El largo invierno del pontificado del Papa Francisco, los renunciados en el Vaticano, los demonios chinos, la fraternidad con Zen.

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En un día gris sobre el cielo de Roma, acabamos de asistir a la Misa celebrada por Parolin en el altar de la cátedra de la Basílica de San Pedro. Asiste la gendarmería en pleno y una representación de la policía Italiana con motivo del 75 aniversario de la creación de inspetorato de San Pedro que se encarga de la seguridad en los alrededores de la Ciudad del Vaticano. En estos momentos, son algo más de las 10, llueve suavemente sobre el Vaticano, un típico día otoñal que nos aleja de las primaveras. Parolin no es que tenga cara de difunto, hay difuntos con mucho mejor aspecto, es la encarnación de la muerte. Fría celebración, caras muy largas ante un momento de máxima gravedad que afecta a todos. A continuación audiencia con el Papa Francisco, que sigue sin mascarilla y mucho apretón de manos. Muchos empleados, entre ellos los gendarmes, devoran la prensa con discreción intentado saber un poco más de lo que está sucediendo, no hay informaciones oficiales,  y preguntar, incluso pensar, puede ser peligroso. Parolin ha evitado todo contacto con los asistentes utilizando incluso una sacristía distinta, hasta los gestos pueden ser peligrosos y los aires que circulan por Santa Marta huelen a envenenados, todos los demonios andan sueltos.

No sorprende en absoluto la forma de actuar del Papa, que es bien conocida a estas alturas de pontificado, lo que sorprende es porque el eliminado esta vez, Becciu, es uno de los hombres en los que más ha confiado Francesco.  Matteo Matzuzzi en Il Foglio nos ofrece una reflexión de gran calado. «La primera petición que hicieron los cardenales durante las congregaciones generales pre-cónclave fue sencilla: quien resulte elegido tendrá que limpiar, metiendo las narices en los presupuestos y estructura económica de la Santa Sede. Transparencia para evitar nuevos escándalos y nuevos Vatileaks».

No podemos olvidar que lo que estamos viviendo es un capítulo más, solamente uno, de toda una serie de episodios que han sembrado el pontificado del Papa Francisco. La limpieza prometida no se ha realizado y todo somos conscientes de que estamos peor que al comienzo del pontificado, que ya es decir, y eso sin contar con las consecuencias de la epidemia lo van a complicar todo. Por ahora poco sabemos del fondo y solo conocemos la versión de Becciu: el Papa, con los documentos de la Corte vaticana en la mano, lo acusó de malversación de fondos en una la gestión sui generis de los dineros de San Pedro, con favoritismo a la diócesis de Ozieri y a dos hermanos. Becciu dice que no ha cometido nada ilegal, salvo una insignificancia por razones de oportunidad y conflicto de intereses.

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Becciu ha ‘renunciado’ y esto en el Vaticano es firmar la propia sentencia de muerte. Todos sabemos que lo ‘han renunciado’, no es ningún secreto, y parece que en contra de su voluntad. No habrá juicio ni nada que se le parezca, es demasiado peligroso para el sistema y se evitará. Habrá que pensar cómo gestionar los daños colaterales  que en este caso pueden ser grandes pero siempre menores que destapar más de necesario.  En estos años vemos cómo hay quién renuncia y quién no, con inmediatas consecuencias. Becciu, hablando de Libero Milone, lo tenía muy claro: «Rompió todas las reglas y espiaba la vida privada de sus superiores y personal, la mía también. Si no hubiera aceptado renunciar, lo habríamos procesado». Gotti tedeschi no renuncia y sufre un calvario judicial en Italia del que sale inocente. Vallejo Balda no renuncia y sufre un proceso en Vaticano en el que es condenado antes de ser juzgado, hace más prisión antes que después de la sentencia y nunca es cesado, para no tener que dar explicaciones, simplemente se espera a que termine su mandato de cinco años. Pell no renuncia, es procesado en Australia reavivando viejos procesos ya cerrados y termina declarado inocente después de cumplir una larga condena preventiva, cesa como prefecto al cumplirse los cinco años de nombramiento. Si no hubiera sido por esta cadena de acontecimientos, en los que Becciu ha tenido un papel fundamental, probablemente no estaríamos en esta situación ahora.

