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Francisco, el papa que hace política en directo. El análisis de un historiador de la Iglesia

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La Pascua del papa Francisco ha sido, este año, muy “política”, y lo hemos podido ver claramente en estos tres actos:

– el 12 de abril, domingo de Resurrección, con el discurso “urbi et orbi” con el que ha hecho un llamamiento a toda Europa a dar “prueba de solidaridad recurriendo también a soluciones innovadoras”;

– de nuevo, el domingo de Pascua, con el envío de una carta llena de entusiasmo a esos “movimientos populares” que, para él, son la vanguardia de la humanidad, en rebelión contra el abuso de poder de los Estados y los mercados;

– y dos días antes, el 10 de abril, viernes santo, con el envío de un billete autógrafo a Luca Casarini, el activista no-global elegido por el papa como héroe de la ayuda a los migrantes del Mediterráneo.

En una entrada anterior, Settimo Cielo ha publicado íntegra la carta a los “movimientos populares”, mientras que el billete a Casarini lo reproducimos a continuación, con su transcripción textual:

“Luca, estimado hermano:
Muchas gracias por tu carta, que Michel me ha entregado. Gracias por la piedad humana que demuestras ante tanto dolor. Gracias por tu testimonio, que me hace mucho bien.
Estoy cerca de ti y de tus compañeros. Gracias por todo lo que hacéis. Quiero deciros que estoy a vuestra disposición para echaros una mano, siempre. Contad conmigo.
Te deseo una Santa Pascua. Rezo por vosotros; por favor, rezad por mí.
Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde. Fraternalmente,
Francisco”

El “Michel” citado por el papa es el cardenal Michael Czerny, jesuita, subsecretario de la sección migrantes y refugiados del dicasterio vaticano para el desarrollo humano integral. La carta de Casarini ha sido publicada por “Avvenire” junto a la respuesta del papa.

Pero, ¿cómo podemos analizar más a fondo esta explícita, pública y casi descarada militancia política del papa Francisco?

El texto que sigue, recibido en forma de carta, es una respuesta culta a esta pregunta. El autor es docente de historia contemporánea en la universidad de Bérgamo y especialista en las relaciones entre Estado e Iglesia.

*

¿PRIMADO DE LO ESPIRITUAL O PRIMADO DE LA POLÍTICA?

por Roberto Pertici

Estimado Sandro:

Muchos han visto en la carta del papa Francisco a los “movimientos populares” y, antes, en su mensaje a Luca Casarini, una confirmación del papel anómalo que ejerce la política -y una política de izquierda radical- en su magisterio.

También usted ha hablado de “un extraño mensaje pascual de parte de un papa, en favor de una resurrección total y únicamente política”. En muchos aspectos es difícil no darle la razón; y, sin embargo, la impresión es que la verdadera novedad de Francisco sea, definitivamente, otra. Es decir, que el papa hace política de manera explícita y directa, más allá de las habituales mediaciones teológicas y espirituales que, es evidente, él considera ya superfluas; y que lo hace con una cultura política “periférica” respecto a las grandes corrientes de la cultura contemporánea.

Soy consciente de que esta puede parecer una tesis aventurada, pero bien mirado, en el magisterio pontificio, al menos desde la revolución francesa, la política siempre ha tenido un gran peso, a veces incluso más que el discurso meramente religioso. Es verdad que, en el pasado, esto no se admitía de manera tan explícita como hace hoy Francisco; es verdad también que la argumentación estaba a menudo engalanada con un estilo y un tipo de discurso heredados de los siglos anteriores, pero entre teología y política existía una relación directa, y no está dicho que fuera siempre la primera la que condicionara a la segunda.

La razón es que, después de la revolución, la Iglesia dejó de ser el todo, también en las sociedades católicas europeas, para convertirse en una parte; es más, en un partido: “le parti prêtre”, del que ya empezaron a hablar los liberales franceses a partir de 1815. Era la época del “Rojo” y el “Negro”, para decirlo como Stendhal, y la Iglesia estaba de la parte del “Negro”.

