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Historicizar el Concilio Vaticano II. Así influyó sobre la Iglesia el mundo de esos años

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(s.m.) La disputa que está encendiendo a la Iglesia sobre cómo juzgar el Vaticano II, no debe ser solo teológica porque, ante todo, lo que hay que analizar es el contexto histórico de ese evento, especialmente de un Concilio que, desde un punto de vista programático, declaró querer “abrirse al mundo”.

Es lo que intenta hacer, en este ensayo publicado por primera vez en Settimo Cielo, Roberto Pertici, docente de historia contemporánea de la universidad de Bérgamo y especialista de las relaciones entre Estado e Iglesia, además de firma prestigiosa de “L’Osservatore Romano” en los años en que este periódico estaba dirigido por Giovanni Maria Vian.

Pertici traza los rasgos fundamentales de la época del Vaticano II, convocado el 25 de enero de 1959, abierto el 11 de octubre de 1962 y concluido el 8 de diciembre de 1965. Analiza la percepción que tuvieron los protagonistas del concilio de esos rasgos y las respuestas que de ellos emanaron.

De la lucha triangular que se combatió durante la Segunda Guerra Mundial, la victoria aliada contra el nazismo había eliminado un frente, pero el problema de fondo persistía: ¿qué tipo de organización social y qué forma de Estado debería darse la sociedad moderna, en Europa y no solo?

Derrotado el Estado nacional fascista, los protagonistas y antagonistas seguían siendo la democracia liberal anglo-americana y el comunismo soviético.

Y de hecho son estas tres las cuestiones que Pertici analiza, una tras otra:

– la derrota del nazismo y del fascismo y el eclipse del “paradigma conservador”;
– la afirmación de la democracia en Europa occidental y la difusión de un nuevo ethos democrático;
– el comunismo soviético y la tentación de la “coexistencia pacífica” con el mismo.

Las tres cuestiones incidieron notablemente en el desarrollo del Concilio y, en general, en la Iglesia. Y por tanto, la disputa teológica sobre su interpretación tendrá que lidiar con ello si quiere ser fecunda.

Naturalmente, sabiendo que el desarrollo sucesivo contradijo con fuerza las expectativas del Vaticano II. De  hecho, fue precisamente a partir de los años del Concilio cuando se inició el proceso de descristianización de las sociedades occidentales, que se están transformando en sociedades poscristianas.

El profesor Pertici promete analizar este desarrollo en un ensayo sucesivo.

Mientras tanto, aquí tienen su primer y fascinante capítulo. ¡Buena lectura!

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HISTORICIZAR EL VATICANO II

por Roberto Pertici

1. Una controversia teológica

Las controversias que periódicamente se reabren en los medios de comunicación denominados “católicos” sobre el significado del Vaticano II y el nexo que existiría entre dicho Concilio y la situación actual de la Iglesia, crean una cierta incomodidad en el estudioso de la historia, que observa que es más una «disputatio» de carácter prevalentemente teológico que una discusión histórica. Como sucede a menudo con dichas controversias, la investigación histórica acaba teniendo una función “ancilar” que es utilizada, prevalentemente, como pieza de apoyo y sostén de las tesis en conflicto.

Este trasfondo teológico y netamente intraeclesial está confirmado por la poca o ninguna referencia a los procesos más amplios que se desarrollaron en la época del Vaticano II al estar la atención centrada, prevalentemente, en el éxito de esta o aquella teología, o de esta o esa facción eclesiástica. Y en este caso esto es aún más paradójico porque ese Concilio –desde un punto de vista programático– intentó “abrirse al mundo”, precisamente a “ese” mundo de los veinte años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. A su modo, intentó ofrecer una lectura del mismo, individuando sus procesos y pronosticando los resultados.

Soy consciente de que la Iglesia –como confirmaba Pablo VI en “Ecclesiam suam”– está en el mundo pero no es del mundo: tiene valores, comportamientos, procedimientos específicos que no pueden ser juzgados ni enmarcados con criterios totalmente histórico-políticos, mundanos. Por otra parte, hay que añadir, tampoco es un cuerpo separado. En los años sesenta –y los documentos conciliares están llenos de referencias en este sentido– el mundo se dirigía hacia la que hoy llamamos “globalización”, estaba ya muy condicionado por los nuevos medios de comunicación de masa, se difundían a gran velocidad ideas y actitudes inéditas, emergían formas de mimetismo generacional. Es impensable que un evento de la amplitud y relevancia del Concilio se desarrollara dentro de la basílica de San Pedro sin confrontarse con lo que estaba sucediendo fuera de ella.

De los muchos periodos posibles, conviene limitarse al más inmediato e insertar el Vaticano II en el contexto de la segunda posguerra y de las “trente glorieuses”, según la proverbial definición de Jean Fourastié. De la lucha triangular que había tenido lugar durante el conflicto, la victoria aliada contra el nazismo había eliminado un frente, pero el problema de fondo persistía: ¿qué tipo de organización social y qué forma de Estado debería darse la sociedad moderna, en Europa y no solo? Derrotado el Estado nacional fascista, los protagonistas y antagonistas seguían siendo la democracia liberal anglo-americana y el comunismo soviético.

Por tanto, debemos afrontar de manera diferente y rápida estos tres problemas:

– la derrota del nazismo y del fascismo y sus consecuencias político-culturales;
– la afirmación de la democracia en Europa occidental;
– el comunismo soviético y su expansión.

Obviamente, teniendo siempre como punto de referencia sus contragolpes en la Iglesia y en el mundo católico.

2. La derrota del nazismo y el fascismo y sus consecuencias político-culturales

El año 1945 marcó durante decenios el eclipse del “paradigma conservador”, eclipse que emerge plenamente sobre todo después de 1960. Durante mucho tiempo ha podido parecer un ocaso definitivo, si bien hoy sabemos que no es realmente así. Podemos hablar también de “cultura conservadora”, pero en sentido amplio: un conjunto de valores, supuestos tácitos de la actuación política, pero también de la conducta cotidiana.

Después de 1945, el paradigma “conservador” parece trastornado por el final violento de los regímenes de derecha radical (fascismo, nacionalsocialismo). La relación entre el conservadurismo y estos regímenes es históricamente controvertido. No son pocos los estudiosos (entre los cuales yo mismo) que subrayan, junto a los innegables compromisos, también las probables mayores distancias y conflictos (basta recordar la oposición alemana a Hitler que organizó el atentado del 20 de julio de 1944, las figuras de Thomas Mann y Benedetto Croce, la acción política de Churchill, de De Gaulle, del gobierno polaco de Londres). Pero en la posguerra empieza a prevalecer la tesis que los totalitarismos de derecha eran, sustancialmente, el desarrollo y el pleno alcance de la cultura conservadora y que, por tanto, esta merecía desaparecer con ellos.

¿Qué quiero decir aquí con “paradigma conservador”? Retomo, por practicidad, la definición propuesta por un estudioso de nuestros días, Carlo Galli. Para él, la cultura conservadora, la cultura de derechas, se distingue de la progresista porque sostiene el primado de los deberes más que de los derechos (privilegiados, en cambio, por la izquierda actual). Más aún: sostiene la prevalencia de lógica supraindividuales (la Tradición, el Estado, la Nación, la Familia, el Orden, pero también la Iglesia) a las que el individuo debe adecuarse sacrificándose, si fuera necesario, a sí mismo: en dicho sacrificio consistiría su “moralidad”. Para esta cultura, el hombre es un ser social, insertado en una comunidad que le da un “estatus” y casi una identidad: es por esto que la suya es una visión fundamentalmente «organicista» de la sociedad y de los grupos sociales.

¿Quieren un ejemplo, precisamente surgido en el alba del periodo que estamos tomando en consideración? Basta leer este pasaje de la encíclica de Pío XII “Mystici corporis” del 29 de junio de 1943: “Además de eso, así como en la naturaleza no basta cualquier aglomeración de miembros para constituir el cuerpo, sino que necesariamente ha de estar dotado de los que llaman órganos, esto es, de miembros que no ejercen la misma función, pero están dispuestos en un orden conveniente; así la Iglesia ha de llamarse Cuerpo, principalmente por razón de estar formada por una recta y bien proporcionada armonía y trabazón de sus partes, y provista de diversos miembros que convenientemente se corresponden los unos a los otros. Ni es otra la manera como el Apóstol describe a la Iglesia cuando dice: «Así como… en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, mas no todos los miembros tienen una misma función, así nosotros, aunque seamos muchos, formamos en Cristo un solo cuerpo, siendo todos recíprocamente miembros los unos de los otros» (Rm 12,4)”. Por tanto, se presentaba a la Iglesia como un cuerpo formado “orgánica” y “jerárquicamente”.

En el “paradigma conservador” había, inherente, una visión dramática de la existencia, porque el objetivo de la vida no es la felicidad. Esa es prueba y lucha, como se lee en el libro de Job (“militia est vita hominis super terram”) y en ella se necesitan las virtudes del combatiente: la capacidad de sacrificio, el honor, el valor, la obediencia, la fidelidad. De aquí la intolerancia y el desprecio por una visión quietista o materialista de la existencia, por la mediocridad burguesa. Don Giuseppe De Luca, en un memorable texto de febrero de 1939, habló del “cristiano como un antiburgués”.

Una parte de esta cultura observaba la existencia de una “cuestión judía” en el mundo contemporáneo, frente a la cual asumía una gama de actitudes que no se pueden reducir –como con demasiada frecuencia se dice hoy– al antisemitismo: sin embargo, era significativo que considerara al judaísmo como “cuestión”. El judío podía ser el emblema del “burgués”, del capitalista, del espíritu intelectualista, del cosmopolita, del revolucionario sin Dios pero, también, de alguna manera, el hermano mayor del que esperar la conversión final, en una actitud de respeto y confianza.

No es casualidad que –para dar una idea de lo que he llamado la “cultura conservadora”– haya recurrido a ejemplos sacados de la cultura religiosa. Porque es indudable que la Iglesia ha tenido con esa cultura una relación muy estrecha. La Iglesia –lo hemos visto– se presentaba como una institución jerárquica, dotada de sacralidad y universalidad. Subrayaba su carácter “militante” contra los errores del siglo y sus portadores. Encarnaba el principio de autoridad. “El poder político del catolicismo –escribía Carl Schmitt en 1923– no se basa ni en los medios de poder económico, ni en los medios militares. Independientemente de estos, la Iglesia posee ese ‘pathos’ de la autoridad en su plena pureza”.

Ahora bien, todo este mundo conceptual, todo este amasijo de ideas, sentimientos, antagonismos ideales, es arrollado por el final de los fascismos. En la Europa posterior a 1945 (y casi hasta hoy) este trasfondo cultural ya no se puede proponer en el mundo de las ideas y de la cultura y en los medios que lo difunden. La Iglesia había observado a tiempo el carácter problemático de esta relación: basta pensar a la condena de la ”Action Française” por parte de Pío XI en 1926 y sus consecuencias (el nacimiento del progresismo católico francés en el que emerge la figura de Jacques Maritain, ex seguidor de Maurras); y a los dos mensajes de navidad difundidos por radio de Pío XII de 1942 y 1944, el primero dedicado al ”orden interior de las naciones” y el segundo al “problema de la democracia”. Con ellos acaba cualquier agnosticismo institucional, se constata que los totalitarismos son interlocutores no confiables, se indica que la democracia es el régimen del futuro, se insiste en la dignidad de la persona humana como estrella polar de la visión política católica.

