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Un jubileo por aclamación popular

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Misericordia para todos menos para la Iglesia jerárquica, demasiado cerrada y retrasada para merecer el perdón del Papa. Pero mientras tanto estallan dos casos judiciales de resultado incierto: el proceso contra Vallejo Balda y Chaouqui y el encontronazo con el tribunal supremo de Chile por Sandro Magister

ROMA, 4 de diciembre de 2015 – Con el jubileo inaugurado el pasado domingo en el corazón del África profunda, el Papa Francisco ha doblegado un instrumento de antigua devoción a un diseño totalmente suyo y nuevo. Los jubileos no tienen buena fama. Fue precisamente el mercado de las indulgencias el que escandalizó a Lutero; sin embargo, el Papa las ha vuelto a poner en auge para los vivos y los difuntos, como descuento de las penas del purgatorio. Nadie puede acusarlo, por consiguiente, de abandonar la tradición. Pero una cosa es la forma y otra la sustancia. Porque de esa tradición Francisco ha mantenido en vida sólo una cosa: el perdón. Un perdón que es para todos los que pasan por la puerta santa, se confiesan y comulgan. Lo que sucede es que las puertas santas están en todas partes. También la puerta de la celda de una cárcel puede convertirse en una, -ha dicho el Papa-, en cuanto se pide misericordia a Dios. Por lo tanto, el jubileo es la fiesta del pueblo inmenso de los pecadores perdonados. Es este pueblo el verdadero protagonista del año santo de Jorge Mario Bergoglio, no la jerarquía que, desde arriba, administra y dispensa indulgencia. Porque con este Papa es más bien la jerarquía la que acaba, en primer lugar, en el banquillo de los acusados. Una jerarquía llena de corazones endurecidos, sin  misericordia, incapaces de poner un plato en su mesa a los divorciados que se han vuelto a casar. Esto es lo que Francisco ha reprochado a los obispos que tenía delante cuando clausuró el sínodo sobre la familia del pasado mes de octubre: > «Los corazones cerrados que a menudo se esconden incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia…» Como Papa él es el jefe de esta jerarquía, pero cuando recurre al pueblo para machacar a los obispos y cardenales se despoja de su papel institucional y se viste con el hábito del jefe carismático y purificador. Que la inocencia es connatural al pueblo es el dogma del populismo, al que el argentino Bergoglio es muy sensible. Lo ha predicado también en Nairobi cuando ha dicho que en el pueblo de las periferias habita una sabiduría superior: > L’innata «saggezza» dei poveri, terza fonte della Rivelazione Este es el secreto de su popularidad, que la impopularidad de la Iglesia jerárquica no disminuye, sino al contrario, aumenta. * Francisco ha apelado a la multitud, arrancando los aplausos en la plaza de San Pedro,  también para arremeter contra el «robo» -palabra suya- de los documentos secretos sobre las operaciones delictivas de la curia vaticana, para las que ha hilvanado, la vigilia del jubileo, un proceso que no brilla ni por contrición, ni por prudencia, ni por misericordia. Por contrición por el hecho de que fue él, el Papa, quien promovió a inspectores y médicos de las finanzas de la curia a los dos mayores imputados del latrocinio, monseñor Lucio Ángel Vallejo Balda y Francesca Immacolata Chaouqui, a pesar de que la secretaría de Estado le advirtió de la clara falta de fiabilidad de ambos: > Ricca y Chaouqui, dos enemigos en casa (26.8.2013) Por prudencia, por haber querido arrastrar al banquillo de los imputados también a los dos periodistas italianos autores de las publicaciones, en una extraña nueva puesta en escena del índice de los libros prohibidos. Y aún menos por misericordia, vistas las páginas escabrosas, filtradas por las actas de la  instrucción, que han expuesto al escarnio público no sólo al monseñor y a la señora, muy activos en dañarse a sí mismos, sino también a desafortunadas parientes de ella, del todo ajenas a los hechos. * Bergoglio recurre al pueblo del jubileo contra las jerarquías también para otra empresa purificadora, la de los abusos sexuales del clero a menores. Dice de sí mismo que es inflexible con los obispos que encubren dichas fechorías y a algunos, efectivamente, los ha despedido. Pero al mismo tiempo se muestra misericordioso en exceso con un cardenal, gran elector suyo en el cónclave, el belga Godfried Danneels, que en 2010 intentó ocultar los abusos sexuales del entonces obispo de Brujas, Roger Wangheluwe, de los que fue víctima un joven sobrino del propio obispo. El escándalo fue público, pero no resulta que afectara al Papa Francisco el cual, más bien al contrario, ha puesto dos veces a Danneels en cabeza de la lista de los padres sinodales que él ha nombrado personalmente, señal de gran estima, y ha promovido como nuevo arzobispo de Bruselas precisamente al pupilo del cardenal: > La verdadera revolución de Francisco se realiza a golpe de nombramientos(14.11.2015) Es incluso más clamoroso el caso del obispo chileno Juan de la Cruz Barros Madrid, que Francisco ha promovido a la diócesis de Osorno a pesar de que tres víctimas lo acusan judicialmente de complicidad con su abusador, el sacerdote Fernando Karadima, durante muchos años una reverenciada celebridad de la Iglesia chilena, pero condenado al final a «oración y penitencia» por la propia Santa Sede por sus comprobados abusos sexuales. En un desahogo que ha pasado a ser público, Bergoglio ha