Ciertamente, la Iglesia tenía sus buenas razones. El trauma revolucionario había sido inmenso, la Iglesia había visto suprimido el poder temporal de los papas en dos ocasiones y, en otras dos, los pontífices habían sido encarcelados durante mucho tiempo; en 1799, a la muerte de Pío VI, muchos incluso habían esperado o temido que se interrumpiera la sucesión apostólica. A partir de 1815, en la sociedad europea se respiraba una gran ansia de restauración: la Iglesia se hizo intérprete de este deseo y lo promovió en una relación ambigua con el poder político. Ambigua porque ningún soberano estaba verdaderamente dispuesto a una restauración total de la “societas christiana”, lo que pronto llevó a una serie de pensadores católicos, que sí habían soñado con ella, a decir: si las cosas están así, entonces es mejor que la Iglesia no se comprometa con estos Estados, se aleje y empiece a pensar en su libertad. Sin embargo, introducir el tema de la libertad de la Iglesia implicaba, más o menos explícitamente, introducir el más amplio de las libertades “modernas”. Tuvo inicio entonces la gran época del catolicismo liberal, que con Lamennais buscó también una nueva filosofía religiosa.

A partir de ese momento, los movimientos culturales, teológicos y filosóficos más interesantes de ámbito católico han sido íntimamente “políticos”, como las corrientes inspiradas por Vincenzo Gioberti y Antonio Rosmini de los años 30 y 40 en Italia, y el renacimiento del catolicismo inglés a mediados del siglo XIX. La génesis del “Sillabo” papal de 1864 no se comprende sin otro golpe, el de 1848-49, otra caída del poder temporal, con las banderas rojas de las distintas revoluciones europeas, y con Giuseppe Mazzini en Roma como jefe de una república de “poseídos y masones”, como se decía entonces. Lo predijo desde el primer instante Juan Donoso Cortés el cual, católico liberal antes de 1848, acabaría invocando nada menos que la dictadura. ¿Acaso en la primera fase de “La Civiltà Cattolica”, la de los años 50 del siglo XIX, no prevalecía el discurso “político” o, mejor, no se defendía una religión con un alcance explícitamente político?

Medio siglo más tarde, el “modernismo” fue un movimiento fundamentalmente teológico y filosófico, aunque con notables implicaciones políticas y sociales. Y, ciertamente, el antimodernismo fue también político: de hecho, no es casualidad que un “ateo devoto” como Charles Maurras se comprometiera vehementemente con él, polemizara duramente con Marc Sangnier y “Le Sillon” y siempre reconociera a Pío X como su papa. De hecho, se había dado cuenta de que si se saltaba el dique anti-modernista edificado por la Iglesia, su proyecto de restauración política y de valores se vería comprometido. Y en los grandes intelectuales católicos que le siguieron y que a menudo procedían, como Jacques Maritain, de un agnosticismo y un laicismo ambiental de Tercera República, ¿en qué medida influyeron las causas políticas en la conversión religiosa? ¿Y en qué medida las elecciones políticas se substanciaron partiendo de componentes religiosos?

El mismo discurso vale para las decenas de filósofos y escritores de todas partes de Europa que formaron, entre los siglos XIX y XX, el llamado “Renouveau catholique”, que ha sido el último gran movimiento cultural católico capaz de salir allende los muros. ¿Quién puede distinguir en Péguy y Bernanos, Claudel y Mauriac, Eliot y Chesterton, Graham Greene, Hilaire Belloc y Sigrid Undset, la aspiración de restauración religiosa del proyecto de cualquier restauración política? ¿Y cuánto pesó la voluntad política de Pío XI de querer gestionar personalmente, también desde el punto de vista político, las fuerza católicas sin la intervención de poderes ajenos, en su condena de la ”Action Française”, que tanto laceró la conciencia de muchos católicos franceses, junto a la desconfianza por las posiciones “paganas” de Maurras? La misma voluntad que llevó a los enfrentamientos entre la Santa Sede y el régimen fascista en Italia en 1931 y en 1938.

Es bien sabido por todos que, precisamente a partir de la condena pontificia del movimiento de Maurras, nació la larga marcha del progresismo católico francés, que ha tenido una importancia crucial en los hechos de los siguientes cincuenta años. Entonces Maritain habló de un “primado de lo espiritual” que había que recuperar; sin embargo, detrás de dichos programas “religiosos” –como detrás de la famosa “elección religiosa” de la Acción Católica italiana de inicios de los años 70–, estaba surgiendo en realidad otro proyecto político, muy distinto del anterior.