Resumiendo: en el nuevo contexto que surgió después de 1945, el léxico y el universo conceptual al que el mundo católico y el magisterio habían recurrido hasta pocos años antes ya eran escasamente utilizables. En el mundo de la posguerra, ya nadie estaba seguro del primado de las instancias supraindividuales respecto al individuo y a la lógica jerárquica que dicho primado comportaba. Pocos eran propensos a creer que la obediencia, el sacrificio y la abnegación seguían siendo virtudes. Este cambio –lo repito– no fue inmediato: para que llegase a plena madurez hay que esperar a principios de los sesenta, con el final de la guerra fría y el ocaso de la generación prebélica; es decir, los años del Concilio. El cambio de lenguaje que algunos (como el jesuita John O’Malley) han individuado como una de las novedades principales del Vaticano II surge, por tanto, no solo por exigencias “ab intra”, sino también por estas profundas transformaciones que estaban sucediendo en ese mundo al que el Concilio quería dirigirse.

3. La afirmación de la democracia en Europa occidental y la difusión de un nuevo ethos democrático

Todos conocen la importancia de la afirmación de la democracia después de la segunda guerra mundial en algunos países decisivos de Europa occidental: en países que tenían una tradición cultural y política que siempre la había sido adversa (Alemania) o en los que existía una división histórica radical sobre sus valores (Francia).

Significativamente, los dos episcopados más activos en la acción de renovación Vaticano II fueron, precisamente, el alemán y el francés. Pero este tema atañe también a Italia: basta pensar en la célebre disputa del verano de 1945 entre Benedetto Croce y Ferruccio Parri. ¿Podía la Italia pre fascista ser considerada  una democracia? ¿O esa democracia que estaba naciendo era una novedad absoluta?

El encuentro entre la Iglesia católica y la democracia estuvo propiciado también por el surgir o resurgir de los partidos democratacristianos en los países más importantes de Europa occidental y por su convertirse rápidamente en mayoría o formar parte del gobierno: la CDU-CSU en Alemania occidental, el MRP en Francia, la DC en Italia, el Parti Social-Chrétien en Bélgica. Parecía el renacimiento de la Europa carolingia, a la que miraban con gran esperanza Pío XII (más frío sobre el atlantismo, después de demostrarse en un principio favorable) y con un desapego cada vez mayor Gran Bretaña pues según los líderes de los partidos ingleses ¡había demasiados católicos en el poder!

El nuevo enfoque de la Iglesia estuvo propiciado también por otro elemento. En el ámbito de las nuevas democracias, la economía que empezaba a prosperar era predominantemente “mixta”, apuntaba a la construcción de un estado del bienestar, se basaba sobre la concertación entre gobiernos y sindicatos. Era el resultado del matrimonio entre liberalismo económico y democracia social. Es precisamente este el modelo que emerge de la constitución conciliar “Gaudium et spes” (65b): “No se puede confiar el desarrollo ni al solo proceso casi mecánico de la acción económica de los individuos ni a la sola decisión de la autoridad pública. Por este motivo hay que calificar de falsas tanto las doctrinas que se oponen a las reformas indispensables en nombre de una falsa libertad como las que sacrifican los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción”.

Pero la democracia que estaba naciendo en Europa occidental no era solo un régimen político. También reflejaba una situación social inédita: la llegada definitiva de una sociedad de masa, tendencialmente igualitaria en sus costumbres y en sus gustos, en la que no existían obstáculos a una creciente americanización de las costumbres. La pregunta es inevitable: ¿qué retos le planteaba a la Iglesia -a una Iglesia que aún se percibía a sí misma como una institución jerárquica, análoga a un Estado monárquico absoluto en el que los fieles son «súbditos»- este nuevo ethos democrático, esta inminente sociedad de masa? Y esto en un mundo en el que los Estados de este tipo ya no existían, o si existían, eran considerados reliquias del pasado. ¿Cómo se puede pensar que esta democratización de la sociedad, de los consumos y de las costumbres no tuviera ningún efecto en el comportamiento del pueblo católico?

Que las religiones sufrían una transformación con la llegada de la democracia (en sentido político y social) ya lo habían previsto algunos observadores geniales del siglo XIX. Alexis de Tocqueville, en 1840 (“La democrazia in America”, II, 1, cap. V e VI) ya se había dado cuenta que en las sociedades democráticas era imparable tanto la tendencia al ecumenismo: “Me parece evidente que cuanto más tiendan a desaparecer las barreras que separan a las naciones en el seno de la humanidad y a los ciudadanos dentro de cada pueblo, más el espíritu humano se dirige, espontáneamente, hacia la idea de  un ser único y omnipotente, dispensador imparcial de las mismas leyes a todos los hombres”, como la simplificación litúrgica y el final progresivo de las devociones: “Otra verdad me es totalmente clara, a saber: que las religiones deben estar menos sobrecargadas de prácticas exteriores en los periodos democráticos respecto a los otros. Precisamente en los siglos de democracia es particularmente importante no dejar confundir el obsequio dado a los agentes secundarios con el culto debido solo al Creador”, como el antiformalismo: “A los hombres que viven en tiempos como esos [democráticos] les cuesta soportar las formas; los símbolos les parecen artificios pueriles, utilizados para velar o adornar ciertas verdades que serían más natural mostrar desnudas y a plena luz; a la vista de ceremonias se quedan fríos y, por naturaleza, sienten inclinación a atribuir una importancia secundaria a los detalles del culto. […] En el momento en que los hombres fueran todos iguales, una religión que fuera más minuciosa, más inflexible y más cargada con pequeñas obligaciones de observancia quedaría pronto reducida a una hilera de fervientes seguidores en medio de una multitud de incrédulos”.

Es evidente por sí misma que la nueva sensibilidad democrática planteaba algún problema también al uso generalizadlo de la lengua latina en la liturgia católica. En diversas ocasiones  se repitió en el Concilio que era un elemento “occidental” en una Iglesia que ya no quería presentarse como vinculada intrínsecamente a Occidente (sobre todo en los países ex coloniales); además, era una lengua que excluía a gran parte de los fieles de la participación de la acción litúrgica y de su plena comprensión. Soy consciente de que la adopción de las lenguas vernáculas surgía de un movimiento que llevaba mucho tiempo vigente, como es el movimiento litúrgico, que tanta atención había suscitado en el mundo católico, encontrando audiencia también en la jerarquía. Pero ella respondió también al “Zeitgeist” de la segunda mitad del siglo XX. Un gran pedagogo italiano ya había planteado en 1885 el problema en su términos fundamentales: hablo de Aristide Gabelli, estudioso democrático y muy laico. Tras haber constatado que “en todos los países cultos soplaba, con mayor o menor violencia, un viento contrario a la instrucción clásica” y que dicho viento soplaba desde hacía unos cien años, desde el tiempo de la Revolución francesa, él intentaba hallar “la razón última de este malestar e inquietud” y la encontraba precisamente en esto: “La índole de la instrucción clásica no concuerda con la del tiempo. La instrucción clásica es, por su naturaleza, aristocrática, y el tiempo es democrático. Puede que no guste oír esto, porque a la democracia no le gusta demasiado que se la llame con su nombre, pero esta es la verdad. La instrucción clásica está, por sustancia, por forma, por intención, en contradicción con las inclinaciones de la democracia”.

Pero el nuevo ethos democrático, que estaba penetrando en el mundo católico y en grandes sectores de la jerarquía, además de inclinarse hacia una renovación de la liturgia, hacía sensibles a una serie de exigencias que encontraron amplio eco en el Vaticano II.

El tema de la colegialidad (véase la “Lumen gentium”) tenía una historia que se remontaba lejos en el tiempo, pero pensemos en la nueva exigencia de garantismo dentro de la institución eclesiástica y las fuertes críticas a los procedimientos del Santo Oficio (aún estaban vivos los recuerdos de las persecuciones contra los modernistas y la historiografía los volvía a sacar). A este respecto fue memorable el enfrentamiento, el 8 de noviembre de 1963, entre el cardenal de Colonia Josef Frings y el cardenal curial Alfredo Ottaviani, in en el que Frings afirmó significativamente que el procedimiento del Santo Oficio “ya no concuerda con nuestra época, perjudica a la Iglesia y es objeto de escándalo para muchos. […] Ninguno debería ser juzgado y condenado sin ser escuchado y sin haber tenido la posibilidad de corregir su obra y su acción”. Y todos saben que el 6 de diciembre de 1965 se decidió la abolición del Índice de los libros prohibidos y la transformación del Santo Oficio en Congregación para la Doctrina de la Fe.

También, de alguna manera, se imponía el “pluralismo”: dentro de los Estados y, en ciertas formas, también en la Iglesia. De aquí el gran tema de la libertad religiosa, sobre la cual el compromiso del episcopado estadounidense fue total, puesto que habría deseado la afirmación del binomio libertad religiosa y separatismo. Si no me equivoco, el tema de la libertad religiosa es aún hoy un “punctum dolens” para los críticos radicales del Vaticano II. Me esfuerzo por comprender su dificultad ante la ruptura con la doctrina precedente y con la praxis política que conllevaba (apoyo del Estado, praxis concordataria), así como su temor a que la libertad religiosa signifique, de alguna manera, un indiferentismo de fondo. Pero no entiendo qué tipo de Estado ellos tienen en la cabeza: ¿uno confesional? ¿Cómo es posible negarle al hombre contemporáneo la libertad religiosa? ¿O permanecer tibios ante este problema, mientras aquella es conculcada en muchas partes del mundo?

Pablo VI lo comprendía muy bien y es bien conocido su compromiso al respecto. Este papa sabía que el tema de la libertad religiosa era fundamental precisamente para mantener un puente con la contemporaneidad: su principal asesor teológico, mons. Carlo Colombo, en una intervención en el aula en octubre de 1964, afirmó que la declaración sobre la libertad religiosa era “de la mayor relevancia”, especialmente porque los hombres de cultura verían en ella una clave del diálogo entre la doctrina católica y la mentalidad moderna: “Para nosotros, en Italia –dijo Colombo–, es el punto sobresaliente de un posible diálogo o de una insanable desidia entre la doctrina católica y el modo de sentir del hombre contemporáneo”. Y el año sucesivo, mientras estaba a punto de viajar a Nueva York, Pablo VI le mostró al obispo belga De Smedt (uno de los padres de la “Dignitatis humanae”) toda su satisfacción por el texto, añadiendo: “Este documento es capital. Fija la actitud de la Iglesia para varios siglos. El mundo lo espera”.

“El mundo lo espera”: también aquí emergía la necesidad de una actitud de diálogo con el hombre contemporáneo. Era el año 1960, por lo tanto antes del Vaticano II, cuando el teólogo jesuita estadounidense Gustave Weigel observó que la palabra “diálogo” aparecía con tanta frecuencia en los periódicos y revistas que empezaba a parecer un “eslogan y un lugar común”. El principio dialógico respondía al ethos democrático que estaba invadiendo la sociedad occidental: sobre él se había ejercido la misma reflexión filosófica de los decenios anteriores, desde el judío Martin Buber en los años veinte al católico Hans Urs von Balthasar, pero hay que recordar también al italiano y ultralaico Guido Calogero. El principio del diálogo, del “colloquium”, está en el centro -como es bien sabido- de la primera encíclica de Pablo VI, publicada el 6 de agosto de 1964, “Ecclesiam suam”, en la que la palabra diálogo aparece 57 veces: “Antes de convertirlo, más aún, para convertirlo, el mundo necesita que nos acerquemos a él y le hablemos.”.

