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Es más que el coronavirus, es un cambio en la historia. Que arrastra consigo a la Iglesia

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(s.m.) Quien ha reaccionado de inmediato a la estimulante intervención de Pietro De Marco en la entrada anterior es Roberto Pertici, docente de historia contemporánea en la universidad de Bérgamo y experto en relaciones entre Estado e Iglesia. Con estas enriquecedoras reflexiones.

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Estimado Magister:

El texto de Pietro De Marco, como siempre, me ha iluminado. Esta vez es incluso más brillante de lo habitual. Sin embargo, y hace años que me lo pregunto, no conseguimos comprender: 1) cómo ha llegado la Iglesia a la situación descrita por De Marco y 2) si y cómo es posible invertir el rumbo.

No creo que sea útil explicarlo todo utilizando el motivo de la “cesión doctrinal”, como hace el ala tradicionalista, que culpa al modernismo, el Concilio Vaticano II, etc., y como me parece que deja también entrever De Marco.

Cada vez me convenzo más de que la Iglesia no es, ciertamente, del mundo, pero vive “en el” mundo y, por consiguiente, en su influyen, más de lo que se suele admitir habitualmente, los procesos más generales de la sociedad contemporánea (como escribí hace un tiempo en relación al patriotismo de los sacerdotes italianos). En resumen, es necesario que miremos a estos procesos más generales en los que se insertan las vicisitudes de la Iglesia.

Entonces,  ¿qué ha sucedido en el mundo, en la sociedad occidental “in primis”, pero no sólo, a partir de 1945? ¿Cuánto ha influido este contexto en el rapidísimo cambio ocurrido en la cultura difundida en las jerarquías, en la base social de las parroquias, en el vaciamiento de los seminarios, en el cambio de la moral sexual, en las relaciones entre las personas, en la crisis del principio de autoridad, en el final de la trascendencia?

Respecto a estos aspectos, la cultura histórica (pero no sólo) algo ha dicho: basta con agarrar un libro de elevada síntesis como “El siglo corto” de Eric Hobsbawm y leer sus páginas sobre “La edad dorada” y sus efectos sociales y culturales para darse cuenta de ello. No es casualidad que el historiador inglés subraye, sin ningún tipo de complacencia, es más, con preocupación –¡él, que era marxista y comunista!–, que las primeras “víctimas” de esta inmensa transformación han sido la institución familiar y las Iglesias, no sólo la católica.

El paso –a nivel de mentalidad difundida y de sentido común, además de en la gran cultura– de una concepción prevalentemente holístico-jerárquica del mundo a una concepción individualista-igualitaria–, paso que tuvo un prólogo en 1945-1960 llegando más tarde a ponerse plenamente en marcha, planteaba por fuerza enormes problemas a la Iglesia católica, que desde el apóstol Pablo a la “Mystici Corporis” ha basado su eclesiología precisamente en esa visión anterior. En resumen, como decía Séneca, “ducunt volentem fata, nolentem trahunt”, el destino conduce a quién quiere hacerse guiar y arrastra a quien no quiere, ¡también a la Iglesia!

Por esto, la inversión de tendencia no podrá suceder sólo dentro de la Iglesia (¿y con qué fuerzas, además, si los sacerdotes ya razonan tal como ha descrito muy bien De Marco?), sino por un cambio global de paradigma, como sucedió después de 1945 y otras veces en la historia.

La Iglesia puede, en todo caso, dar su contribución a este cambio de paradigma. Bien visto, este era el proyecto de Benedicto XVI cuando invitaba a los no creyentes a vivir “veluti si Deus daretur”, como si Dios existiera, para construir una especie de frente común contra las fuerzas de la “sociedad líquida” (por utilizar una imagen desgastada).

Es por esto por lo que los teóricos de la “revolución individualista” consideran que el magisterio del papa Benedicto es un gran peligro y lo han combatido infatigablemente, seguidos -o, deberíamos decir, no obstaculizados en absoluto- por el grueso de la jerarquía y la intelectualidad católica.