Estimado Sandro, podría continuar, pero no quiero aburrirle. Bien visto, también la gran hostilidad que han mostrado hacia Benedicto XVI amplios sectores de la cultura contemporánea y el establishment católico ha sido, ante todo, política. Podía parecer que su magisterio estaba integrado en un clima marcado por la desaparición del marxismo, el final del comunismo en Europa, la reflexión sobre el destino y la identidad de Occidente después del ataque a las Torres Gemelas, la defensa y el desarrollo de la tradición católica que ya intentó conseguir Juan Pablo II; que podía contribuir, en resumen, a la difusión de un nuevo “conservadurismo” filosófico-cultural, que entonces parecía poder jugar sus propias cartas. Según Henri Tincq, el vaticanista de “Le Monde”, recientemente fallecido, se trataba de “una especie de glaciación de la Iglesia a nivel disciplinar, doctrinal y moral, que la hacía incapaz de enfrentarse a los hechos tumultuosos del presente”. Para él y para su periódico no había dudas: el centro de gravedad de la Iglesia se había reposicionado “a la derecha”.

Usted podrá reprocharme que mire siempre y sólo a los planos más elevados, a los debates teológicos y culturales. Lo admito: no es fácil definir el alcance político inherente a la experiencia religiosa de muchos de los “paysans de la Garonne” –para decirlo como Maritain– de los últimos dos siglos. Sin embargo, también entre estos, los que eligieron permanecer dentro del mundo católico lo hicieron por una mezcla de motivos, conscientes o inconscientes, en los que la política y la religión se corroboraban. No me refiero a los campesinos de los distintos movimientos insurgentes del siglo XIX y XX, sino al militante de los Comités Cívicos de la Italia de 1948: ¿cuánto influía la pertenencia religiosa a la acción política, y en qué medida el anticomunismo afianzaba la pertenencia religiosa?

Aún hay que comprender cuáles son las razones de este “primado de la política” en el discurso católico de los últimos dos siglos. Ante todo, porque la “nueva historia” que nació de la revolución francesa le planteaba a la Iglesia nuevos interrogantes de naturaleza claramente política: ¿qué actitud asumir ante el Estado constitucional, las libertades modernas, los efectos de la revolución industrial, el final de la sociedad campesina, la lucha de clases, el socialismo y el comunismo, la desaparición de los imperios, la formación de los Estados nacionales, los nuevos y terribles conflictos que estallaban entre ellos, las inéditas formas de poder como los totalitarismos del siglo XX, el final de la centralidad europea, el proceso de descolonización, la emergencia del Tercer Mundo? Y podríamos continuar así.

Pero hay algo menos obvio y más  profundo. Y aquí surge de nuevo ese famoso proceso de secularización, la llegada de esa “edad secular”, sobre los que he hablado a menudo en mis intervenciones, acogidas por Settimo Cielo.

Se puede decir que la modernidad tardía ha suscitado un intenso proceso de politización de las sociedades contemporáneas y, al mismo tiempo, un “desespiritualización” de las mismas. Un gran historiador italiano, laico, como Rosario Romeo decía a menudo que, en los últimos dos siglos, se había ido afirmando una ética nueva que había sustituido a la “antigua moral católica”, la que estaba basada en el pecado original, el infierno, el paraíso, etc. Dicho cambio había sido confirmado, en su opinión, por el “lugar cada vez más amplio [que en la sociedad contemporánea] ocupaban los valores políticos”. Esto tiene como consecuencia que los hombres y las mujeres de la modernidad tardía se miran perplejos cuando oyen hablar de la Iglesia como “cuerpo místico de Cristo”, pero en cambio la entienden muy bien cuando actúa como una agencia ética o ético-política.

Una parte consistente del catolicismo contemporáneo ha tomado acto de este “giro antropológico”, afirmando que aceptarlo era el único modo para encontrar un espacio de presencia cristiana renovada. Esta es la razón por la que Francisco propone “una resurrección total y únicamente política” –son las palabras, Sandro, que usted ha utilizado en su comentario a la carta pascual del papa a los “movimientos populares”– y habla tan a menudo de ecología y de Tercer Mundo. Sin embargo, creo que una tensión política de signo opuesto está presente en muchos de los adversarios de Francisco dentro de la Iglesia;  y en ellos, la reclamación de un “primado de lo espiritual” también coincide con una política distinta.