Sin embargo, tal vez la declaración más esperada del mundo de esos primeros años sesenta fue la de la relación entre la Iglesia y el mundo judío, “Nostra aetate”. La declaración sobre los judíos se convirtió en el centro de la atención de los periódicos y de la opinión pública como no sucedió con ningún otro documento del Concilio. Sabemos casi todo de su génesis (la relación de Roncalli con los judíos, su encuentro de 1960 con Jules Isaac, etc.), pero también en este caso es obligado hacer referencia al contexto.

Alrededor del 1960 la memoria de la Shoah, sobre la que no se había ahondado durante mucho tiempo, adquirió una centralidad creciente en la opinión pública: en este sentido fue determinante el caso de Adolf Eichmann, secuestrado en 1960, juzgado en 1961 y ahorcado pocos minutos antes de la medianoche del jueves 31 de mayo de 1962. Una afirmación de la «Gaudium et spes» (79b) parece ser una reflexión sobre este caso: “Los actos, pues, que se oponen deliberadamente a tales principios y las órdenes que mandan tales actos, son criminales y la obediencia ciega no puede excusar a quienes las acatan. Entre estos actos hay que enumerar ante todo aquellos con los que metódicamente se extermina a todo un pueblo, raza o minoría étnica: hay que condenar con energía tales actos como crímenes horrendos; se ha de encomiar, en cambio, al máximo la valentía de los que no temen oponerse abiertamente a los que ordenan semejantes cosas”. Fue durante el Concilio cuando se puso en escena en Berlín, el 20 de febrero de 1963, “Der Stellvertetrer” de Rolf Hochhuth, que, popularizando la “leyenda negra” de Pío XII, contribuyó a cambiar radicalmente la opinión prevalente sobre el papel desarrollado por la Iglesia católica en el siglo XX.

4. El problema del comunismo

Como es bien sabido, el Vaticano II no renovó la condena del comunismo, que se remontaba, al menos, a la “Divini Redemptoris” de 1937. En la “Gaudium et spes”, que abordaba las relaciones entre la Iglesia y el mundo, el Concilio fundamentalmente no dijo nada de él como régimen político (en unos años en los que, sobre una población mundial de tres mil millones de personas, más de la mitad gravitaba en el bloque de los países comunistas, donde vivían más de cien millones de católicos, casi un sexto de los 570 millones esparcidos por el globo), ni como ideología, en esos años sumamente penetrante en la policía y en la cultura de todas partes del mundo. En los “vota” de los obispos en la fase preparatoria del Concilio, se había pedido reiteradamente una condena como esta: es más, algunos la consideraban el objetivo fundamental de la inminente asamblea. En la última sesión, 454 padres presentaron en dicho sentido una enmienda a la “Gaudium et spes” que no fue tomada en consideración, tal vez a través de una irregularidad reglamentar. El silencio fue tan evidente –escribe Andrea Riccardi– “que dio crédito a la voz de un acuerdo explícito entre el Patriarcado de Moscú y la Santa Sede”.

Se ha discutido mucho, y se seguirá discutiendo, si dicho acuerdo existió de verdad, pero no es este el lugar donde reabrir la cuestión, sino de examinar los modos en los que se desarrolló el discurso sobre el comunismo en esos años en los documentos pontificios: desde la Pacem in terris” de Juan XXIII del 11 de abril de 1963 (distinción entre error y el que yerra; entre ideología y movimientos históricos; posibilidad de un acercamiento práctico) a la “Ecclesiam suam” de Pablo VI del 6 de agosto de 1964, en la que, tras haber ratificado la condena, pero con una argumentación indirecta (“Pudiera decirse que su condena no nace de nuestra parte; es el sistema mismo y los regímenes que lo personifican los que crean contra nosotros una radical oposición de ideas y opresiones de hechos. Nuestra reprobación es en realidad, un lamento de víctimas más bien que una sentencia de jueces”), se expresaba la esperanza en un futuro diálogo: “No perdemos la esperanza de que puedan un día abrir con la Iglesia otro diálogo positivo, distinto del actual que suscita nuestra queja y nuestro obligado lamento”.

Ya sabemos mucho de cómo se desarrolló la política de Juan XXIII hacía la URSS y el mundo comunista y del papel que tuvieron los interlocutores italianos: el ambiente que rodeaba a Amintore Fanfani y su neo-atlantismo y los referentes católicos cercanos al Partido comunista italiano y su líder Palmiro Togliatti (desde don Giuseppe De Luca a Franco Rodano). Desde este punto de vista tiene gran importancia la conferencia que Togliatti dio el 20 de marzo de 1963 en el Teatro Duse de Bérgamo, sobre “Il destino dell’uomo”.

El secretario comunista entró explícitamente en el debate conciliar. Ante todo, dio una nueva perspectiva a la relación entre católicos y comunistas: “Ya no aceptamos –dijo– la concepción, ingenua y errada, según la cual bastarían la extensión de los conocimientos y el cambio de las estructuras sociales para determinar modificaciones radicales [de la conciencia religiosa]. Esta concepción, que deriva de la Ilustración del siglo XVIII y del materialismo del XIX, no ha soportado la prueba de la historia. Las raíces son más profundas, las transformaciones se llevan a cabo de manera distinta, la realidad es más compleja”.

Después retomó algunos temas amados por el mundo católico y la diplomacia pontificia: la necesidad de la paz y la crítica al equilibrio del terror. Son interesantes las consecuencias políticas que Togliatti extraía: “El rechazo a la participación de nuestro país a cualquier tipo de armamento atómico, la condena explícita de la política fundada sobre el tristemente célebre equilibrio del terror, etc.”.

Por último subrayó con satisfacción el fracaso del anticomunismo. El compromiso anticomunista de la Iglesia de Pío XII –dijo– había sido la última manifestación de la llamada “edad de Constantino”, es decir, de la alianza entre el poder espiritual y el temporal. Aquí, Togliatti hacía una referencia explícita al célebre artículo del teólogo dominico Marie-Dominique Chenu publicado en 1961: uno de los textos base para comprender las motivaciones de la mayoría conciliar. Y polemizaba duramente con el jefe de la minoría, el cardenal Ottaviani, que perseveraba en su anticomunismo: “Su discurso –declaró el líder comunista– es el discurso de un derrotado. De hecho, ¿acaso no es verdad que el cardenal Ottaviani sea el que, tras elaborar los documentos preparatorios del reciente Concilio ecuménico según una determinada dirección, haya sido derrotado por el propio Concilio porque sus planteamientos de política eclesiástica fueron clamorosamente rechazados por la mayoría de los padres conciliares? Y él luchó, si no nos equivocamos, precisamente porque parece que hubo, en la mayoría, una diligencia en la búsqueda de posiciones que se adecuen a las nuevas realidades del mundo actual”. El problema fundamental del Concilio era, a su juicio, el de superar “la identificación entre mundo occidental y mundo católico”, que “hace perder a la misma Iglesia su carácter universal, ecuménico”.

Para Togliatti, esta superación significaba sobre todo tomar conciencia que en el mundo existía una “nueva y numerosa articulación de los sistemas sociales y del sistema de los Estados”, en práctica, un amplio campo de países socialistas que la Iglesia tenía que tener en cuenta. No había nada que temer: “Hoy en la Unión Soviética ya no se habla de dictadura, sino de Estado de todo el pueblo” y la misma experiencia de los comunistas italianos mostraba que era posible conjugar democracia y socialismo: “Las falaces campañas desaparecen, caen. Quien viaja a los países de la famosa ‘Iglesia del silencio’ ve que las iglesias están, a veces más llenas que en nuestro país”. Togliatti percibía que el Concilio estaba marcando el final del anticomunismo católico e individuaba algunos temas que podían formar el marco para un diálogo entre comunistas y católicos: el final del occidentalismo, el problema de la paz, la oposición a los bloques, la crítica de la disuasión nuclear.

Este era el comunismo con el que los vértices vaticanos tenían una continuidad ambiental: hoy los historiadores saben que, por ironía de la suerte, la persecución de las Iglesias y de las comunidades cristianas en la URSS aumentó en los primeros años sesenta, precisamente cuando se estaba poniendo en marcha el nuevo curso vaticano respecto al comunismo. Según el testimonio de su yerno Alexei Adjubei, el líder soviético Nikita Krushov no tenía una sensibilidad particular por las cuestiones religiosas; es más, se puede decir que estaba de acuerdo íntimamente con la actitud antirreligiosa del partido: la distensión con el Vaticano no representaba más que una pieza de una cuestión mucho más amplia de relaciones internacionales.

Creo que se puede decir que el problema del comunismo es aquel sobre el que las decisiones del Vaticano II hayan estado más condicionadas por las contingencias históricas y la dinámica histórica sucesiva haya correspondido menos a sus expectativas. En los primeros años sesenta, el socialismo real en Europa ya estaba en fase de declive: la mayor parte de los historiadores considera el 1956, el año del XX congreso y de la invasión de Hungría, como el golpe de timón, el inicio de la parábola descendiente que, en el arco de treinta años, llevaría a la caída del muro de Berlín y el final de la URSS. Pero entonces pocos percibían esta situación. Lo que causaba asombro era, en cambio, el aspecto dinámico del reformismo krushoviano: el carácter menos opresivo de la censura, las cautas reformas económicas, los éxitos en el campo de los misiles y de las primeras exploraciones espaciales. Fue sobre todo Krushov el que abandonó la antigua tesis de Stalin sobre la inevitabilidad de la guerra entre capitalismo y comunismo y lanzó la idea de la “coexistencia” y de la “competición” pacífica. Y también él decía ser contrario (porque intuía que la URSS no habría podido competir a largo plazo con una política estadounidense de rearme) a lo que Togliatti llamaba el “tristemente célebre equilibrio del terror” y, en mayo de 1958, con un hábil movimiento de propaganda, anunció una moratoria unilateral de las pruebas nucleares en la atmósfera. Mientras el equilibrio del terror era, en cambio, el punto principal de la política estadounidense: solo guerra nuclear, por lo que ninguna guerra.

Sobre esta última estrategia la condena de la “Gaudium et spes” (81) había sido firme: “Puesto que la seguridad de la defensa se juzga que depende de la capacidad fulminante de rechazar al adversario, esta acumulación de armas, que se agrava por años, sirve de manera insólita para aterrar a posibles adversarios. Muchos la consideran como el más eficaz de todos los medios para asentar firmemente la paz entre las naciones. Sea lo que fuere de este sistema de disuasión, convénzanse los hombres de que la carrera de armamentos, a la que acuden tantas naciones, no es camino seguro para conservar firmemente la paz, y que el llamado equilibrio de que ella proviene no es la paz segura y auténtica”. Se trataba, por tanto, de una postura objetivamente anti-estadounidense.

