El Papa Francisco desaparecido ante las cámaras, un Vaticano hibernado manda todo al futuro, tiempos de fe y de agradecimiento a Dios.

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La iglesia se va apagando en la información pública y publicada. La actividad pública del papa formaba parte de cómo hemos entendido el ejercicio pontificado en los últimos tiempos. Juan Pablo II ha pasado a la historia como el papa viajero por sus múltiples y continuos viajes internacionales, todo esto se lo ha tragado la peste. El Papa Francisco, en definición propia, se encuentra enjaulado en el Vaticano sine die y todos sus actos con público suspendidos. Se ha intentado mantener una presencia televisiva de los viejos actos con público pero es un formato que no desata pasiones y vemos cómo va languideciendo a medida que pasan los meses. Ya no es noticia el cambio de fechas hacia un futuro incierto de acontecimientos que se fijan con antelación. La jornada de la familia prevista en Roma en 2021 y la Jornada de la Juventud de Lisboa de 2022 se retrasan un año sin estar muy seguros de si este retraso posibilitará su celebración. Tenemos la sensación de que se considera este tiempo como perdido y nos espera un futuro de recuperación de todo lo que ahora no podemos hacer. Todo se espera hacer ‘cuando sea posible’ y no pensamos en hacer ahora lo que es posible.

Todos estamos entendiendo que la peste no es algo de unos días sino que ha venido a estar a nuestro lado por un largo periodo de tiempo en el que no es posible hibernar toda actividad humana. La vida no se ha parado sino que continúa con un molesto compañero de viaje al que hemos de habituarnos. La Plaza de San Pedro vacía es una imagen impresionante pero no sirve para todos los días. La imagen del Papa Francisco ante una iglesia ausente de fieles llena de enormes vacíos se agota con rapidez. Las frías homilías ante el frio ojo de la cámara languidecen. Hoy tenemos un duro artículo de Sandro de Magister sobre los comunicados políticos del Papa Francisco con motivo de las Fiestas de Pascua de marcado acento peronista, los amigos argentinos nos dicen que mucho mas propias de Evita que de Juan Domingo. Vemos cómo ha desaparecido el contacto con los fieles que tanto apasionaba al Papa Francisco y será muy complicado a corto plazo volver al formato tradicional. Las reuniones de trabajo y de pequeños grupos se han aplazado sine die. Empezamos a retomar tímidamente en un primer momento algunos encuentros pero vemos que se ha suprimido por el riesgo de elevado de contagio. Hoy tenemos la noticia de otro caso oficial, es el noveno reconocido, de contagiado en el Vaticano. Sabemos que son muchos más, quién tiene que saberlo lo sabe y el miedo se palpa. El contagio no se puede ocultar y florece, queramos o no, y no se deja manipular por decisiones políticas.

Parece que se está proponiendo que los cardenales y prelados de la curia destinen un mes de retribución para los ‘damnificados’ por el coronavirus. Estamos ante juegos de artificio en una situación que se complica y en donde el verdadero riesgo es por cuanto tiempo se podrán pagar las nóminas del Vaticano. No olvidemos que las pensiones y los gastos sanitarios de toda la abultada plantilla y sus familias pesa sobre las arcas pontificias en donde ya muchos empiezan a plantearse la posibilidad de deuda, otro problema para el futuro, a la espera de poder cubrirla con la venta de parte de patrimonio en mejores momentos. Malos tiempos a los que añadimos que la falta absoluta de claridad produce monstruos y la rumorología  inunda el pequeño estado que se encuentra con unos ‘superiores’ despistados y sin capacidad de reacción, apercebados en sus jaulas para salvar la vida, con un secretario de estado desaparecido y el amigo Edgar invisible.

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Seguimos con los problemas causados por la celebración de actos religiosos interrumpidos por la policía y los obispos, pocos, que no se resignan al prolongado ayuno. No podemos seguir eternamente confinados y, aunque sea acompañados por el virus, tendremos que retomar una cierta actividad. Por ahora, los dicaterios siguen oficialmente abiertos pero no encontramos a nadie en sus desolados corredores. Nos movemos en un mundo fantasmagórico que no parece terminar nunca. Como si un negro augurio cubriese la ciudad eterna vemos que aumenta la basura y los molestos olores en los alrededores del Vaticano.

Son momentos incompresibles para quien no tiene fe y momentos de agradecimiento para el que la tiene porque siempre recibimos mucho más de lo que merecemos. Chesterton llega a afirmar que la doctrina principal de su vida, que le hubiera gustado enseñar siempre,  es la de «aceptar las cosas con gratitud y no como cosa debida». Los dos grandes pecados que impiden la felicidad, son el Orgullo y la Desesperación tan propios de estos tiempos de peste. Los optimistas y los pesimistas meramente humanos cometen estos dos pecados. Quien con humildad contempla una simple planta, Chesterton pone el ejemplo de un diente de león, estará asombrado ante su existencia y agradecido al Creador. El pesimista considerará que no hay planta digna para él, que no debemos agradecimiento ninguno por ellos y que no necesitamos maravillarnos tampoco, y sobre todo no maravillarnos de que nos creyeran dignos de recibirlos. En lugar de decir, como el viejo poeta religioso: “¿Qué es el hombre para que Tú lo consideres?”, tenemos que decir, como el cochero  descontento: “¿Qué es esto?”, o como el malhumorado coronel en su club: “¿Es ésta una chuleta digna de un caballero?”. Chesterton sostiene que su filosofía de la gratitud está necesariamente ligada a la teología, porque para agradecer algo hay que saber a quién agradecérselo y dada la gratuidad de la existencia, solo podemos agradecérselo al Creador.

«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

Buena lectura.

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Comentarios
2 comentarios en “El Papa Francisco desaparecido ante las cámaras, un Vaticano hibernado manda todo al futuro, tiempos de fe y de agradecimiento a Dios.
  1. El Papa sueña con tener audiencia los domingos en las misas por TV, pero eso no vende, lo muestran en un primer plano atosigante. Mejor me quedo con la de EWTN que no se centra en la persona sino en el Sacrificio perpetuo, y con mejores homilías… vamos, que son sacerdotes con celo.

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