También el obispo Kräutler sabe que en Amazonia se realizan infanticidios. Pero no quiere que se penalice esta práctica

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La anterior entrada de Settimo Cielo sobre el infanticidio en la Amazonia y quien lo defiende también en la Iglesia ha tenido un gran eco mediático.

Pero hay más. No es verdad que entre los personajes de relieve del sínodo en curso no se sepa nada acerca de la existencia de esta práctica en algunas tribus.

Una ignorancia de este calibre puede ser propia del cardenal peruano Pedro Ricardo Barreto Jimenez, arzobispo de Huancayo, jesuita, vicepresidente de la red eclesial panamazónica y copresidente del sínodo, según cuanto afirmó en la rueda de prensa del martes 8 de octubre.

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Sin embargo, es impensable que el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo, no sepa nada al respecto, dado que fue nuncio apostólico del 2002 al 2012 en Brasil, en el momento en que se estaba debatiendo en el Parlamento de este país un proyecto de ley para prohibir el infanticidio en las zonas indígenas.

Y sobre todo, quien está al corriente es el obispo Erwin Kräutler, prelado emérito de Xingu, muy cercano al papa Francisco, coautor del ”Instrumentum laboris” del sínodo y ferviente defensor de la abolición del celibato y de la ordenación sacerdotal de hombres casados y mujeres.

En una declaración que hizo el 10 de abril de 2009, cuando era presidente del Conselho Indigenista Missionário (CIMI) de la Iglesia brasileña, Kräutler admitió que “entre algunas tribus de los indios brasileños aún existe la práctica cultural del infanticidio”.

Lo ha recordado Maike Hickson en un artículo publicado en LifeSiteNews el 20 de junio de este año, en el que documenta la toma de posición de Kräutler respecto a los temas en debate en el sínodo de la Amazonia.

En esa declaración de 2009, Kräutler citó el episodio de una mujer india que enterró a su hija aún viva, diciendo que quería “devolver a su hija a la tierra” dado que no podía criar a dos gemelos al mismo tiempo. Y el obispo explicó que las cosas son realmente así: “En el caso de que nazcan gemelos, es normal que se confíe a la tierra a uno de los niños”. La suerte quiso que en esa ocasión la niña fuera salvada.

Kräutler rechaza de manera explícita la idea según la cual el Estado debe enjuiciar a quien comete estos crímenes, y declara estar más bien a favor de “convencer a esas poblaciones, con paciencia pastoral, que la muerte de un niño prescrita por su cultura es anacrónica y daña su estrategia de vida”.

Y añade: “Siempre hemos combatido por la supervivencia física y cultural de los indios y lo hacemos basándonos en el Evangelio, y no con el apoyo del evangelio del fundamentalismo”.

Por lo tanto, rechaza la idea de penalizar el infanticidio dado que “aquí, en el nombre de los derechos humanos y con el pretexto de eliminar el infanticidio, se está llevando a cabo un etnocidio mayor, un asesinato cultural”.

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