En la posiciones del Vaticano II sobre el comunismo emerge un elemento de Realpolitik que seguirá también después de la caída de Krushov en el clima sofocante de la era Breznev. Una Realpolitik análoga a la de Henry Kissinger de principios de los setenta. La diplomacia no debe imaginarse un mundo distinto, sino que tiene que hacer cuentas con el mundo tal como es (o como le parece que sea): su vocación es tratar siempre y en cualquier circunstancia y llegar a algún tipo de acuerdo. En los vértices vaticanos, pero incluso en la mayoría del mundo católico conciliar y posconciliar, se había difundido la certeza de que el comunismo en Europa habría desafiado al siglo. Es más, existía la convicción de que el mundo iba hacia esa dirección y que era necesario meterse en esa tendencia para “cristianizarlo”. Fue necesario un papa polaco para que, en pocos años, la situación cambiara radicalmente.

5. Una conclusión

Se ha dicho y repetido que, con el Vaticano II, la Iglesia haya buscado un encuentro, un diálogo con la modernidad. Hay que observar –es un inciso– que la palabra “modernidad” no existe en los documentos conciliares. En ellos se utiliza cinco veces el adjetivo “moderno” (tres en la “Gaudium et spes” y dos en el decreto “Ad gentes”). Sin embargo, utilicemos por una vez este término que está hoy tan de moda.

Podemos por tanto decir que la que hemos descrito hasta aquí, aunque sea de manera resumida, era la modernidad con la que la Iglesia intentó lidiar en el Concilio. Lo hizo con los que, unos años más tarde, se llamarían los “grandes relatos ideológicos del siglo XIX”: el liberaldemócrata y el marxista. Juan XXIII y la mayoría conciliar creyeron que una actitud de diálogo, la búsqueda del encuentro con el mundo en todas sus facetas abriría una interlocución que no se dio. El mundo contemporáneo se dirigiría con más confianza y benevolencia hacia una Iglesia que se mostrara más “mater” que “magistra”, que exhortara sin condenar, que no excluyera a nadie.

Pero las cosas no han ido así. Precisamente a partir de los años del Concilio inició un proceso de descristianización de las sociedades occidentales, sobre todo europeas, que las está transformando en sociedades poscristianas. En la próxima ocasión intentaré individuar, de manera resumida, las razones.

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Para una visión de conjunto acerca de la disputa en curso sobre el Concilio Vaticano II, con el índice de todas las entradas de Settimo Cielo sobre este tema:

> A favor o en contra del Concilio, la Iglesia en plena vorágine. Pautas para una pacificación