dicho que está más que seguro de la inocencia del obispo y ha acusado a los políticos de izquierdas de haber «montado» la protesta: > Abusi sessuali. Il vescovo di Osorno ha un superavvocato: il papa Con el resultado de que el 13 de noviembre el tribunal supremo de Chile, inmisericorde, ha pedido oficialmente a la Santa Sede que muestre las pruebas: > Pédophilie – La justice chilienne interpelle le Vatican __________ Esta nota ha sido publicada en «L’Espresso» n. 49 del 2015, en los kioscos a partir del 4 de diciembre, en la página de opinión titulada «Settimo cielo» confiada a Sandro Magister. He aquí el índice de todas las notas precedentes: > «L’Espresso» al séptimo cielo __________ Tras haber escrito esta nota el Papa Francisco ha vuelto sobre el caso «Vatileaks» en la rueda de prensa en el avión que, el 30 de noviembre, lo llevaba desde África a Roma. En una primera respuesta parecía legitimar el trabajo de los autores de los dos libros con los documentos vaticanos: «La prensa libre, laica y también confesional, pero profesional,… para mí es importante, porque la denuncia de las injusticias, de las corrupciones, es un bonito trabajo… Y después el responsable debe hacer algo, hacer un juicio, hacer un tribunal. Pero la prensa profesional debe decir todo:… las cosas están así, así y así. Y sobre la corrupción, examinar bien los datos y decirlos: sí, hay corrupción aquí, por esto, esto y esto…». Mientras que en una segunda respuesta ha definido por primera vez «un error» los nombramientos de monseñor Lucio Ángel Vallejo Balda y Francesca Immacolata Chaouqui: «Yo creo que se ha cometido un error. Monseñor Vallejo Balda ha entrado por el cargo que tenía y que ha mantenido hasta ahora. Él era secretario de la prefectura de asuntos económicos, y él ha entrado. Y cómo ha entrado ella, no estoy seguro, pero creo que no me equivoco si digo -pero no estoy seguro- que ha sido él quien la ha presentado como una mujer que conocía el mundo de las relaciones comerciales… Han trabajado y cuando el trabajo ha terminado los miembros de esa comisión, que se llamaba Cosea, han permanecido aquí en algunos puestos, en el Vaticano. Lo mismo Vallejo Balda. Y la señora Chaouqui no ha permanecido en el Vaticano porque entró para la comisión pero luego no se quedó. Algunos dicen que se ha enfadado por esto, pero los jueces nos dirán la verdad sobre las intenciones, cómo lo han hecho… Para mí [lo que ha salido] no ha sido una sorpresa, no me ha quitado el sueño, porque propiamente han hecho ver el trabajo que se ha empezado con la comisión de cardenales -el “C9”- de buscar la corrupción y cosas que no van bien… Sobre este juicio, yo he dado a los jueces las acusaciones concretas, porque lo que importa, para la defensa, es la formulación de la acusación. No he leído las acusaciones concretas, técnicas. Me hubiera gustado que esto [el proceso] acabara antes del 8 de diciembre, para el Año de la Misericordia, pero creo que no será posible, porque me gustaría que todos los abogados que defienden tengan tiempo para defender, que haya libertad de defensa, toda». La transcripción íntegra de la rueda de prensa: > Conferenza stampa del Santo Padre, 30 novembre 2015 __________ La bula que convoca el jubileo de la misericordia, con fecha 11 de abril de 2015: > «Misericordiae vultus» Y la carta explicativa del 1 de septiembre de 2015: > «La cercanía del Jubileo extraordinario de la Misericordia…» __________ Una extraña reinterpretación de la elección de Joseph Ratzinger como Papa Durante la rueda de prensa del 30 de noviembre, el Papa Francisco ha dado también una muy singular reinterpretación de la elección de Joseph Ratzinger como Papa y de la finalidad de ese pontificado. Le ha atribuido el mérito de haber «sido el primero» en denunciar la «corrupción», hablando de la «suciedad de la Iglesia» ya en el Via Crucis que tuvo lugar «trece días antes de la muerte de Juan Pablo II». Ha afirmado que Ratzinger «ha hablado de lo mismo» en la homilía de la misa de inicio del cónclave. Ha añadido que «lo hemos elegido por su libertad en decir las cosas». Y ha concluido que «es desde esa época que en el ambiente del Vaticano se sabe que allí hay corrupción, hay corrupción» y se combate contra ella. Para quien desee verificar la validez de esta reconstrucción, esta es la homilía pronunciada por Ratzinger el día de inicio del cónclave que lo eligió como Papa: > Homilía «pro eligendo pontifice», 18 de abril de 2005 Mientras que ésta ha sido la verdadera «prioridad» de su pontificado, anunciada por él mismo en una carta a los obispos del 10 de marzo de 2009: «Creo haber señalado las prioridades de mi Pontificado en los discursos que pronuncié en sus comienzos. Lo que dije entonces sigue siendo de manera inalterable mi línea directiva. La primera prioridad para el Sucesor de Pedro fue fijada por el Señor en el Cenáculo de manera inequívoca: ‘Tú confirma a tus hermanos’ (Lc 22,32). El mismo Pedro formuló de modo nuevo esta prioridad en su primera Carta: ‘Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere’ (1 Pe 3,15). «En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (cf. Jn 13,1), en Jesucristo crucificado y resucitado. El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto. «Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo». El texto íntegro de la carta: > «Queridos Hermanos…» __________ Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España.

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