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Iglesias cerradas. Qué ha cambiado en la guerra a la libertad religiosa

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No pasan inadvertidas, en el Vaticano, las restricciones impuestas por muchos gobiernos a las celebraciones de las Misas en las iglesias, con motivo de la pandemia del coronavirus. Si el papa Francisco parece sumiso, no ocurre lo mismo con la Secretaría de Estado. El 16 de noviembre el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados, tomó la palabra en el “Ministerial to Advance Freedom of Religion or Belief”, que reúne todos los años a los representantes de numerosos gobiernos de todo el mundo, para denunciar alarmado que esas restricciones “ponen en peligro la libertad religiosa”.

Para la Iglesia Católica, en efecto – explicó Gallagher –, el acceso a los sacramentos no constituye un mero corolario de la libertad de reunión, sino que deriva esencialmente del derecho a la libertad religiosa.

Al sostener esto, Gallagher se alineó perfectamente con los dos últimos documentos eruditos de la Comisión Teológica Internacional, uno sobre libertad religiosa y el otro – publicado este año con la aprobación del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Luis. F. Ladaria Ferrer, y con la “opinión favorable del Santo Padre Francisco” – dedicado a la “reciprocidad entre fe y sacramentos”.

Una reciprocidad que para los primeros cristianos era tan indisoluble que merecía el martirio – «Sine Dominico vive non possumus», dijeron los mártires de Abitene a sus perseguidores -, pero de la que hoy, entre otros, también se burla un cardenal recientemente creado como Mario Grech, quien en una reciente entrevista con “La Civiltà Cattolica”, en cambio, acusó de “analfabetismo espiritual” a los cristianos que sufren la falta de celebración eucarística durante el “confinamiento”, sin entender – dice – que se puede prescindir de los sacramentos, porque hay “otras formas de acceder al misterio”.

El hecho es que las prohibiciones de las Misas y el cierre de las iglesias son sólo el último acto – solo en casos raros y temporarios de emergencia justificable – de una ola de restricciones a la libertad religiosa que ha ido aumentando constantemente a escala mundial desde hace años. .

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Hace pocos días el Pew Research Center de Washington publicó una actualización detallada sobre el tema:

> In 2018, Government Restrictions on Religion Reach Highest Level Globally in More Than a Decade

La encuesta mide en primer lugar las restricciones a la libertad religiosa impuestas por los gobiernos, que ven a China a la cabeza, seguida – entre los países más poblados – por Irán, Rusia, Indonesia, Egipto, Vietnam, Turquía.

Pero mide también la hostilidad hacia una u otra religión que se manifiesta en los comportamientos difundidos. Y aquí a la cabeza está India, seguida por Nigeria, Pakistán, Egipto, Bangladesh e Indonesia.

De China llama la atención el contraste entre la fuerte hostilidad del gobierno y la benevolencia de la población hacia las religiones, mientras que en India ocurre lo contrario, con la agresividad espontánea de la población que es incluso más fuerte que las fuertes restricciones impuestas por el gobierno.

Asia, Medio Oriente y África del Norte son las áreas en las que se registran las mayores restricciones a la libertad religiosa. Pero Europa también entra en la clasificación, aunque a niveles más bajos. Aquí las restricciones gubernamentales hacen su parte, pero más aún la hostilidad social. Dinamarca, Alemania, Holanda, Suiza, Reino Unido, Francia se caracterizan particularmente por actos de agresión antirreligiosa.

Los más atacados, en todo el mundo, son los cristianos, seguidos de cerca por los musulmanes y un poco más abajo por los judíos, a pesar de que estos últimos son  sólo el 0,2% de la población mundial. Los hindúes y los budistas los siguen a distancia.

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¿Pero es sólo en la cantidad que las restricciones y los ataques a las religiones han ido creciendo durante años? ¿O su calidad también está cambiando?