11 comentarios en “Historicizar el Concilio Vaticano II. Así influyó sobre la Iglesia el mundo de esos años
  1. ¿Qué es la cábala para mí? Tercera Parte
    Me veo obligado a ampliar el tema de la cábala al ambientalismo para que se entienda, el ambientalismo es la justificación del control absoluto sobre la población mundial.
    Como señalamos la cábala establecía dos tipos de hombres unos con alma divina que debían ser tratados como dioses y los otros con alma animal que debían ser tratados como bestias, esa división de la humanidad en gobernantes de categoría divina y gobernados que son bestias y, con los cuáles, tienen que hacer hombres dioses lo que crean necesario para salvar la humanidad y el planeta, la grandeza del fin justifica los medios utilizados.
    Si hay que reducir la población mundial para salvar el planeta pues eso debe hacerse, por supuesto, que la salvación del planeta y del ambiente es un justificativo para establecer un gobierno mundial tiránico y eliminar personas por medio del aborto, la eutanasia, evitar la procreación promocionando la ideología de género, el control de la natalidad, controlar el consumo y la producción controlar el traslado y la forma de vida, encerrar, esterilizar, etc. la grandeza del fin justifica la inmoralidad de los medios y justifica que los hombres dioses controles en todos los aspectos a los hombres bestias.
    Es la religión de Egipto del dios faraón, del Cesar convertido en dios y del gobierno mundial político y religioso del Anticristo y del Falso Profeta de los últimos tiempos.
    Como se señaló la masonería involucraba todo un proceso de selección entre los iniciados que no sabrían casi nada y que deberían ir subiendo en la masonería por medio de la obediencia y el secretismo, la conspiración, etc. y los que eran dioses hombres y ocupaban los grados superiores, estos tenían conocimientos de la cábala satánica que es el trato con los demonios y que supone, el satanismo, los sacrificios humanos. El objetivo del demonio al crear la cábala satánica era introducir la misma en la Iglesia y tentar a Cristo a elegir entre la Iglesia que sufre dolores de parto por tener que dar al varón que tiene en su vientre al Dragón a los hombres en pecado mortal y a hombres de otras religiones por la eucaristía o subir al Cielo y elegir al Padre.
    Se encuentran dos masonerías, la masonería de todos los pueblos que es una legión de masonerías unidas en lo superior por la cábala satánica en los grados superiores y la masonería de un solo pueblo u organización secreta de un solo pueblo que como la anterior no involucra a todos los individuos de ese pueblo ni a la mayoría sólo a una pequeña minoría.
    Las dos masonerías que forman como las dos cabezas de la Bestia de la tierra (gobierno mundial religioso, Iglesia mundial, ecumenismo mundial) del cuál un ejemplo es Asís, es decir, la búsqueda de una religión e Iglesia mundial sobre la base de la fraternidad recordemos aquí uno de los lemas masones de la Revolución Francesa igualdad, libertad y fraternidad, todos hermanos de una misma familia como diría el Padre Meinvielle de la masonería todos hermanos cuyos nombres pueden ser católico, protestante, budista, mahometano, ateo, etc. con un apellido común masones esa es la fraternidad de Francisco y no otra y ha existido desde hace décadas.
    Lo que unifica a los distintos credos masónicos es la cábala que implica un dios que se manifiesta en todas las religiones bajo la forma de un poliedro pero un dios que también surge de la nada y de la nada recibe el ser con lo cual entran los budistas y los ateos y por ello hay una cábala panteísta y una cábala atea.
    Este dios es el dios de la cábala satanista que es la que ocupa los grados superiores en la masonería enseña que todos somos hijos de Dios, no hijos adoptivos sino hijos de Dios o divinos no humanos pero que hay algunos que deben ser perseguidos como los que enseñan que solo hay un Dios creador y que el hombre es creatura humana y de que solo hay una religión y una Iglesia que salva aquellos que no aceptan los dogmas de la pluralidad pagana de dioses de las distintas religiones: budista, hinduista, chamanista, musulmana, judía, protestante, sintoísta, etc. Ellos deben ser perseguidos y destruidos porque se oponen a la nueva religión pagana de muchos dioses y muchas religiones para el nuevo gobierno mundial de un Cesar que será el Anticristo y esta religión mundial manifiesta por las distintas religiones a un dios bajo la forma de un poliedro quizás muchos triángulos masónicos unidos pero sin duda la cábala, la geometría relacionada con el culto masónico está presente.
    Una primera limpieza o persecución es la que debe llevar a cabo la nueva religión mundial en el terreno religioso para favorecer la apostasía universal, perseguir a quienes afirmen que existe una religión y una Iglesia que salvan que no sea la nueva religión e Iglesia mundial ecuménica y reemplazar a Cristo por un falso Cristo.
    Esta es la primera etapa en lo religioso.
    En lo político la cábala tiene una sola cabeza y se trata de organizar bajo un solo gobierno totalitario y tirano mundial el gobierno de los dioses hombres sobre los hombres bestias, los dioses hombres se caracterizan porque son los que deben gobernar y decidir sobre los hombres bestias, esta es la Bestia del Mar que tiene una sola cabeza, las dos masonerías en lo político se unen en un solo gobierno, el ambientalismo o proteger el medio ambiente o la Tierra de lo que es la proliferación y procreación de hombres bestias justifica que los mismos sean reducidos en número y controlados en todo, como los hombres bestia son menos que animales se los puede matar y encerrar y, para ello, está el aborto, la eutanasia, la ideología de género, el control de la natalidad, la esterilización, etc. y se los debe controlar en lo que piensan, en cómo se mueven, en lo que dicen, y de ser posible en todos los actos.
    Un ejemplo reciente del ambientalismo ideológico es que los hombres dioses para salvar a la humanidad han debido controlar completamente a los hombres bestias por el Covid 19 se ha difundido que esta enfermedad produciría una muerte extaordinaria de la población mundial quizás un tercio de la población se vería afectada y para salvar a la humanidad se ha encerrado a los hombres bestias, se les ha quitado la posibilidad de trabajar, se les ha quitado la posibilidad de estudiar, han quedado reducidos a no poder ir al médico y a hospitales o sanatorios porque no podían estar seguros los hombres bestias de que si tenían el Covid no fueran a sufrir una suerte peor que la enfermedad, a los que opinaban diferentes se los ha perseguido y escrachado como traidores y genocidas en palabras del papa Francisco por otra parte los hombres dioses no tenían por qué usar ningún barbijo e iban de aquí para allá a ellos no se les aplicaban las restricciones que se les debían aplicar a los hombres bestias.
    Ese es el comunismo liberal de China o la nueva izquierda internacional libertina en lo político como un tipo de la Bestia del mar o quizás como el antitipo final y por la otra parte la cábala de las dos masonerías que forman las dos cabezas de la Bestia de la Tierra la nueva religión mundial.
    El objetivo político de la Bestia del mar es el nuevo gobierno mundial del Anticristo en esa época los hombres querrán morir pero no podrán.
    La salvación del planeta, el ambientalismo, la salvación de la humanidad justifica como fin absoluto la utilización por parte de estos nuevos cristos o nuevos salvadores de todos los medios inmorales y reducir a la población mundial de los hombres bestias por una visión ideológica de ambientalismo a un parásito que debe ser reducido en número y controlado.
    La cabeza pequeña que vence a las otras tres cabezas y las otras diez (o numerosas cabezas o gobiernos se le someten) de la Bestia del Mar del apocalipsis son los gobiernos de China y el comunismo, Europa y EE.UU por eso dijo Trump que faltaba que Norteamérica cayera para que todo se derrumbara.
    En cuanto a la Iglesia y la masonería en ella del Grupo de Saint Galles, del sínodo alemán y del acuerdo secreto del Vaticano con China para el asesinato según el cardenal Zen del catolicismo en China todo ello es la mala mujer del apocalipsis sigue siendo mujer, sigue siendo Iglesia y se trata de sentar sobre los poderes del Mundo prostituirse y prostituir o adulterar la religión para satisfacer a los gobiernos del mundo y a los poderosos lo que se llama sentarse sobre la Bestia del mar su destino ya está fijado por la masonería desde los comienzos, la masonería es enemiga declarada de la Iglesia por lo que junto con los progresistas y conservadores de la Iglesia a la mala mujer se le dará muerte y se distribuirán sus vestidos en distintas iglesias separadas, pero los obispos católicos progresistas o conservadores no formarán parte de estas iglesias separadas sino que se les iniciará acciones contra ellos.
    Hay una Iglesia santa que es la buena mujer del apocalipsis llevada al desierto y protegida por Dios el pequeño rebañito de que hablaba Benedicto. Con esto creo haber dado alguna explicación de qué es la cábala para mi. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  2. ¿Qué es la cábala para mí? Parte 2
    Tenemos que entrar a tratar el tema de los comienzos y el medio de la historia de la salvación.
    En los comienzos del pecado del demonio se dice que el demonio es asesino por naturaleza porque siguiendo a San Agustín se amaba a sí mismo más que a Dios hasta el desprecio de Dios es el pecado de la acedia de que habla el Padre Bojorge y a él hay que remitirse para contemplar todos los grados del pecado de la acedia.
    ¿Este odio a Dios de dónde viene porque Dios todo lo creó bueno? Este odio a Dios viene de un amor desordenado a sí mismo y de un querer ser Dios un querer ocupar el lugar de Dios. Santo Tomás de Aquino nos dice que el demonio conoció la futura encarnación del Hijo de Dios al conocer que la creación se completaba con Adán y Eva entonces pensó cómo asesinar a Dios pero como dice Cristo no teman a los que quieren matar el cuerpo sino a los que quieren matar el alma, la segunda muerte o la muerte del alma es el infierno. Así que lo que el demonio quería desde un comienzo era enemistar al Hijo con el Padre para matar el Amor o Espíritu Santo entre ellos con dos posibles objetivos uno ocupar la naturaleza divina ocupada por las Tres Personas de la Santísima Trinidad el otro objetivo era destruir a Dios y su naturaleza divina y establecer un mundo sobre la Nada o sobre el pecado y la privación su propio mundo en el cuál el demonio podría ocupar el lugar de Dios. Jesucristo es tentado por el demonio y eso buscó el demonio tentar para dividir y dar muerte pero Jesucristo no conciente a la tentación y vence al demonio y a la muerte y regresa al Padre.
    En cuanto a Adán y Eva el pecado es introducido por el demonio y es el mismo pecado del demonio pero mientras el demonio planea el deicidio Adán y Eva sólo lo concienten. Adán y Eva quisieron ser como dioses ese es su pecado si sólo hay un Dios querer ser como dioses en una rebelión y desobediencia es querer ocupar el lugar de Dios y consentir la guerra contra Dios y el deicidio. Santo Tomás de Aquino afirma que Adán y Eva conocieron la encarnación futura del Hijo del Hombre eran inmortales estaban en gracia y eran sabios y como querían ser Dios por mérito propio y no por una donación de Dios ser elevados a vivir como creaturas humanas la vida de Dios aceptaron el deicidio que se manifestará en Jesucristo y su crucifixión por ello todos los pecados de los hombres son en última instancia contra Dios y por eso Cristo carga con los pecados del mundo y puede perdonarlos porque como dijo David contra Dios sólo contra Dios hemos pecado en primer y último término. Ahí aparece un componente de la cábala el pretender por medios humanos llegar a Dios y ser como Dios. Ahí el problema de Babel el querer ganar el Cielo por medios humanos. Ahí el problema de los gnósticos el querer salvarse sólo por conocimientos humanos. Ahí el problema de todas las religiones naturales al no contar con la revelación de Dios los hombres buscan con medios humanos la salvación y ello significa dos cosas primero niegan su naturaleza de creaturas humanas y segundo niegan que exista un Creador, las religiones naturales caen en esa doble falacia no aceptar el hombre su naturaleza humana y caída y no aceptar que existe un Dios y que no pueden ser Dios y por allí se introduce la mentira del demonio en todas las religiones naturales o humanas el hombre quiere salvarse por sus propios medios y alcanzar al Creador y ser el Creador pero hay otras mentiras que introduce Satanás en esas religiones naturales y es la idea de la Nada en el budismo y la idea de la Nada en la cábala.
    La nada es privación de ser y por ello es privación de bien, la nada en última instacia es el mal y el pecado porque el pecado es nada o una mentira.
    Ahora retomemos lo que dijimos en la primera parte de la cábala señalé que un problema de ciertos pensadores es construir sistemas y el problema de los sistemas de pensamiento es que quieren tener todas las respuestas para el hombre.
    ¿Y no tiene todas las respuestas las Sagradas Escrituras o la religión católica? No, no contiene todas las respuestas es una economía en la revelación de Dios. ¿Por qué no nos da Dios todas las respuestas y listo?
    Porque no es conveniente pues el ser humano si tuviera todas las respuestas no necesitaría su libre albedrío sabría las cosas contingentes y necesarias, las pasadas, presentes y futuras, el conocimiento de Dios y se vería anulado su libre albedrío, por otra parte es imposible, es imposible que el ser humano tenga en su inteligencia a Dios porque su inteligencia es humana y natural por eso Dios debió crear un organismo de la gracia en el que puede hacer su tienda en el hombre, pero también quizás entre otras miles de razones porque una revelación que tuviera no una economía de lo que debe saber el hombre sino toda la sabiduría de Dios debía ser Dios y eso es imposible que Dios desdoble su sabiduría que es una y la transmita completa al hombre en esta vida.
    De aquí vemos el primer problema de la cábala creer que las Sagradas Escrituras no son una economía de lo revelado por Dios al hombre sino que contienen a Dios.
    Confunde la cábala una creación de Dios como es las Sagradas Escrituras con Dios mismo y buscan en una creatura al Creador de manera mágica como otros pueblos buscaban a Dios en distintos ídolos. ¿Para qué? No diré de todos sino de algunos y es para tener el poder de Dios y ser Dios. Nos encontramos con el pecado original y con el pecado original consumado en el deicidio el hombre que no quiere ser creatura y que pretende ser Creador y termina odiando al Creador o pretende como en una Babel elevarse hasta el Creador y tomar su lugar o simplemente salvarse por medios naturales o humanos por su inteligencia y estudio en las Sagradas Escrituras. La leen buscando a Dios pero en una búsqueda que se apropia por medios humanos de Dios.
    Ahora cábalas hay muchas está la cábala cristiana, la cábala judía, la cábala masónica, la cábala panteista, la cábala atea y una cábala satánica.
    Cuando hablo de cábala me refiero en primer lugar a la satánica de la cuál las otras son deformaciones.
    La cábala satánica tiene su origen en Egipto durante el exilio del Pueblo de Dios allí los israelitas se encontraron con la religión de los egipcios que era con dos contenidos una para el pueblo que es la que conocemos actualmente y la otra secreta y esotérica con conocimientos de los demonios que era de los sacerdotes esta última hacía del faraón un dios y de los demás hombres bestias que estaban bajo el dominio absoluto del dios faraón, algo similar se ve en el Cesar convertido en dios y en muchas religiones y filosofías antiguas con textos esotéricos y textos exotéricos.n la religión egipcia no había textos esotéricos sino que la trasmisión era oral y sólo para los iniciados estamos por supuesto hablando de tratos con demonios que exigían en algunos casos sacrificios humanos.
    Ahora, el uso que hago del término cábala es un uso análogo con un primer analogado. Por ejemplo, en el término derecho se puede hablar de varios analogados en cierta forma igual y en cierta forma diferente se habla de derecho para referirse a la ley, a la acción justa, a la Facultad de Derecho, al Código, a los tribunales, a los juristas que son hombres de derecho, a las sentencias, a las facultades o poderes derechos subjetivos, etc. etc. En el caso de cábala su uso es también análogo significa muchas cosas que tienen algo en común y algo diferente.
    No hay que pensar que un cabalista es un hombre injusto o que todo masón es un hombre injusto porque no es así necesariamente.
    En la masonería hay grados y lo que saben los masones de los grados inferiores es nada y lo que saben los masones de los grados superiores se parece mucho a la cábala satánica.
    Hay dos masonerías una masonería que es propia de un solo pueblo y otra masonería que es propia de muchas pueblos en esta última masonería hay una legión de masonerías y son como las dos cabezas de la Bestia de la tierra (terreno de lo religioso) esas dos cabezas son las dos masonerías o cábalas una está sobre la otra los hombres de los pueblos no pertenecen a estas masonerías pero son gobernados por ellas así que no puede identificarse un pueblo con la masonería ni con la cábala pero sí puede decirse de la cábala en sentido análogo que está presente en toda la civilización moderna y que la domina en lo filosófico y en lo teológico salvo en ciertos sectores de la Iglesia.
    Como se ve el sentido del término cábala es una construcción que todavía no he desarrollado completamente es más con entender que el primer analogado del derecho es la acción justa no se aporta demasiado conocimiento al mundo jurídico.
    La Bestia del Mar el terreno de la política es la misma Bestia de la tierra pero mientras la Bestia de la tierra se dedica a difundir unas enseñanzas gnósticas y cabalistas y a formar la nueva religión mundial que dice que hay hombres con alma divina y otros con alma de bestias y que los hombres con almas de bestias deben ser tratado por los dioses de la manera en que los dioses crean necesario la Bestia de la política se centra en una sóla cabeza que va a gobernar las otras tres cabezas: China y el comunismo, Europa y Estados Unidos así que es cierto que solamente como dice Trump basta con que Estados Unidos caiga en poder de esta nueva izquierda liberal cuya primera manifestación es la cuarentena universal para que el gobierno mundial se comience a establecer. El gobierno mundial político debe aspirar a ser uno desde la globalización han existido distintos intentos también antes. La religión mundial tiene que tener dos cabezas una para todos los pueblos que es la masonería y la otra para un pueblo solo pero todo esto puede ser un tipo del antitipo final o el antitipo final. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  3. ¿Qué es la cábala para mí? Parte I
    Un conocido me preguntó qué sentido le daba a la palabra “cábala” no sé si su pregunta era de buena fe pero independiente de ello prefiero contestarla pero para ello necesitaría escribir un libro y no creo estar en condiciones de hacerlo pero el problema es que aún si lo escribiera no podría publicarlo y si lo publicara nadie lo leería pero si escribiera un artículo aún así ningún sitio católico lo publicaría a pesar de haber publicado trabajos y ponencias católicas en distintos congresos internacionales antes de 2013.
    Pero eso viene desde hace años el Padre Castellani decía en 1954 que no se promovían a obispos a los sacerdotes doctos sino a los buenistas, hombres sin preparación teológica y algo políticos, así estamos, un comentarista dijo que Monseñor Aguer era el obispo más preparado del mundo y no lo niego pero Monseñor Aguer o Monseñor Schneider qué tienen que hacer al lado de un Garrigou Lagrange, un Billot, un Meinvielle, un Pie, etc., esa expresión del comentarista hablaba muy mal de los obispos en general pero decía la verdad.
    En San Rafael se cerró un seminario si uno lee la historia del seminario por envidia, el pecado de la acedia, envidia a la preparación de los seminaristas, a que los seminaristas sean más cultos y mejor preparados que los obispos argentinos, a que obtengan becas en el extranjero, la envidia comenzó desde su fundación y determinó su cierre, ¿por qué? porque los obispos argentinos son incapaces de entender a Santo Tomás de Aquino y a San Agustín porque para ser un buen tomista o agustino se necesitan más de veinte años de arduo estudio y una cabeza bien asentada y de una cosa carecen y la otra les parece excesiva por qué no leer una obra de Congar, Schillebeeccks, Chenu, Rahner o mejor los textos del CVII o un comentario o artículo o mejor aún nada de nada.
    Le enviamos a Bergoglio a Alemania para que obtenga un doctorado en su época y nos lo enviaron de vuelta y aún así es papa y escribe las más maravillosas y fantasiosas encíclicas que uno no puede leer.
    Que decir del obispo Martinez Perea, diga lo que diga él, predije que sería desplazado a pesar de que el hombre esté muy orgulloso de su obediencia en estos ocho años, los argumentos era que no era muy simpático y estaba demasiado preparado, demasiado capacitado para no generar envidias en sus pares, entre ellos, el obispo de Roma.
