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La Pascua de Alfie y el sepulcro vacío

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El pequeño Alfie habría debido morir en el arco de pocos minutos, una vez retirado el respirador. Con las “comodidades” del caso. “Colocado con cuidado sobre los regazos del señor Evans y de la señora James, si lo desean”. Y “después que se haya confirmado la muerte, la familia podrá lavarlo, vestirlo y pasar tiempo con él”.

Así estaba escrito en el “protocolo” para la muerte de Alfie, notificado a sus padres Tom y Kate por el Hospital de Niños Alder Hey, de Liverpool.

Pero no sucedió así. Porque también ya sin el tubo de oxígeno, retirado a las 22.17 del lunes 23 de abril, Alfie siguió respirando. Por sí mismo. Durante horas y horas. Al punto que al día siguiente los médicos del hospital – clamorosamente desmentidos por los hechos – han tenido que volver a darle oxígeno, agua y pan. «Un milagro de la oración”, dijo Francesco Cavina, el obispo que el 18 de abril había acompañado al padre de Alfie con el Papa, por «un pequeño guerrero que quiere vivir».

Ese lunes de la cuarta semana de Pascua se habían movilizado muchos para detener a quien quería hacer morir a Alfie. En Roma, el hospital pediátrico del Niño Jesús, propiedad de la Santa Sede, estaba preparado para recibirlo y cuidarlo. La Secretaría de Estado vaticana estaba trabajando ya desde varios días atrás, por orden explícita del Papa. El gobierno de Roma había dado al niño la ciudadanía italiana y había activado a su propia embajada y a los consulados en el Reino Unido. La presidente del Niño Jesús, la doctora Mariella Enoc, se había llegado en persona a Liverpool, mientras un avión especial estaba preparado para despegar desde Roma con un equipo médico a bordo. El mismo papa Francisco se había expresado nuevamente en apoyo de Alfie, con un twitt: «Renuevo mi llamado para que sea escuchado el sufrimiento de sus padres y sea atendido su deseo de intentar nuevas posibilidades de tratamiento».

Al día siguiente, el martes 24 de abril, visto como la asombrosa vitalidad de Alfie contradecía clamorosamente a quien lo quería muerto, las presiones en defensa del niño se hicieron todavía más fuertes. Al punto que el juez inglés que desde el comienzo se ocupó del caso y que en la tarde anterior había dado la orden de hacerlo morir, se encontró obligado a volver a convocar a una audiencia con las partes, en Manchester, al mediodía.

Anthony Hayden, el juez, ha sido titular hasta hace dos días de la División Familia de la Suprema Corte británica, además de activista LGBT y autor del libro «Children and Same Sex Families» [Niños y Familias del mismo sexo]. Su tesis ha sido siempre que se debía procurar la muerte para Alfie en cuanto ella coincidía con «his best interest«, con su mejor interés. Y ésta ha sido también la tesis del Hospital de Niños Alder Hey, de Liverpool, en el que el niño estaba hospitalizado. Contra la opinión opuesta de los padres. Muy jóvenes ambos, ella anglicana y el católico, de familias obreras, ya muchas veces humillados por los médicos del hospital, ignorados por la gran prensa británica, y ahora también convertidos en signo de jueces despreciativos – «ilusos», «fanáticos» – en la audiencia convocada por el juez Hayden.

Al término de la audiencia, el juez rechazó el pedido de los abogados de Tom Evans de autorizar la partida inmediata de Alfie para Roma. Pero dio mandato al Hospital de Niños Alder Hey de decidir si y cómo dar de alta al niño – ahora ciudadano tanto inglés como italiano –, con la consiguiente e hipotética facultad para los padres de llevarlo donde considerasen oportuno.

