto y Santa María de los Milagros construidas por  Alejandro VII.

En medio de todo está grandiosidad nos encontramos con que en la Basílica de  Montesanto, la iglesia de los «artistas»,  expone una burla llamada «Piedad». Obra de  Jago colocada en la Capilla del Crucifijo, compuesta por un hombre desnudo que sostiene a otro hombre desnudo en sus brazos. Oficialmente se cataloga como una «reelaboración de un momento de memoria y dolor, en el que la humanidad se ha identificado durante siglos». Esta obra se llamaba «Lástima del pederasta». Es nuestra imagen de hoy, ‘puesta al culto’ en uno de los puntos más visitados de Roma. ¿Esto es el espíritu conciliar? ¡Estamos buenos!

Será por todo esto, que no es poco, será por los calentamientos, será por tanto sínodo, el mismo Papa Francisco reconoce que tenemos que «rezar por los que padecen enfermedades mentales y por los jóvenes que se suicidan». Llegar al mundo y encontrarse con toda esta locura es muy duro de encajar. El suicidio es el 1,5% de todas las causas de muerte y la segunda causa principal de muerte entre los jóvenes de 15 y 24 años. Como para pesarlo un poco.

«Esta generación es una generación perversa».

Buena lectura.

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2 comentarios en “El sínodo del Papa Francisco ¿qué sínodo?, buscando culpables, Pío XII, ‘la pena del pederasta’, los locos abundan.
  1. Hay un abismo entre un gran papa que sabía ser papa como Pío XII y el actual y desgraciadamente ocupa la Sede de San Pedro que demuestra no saber.

  2. Ánimo, don Spécola; «Cuando comiencen a suceder estas cosas, erguíos y levantad la cabeza porque se aproxima vuestra redención.»

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