    La masonería exige mediocridad intelectual y la Iglesia está dispuesta a darla a cambio de su vida como decía Churchill prefirieron el deshonor a tener una guerra pronto tendrán el deshonor y la guerra.
    Debo señalar los problemas del lenguaje que utilizo, por supuesto, que considero como Francisco que hay que darle una importancia a la realidad pero la lectura de la realidad debe llevarse adelante desde las Sagradas Escrituras y desde la fe católica y ahí me distancio de Francisco y de todo el mundo moderno.
    Para un católico si la realidad no puede ser explicada utilizando las enseñanzas de San Agustín y de Santo Tomás debe ir a otros autores tomistas más actuales como el Padre Alfredo Saenz antes de 2013 momento en que cambia su mentalidad, como el Padre Leonardo Castellani, el Padre Julio Meinvielle, el Padre Alfonso Galvez y deberé desarrollar adelante una teología de la historia más actual que la de San Agustín sin separarse de San Agustín y deberá incorporar de nuevos conceptos y nuevas ideas sin separarse en nada de Santo Tomás para mantener la fe de siempre y la armonía entre razón y fe.
    Si mi cabeza funcionara como la de Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás de Aquino el problema no sería grave pero funciona más como la de Descartes y Kant, es decir, tiendo a construir sistemas de pensamiento, los doctores mencionados eran asistemáticos pero, en mi caso, tiendo a hacer sistemas de pensamiento y todos los sistemas de los hombres son cerrados e imperfectos por lo que debo destruir constantemente mis sistemas ante las nuevas realidades y verdades y abrirlos para incorporar nuevos datos sobre la realidad y corregir errores de acuerdo con la realidad y con las verdades humanas y divinas, ello me expone a las herejías porque estoy trabajando sobre lo nuevo y lo nuevo es lo contingente, lo que sucede el día a día.
    Ello tiene sus desventajas pero también sus ventajas y es que me obliga a un trabajo constante para amoldar la filosofía y teología católica a la realidad actual y al terminar mi construcción en sistema y ser una construcción humana aunque transida de Cristo es imperfecta y debe ser corregida y mejorada de acuerdo con la realidad y la verdad.
    Dos problemas actuales presenta la realidad: 1) un Mundo anticristiano que se percibe a sí mismo como un mundo bueno y justo y 2) una Iglesia dividida y en crisis con distintos grupos en su interior (tradicionalistas, conservadores y progresistas) que ven distinta la realidad, la religión, la Iglesia y a Dios.
    Los progresistas ven la realidad del mundo con optimismo y como un ejemplo a seguir con sus abortos, su eutanasia, su democracia para la Iglesia, sus sacerdotisas, su ideología de género, su ambientalismo, su izquierda libertina, sus masonerías, etc.; los conservadores ven el mundo presente como un mundo con problemas pero ante el cuál hay que ceder para proteger la Iglesia, la doctrina y la moral, hay que hacer pequeñas y graduadas concesiones en materia de moral y religión para sobrevivir pequeñas mentiras, mentiras, hasta que no se sepa cuál es la verdad y pequeñas herejías algunos con el objeto de que en el futuro la Iglesia forme parte del Mundo y no se diferencie en nada del Mundo lo que se llama caer en apostasía o perder la santidad otros conservadores no tienen claras las ideas solamente hacen las concesiones y esperan un milagro de Dios sus mentiras son que no hay conspiraciones ni NOM, el CVII convertido en el nuevo Talmud del catolicismo y elevado por el cardenal Zen al único magisterio de la Iglesia con inerrancia, o sea, transforman el magisterio ordinario y hasta pastoral en lo que el cardenal Zen ha llamado una segunda Sagradas Escrituras, son favorables al ecumenismo, al ambientalismo, apoyan todo lo que hace el papa Francisco sin oponerse casi a nada, se trata de los tibios de que habla el Apocalipsis que serán vomitados de la boca de Dios si no se corrigen, después, los tradicionalistas que reducen el problema al CVII y parecería que el CVII surgió de la nada como si la Iglesia anterior no hubiera cometido errores que llevaron al CVII su desprecio por ese Concilio los ha llevado a romper con Roma no reconocer ningún papa posterior ni ningún documento posterior y como carecer completamente de una explicación teológica acertada de la situación actual y no tienen una teología de la historia que explique el CVII y la decadencia posterior de la Iglesia son parte del problema pues no buscan la verdad.
    Es decir que los tres grupos que componen la Iglesia actual, los tres están errados en el diagnóstico de la crisis de la Iglesia y ello profundiza la crisis si no son parte de la solución son parte del problema en realidad agravan el problema. Los tres han presentado y construido hace mucho tiempo sistemas cerrados de respuestas desde la Iglesia pero no quieren ni romper ni retocar sus sistemas de respuestas y los mismos sistemas se vuelven obsoletos y no dan respuestas a nada y generan problemas porque no buscan la verdad sólo buscan preservar su sistema de respuestas.
    Un sistema de respuestas es fácil de aprender y de difundir son las ideologías o el proselitismo similares al comunismo y al liberalismo o como la filosofía moderna de Descartes, Kant o Hegel; el problema es que cuando los miembros de la Iglesia chocan con la realidad los constructores del sistema tienen miedo del sistema, de que el sistema de respuestas se rompa y que pierdan la fe y no quieren ceder a la realidad no sea que le den la razón a los otros sistemas, los conservadores no ceden en nada para no debilitarse frente a los progresistas y así lo hacen los tradicionalistas consideran que no es conveniente cambiar de caballo en medio de la carrera, eso es lo políticamente correcto, cuando hablo de sistemas de respuestas no estoy hablando de evangelización sino de ciertas explicaciones que han construido esos grupos para explicar la realidad del mundo y la realidad de la Iglesia como lo construyeron hace tiempo para algo que es contingente (no estamos hablando de las verdades de fe ni de los dogmas) y no fueron corregidos ni revisados de acuerdo con las verdades divinas y humanas esos sistemas han caído en una incapacidad total para solucionar los problemas de la crisis de la Iglesia y lo que hacen es agravarlo.
    Por supuesto que eso no significa matar a los teólogos o enviar a los teólogos a una isla desierta como dicen los ignorantes eso sería igual a taparse los ojos, los oídos y la boca para no saber nada. Necesitamos que los teólogos y la inteligencia católica empiece a ver la realidad y a estudiarla pero no desde los sistemas construidos hace sesenta años sino desde las enseñanzas de San Agustín y Santo Tomás de Aquino pasando por los grandes pensadores tomistas hasta la actualidad.
    Por ejemplo ante la renuncia de Benedicto XVI y las barbaridades teológicas y morales del papa Francisco se generaron cuatro sistemas de pensamiento: en el primer sistema de los lefebvrianos no habría, para algunos, habido papa desde el CVII y todos eran antipapas y estábamos en un sistema de sede vacante; en el segundo sistema ante el problema mencionado todos los obispos del mundo poco después de la renuncia de Benedicto XVI (salvo el cardenal de Australia y Brandmüller) afirmaron alegremente que había dos papas uno emérito y otro en funciones; en el tercer sistema sostenido por el obispo Schneider y todos los obispos después de 2019 habría un solo papa que era Francisco eso justificaría la excomunión de un sacerdote, hace poco, por no mencionar a Francisco como papa; en el cuarto sistema el único papa era y es Benedicto y el otro sólo tenía funciones administrativas, por ejemplo, el comentarista solodoctrina y otros comentaristas.
    Ninguno de los sistemas de pensamiento se pudo comprobar ni se podrá comprobar a futuro ninguno dejaba de tener graves defectos de todo tipo, el de los lefebrianos porque ni entraban ellos ni dejaban entrar, o sea, si la Iglesia había caído en el CVII eso significaba que lo único que quedaba santo de la Iglesia era la Fraternidad San Pío X pero con un solo obispo muerto porque los otros obispos no podían ser designados por un solo obispo y sin cardenales ni papas a perpetuidad, el segundo porque generaba una situación completamente irregular y herética nunca podía haber dos o tres papas lo que podía haber era un papa en la Iglesia según las enseñanzas de Cristo y según el Magisterio de siempre y toda la doctrina, la tercera de monseñor Schneider de que el papa Francisco era papa parecía validar completamente todas las barbaridades teológicas y las herejías de Francisco, el cuarto que Benedicto era el único papa significaba obligar a los obispos, sacerdotes y fieles a ser excomulgados por no pronunciar el nombre del papa Francisco en la Santa Misa.
    Ante esa situación tuve que construir sistemas y destruirlos hasta encontrar una respuesta que pudiera satisfacerme y satisfacer a otros, la respuesta fue estamos ante un misterio no sabemos quién es papa es “un misterio de iniquidad” pues las Sagradas Escrituras nos enseñan que pueden existir “misterios de iniquidad” para el hombre y para la Iglesia, luego, para no escandalizar es conveniente llamar al papa Francisco papa pero no significa negar que, tal vez, Benedicto sea papa pero a los fines de la santa misa es conveniente mencionar al papa Francisco.
    Con respecto a las herejías de Francisco las mismas son evidentes para los fieles pero que sean evidentes no significa que Francisco haya sido declarado hereje por la Iglesia, Francisco no fue declarado hereje por ningún proceso seguido por las autoridades en la Iglesia que le permitan el arrepentimiento y que le de un tiempo para corregirse, entonces, si bien para el fiel común y para el sacerdote o el obispo el papa es hereje por el tema del adulterio, sin embargo, como no es un hereje declarado tal por la Iglesia por medio de un proceso canónico como es hereje que es no debe prestarse mucha atención en las barbaridades que diga o haga pero como no es un hereje declarado debe hablarse del papa Francisco y debe mencionarse el nombre del papa Francisco en la Santa Misa.
    Como ven la solución no era sencilla porque se trataban de solucionar problemas diversos no sólo teóricos sino prácticos.
    Mi solución era más aceptable que todas las anteriores, sin embargo, ninguno quiso romper el sistema en el que se había encerrado para responder de una forma más inteligente porque se amaban más a sí mismos que a la verdad y a la realidad.
    Como consecuencia toda persona encerrada por mucho tiempo en un sistema de pensamiento se adhiere a él a pesar de las contradicciones que se presentan con la realidad sea por orgullo sea por miedo se mantiene la posición a rajatabla hasta las últimas consecuencias, ninguna forma más perfecta de comprender la realidad actual sea eclesiástica o política será adoptada por los políticos y obispos actuales porque les interesa más mantener una falsa coherencia personal que buscar la realidad y la verdad humana o divina.
    Esa dificultad para destruir los sistemas ante la realidad y la verdad manifiestas y dejarlas entrar es la que les impide a los obispos y sacerdotes obtener una mayor la santidad y una mayor intelectualidad.
    Ahora abrir o romper un sistema por la realidad ello se lleva a cabo porque uno se da cuenta de que necesita ampliar su lenguaje y sus ideas para conocer la verdad y, para ello, necesita ir también a las Sagradas Escrituras y a la tradición y moral de siempre como mi cabeza construye sistemas y no soy ni como Aristóteles, ni como San Agustín o Santo Tomás de Aquino ello me obliga a continuas rectificaciones y correcciones y muchas de las palabras no están claramente definidas como la palabra “cábala”.
    Por ejemplo, ante la situación de crisis de la Iglesia que viene desde dentro por primera vez en la historia, de sus mismas venas, me he encontrado con una dificultad para explicar la situación desde los tres sistemas: aquel que decía que la Iglesia terrenal es la Iglesia santa; el que decía que la Iglesia terrenal era santa y pecadora; y el que decía que la Iglesia terrenal formaba con las otras religiones un poliedro que manifestaba a Dios.
    Ninguno de esos sistemas eran completamente correctos y podían explicar por sí sólo una crisis nacida de las venas mismas de la Iglesia. Por ello debí varias veces destruir mi sistema hasta llegar a una mejor solución la solución era que en la Iglesia terrenal estaban las dos ciudades de San Agustín, la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás y que la ciudad de Dios se llama Iglesia santa y que la ciudad de Satanás en la Iglesia terrenal se llama Partido del Mundo en la Iglesia, contraIglesia o antiIglesia y que siguiendo lo que dice San Pablo que estaban entre nosotros pero no eran de los nuestros podemos decir que la Iglesia terrenal es la Iglesia santa y que dentro de la Iglesia terrenal está infiltrada y mezclada pero sin formar parte de la Iglesia terrenal ni de la Iglesia santa la contraIglesia, antiIglesia o Iglesia adulterada.
    Ello servía para explicar la situación de grieta presente en la Iglesia y la presencia de los progresistas y de los conservadores.
    Pero las palabras utilizadas pueden llevar a confusión porque no son precisas, por ejemplo, la Iglesia mundial y la religión mundial del Anticristo no es llamada en el Apocalipsis “Iglesia” sino la Bestia de la tierra (la tierra es el ámbito de lo religioso para los Santos Padres de la Iglesia), por otra parte, la Iglesia católica adulterada (como señala el Padre Castellani en 1954) es la Mala Mujer del Apocalipsis, el Apocalipsis habla de una buena mujer que entiendo que es la Iglesia santa que será llevada al desierto por tres años y medio y de una mala mujer que se ha ido lejos del esposo que se ha prostituido con el Mundo y con los poderes del mundo pero que sigue siendo mujer, una mala mujer pero como dice el Padre Castellani esa mala mujer por ser mujer sigue siendo Iglesia.
    De allí que utilizar el término de contraIglesia o antiIglesia para referirse al progresismo y a los conservadores dentro de la Iglesia terrenal puede dar lugar a error pues puede llegar a pensarse de que se está hablando de la Iglesia mundial del Falso Profeta o de un tipo del antitipo final y la Iglesia mundial del Falso Profeta es la Bestia de la tierra y no la mala mujer.
    La Iglesia católica adulterada o prostituida en una parte será la mala mujer del Apocalipsis que se sentará sobre la Bestia del Mar (terreno de la política o del gobierno político mundial del Anticristo) por lo que en el caso de los conservadores debería hablarse de una Iglesia adulterada o prostituida más que de una contraIglesia o antiIglesia pero, como se dará cuenta el lector, la necesidad de utilizar palabras nuevas para una realidad que no ha sido debidamente estudiada por la Iglesia que es la del Apocalipsis nos genera cierta impresición.
    ¿Y por qué es importante estudiar el Apocalipsis y tener términos claros para tratar este tema?
    Porque todo tipo del antitipo final, toda crisis de la Iglesia es una manifestación acotada de la crisis final del Apocalipsis, por eso, para la crisis actual para poder estudiarla desde la fe debería la Iglesia desarrollado una esjatología que permitiera comprender las crisis como modelos o tipos del Apocalipsis que será el antitipo final para poder comprender desde la fe el sentido de los tiempos y los signos de los tiempos.
    El sujetarse a los sistemas de pensamiento y no abrirlos a la realidad ha dificultado un análisis de la cábala. En el próximo comentario trataré de explicar qué entiendo, en mi caso, por cábala pero era necesario la introducción previa para explicar por que se carece de una intelectualidad católica de una inteligencia católica que sea capaz de analizar los problemas actuales desde el punto de vista de una armonía entre razón y fe y es que como la Iglesia se ha negado a profundizar en el fin de la historia y a desarrollar su esjatología no posee una verdadera teología que le permita entender de manera clara la realidad porque es necesario saber el principio, el medio y el fin de la historia para entender de qué trata de historia, del comienzo de ha ocupado debidamente, del medio o la plenitud de los tiempos también pero la Iglesia se ha desentendido del final porque no es un final prometedor para la Iglesia, no es el final glorioso y triunfal en lo intramundano, es una especie de crucifixión de la Iglesia y la Iglesia como los judíos han esperado otra cosa una Iglesia con poder una primavera de la Iglesia como los judíos esperaban un Mesías poderoso, los dos pueblos han fallado, la Iglesia no espera la segunda Venida y si fuera posible la ubicaría dentro de cientos o miles de años, tanto se ama a sí misma y al Mundo que no quiere que Cristo vuelva y con esa negativa, esa falta de fe en la segunda Venida que se preguntaba Cristo si hallaría fe en la segunda Venida a su regreso que es la verdadera fe la Iglesia está preparando el Apocalipsis, ha dejado de llenar las lámparas y no espera, comen y beben.
    Por ello los hombres frente a lo nuevo no recurren a las Sagradas Escrituras y al Magisterio ni recurren a pensadores tomistas actuales sino que se aferran a sistemas elementales de pensamiento y tratan de explicar todo desde un elemental y acotado número de ideas que se cierran y que dejan afuera muchas cosas entre ellas el final de la historia de salvación y sin ver el final nada saben y son ciegos que guían a otros ciegos. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  4. Lo de este historiador es un poco de traca.
    Se descuelga al inicio afirmando que se asombra de que las discusiones sobre el concilio se centren en cuestiones teológicas y no históricas. Esta claro que nadie es inmune a la chorrada, ni aunque sea un doctor o catedratico de historia. Por supuesto que en las discusiones sobre un concilio religioso prima y es esencial y fundamental la discusión teológica. Es que es la CUESTIÓN. Lo demas son añadidos secundarios.
    Despues nos ilustra con ciertas afirmaciones que muestran su profundo desconocimientos en cuestiones de las que presume haber estudiado.
    Por ejemplo cuando afirma que después de la guerra se instauró un modelo cultural que establecía una identidad entre el conservadurismo y los regímenes totalitarios derrotados (como si la URRS no fuese totalitaria) que provocó la desaparición de la cultura conservadora.
    Esta afirmación la puede hacer un estudiante muy poco formado de bachiller, no un catedratico. Es de subnormales.
    Veamos. Despues de la guerra en Inglaterra y EEUU votaron democrata, no por cuestiones culturales, sino porque pensaban que Attle y Truman les iban a proporcionar un bienestar que Curchill y el otro rival no, porque estarían mas centrados en el estado que en la gente. Es la típica propaganda socialdemocrata o socialista. No es cuestión de cultura sino de propaganda electoral. El conservadurismo siguio existiendo aunque durante unos años ganasen la elecciones los socialistas occidentales. Luego esa identificación de la que habla es autor es uno de los ejes de la propaganda soviética que solo compran los bobos o los tontos útiles. El conservadurismo ha existido siempre igual que el socialismo occidental.
    Luego este egregio literato, mas que historiador, nos cuenta una pelicula de terror. Según el la clave del concilio es que lo que el llama la IGLESIA, en el mismo intentó abrirse al mundo moderno y que esa es la clave que lo explica todo y que por tanto cualquier discusión sobre el concilio hay que realizarla en terminos historicos.
    No digo que no sea cierto que en un numero no pequeño de prelados había un sentimiento de la necesidad de adecuar la IGLESIA al mundo moderno, lo cual demuestra su ignorancia, como la del historiador, pero lo que es una chorrada sideral es considerar que hay que analizar el concilio exclusivamente en clave historica.
    Pondre un ejemplo. Todo se desarrolla en medio de la historia, y con una historia. Por ejemplo un congreso de cirujía cardiovascular. Pero eso no hace que la clave para analizar los resultados del congreso de cirujía haya que hacerlo exclusivamente desde una perspectiva historica. Es que es de retrasados.
    En el concilio, y ahora si voy a analizarlo teniendo en cuenta la historia y la teología, hubo mucha ignorancia historica, por parte de muchos piji progres como PAULO VI. Pensaban que el Comunismo soviético iba a dominar el mundo y que tenían que hacerse simpaticos con el para que no les machacase. Luego había prelados masonicos y directamente corrompidos, que no seguía la agenda de Dios, sino la de Satan. Y entre los corruptos y los meapilas ignorantes dieron a luz un concilio que es interpretable, lo cual lo descalifica por completo, porque si fuese bueno no sería interpretable, sería muy clarito como TRENTO. Es decir, que cada uno podía hacer lo que le saliese de los cojones, eso si todo muy conciliar, porque valia lo mismo para una cosa que para la contraria. Así los que querían seguir la Doctrina y la Tradición podían hacerlo basados en el Concilio, y los que querían cargarsela tambien, porque como era interpretable. Y estos últimos lo llamaban el espíritu del concilio, que ademas de referirse a una interpretación corrupta parecía que tambien en la misma palabra metían al Espíritu Santo. Tanto estudiar para escribir las simplezas del catedratico, vaya tiempo perdido.