El hecho es que la secularización –como observó Benedicto XVI en Verona el 19 de octubre de 2006–, no se ha desarrollado sólo en el mundo en el que la Iglesia está inmersa y se mueve, sino que se ha apropiado de la misma Iglesia. “Aprendemos -dijo- a resistir a la ‘secularización interna’ que amenaza a la Iglesia en nuestro tiempo a consecuencia de los procesos de secularización que han marcado profundamente la civilización europea”.

El “primado de la política”, en las formas más variadas y contrapuestas de su discurso público, es una de las manifestaciones más asombrosas de dicha «secularización interna» de la Iglesia.

Comentarios
2 comentarios en “Francisco, el papa que hace política en directo. El análisis de un historiador de la Iglesia
  1. Es muy interesante e importante el comentario de Alberto Ramón. Como acertadamente señala, la interpretación de la historia como evolución ciega del acontecer meramente político y económico, es propio de las ideologías modernasi del comunismo – socialismo -liberalismo. . . . . Caracterizadas todas por un ateísmo en todo género. Por otro lado, la interpretación de San Agustín, verdaderamente teología de la Historia, interpreta la historia como la lucha de las dos ciudades, la Ciudad de Dios, la Ciudad del Mundo, es decir, la Ciudad sin Dios, y por lo tanto sometida al otro Poder que actúa en contrario. Pues bien, los católicos hemos de ser coherentes. En realidad somos hijos de los Santos Padres de la Iglesia, son nuestros Padres e interpretan rectamente nuestra fe. Son padres nuestros en la fe los filósofos modernos y postmodernos? Por favor! Entonces, hemos de ser coherentes. Hemos de analizar. Es por eso interesante el análisis de Alberto Ramón. Se basa en nuestra Tradición de fe. Aunque pienso Alberto Ramón que tal vez no se pueda simplificar tanto un juicio sobre la tarea de Papas como Juan XXIII, Pablo VI ,Juan Pablo II. Que son santos y eso cuenta a la hora de su vida y misión en la Iglesia. La Iglesia es Una, también en el sentido de que en lo específico y sustancial de la fe no hay oposición ni ruptura dese Cristo y los Apóstoles hasta hoy y siempre. Gracias por tu comentario.