A esta pregunta responde el otro documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la libertad religiosa, hecho público en 2019 también con la aprobación formal del Papa, y oportunamente relanzado por “La Civiltà Cattolica” en su último número, con un comentario a cargo del teólogo jesuita Felix Körner, profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana:

> La libertad religiosa para el bien de todos

La génesis de este documento es ya instructiva de por sí . Se parte de la declaración “Dignitatis humanae” sobre la libertad religiosa de 1965, que es también una de las enseñanzas conciliares contra las que más han arremetido los tradicionalistas, hasta el punto de romper con la Iglesia, como hicieron los seguidores de Marcel Lefebvre y hoy parece a punto de hacerlo el arzobispo Carlo Maria Viganò.

En las huellas de la exégesis de Benedicto XVI, el documento reafirma que la “Dignitatis humanae” se lee en el marco de la “reforma en la continuidad”, en sintonía con la novedad de los tiempos y al mismo tiempo en perfecta adhesión a la Iglesia de los primeros mártires.

Pero va más allá, porque hoy – advierte el documento – el contexto histórico ha cambiado considerablemente en comparación con los años del Concilio Vaticano II.

Körner resume así las mutaciones acontencidas:

“Un primer cambio observado es el evidente crecimiento de la pluralidad religiosa (cf. n. 9). Si esto era a duras penas visible en la década de 1960, hoy la mayor parte de la humanidad vive en contextos multiétnicos y multirreligiosos”.

“Un segundo cambio es que la religión se considera cada vez más un asunto privado, que debe ser excluido o marginado de la esfera pública”.

“En tercer lugar, y en buena medida mucho más que hace 55 años, hoy la religión se percibe como un problema (cf. n. 2)”.

Y este último es el punto en el que más razona el documento de la Comisión Teológica Internacional. “Los autores del documento – escribe Körner – reconocen que en las sociedades actuales la religión es a menudo más temida que bienvenida. La gente está profundamente consciente de los crímenes cometidos en nombre de la religión (cf. nn. 4; 25; 82). Y obviamente esto alimenta la idea de que también la libertad religiosa es un peligro para la humanidad. Si el Estado no interviene para domesticar y civilizar este factor extremadamente peligroso que es la religión, nadie más podrá hacerlo”.

Los “fundamentalismos” son el elemento más llamativo del “problema”. El documento los distingue de un simple “retorno a la piedad tradicional”. Más bien, insiste en el hecho que pueden desarrollarse como reacción al Estado liberal, o porque éste renuncia a dar una orientación abrazando el “relativismo”, o porque se arroga un poder excesivo de guía, empujando a la religión fuera de la esfera pública, en una especie de “Totalitarismo blando” (cf. n. 4).

De hecho, el fanatismo puede ser tanto religioso como antirreligioso (cf. n. 5). Puede asumir la forma de la teocracia como la del ateísmo estatal. El documento describe como “monofisismo político” (cf. n. 61) los modelos en los que el poder de Dios y el poder del Estado se sustituyen mutuamente.

El documento dedica una atención primordial a lo que sucede en las sociedades occidentales, remitiendo a los análisis de Charles Taylor en “La era secular”. Se ha afirmado una idea de “neutralidad igualitaria y no-valorativa”, según la cual la pertenencia religiosa se equipara con la pertenencia a un círculo recreativo y “todo el mundo de la moralidad humana y del saber social debe ser ‘democratizado’”. Pero no se puede recurrir al voto de la mayoría cuando están involucrados valores fundamentales, porque de ese modo el Estado se convierte en “éticamente autoritario”. Y así, “en su remitirse originariamente a la verdad, el ejercicio de la libertad de conciencia termina por encontrarse en constante peligro. En nombre de esta ‘ética de Estado’ se pone en cuestión indebidamente, más allá del criterio del justo orden público, la libertad de las comunidades religiosas para organizarse según sus principios (cfr n. 62).