Pero el hospital ha cerrado también esta rendija. Se negó a liberar a Alfie antes de “tres o cinco días de discusiones profundas”, por el resultado que se presagia negativo. Una negativa que Mariella Enoc, presidente del [Hospital del] Niño Jesús, de Roma, se esperaba, después que los directivos del Hospital de Niños Alder Hey ni siquiera habían querido encontrarse con ella, cuando se llegó a Liverpool, y después de haber visto llevar a cabo, durante su visita a ese hospital, “demasiados movimientos no útiles para el niño». «Han engañado a la familia», es hoy su juicio. «Se han puesto en contra. Y creo que esto es el resultado de una batalla ideológica».

Éste es también el juicio del profesor don Roberto Colombo, genetista de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica de Roma, miembro ordinario de la Pontificia Academia para la Vida:

«Al igual que con el pequeño Charlie Gard, también con Alfie se está en presencia de un ‘encarnizamiento tanatológico’, es decir, de una obstinación ideológica y carente de un razonable fundamento clínico y ético para poner fin a la existencia del niño. Los ingleses se refieren al encarnizamiento terapéutico con el término ‘therapeutic obstinacy’ [obstinación terapéutica], pero en este caso se podría hablar de ‘obstinación anti-curativa’. Esto es lo contrario de los auténticos cuidados paliativos, que prevén hacerse cargo del paciente incurable hasta el último instante de su vida, sin procurar anticipar su muerte con una eutanasia por omisión. La medicina tiene necesidad de liberarse de una ideología mortal que niega de raíz su vocación al servicio de la vida».

Pero en el Vaticano y en la jerarquía católica las voces no son unánimes. El papa Francisco se expresó con palabras claras en defensa de la vida de Alfie, especialmente luego de la audiencia acordada con su padre en la mañana del miércoles 18 de abril. Pero su pupilo Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida – ya autor el pasado 9 de marzo de una entrevista en la que daba totalmente la razón al juez Hayden –, emitió el domingo 22 de abril, al término del choque entre los padres del niño y las instituciones judiciales y sanitarias británicas, una declaración fuertemente ambigua, en la que la búsqueda del consenso, cualquiera fuese la solución adoptada, debe prevalecer por encima de la verdad y la justicia de la solución misma:

«Dadas las soluciones de todos modos problemáticas que se proyectan en la evolución de las circunstancias, consideramos importante que se trabaje para proceder en una forma lo más compartida que se pueda. Sólo en la búsqueda de un entendimiento entre todos – una alianza de amor entre los padres, familiares y agentes de la salud – será posible encontrar la mejor solución para el pequeño Alfie».

Para no hablar de la huida de la arquidiócesis de Liverpool y – más grave todavía – de la declaración del 18 de abril, propia de un Pilatos, de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, presidida por el cardenal Vincent Nichols, quien da la razón al mismo tiempo a todos y a nadie:

«Afirmamos nuestra convicción que todos los que están tomando decisiones angustiantes respecto al cuidado de Alfie Evans actúan con integridad y por el bien de Alfie, así es como lo vemos nosotros».

El miércoles 25 de abril los padres de Alfie han presentado un enésimo recurso, esta vez contra la prohibición emitida el día anterior por el juez Hayden de transferir al niño a otro hospital. La audiencia se llevó a cabo en Londres, al mediodía, frente a tres jueces, presididos por Andrew McFarland, quien es el nuevo titular de la División Familia de la Suprema Corte de Inglaterra y Gales.

A la tarde, la Corte rechazó tanto el recurso de Tom Evans contra la prohibición de transferir a Alfie a Italia, como la apelación de Kate James a la libertad de movimiento garantizada por la Convención Europea sobre los Derechos Humanos, y confirmó que el Hospital de Niños Alder Hey puede proceder según lo que se ha decidido en las anteriores sentencias:

> L’alleanza tra giudici e medici per far morire Alfie

Entre tanto, el “pequeño guerrero” Alfie respira, está vivo. Está bautizado y confirmado. Su vida y su futuro, ha dicho el papa Francisco, están en las manos de Dios, no en las de quien lo quiere sustituir. Es tiempo de Pascua y para este niño el sepulcro está vacío. Como el de Jesús.