  2. Frente a la gran cantidad de amigos progresistas de Sandro Magister que causan asombro y angustia y en artículos con exposiciones que son ambiguas y repletas de errores y que propagan errores de todo tipo; como simple católico me veo obligado a enseñar lo que siempre enseñó la Iglesia sobre la historia, a saber, nunca el primado de la política sino el primado de la teología en la historia de la humanidad y según San Agustín y las Sagradas Escrituras la ciudad de Dios luchando contra la ciudad terrenal o de Satán hasta el fin de los tiempos. Partimos de señalar que las afirmaciones del católico progresista y de izquierda Roberto Pertici por lo que puede verse son las mismas que utilizaron los masones para referirse a las diferencias entre la masonería y la Iglesia católica afirmaban los masones que esas diferencias eran exclusivamente políticas y no teológicas la misma explicación ha utilizado Roberto Pertici sobre la diferencia en el pontificado de Francisco con respecto a los papas anteriores lo cuál es erróneo las diferencias son principalmente teológicas. Procedo a exponer la verdadera historia a grandes rasgos según fue explicada desde las Sagradas Escrituras pasando por San Agustín en adelante incluso por grandes pontífices salvo en lo que señalo como errores de la Iglesia. La Iglesia siempre ha enseñado que lo que mueve la historia no es principalmente la política, ni las finanzas, ni lo social, ni lo económico sino especialmente lo teológico, es decir, ha existido, existe y existirá en este tiempo intrahistórico una guerra entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satán guerra sobrenatural y que se refiere a la religión y a la teología y que es el principal motor de la historia. A partir del Renacimiento surgen los primeros movimientos para la destrucción de la civilización cristiana, una búsqueda curiosa de gnosticismo, o sea, de conocimientos para salvarse el hombre a sí mismo pero no por la Iglesia sino por conocimientos mágicos y esotéricos y aparece un resurgimiento de la cábala y de la cábala cristiana que influye en la filosofía y en la teología de algunos autores católicos y que deforma y genera herejías, la cábala y el método de los rabinos que se basa en las preguntas sin límites y, por lo tanto, en la duda, aquí hay una búsqueda que se opone al camino de la fe no en el sentido de que rechace la fe sino que pone el método de la pregunta racional sobre el método de la fe y aspira a conocer por la sola razón todos los misterios e incluso a Dios, ello puede entenderse en ciertas ciencias particulares y humanas pero no en la verdad revelada que exige necesariamente partir de aceptar por medio de la fe gran parte de lo revelado por Dios debido a que gran parte de los revelado no puede ser conocido por el hombre por medio de la razón si Dios no se lo revela y porque el hombre debe aceptar misterios que suponen aceptar su condición de creatura humana y no de Creador o Dios, pero también debido a que aquella parte de la revelación que puede ser conocida por el hombre por medio de su razón no puede ser conocida sino por unos pocos, los sabios, y después de muchos esfuerzos y con muchos errores, por ello porque aquellas partes de los conocimientos revelados que le son posibles al hombre conocer por medio de su razonamiento era conveniente para nuestra salvación que también fueran revelados como los mandamientos, o sea, los preceptos de la conciencia que conocieron los gentiles o ley natural. Los cabalistas influyen sobre Lutero y su método: el libre examen tiene que ver con preguntas y dudas, es decir, dudar de las verdades de fe y de las Sagradas Escrituras, si uno duda de las verdades de fe lo que hace es reducir su fe y por último perder la fe, ese método es enseñado por su contacto con Lucifer con el que Lutero discute, la reforma protestante ha dado lugar al surgimiento de más de 30.000 iglesias y religiones diferentes, la destrucción de la fe y el surgimiento del teísmo y luego del ateísmo en autores protestantes y católicos actuales. Después Descartes aplica el método de la duda a la filosofía y, por supuesto, con la duda como método uno puede dudar de todo y llega al dudo, pienso luego existo, lo único que cree que puede conocer Descartes es su existencia y ni siquiera eso porque Freud dudará de la existencia de una unidad en el hombre y, luego, se hablará de la muerte del hombre en la postmodernidad, o sea, que dudando de todo no se llega a ninguna verdad pero además el método es aplicado incorrectamente porque no se duda de la capacidad del método para llegar a alguna verdad y es que la duda metódica no puede alcanzar ninguna verdad ni siquiera el pienso luego existo y Kant siguiendo a Descartes en el sentido de que el hombre puede conocer sólo sus ideas y no la realidad pasa a crear o inventar un mundo de ideas a priori para poder establecer la base de algo que llamará ciencia o filosofía pero esos aprioris no se sostienen en nada y pasamos al idealismo de Hegel y que es Hegel mismo convertido en todo lo que puede ser objeto de conocimiento y luego a la pérdida de la racionalidad y la sobrevaluación de lo inconciente e irracional con Freud y a la destrucción del hombre y del yo hasta Lacan con la muerte del hombre y de Dios hasta allí llega el proceso de duda pero falta todavía Jung y un resurgir del espiritismo, de la magia y del culto a los demonios o el satanismo