(En una nota, la n. 69, el documento agrega que esta “ética del Estado” también se encuentra en Asia, donde “el límite a la libertad religiosa en muchas Constituciones se expresa a través de la cláusula ‘asumiendo que no es contraria a los deberes civiles o al orden público o la recta moral”, pero donde “el bien común y el orden público están, sin embargo, definidos por el círculo del poder”. Y el pensamiento se dirige irremediablemente a China).

El camino de salida que el documento propone a los teóricos de la neutralidad y a las comunidades religiosas es un esfuerzo para encontrar puntos en común. Las culturas liberales, que tienden a considerar las religiones como fundamentalmente irracionales e ideológicas, deberían superar este prejuicio y observarlas más de cerca. Por otra parte, también las religiones deberían aprender a “elaborar en un lenguaje humanísticamente comprensible la visión de la realidad y la convivencia que la inspira” (cf. n. 7). Una elaboración en la que el cristianismo, por su “racionalidad”, tiene un rol facilitado.

El documento pide un reconocimientorazón recíproco entre el Estado y las comunidades religiosas. Ante las justas exigencias de la razón, toda religión “debe aceptar presentarse” como “digna” del hombre (cf. n. 70). Y entre estas “exigencias” está la “reciprocidad pacífica de los derechos religiosos”, en primer lugar la libertad de conversión – la que, por ejemplo, en Arabia Saudita está prohibida y es castigada con la muerte -, que debe garantizarse universalmente.

Otra novedad del documento – que hace nortar Körner – es la insistencia sobre la comunidad religiosa más que en el individuo. Si bien la “Dignitatis humanae” había presentado una teoría de la libertad religiosa que ponía en primer lugar la libertad de conciencia personal, el documento desarrolla de manera más marcada el derecho de las comunidades religiosas a actuar como protagonistas en la esfera pública.

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Una nota final sobre los autores de estos dos documentos de la Comisión Teológica Internacional, todos enumerados por nombre al comienzo de ambos.

Entre los autores del documento sobre libertad religiosa se encuentran el italiano Pierangelo Sequeri (teólogo de gran valor, desgraciadamente trasladado a la cabeza del refundado Instituto Juan Pablo II sobre la Vida y la Familia) y la australiana Tracey Rowland, galardonada este año con el premio “Joseph Ratzinger” emitido por la Fundación homónima.

Mientras que entre los autores del documento sobre la reciprocidad entre fe y sacramentos se encuentran la alemana Marianne Schlosser, también galardonada con el premio “Joseph Ratzinger” en el 2018 (y que renunció polémicamente hace un año al sínodo de Alemania), y el estadounidense Thomas G. Weinandy, conocido por sus críticas públicas, respetuosas pero severas y sólidamente argumentadas, al pontificado de Francisco.

En el 2019, el premio “Joseph Ratzinger” fue concedido también al filósofo canadiense Charles Taylor, citado en un pasaje clave del documento sobre la libertad religiosa.