Comentarios
4 comentarios en “La Pascua de Alfie y el sepulcro vacío
  1. La cultura de la muerte se ha quitado la careta en el caso Alfie. Nos quería vender la mentira que la eutanasia es a petición del interesado o sus familiares. Aquí ni el interesado ni sus familiares la quieren. Estamos ante una imposición cruel, una dictadura, un totalitarismo, una privación del derecho sagrado a la vida, que no hay autoridad humana que lo pueda pisotear o arrebatar, un secuestro, una cárcel, hasta matarlo de hambre y de sed, después del intento fallido de matarlo por asfixia.
    La misericorditis resulta incapaz de hacerle frente, pues, al carecer de referencias sólidas, sólo es capaz de diálogo y consenso a favor de la muerte. Sólo el catolicismo puede hacerle frente con su visión de que la vida es sagrada, un regalo de Dios, que es quien decide cuando empieza y cuando acaba en esta tierra.
    Hay que conseguir juzgar a estos médicos y jueces asesinos por crímenes contra la humanidad, porque se trata de eso, crímenes contra la humanidad, pues Alfie somos todos.

  2. Tomo un aspecto que parece estar en la sentencia de muerte del juez «Su tesis ha sido siempre que se debía procurar la muerte para Alfie en cuanto ella coincidía con “his best interest“. Es decir que lo tienen que matar porque ese es el interés del niño. Un disparate. Pero está demostrado que su interés es no morirse y si Dios lo mantiene vivo sobre la tierra nadie va a poder conseguir otra cosa. Dicen que está bautizado y confirmado. No se han dado cuenta que lo que están haciendo los jueces, los médicos, es muy peligroso para su condición humana. Si el argumento para asesinar es el mejor interés del asesinado estamos viendo una historia que ya ocurrió y que no estamos vacunados para que no vuelva a suceder. Pidamos a Nuestra Madre que ilumine los corazones y la mente de los médicos, los jueces, los obispos ingleses, a Paglia, para que no se rebelen contra Dios.

  3. Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida – ya autor el pasado 9 de marzo de una entrevista en la que daba totalmente la razón al juez Hayden –, emitió el domingo 22 de abril, al término del choque entre los padres del niño y las instituciones judiciales y sanitarias británicas, una declaración fuertemente ambigua, en la que la búsqueda del consenso, cualquiera fuese la solución adoptada, debe prevalecer por encima de la verdad y la justicia de la solución misma:
    “Dadas las soluciones de todos modos problemáticas que se proyectan en la evolución de las circunstancias, consideramos importante que se trabaje para proceder en una forma lo más compartida que se pueda. Sólo en la búsqueda de un entendimiento entre todos – una alianza de amor entre los padres, familiares y agentes de la salud – será posible encontrar la mejor solución para el pequeño Alfie”.
    ¿ Y quien, sino Francisco, nombró a Paglia ? ¿ Y quien, sino Francisco, mantiene a Paglia y ni siquiera lo desautoriza, como ha desautorizado en dos ocasiones y de inmediato a Sarah ?
    La misericorditis nos ofrece dos caras para contentar a todos, pero cada vez queda más al descubierto, pues los hechos son mucho más elocuentes que un simple twit.

  4. Hay que hacer una cadena de oración que salve a Alfie, porque no es una simple discusión sobre encarnizamiento terapéutico. Un comentarista de otros foros lo ha explicado muy bien. Se pretende establecer una doctrina jurídica que permita tres cosas:
    1. Quitar la patria potestad a los padres en favor del Estado no solo en esta cuestión, sino en sucesivas cuestiones.
    2. Introducir la eutanasia sin necesidad de un respaldo legal debatido en el parlamento
    3. Atacar la libertad religiosa y de conciencia desde el Estado, con diversas excusas jurídicas.
    Alfie representa todo esto. Hay que rezar y apoyar la lucha de sus padres.

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