  5. Un simple cuento para dormir
    Procedo a narrar esto con el mayor cuidado. Ratzinger y otros antes incluso Platón han afirmado que el justo por excelencia en este mundo sería crucificado, el Justo, el inocente, la víctima del holocausto es Jesucristo verdadero hombre y verdadero Dios. Decenas de siglos han pasado para imitar al Cordero y encontrar una forma distinta de narrar la historia.
    En esta historia varios millones de hombres de un pueblo asesinados como víctimas que hacen a este pueblo víctima y si es víctima, es justo y si es justo cada uno de los integrantes de ese pueblo es divino como lo señala la cábala y los que no comparten la forma de pensar de este pueblo como el pueblo es justo los otros son injustos y victimarios y bestias.
    La historia se repite porque se ha encontrado una forma para hacer a los hombres dioses, el feminismo presenta a las mujeres como víctimas el que habla en contra del feminismo es un victimario, el hombre es un victimario y es una bestia, lo que la cábala señala como los que tienen alma animal y que deben y pueden ser gobernados y controlados totalmente por los que tienen el alma divina. Las víctimas hace que el grupo sea de víctimas y discutir sobre el grupo de víctimas es inmoral e imposible e indica que uno es victimario, una bestia que debe ser gobernada, controlada y perseguida. La víctima exige verganza y el grupo al que la víctima pertenece se victimiza y se coloca a sí mismo como inocente, como justo y se hacen igual a dioses.
    Lo mismo sucede con los grupos de ideología de género se procede señalando las víctimas para señalar que todo el grupo es de víctimas inocentes y de justos y para poder perseguir a aquellos que no piensan como ellos porque son victimarios y bestias.
    La confusión es evidente pero no para el razonamiento del vulgo una víctima no necesariamente es una persona inocente en todos los sentidos, un inocente no es necesariamente un justo, un hombre justo no es Dios salvo que se trate de Jesucristo verdadero hombre y verdadero Dios, el grupo de las víctimas no por ello adquieren todos los miembros de ese grupo el caracter necesario ni de víctima, ni de inocente, ni de justo y mucho menos divino. Toda esta afirmación no implica ninguna herejía y no deberían pronunciarse anatemas contra el que la afirma. Por supuesto que al vulgo Dios le dió pastores para que guíen el rebaño pero ahora se han transformado muchos en malos pastores y lobos rapaces.
    El razonamiento es recuperado y tratado de implementar por varios personajes Sandro Magister el Dr. que se basa quizás la explicación de Aguer el objetivo es obtener en ciertos grupos católicos la condición de víctimas, de justos y de dioses qué mejor para ello que proceder a relacionar a los tradicionalistas con el nazismo por supuesto que no importa que Hitler no sea católico y que haya estado influenciado por una masonería nacionalista cristiana y protestante, y que la Iglesia siempre haya dejado al tema del pueblo de Israel como un misterio que corresponde a Dios. Se busca la identificación entre la cábala que dio lugar a la Revolución Francesa y se dice que los buenos católicos deben elegir entre la democracia, el comunismo y el liberalismo por un lado y el nazismo y la derecha por el otro, se busca mostrar que se puede cometer el pecado original de rebelarse contra Dios de pretender ser como dioses conocedores del bien y del mal y de perseguir a los tradicionalistas, a los que llaman con falacia rigurosos y fanáticos, se usa el mismo sistema se victimiza el grupo y se establece un victimario, luego, se argumenta la inocencia de la víctima, de la inocencia de la víctima se deduce que la víctima es un justo, de que la víctima es un justo se deduce que el grupo al que pertenece la víctima también son todos justos y, por último, si son todos justos los de ese grupo se deduce que son divinos que sus almas son divinas, emanaciones de Dios y que los que no pertenecen a ese grupo y se enfrentan a ese grupo se deduce que son victimarios, que son bestias y de allí se trata de deducir que sus almas son animales y se puede hacer con ellos lo que se quiera.
    La izquierda actual sobre la cábala establece esta división de la humanidad los que formarán el gobierno mundial de los justos con alma de dioses y los que serán tratados como animales y a los cuáles hasta se les quitará la palabra porque todo el que habla con un dios debe renunciar a interponer su razón a la razón del dios y si se rebela contra esos dioses entonces debe ser castigado y perseguido. Por supuesto que de los que apoyan esta izquierda y este nuevo gobierno mundial pocos serán tratados y son tratados como dioses y la gran mayoría son controlados como animales. Esta nueva religión e ideología necesita poca inteligencia de parte del pueblo y de parte de los nuevos dioses, una inteligencia práctica de parte de los dioses, el trato con los demonio de parte de los nuevos dioses y un embrutecimiento del pueblo hasta llevarlos a la condición de animales.
    La contraIglesia tiene que tener presente que no es la Bestia de la tierra nunca lo será nunca será la religión e Iglesia mundial y no formará parte para estos infelices conservadores y progresistas hay que señalarles que la masonería es una institución antes religiosa que política está más preocupada por el establecimiento de una Iglesia mundial y única que por el gobierno mundial, la religión de la masonería es la que justifica sus actos pasados presentes y futuros su moral su poder sus delitos y por lo tanto es fundamental para la masonería que la Iglesia católica deje de existir y ni siquiera los vestidos les van a permitir usarlos a los obispos esos obispos que sueñan con Iglesias católicas reformistas separadas de Roma una vez que pierda la Iglesia la unidad los vestidos serán distribuidos democráticamente entre los que le dan muerte a la Iglesia según el Apocalipsis.
    Estos que piensan que por perseguir a los tradicionalistas van a salvar sus vidas no entienden que los dioses exigen venganza y que esa venganza se ha planeado desde hace muchos siglos, los que se prostituyen no formarán parte de la Bestia de la tierra, la contraIglesia no formará parte de la religión mundial sino que es la mala mujer que será asesinada y en una hora Roma será destruida sus obispos serán desplazados y se establecerán causas contra ellos porque los dioses exigen la muerte de Dios y que desaparezca todo lo que corresponde a Cristo y por ello se que Cristo vuelve. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  6. 1. Los mensajes de la Santísima Virgen acerca de los acontecimientos futuros también es historia.
    2. El Vaticano está desobedeciendo a la Santísima Virgen, ¿por qué?
    3. Porque está engañándonos a los católicos; porque tiene acuerdos con el comunismo; porque Roma está perdiendo la Fe; porque no ha contado toda la verdad faltando a la Verdad del 3er secreto de Fátima para que los católicos podamos afrontar y combatir los errores de la Fe y no se pierdan tantas almas; porque no se ha pedido la conversión de Rusia; …

