
Valiéndome deBernardino Montejano:
PENTECOSTÉS
El hombre es heredero, escribió Charles Maurras. Y todos somos
herederos de herencias a veces muy desiguales en los bienes
recibidos culturales, espirituales y materiales.
Pertenecemos a una generación con una deuda muy especial
con los Cursos de Cultura Católica, en su versión original, movimiento
de laicos que, al decir de uno de ellos, Ignacio Anzoátegui, “nos
reconciliaron con la dignidad, nos enseñaron que el católico no tenía
por qué poner cara de drogadicto de la Virtud, de monja
psicoanalizada por cualquier Amado Nervo” (“Los C.C.C. y nosotros”
Universitas
, Buenos Aires, 1975, n°38, p. 15).
La deuda contraída con hombres como Tomás Darío Casares,
Samuel Wenceslao Medrano, Miguel Ángel Echeverriray, Rafael Jijena
Sánchez y tantos otros, genera una deuda impagable.
Uno de los otros fue Santiago de Estrada y su libro, “SantosMisterios”,
(Grupo de Editoriales Católicas, Buenos Aires, 1945), nos
inspiró esta nota.
Allí se contraponen Babel o Babilonia con Pentecostés. Y escribe
que “mientras Babel es sinónimo confusión de lenguas y dispersión
de pueblos, Pentecostés recuerda la efusión de la Caridad que une a
los hombres en el seno de la Santísima Trinidad haciéndolos hijos de
un mismo Padre, hermanados en el Hijo, en la plenitud del Amor”.
Lo que no pudo lograr la soberbia humana, “fue gratuitamente
concedido a los humildes como añadidura de la Redención” y “fue
precisamente el Día de Pentecostés cuando tuvo cumplimiento el
prodigio: descendió el Espíritu Santo en la forma de lenguas de fuego
y ante el asombro de la muchedumbre congregada frente al
Cenáculo, los Apóstoles del Señor se hicieron entender a despecho de
la diversidad de las naciones de su improvisado auditorio y desde allí
los esparció el Señor para anunciar la Buena Nueva e invitar a todos
los hombres a incorporarse a la Santa Ciudad” (págs. 26/27).
Tenemos y usufructuamos un libro titulado “De María a laTrinidad”,
Meditación sobre los misterios del rosario, escrito por el P.Luis
María de Blignieres, fundador de la Fraternidad San Vicente
Ferrer, de espiritualidad dominicana, establecida en
Chémeré-le-Roi,Mayenne, Francia. En el mismo, al referirse al tercer misterio glorioso,
que titula “La misión del Espíritu Santo”, escribe que “a la clausura de
la cosecha, el Espíritu de amor viene a acabar la obra del Hijo”.
“El Espíritu, que sopla donde quiere, purifica las miasmas de la
incredulidad, y conduce al mundo en la gran respiración trinitaria. El
fuego es la caridad que derrama en los corazones, el incendio de
amor del alma del Salvador”.
“En el espíritu de los apóstoles abrazados por un amor
formidable, el temor ha desaparecido, una gran luz se ha levantado.
Los hechos y las palabras del Salvador son tomados en su alcance
profundo, el Antiguo testamento es iluminado por el misterio de Cristo
muerto y resucitado”.
San Buenaventura, el “Doctor Seráfico” escribió un libro “Los
dones del Espíritu Santo”, (Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires,
1943), En él nos enseña acerca de los siete dones: “el de temor que
destruye la soberbia e infunde la virtud de la pobreza voluntaria; el de
piedad que destruye la envidia e infunde la mansedumbre; el de
ciencia que destruye la ira e infunde la tranquilidad del alma, el de
fortaleza que destruye la pereza e infunde el hambre y la sed de
justicia; el de consejo que destruye la avaricia e infunde la
misericordia; el de entendimiento que destruye la gula e infunde la
pureza de corazón y el de sabiduría, que destruye la lujuria e infunde
la paz” (págs. 52/53).
En nuestros días vivimos bajo el asedio de la Babel digital o en
medio de una nueva Babel signada por lo ambiguo, lo equívoco, lo
revuelto, lo oscuro, a la cual solo podemos enfrentar con un renovado
Pentecostés, para lo cual rezamos el
VENI CREATOR:
“Ven, Creador, Espíritu amoroso
ven y visita el alma que a ti clama
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que criaste poderoso.
Tú que abogado fiel eres llamado,
del Altísimo don, potente fuente
de vida eterna, caridad ferviente,
espiritual unción, fuego sagrado.
Tú te infundes al alma en siete dones,
fiel promesa del Padre soberano,
tú eres el dedo de su diestra mano,
tú nos dictas palabras y razones”
Buenos Aires, mayo 24 de 2026.
Bernardino Montejano