En estos momentos están llegando al Vaticano  la inspección del Comité Moneyval del Consejo de Europa con una  «visita in situ» para comprobar el cumplimiento de las normas financieras internacionales, empezando por las de prevención del blanqueo de capitales. La próxima visita de Pompeo al Vaticano es considerada de alto riesgo y  Becciu fue el verdadero artífice del acuerdo con China que tanto irritó a los Estados Unidos. El Vaticano y los escándalos tienen vocación de andar juntos.  El primer Vatileaks es de septiembre de 2012, el segundo de finales de 2015. El cardenal Pell ha aplaudido al Papa Francisco por el cese fulminante de Becciu, estará en Roma está semana y regresa vencedor. El Papa Francisco está agotado y desacreditado, su pontificado, dure lo que dure, está acabado y nadie espera novedades. La espiral demoniaca en la que nos movemos hace las cosas no solucionadas, son tantas, se estén complicando. El caso Becciu no se entiende sin sus antecedentes y así iremos encajando mejor sus consecuencias que no tardarán en llegar.

Tenemos  dos artículos breves pero densos de Marco Tosatti y «Aldo Maria Valli» sobre la visita relámpago del cardenal Zen a Roma:  «Si la calidad humana de una persona también se ve en los detalles, no sé cómo se puede juzgar a alguien, un líder, que no puede encontrar en cuatro días y medio ‘tiempo de encontrarme con un sacerdote anciano, que a pesar de algún problema de salud decide por amor a la Iglesia emprender un viaje al otro lado del mundo». Tanto tiempo perdido en pachamamas y no hay tiempo para escuchar a un anciano cardenal que tanto ha sufrido por la iglesia. Tantas amistades con el Partido Comunista Chino y tan pocas con alguien de casa es mucho más de sospechoso. En unos días no darán lecciones de ‘fraternidad’ que parecen quedarse en bellas teorías. Lo de Zen y la fraternidad casan muy mal por cualquier lado que se le mire, el pontífice reinante en estos días estaba demasiado ocupado decapitando colaboradores para recibir a su fiel y anciano consejero. Ha estado en Roma ciento veinte horas, las permitidas por las autoridades de Hong Kong, con el único  deseo de encontrarse con el Papa Francisco pero ni siquiera un saludo.  Zen entregó una carta a uno de los secretarios privados de Francisco, en la que trata la cuestión del nuevo obispo de Hong Kong. Sobre los acuerdos: “Es inconcebible que haya permanecido en secreto incluso para quienes tratan de cerca estos problemas. No podemos proceder de esta manera ”. “En Pekín no todos quieren la ratificación. Hay una facción del Partido que no quiere acuerdos: son los más duros, aquellos según los cuales la Iglesia simplemente debe ser controlada y, si es necesario, aplastada, sin acuerdos de ningún tipo. Xi Jinping tiene mucho poder pero también muchos enemigos internos: allí la guerra de bandas no acaba nunca ”. “Pensar en hacer tratos con Pekín es una locura. No puedes estar de acuerdo con el diablo. ¡Lucha contra el diablo! La Iglesia no recibe órdenes de los gobiernos, y esto se aplica en todas partes ”.

«El más pequeño de vosotros es el más importante».

Buena lectura.

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Comentarios
2 comentarios en “El largo invierno del pontificado del Papa Francisco, los renunciados en el Vaticano, los demonios chinos, la fraternidad con Zen.
  1. No es que no sea cristiano:
    Es que ni siquiera es hombre.
    Pues no merece ese nombre
    quien así trata a un hermano.
    Pues Zen,corrió medio mundo
    -a despecho de su edad-,
    y sólo halló la maldad
    de un ser vil,malo e inmundo….
    Y es que el Evangelio,amigos,
    cuando se Anuncia,sembrando,
    si no encuentra un humus blando,
    no fructifica cual trigo…
    Y tal humus es,sin duda,
    las virtudes virtudes naturales;
    con que no
    pocos mortales
    -viviendolas-,hacen muda…
    Mas… poco puede la Gracia
    si,encuentra el suelo tan seco,
    que escucha sólo por eco
    un «no me molestes.Gracias.»
    Zen,al obrar cual debía,
    nos confirma y nos deslumbra.
    El otro,como acostumbra,
    da muestras de malhomía…

  2. Lo que ha hecho este tío con el cardenal Zen,no es ya de no tener ninguna virtud cristiana, sino ni humana. Éste, la bonhomía debe tenerla enredada entre las hemorroides,para ciscarse en ella cada vez que defeca…
    ¡Hay que ser sinvergüenza!!!

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