El amargo aniversario del Papa Francisco, el Vaticano escondido y desorientado, los curas de campanario, iglesias abiertas.

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Hoy celebramos el inicio del octavo año del pontificado del Papa Francisco. En estos momentos es complicado hacer un balance de este convulso periodo de la historia de la Iglesia Católica. Hoy nos encontramos en una encrucijada en la que vemos que los hay que valoran estos años como el no va más, revolucionarios e innovadores, y los que piensan que son una plaga que Dios ha permitido por nuestros muchos pecados. Es un pontificado que inicia con la renuncia del Papa Benedicto XVI, caso único en la bimilenaria historia del cristianismo. Vivimos en una situación de excepcionalidad de la que no hemos salido y que terminará cuando cerremos el tiempo de ‘los dos papas’. Lo que si podemos afirmar sin equivocarnos que es una muy amarga celebración en medio de la catástrofe sin precedentes que afecta a todo el mundo. Estamos sumergidos en un pandemia que no ha hecho más que empezar y que cambiará nuestras vidas para bien o para mal, esto sí, y no el pontificado, pasará con letras grandes a los libros de historia. Es evidente que el Papa Francisco y nuestros obispos no son responsables del corinavirus pero sí lo son de la respuesta que estamos dando al drama social que estamos viviendo. Aquí es donde se demuestra la capacidad y la grandeza de las personas.

Hoy en Papa Francisco en su Misa televisada ‘sine populo’, ante las frías cámaras y una capilla vacía, afirma que ‘las medidas drásticas no son siempre buenas’ y que ‘los obispos no dejen solo al pueblo’. Pensamos que mejor callado y mirando a Dios que entrando en el mundo del ridículo cada día. El Papa Francisco es el obispo de Roma y desde su elección no ha dejado de recordarlo en múltiples ocasiones. Lo que vemos es que está atrincherado dentro de los muros vaticanos, ha alejado a todo bicho viviente cerrando la plaza de San Pedro, como consecuencia de hecho la Basílica, y nos dice que tenemos que hacer lo  que el no hace. El Papa Pablo VI recordaba en muchas ocasiones que no estamos en tiempos de maestros sino de testigos y está es la hora. Entendemos las limitaciones propias de la edad avanzada y del estado de salud pero necesitamos al papa y lo necesitamos con autoridad y liderazgo y el papa ahora es el Papa Francisco.

El Vaticano se cubre de gloria dando la orden de cerrar todas las iglesias de Roma, nos suponemos que con el visto bueno del Papa Francisco y por orden suya, y a las horas se anula todo y se vuelven a abrir. Estamos gobernados por cobardes desorientados que no saben responder a un momento dramático. Se suspenden todos los viajes programados del Papa Francisco, se vacía su agenda, lleva semanas sin poner el pié en su amada diócesis de Roma que agoniza ante la indiferencia de su pastor. Hemos de respetar, y dar ejemplo, todas las normas sanitarias para impedir que el virus se propague y poder terminar con esta pesadilla cuanto antes pero tenemos la obligación de dar sentido y consuelo al drama en que estamos sumergidos. El Papa Pio XII ante los bombardeos de Roma le falto tiempo para ir a bendecir a los atemorizados vecinos del barrio de San Lorenzo y no le importó que la blanca sotana se llenara de sangre de sus fieles romanos. Los mensajes a través de los medios sin duda son necesarios pero insuficientes. Son miles de personas las que están arriesgando su vida atendiendo a enfermos y moribundos y necesitan fuerzas, físicas y espirituales, para seguir adelante.

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Creemos que debemos hacer el elogio del ‘sacerdote de campanario’ que en estos momentos, y siempre, es la única imagen cercana de la iglesia ante los fieles. Vive entre ellos, en sus mimos pueblos y en sus mismas casas. Camina por las mismas calles, compra en las mismas tiendas y sufre las alegrías y penas de sus fieles sin necesidad de salir ni de ir a ningún sitio, porque están en su sitio. No pueden abandonar al pueblo, como le gusta decir al Papa Francisco, porque ellos son el pueblo. No piensan abandonar a sus fieles porque son su familia, los conocen por su nombre y tienen en sus ojos y en su corazón el dolor de la enfermedad y de la muerte. Sus enfermos y fallecidos no son un número de una estadística son personas y harán lo imposible por estar a su lado y vivir junto a ellos estos momentos. Llamamos a nuestros sacerdotes con el noble nombre de ‘padre’ es hoy cuando hay que ganárselo ejerciendo como tales.

El Vaticano de hecho está cerrado. Los miles de trabajadores de los distintos organismos y dicasterios viven repartidos por toda la ciudad de Roma y sus alrededores, su movilidad de hecho está anulada. Los jefes de dicasterio han decidido no cerrar de forma oficial pero de hecho bien cerrado está. No suponemos que muchas conferencias episcopales, la española ya lo ha hecho, cerraran en estos días. Estamos ahora, mientras escribimos estas líneas, en pleno debate de iglesias abiertas o cerradas. En España, y después de decenios de iglesias cerradas o de entrada de pago parece que al fin veremos nuestras iglesias abiertas, un milagro del virus.

«Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia».

Buena lectura.

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Comentarios
2 comentarios en “El amargo aniversario del Papa Francisco, el Vaticano escondido y desorientado, los curas de campanario, iglesias abiertas.
  1. Me parece inadecuada la referencia en la entrada a las iglesias a las que se ha de pagar para entrar… siempre la polémica. No se paga por entrar en las Iglesias sino para visitar una obra u obras de arte. Se paga en museos y edificios que se costean a cargo del Estado… ¿cómo se podrían mantener la seguridad, conservación, atención, etc. de esas Iglesias si no hubiese aportación del “turismo”… el cobre de los cestaños o nuestros impuestos?

  2. «Amargo aniversario»? Pero si esto es solo el principio. Mas cosas caeran sobre la cabeza de Bergoglio. Se ha mofado de Cristo y de su Iglesia en estos siete anos. Ahora «siéntate en silencio, hija de los Caldeos; entra en las tinieblas. Porque nunca mas se te llamara «soberana de los reinos». Te enteraste Bergoglio?

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