6 comentarios en “Iglesias cerradas. Qué ha cambiado en la guerra a la libertad religiosa
  1. Bueno me voy a tomar un descanso he comprobado que los conservadores y tradicionalistas siguen con sus mismas estrategias desde 2013 y no han cambiado en nada primero fue Burke, luego, Schneider y ahora Viganó como si se tratara de una simulación de defensa de la fe, también, es para mí evidente que enviar a David solo no contra Goliat sino contra todos los filisteos no es para demostrar nada sino para que David pierda y para hacer aparentar la debilidad de Dios frente al NOM, las mismas estrategias que permitieron el crecimiento de la izquierda global libertina y de todas las ideologías de la cultura de la muerte y de la cultura invertida. Todo ello me ha hecho pensar que este Pueblo de dura cerviz no sirve más a Dios en la forma en que debería servirlo, ha permitido por cinco años el afianzamiento de la ciudad de Satanás y su crecimiento y son demasiado tibios, no se santifican, no reconocen errores, no proponen batallas contra la contraIglesia más que por rosarios como enseñaba Bergoglio cuando se trató del matrimonio del mismo género en Argentina que envió a unas monjas a rezar y a eso se redujo su acción evitando toda manifestación pública y dejan que la masonería y la cábala establezca un gobierno mundial y cuando uno señala que han sido ellos los que han favorecido por palabra, obra y omisión todo este estado de crisis lo niegan y suprimen los comentarios. Ante sujetos así es conveniente no gastar las perlas no sea que se vuelvan en contra de uno y lo despedacen quieren sentarse sobre el NOM y permitir la prostitución de la religión y de la Iglesia, esa es su voluntad y Dios va a permitir que la lleven a cabo para que sufran sus consecuencias. Frente a esta simulación de defensa de la fe que le hace juego al sistema es un Pueblo de dura cerviz y necios muchos de ellos trataré de no ser parte de esta simulación o engaño y me tomaré unas vacaciones para pensar. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  2. Pues no lo veo nada claro. El que «las religiones deberían aprender a elaborar en un lenguaje humanísticamente comprensible la vision de la realidad y la convivencia que la inspira» viene a querer decir que las religiones deben satisfacer los criterios de racionalidad de las culturas liberales si no quieren que éstas «tiendan a considerarlas como fundamentalmente irracionales e ideológicas»… ¿No puede éso significar para las religiones una concesión irrealizable dado su propio objeto? Imaginemos a Jesús adaptando su mensaje sobre sí mismo y su Reino a los usos y criterios de racionalidad manejados por las autoridades de su tiempo, y ello para poder ser aceptado por éstas .

    1. Tiene razón.

      La proposición «las religiones deberían aprender a elaborar en un lenguaje humanísticamente comprensible la vision de la realidad y la convivencia que las inspiran» carece de sentido.

      La Iglesia Católica es la única verdadera y las otras son falsas y erróneas, todas sin excepción. Y la Iglesia tiene materias intrinsece malum absolutamente innegociables. Y el catolicismo tiene su propio lenguaje para sus propios conceptos.

    2. Totalmente de acuerdo. He pensado lo mismo. Además, justamente la Iglesia Católica ha estado intentando hacer eso mismo durante los últimos 50 años, y sigue haciéndolo (véanse los libros de «Religión» de los colegios), y el resultado no puede ser más deplorable

  3. No me convence nada, porque:

    1. La Iglesia es la única religión verdadera

    2. Las demás religiones son falsas, del todo (islam, budismo, hinduismo) o en parte, en parte bastante (anglicanos y protestantes), o en parte reducida (ortodoxos)

    3. Que hay actos morales intrinsece malum per se, semper et pro semper, in ómnibus locis, pecados que claman al Cielo, como la homosexualidad, pederastia, aborto y eutanasia, que nunca jamás pueden ser aceptados, ni justificados ni votados por los clérigos, políticos y ciudadanos católicos. La fe con obras: no votar leyes inicuas, no votar ni financiar partidos sin valores católicos, objeción de conciencia.

    Por eso es absolutamente reprochable que Francisco haya justificado el adulterio en Amoris laetitia, las uniones y familias homosexuales con derecho de adopción, la Pachamama amazónica, al homicida Biden proabortista, protransgénero infantil y proeutanasia, a los marxistas Black Lives Matter, pacto con China, irresolución de los casos Becciu y y McCarrick… No, no y no.

    4. Se observa otra dificultad, además de la dificultad de no valorar que la Iglesia es la única religión verdadera, que hay actos morales intrinsece malum absolutamente innegociable en la vida pública y privada, y es ignorar que siempre habrá un conflicto permanente e inevitable contra el Mundo y que éste será derrotado en un combate escatológico final: no hay que ser jamás cómplice de las dos bestias y del Leviatan, es decir, del Estado liberal o marxista, que son parecidos: una élite y una masa amorfa de ciudadanos regidos por valores satánicos, que se oponen a la misión de difundir e intensificar la Fé católica, cosa que no hace Francisco, ni la una ni la otra… Viganò dixit.

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