en la visión del inconciente colectivo y en la forma de tratar con el mismo, último paso del ateísmo moderno al satanismo postmoderno, la duda en la fe y en la verdad ha llevado al hombre a los brazos de Satán. En el años 1717 se está organizando el Poder Oculto una de sus patas principales es la masonería, los papas denuncian a la masonería en distintas encíclicas, en un determinado momento el Poder Oculto tiene la capacidad de manejar imprentas, organizaciones militares y administrativas y de reunir gran cantidad de dinero y dispone la revolución en Francia, en Europa y en el Mundo que no es fruto de la pobreza y de la casualidad sino de la causalidad de decisiones y de la acción calculada y metódica de los masones, las distintas logias y otros poderes ocultos, la masonería no es política sino religión la revolución es la modernidad, se estructura como una secta con un culto esotérico, los que participaron de la revolución eran masones, los enciclopedistas, los iluministas, más de 300 logias en Francia, etc., los cabecillas que llevaron adelante la misma e incluso poco ante de los sucesos se podía ver en París todo tipo de gente de distintos países verdaderos malhechores armados con palos. A partir de entonces la masonería tuvo con el poder oculto el manejo de Europa y las revoluciones y conflictos armados. Las creaciones de los innovadores fueron no solamente la filosofía moderna y la civilización moderna sino una democracia diferente a la de Santo Tomás de Aquino porque ponía todo el poder del gobernante en las masas y separaba el poder del gobernante de Dios y de la Iglesia. Son creaciones de la revolución: el liberalismo y el comunismo junto con la democracia moderna que no tiene nada que ver con la democracia propuesta por el Aquinate y por la Iglesia. Lamennais fue un sacerdote que impulso el liberalismo católico que retomará Maritain fue excomulgado y su católico liberal era filosofía y teología modernista y se hizo sepultar excomulgado en una fosa común sin ninguna cruz, a estos sujetos se remite Roberto Pertici en su exposición. La Iglesia defiende los principios de toda civilización cristiana y de la evangelización: el poder temporal debe estar bajo el poder espiritual de la Iglesia, o sea, el gobierno debe ser católico pero los pontífices cometen el primer error para no dividir la Iglesia en distintos partidos políticos católicos no permite el uso de la palabra “católico” en los partidos políticos y ello genera que la Iglesia se divida en distintos partidos políticos no católicos que llevan al poder a gobiernos no católicos, a partir de entonces el destino de la civilización cristiana estaba sellado, dejando lo público y el gobierno en mano de no católicos y principalmente de masones la Iglesia comenzó a ser perseguida en todo el mundo primero de manera abierta y luego infiltrando en ella el Partido del Mundo en la Iglesia o la contraIglesia. Por otro lado, la ausencia de partidos políticos católicos obligó de hecho y no de derecho a los católicos a elegir a políticos, partidos y gobiernos no católicos, de allí, que al no existir una política católica con partidos católicos los católicos laicos, sacerdotes, obispos se vieron obligados a elegir en la práctica por la política no católica y, entonces, por medio del socialismo, comunismo y liberalismo entran ideas teológicas nuevas en la Iglesia que se llaman el modernismo católico un intento de la contraIglesia de que la Iglesia se ponga a trabajar para la construcción de un mundo moderno y una civilización moderna y, por lo tanto, para construir la ciudad terrenal y la ciudad de Satán y no la civilización cristiana y las deformaciones que se presentaron en la renuncia de hecho no de derecho a la civilización cristiana y a la cultura católica por la renuncia de hecho a la existencia de dos poderes uno terrenal bajo el poder espiritual de la Iglesia llevó a la paulatina destrucción de la Iglesia. En 1870 cuando el papa es expulsado del Vaticano por las fuerzas masónicas de la revolución italiana (Risorgimiento Italiano) la única nación que se opuso por medio de la diplomacia fue Ecuador. En 1917 con el milagro de Fátima cuando la Virgen le pide a Pío X junto con los obispos del mundo la consagración de Rusia al inmaculado corazón de María para evitar que los errores del comunismo se dispersen por el mundo la Iglesia no pueden hacerlo porque muchos de los obispos son socialistas y comunistas. Esta no es una cuestión política sino teológica que se relaciona con la evangelización y con la instauración de todas las cosas en Cristo, la Iglesia no puede dejar de lado transir de Cristo a lo público porque lo público forma el bien común político y el bien común político puede transformarse en mal común si se opone a la Iglesia y se rebela contra Ella, si no se construye un bien común político católico se construirá en la práctica un bien común político ateo que para tranquilidad de los necios útiles y de los progresistas católicos lleva el nombre de «laicista». Luego, el papa Pío XI lleva a cabo dos errores garrafales y podemos decir que graves pecados, el primero se relaciona con impulsar la defensa armada de la fe en México para después traicionar a los cristeros y entregarlos en manos del gobierno ateo y liberal a la masacre. El segundo error más grave aún es que en Francia persigue a la Acción Francesa y la destruye porque era un movimiento de