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Elogio fúnebre de Serrano Oceja a Montero

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Naturalmente bien escrito, yo no lo comparto:

https://religion.elconfidencialdigital.com/articulo/catolicos/adios-ultimo-mito-periodismo-eclesial-don-antonio-montero/20220617005858043946.html

Montero está entre los muchos que han contribuido, de modo importante, al hundimiento del catolicismo en España. Posiblemente en su caso hasta sin conciencia de a lo que llevaba. Que tampoco su conciencia era mucha. Él se quedaba en eso tan andaluz de divirtámonos para el cielo, que aunque granadino de Churriana, que tampoco es la alegría de Sevilla, disimulaba faralaes.

Se ha muerto, ya de emérito, y creo que sin ninguna conmoción extremeña.  A la TRECE ni se le ocurrió transmitir su funeral. Pues imagínense a mí. Que no voy a decir que le den morcilla, como los más suyos. sino descanse en paz.

Comentarios
5 comentarios en “Elogio fúnebre de Serrano Oceja a Montero
  1. Le llama «mito», otra de esas palabras (como ahora «referente») que, de tanto usadas, empiezan a dar asco (no el muerto sino la palabra). No puedo opinar de lo que no sé y, por lo tanto, no diré nada sobre la labor de don Antonio, si bien sospecho que era taranconiano…y ahí lo dejo.

  2. Es normal que en las elegías por los difuntos sólo se digan sus bondades por grave error histórico que ello pueda suponer pues, en todo caso, les juzgará el Juez Supremo con Su Justicia y Su Misericordia. Con esta salvedad, creo que hay pocas personas tan nefastas en la historia eclesial española del pasado siglo XX que los dos arzobispos recientemente fallecidos, Díaz Merchán y Antonio Montero: inteligentes ambos pero también paladines del progresismo eclesial más desaforado y descerebrado, junto con el igualmente nefasto cardenal Tarancón. De muy triste memoria los tres. De aquellos polvos, estos lodos, los actuales, aunque no sean los únicos artífices de nuestros actuales males eclesiales y sociales, aunque sí de los más cercanos y destacados.

  3. ¿Y tampoco ha retransmitido la beatificación de dominicos? Pues vaya. También hay que decir que escasísima presencia de obispos en la beatificación.

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