  7. «la mayoría conciliar creyeron que una actitud de diálogo, la búsqueda del encuentro con el mundo en todas sus facetas abriría una interlocución que no se dio» No se dio porque Nuestro Señor Jesucristo dejó claro que o se está con Dios, o con el mundo. Hicieron un concilio para estar con el mundo, esperando que el mundo recibiera a la iglesia con los brazos abiertos, y no. Querer agradar al mundo es ir contra lo que nos Dijo Nuestro Señor «De que le sirve al hombre ganar al mundo si se pierde a sí mismo» Mt, 16,26

  8. La interpretación y lectura de la realidad del CVII presentada por Sandro Magister y por un Dr. en este artículo es evidente que se trata de una interpretación y lectura laicista de la realidad de la Iglesia se piensa como hombre pero no como lo ve Dios o sea se lo mira desde el punto de vista del hombre y de un hombre sin Dios, es la visión de Simón frente a la de Cristo y es la visión de Satanás además de del NOM y de la contraIglesia dentro de la Iglesia, es por supuesto la visión de muchos obispos y sacerdotes que han dejado hacer y pasar porque renunciaron a Cristo desde hace años y porque ponen su fe en realidades creadas y la Iglesia es creatura. Se parte por establecer un petición de principios que tranquiliza la conciencia de todos los necios, la petición de principios es que hay que dejar la teología al analizar el CVII y partir de un estudio historicista laicista, pues un católico no puede adoptar ese principio porque un católico debe partir a observar la realidad no separada de Dios sino transida de Dios y por lo tanto debe oponer a la historia laicista del NOM y la contraIglesia la teología de la historia de San Agustín que no es de San Agustín sino más específicamente de las Sagradas Escrituras y de Dios Señor de la historia. Ante la visión histórica anticristiana oponemos una teología de la historia sobre el CVII que parte de la Revolución Francesa y de la influencia de la masonería en la Revolución Francesa en su formación y en los resultados de la misma la democracia de Rousseau, el liberalismo y el comunismo ahí empieza el proceso de descristianización del Mundo la destrucción de la civilización cristiana a partir de ese momento la Iglesia en vez de tratar de inculturar de Cristo la democracia permitiendo la existencia de partidos políticos con la denominación de «católicos» bajo la excusa de que ello significaba dividir la Iglesia en distintas partes la Iglesia queda dividida en partidos políticos no católicos, anticatólicos o anticristianos en el siglo XIX cuando Pío IX es expulsado de Roma el único país que se opone es Ecuador a partir de allí la masonería gobierna los países y el comunismo y el liberalismo de los partidos políticos permite la introducción de las herejías masónicas, comunistas, liberales y modernistas en la Iglesia, la espada terrenal ha sido separada de la espiritual y la Iglesia principia a intentar una evangelización de la espada terrenal por medio de la Doctrina Social de la Iglesia que no tendrá ningún efecto práctico porque no pueden los partidos políticos tomar la denominación de «católicos» por lo que deben ser anticatólicos se formenta indirectamente y sin saberlo una democracia masónica pudiera haberse conseguido la democracia de Santo Tomás pero no se intenta. Los obispos como hombres votan a comunistas o liberales no hay una opción católica. Entonces, se dan cuenta de que no pueden inculturar por medio de la Doctrina Social de la Iglesia la democracia y los gobiernos pero no se dan cuenta de que el problema lo generaron ellos mismos al no buscar la formación de partidos políticos que puedan denominarse «católicos» países católicos son gobernados por una minoría masónica. No se cumple con los pedidos de la Santa Virgen María en Fatima de evitar que los errores del comunismo se propaguen por el mundo por medio de una consagración de los obispos y el papa de Rusia al sagrado corazón de María y ello porque los obispos son comunistas. Pío XI destruye la derecha en Francia y como consecuencia fortalece la izquierda comunista a partir de allí Francia se convierte en propagadora de herejías. El falso dilema que presenta Sandro Magister y el Dr. de que la Iglesia anterior conservadora era fascista y la Iglesia posterior es judía y por lo tanto aquel que está en contra de la Iglesia posterior al CVII es antisemita o nazi es casi un atropello vulgar a toda razón se incurre a buscar excusas en otras religiones para no señalar los errores propios y se trata de presentar las cosas como una discusión entre nazis y antisemitas lo que es una locura y un gravísimo pecado. Después de la Segunda Guerra Mundial la mayoría de los obispos son comunistas a un papa que no sabe nada y es un ignorante Juan XXIII se le ocurre convocar a un concilio en una Iglesia inficionada de comunistas y herejes y como no hay razón alguna para convocarlo se dice que es un concilio pastoral en dicho concilio se dictan una serie de documentos de forma desordenada son magisterio ordinario y no extraordinario y por lo tanto pueden contener errores pero la Iglesia posterior trata de hacer del CVII el nuevo Talmud del catolicismo se olvida todo lo anterior y se tratan los documentos de magisterio ordenario como si fuera extraordinario y frente a contradicciones con el magisterio de siempre se sostiene que debe primar el magisterio ordinario del CVII, las Sagradas Escrituras y el culto a Dios o santa misa con los sacramentos son modificados por este CVII que es elevado al nivel de Sagradas Escrituras como lo dice el cardenal Zen y sólo se enseñan los documentos del CVII esos documentos de magisterio ordinario contienen errores y ambiguedades el magisterio ordinario puede contener errores y ellos se han difundido y expandido hasta formar herejías. En última instancia después la Iglesia pensó en dialogar con el mundo es decir entrar en relaciones carnales con el Mundo para ello debían adulterar la religión y prostituirla si no puedes con ellos debes unirte se fue lejos del Esposo y ha comenzado un proceso de apostasía que involucra entrar en tratos con el principal enemigo de la Iglesia y de Cristo la masonería y esperar que no le de muerte pero si por lo menos le da muerte que le deje los vestidos Iglesias católicas reformistas separadas y protestantizadas, esta es la teología de la historia el que tenga oídos que oiga. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  9. Sobre todo, los padres conciliares no pudieron sustraerse al temor humano a un mundo gobernado por el bloque comunista, que en esos momentos parecía todopoderoso y capaz de engullir a las democracias occidentales. El CVII es, en gran parte, un intento de preservar a la Iglesia dentro de ése mundo de impronta comunista dominante. Desde esa perspectiva, les faltó valor y entereza, y confiar en que la Iglesia y su acervo salvador acabarían por vencer a ese gigante aparentemente invencible. Sobró temor al hombre, y faltó temor a Dios.

    1. HIDASPES
      De acuerdo, pero la conclusión de su exposición es que unos prelados que debieran tener visión sobrenatural y estar cercanos a Dios, acometieron un concilio como si fuese un congreso de una multinacional, sin la mas mínima espiritualidad profunda. Y al tratar de contemporizar y hacerse bienquisitos con el mundo, al final crearon un engendro que vale lo mismo para adorar a Dios que al Diablo. ¿Cual es el problema entonces de deshechar ese concilio como dice Vigano? No es que no haya ningun problema es que el problema es mantenerlo. Pero eso con Bergoglio es pedir peras al olmo u honradez al ladron.

      1. Juan Nadie, yo me he referido al contexto socio-histórico del CVII. En su contenido sustantivo hay de todo. Ahora bien, creo que en su praxis no se ha podido eludir el temor humano inicial bajo el que se convocó. En efecto, como usted bien dice, faltó dimensión sobrenatural y sobró tacticismo político, por muy bien intencionado que fuera.

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