derecha y, por lo tanto, apoya de hecho a la izquierda católica del Partido Popular, desde ese momento Francia se vuelve comunista y socialista, los católicos adhieren a ese comunismo y comienza a desarrollarse un pensamiento teológico acorde con el comunismo y el socialismo que es la Nueva Teología y el progresismo católico de Maritain en su Humanismo Integral que es progresismo y herejía. De allí surge toda una visión en la que la Iglesia es servidora del Mundo y no, también, Reina y Señora, sino que debe ayudar a construir el Mundo como el Mundo se construye, es decir, en contra de la Iglesia y para la destrucción de la Iglesia o como ciudad terrenal y de Satán opuesta a la ciudad de Dios. El nacional socialismo de Alemania e Italia son socialismos en los cuales no están representados los principios de la Iglesia ni siquiera en materia política como es el principio de subsidiariedad y Hitler tenía un culto por lo esotérico que corresponde al gnosticismo. Cuando asume un diplomático el gobierno del Vaticano bajo el nombre de Juan XXIII el Partido del Mundo dentro de la Iglesia está en condiciones de dar su primer gran golpe a la Institución, se trata del progresismo católico de Chenú O.P., Maritain, Congar, Rahner, etc. El golpe es el CVII y la nueva misa de Pablo VI, se adopta una visión pastoral muy inocente e ingenua de pretender dialogar con el Mundo, de considerar al Mundo como bueno y, por lo tanto, a la ciudad terrenal o de Satanás con las religiones naturales que la forman como buenas no solamente desde el punto de vista moral sino desde lo sobrenatural hay aquí una gran deformación de la teología que se introduce de manera ambigua. No hay declaraciones contra el comunismo y el socialismo en el CVII la mayoría de los obispos son comunistas o socialistas y progresistas católicos y ya no se combate la herejía del progresismo o modernismo católico por excomuniones y anatemas. La nueva misa de San Pablo es llevada a cabo bajo la dirección de un masón y se pone a la Iglesia dicente frente al sacerdote y al sacerdote frente a la Iglesia dicente para que se miren las caras y que sepan que son ellos y no Cristo el objeto de adoración y no hay contemplación alguna ni de la cruz de Cristo sino de las caras de los hombres y de sus gestos, movimientos y palabras recordándonos el elemento humano de la Iglesia sobre el sobrenatural, no hay contemplación ni silencio interior. Después, Juan Pablo II sigue adelante con la defensa de lo tradicional pero realiza los encuentros de Asís en los cuales pone a la religión sobrenatural en igualdad con las religiones naturales confunde ciudad de Dios con ciudad terrenal y de Satanás, se produce una serie de declaraciones en las cuáles pide perdón por la Iglesia y sus pecados cuando los pecados son de los hombres y no de las instituciones y no pueden atribuirse a generaciones posteriores pecados llevados a cabo por individuos específicos de otras generaciones, una barbaridad teológica, excomulga a Lefebvre y no permite la misa del rito extraordinario, luego, Benedicto XVI reinstala la misa del rito extraordinario que era la misa de siempre y que no podía ser prohibida por nadie pero continúa con los encuentros de Asís, es entonces que el Poder Oculto y el progresismo católico dan su más grande golpe hasta el momento, obligan a Benedicto XVI a renunciar por presiones de distinto tipo y llevan por el grupo de Sant Galle a la elección de Francisco. El Partido del Mundo en la Iglesia ya gobierna la Iglesia, es la contraIglesia dentro de la Iglesia, el progresismo católico, la suma de todas les herejías, comienza su accionar disolvente por medio de una reforma católica la encíclica Amoris Laetitia y su cambio de la moral que Seifert señaló que era una bomba atómica contra la moral católica cuyos argumentos están siendo utilizados para justificar y reducir a la nada casi cualquier pecado mortal en el actual sínodo de Alemania y contra la teología católica tradicional, la Amoris Laetitia hace del adulterio un pecado venial y ni siquiera un pecado, los ataques continuos a la integridad de la fe, la posición comunista del pontífice y ambientalista propia del NOM nombre actual del Poder Oculto, la promoción de dos cismas, a saber, el primero es la formación de una Iglesia católica reformista y comunista china dependiente del gobierno chino en la elección de obispos pronta a separarse de Roma por medio de un acuerdo secreto del papa Francisco que permitió la persecución de la Iglesia católica no comunista en China y el segundo cisma a corto plazo por el camino sinodal de Francisco y por el sínodo de Alemania y la formación de una nueva Iglesia católica reformista alemana pronta a separarse en lo económico, político y eclesiástico de Roma y cuyos resultados pueden extenderse a otros países que esperan que Alemania venza en la guerra contra Roma para avanzar ellos en el camino de independencia. Estamos ante un verdadero proceso de destrucción de la Iglesia católica para la construcción de una Iglesia reformista o de muchas porque la falta de una doctrina y tradición lleva a la dispersión y a la división en la Iglesia católica todo esto no es una cuestión puramente política sino un daño enorme a lo teológico y religioso y desde lo teológico llevado adelante por el progresismo católico y por el NOM. Saludos en María y en Cristo Rey

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