Gracias y saludos cordiales.

Roberto Pertici

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(s.m.) Ha llegado otra reacción a la nota de Pietro De Marco (“le professeur”), esta vez de parte de un conocido sacerdote de Lyon, el padre Pierre Vignon, acerca del cual Settimo Cielo ha tenido ocasión de hablar en relación a la causa judicial del cardenal Philippe Barbarin.

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“AVEC MA RESPECTUOSE IMPERTINENCE…”

Cher Dottore Magister,

pouvez-vous faire suivre à votre professeur tragicomique à la noix, de la part d’un membre du clergé “vide et rhétorique”, qu’il devrait savoir, avec son degré supposé de science, que la religion n’est pas le lieu de transfert de ses angoisses?

Puisqu’il désire conserver la mentalité d’un homme du Moyen-âge, je lui conseille vivement d’organiser dans sa région des processions de flagellants. Quand un laïc trouve que son Église est défaillante, il faut faire face à la pénurie en se prenant en main. Je lui conseille aussi de demander, outre votre soutien à défaut de votre participation – car je pense qu’il vous reste un peu de bon sens pratique à défaut de sens ecclésial – d’obtenir la participation des cardinaux Burke et Sarah, avec leurs grandes queues et tous leurs bijoux, afin de les offrir en victimes expiatoires au courroux de leur divinité.

Vous trouverez à raison que je vous manque de respect, mais peut-on agir autrement quand on lit la réponse du professeur que vous relayez dans le monde entier? C’est en fait un devoir de charité, car il faut bien à un moment que quelqu’un vous dise que vous devez retourner contre vous le fouet dont vous ne cessez pas de vous servir contre l’Eglise telle qu’elle est aujourd’hui. Certes nos évêques ne sont pas des lumières mais, à tout prendre, ils éclairent mieux que les propositions des obscurantistes angoissés et stressés.

Avec ma respectueuse impertinence – car vous valez mieux que cette dernière publication – sachez que bien que je fasse partie de ce clergé “nul, vide et rhétorique”, je prie à votre intention, celle du professeur que je fustige et celle aussi de tous les vôtres.

Père Pierre Vignon

P. S. – On n’est pas obligé, si on ne se fait pas tuer par l’épidémie, de se faire tuer par le ridicule

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(En la foto, la plaza de San Pedro desierta, vista desde la ventana del papa, en el Ángelus del domingo 22 de marzo).

2 comentarios en “Es más que el coronavirus, es un cambio en la historia. Que arrastra consigo a la Iglesia
  1. «llegando más tarde a ponerse plenamente en marcha, planteaba por fuerza enormes problemas a la Iglesia católica, que desde el apóstol Pablo a la “Mystici Corporis” ha basado su eclesiología precisamente en esa visión anterior». Casi nada, de San Pablo a la Mystici Corporis tenemos la «visión anterior». Ese no es el lenguaje de la fe. La verdad revelada por Dios en la Escritura y enseñada por la Iglesia no es «anterior», es eterna. De nuevo, ojo con Sandro Magister cuando da entrada a temas doctrinales. Y no, claro, el modernismo no ha afectado en casi nada. Por favor…

  2. El coronavirus sólo ha sido como una venda que se cae y deja ver toda la podredumbre que guarda esta sociedad moderna. La deja ver en todo y en España no digamos. Gobiernos de 22 miembros con sus super gastos completamente inútiles, divididos y con la única ambición de ver quien de entre los socios arrima su sardina o quien gana más poder aprovechando el estado de alarma.
    Las Autonomías unas funcionan bien, otras regular y otras desastrosamente; su coordinación es muy dificil y cuando se va a hacer por fin algo es muy tarde. Resulta que compran material sanitario mejor que el Gobierno central que tiene el mando único.En unas se hacen los test que es lo bueno porque permiten aislar a contagiados por el virus y tenerlos localizados, en otras no y el Gobierno dice que en días llegará pero nada.
    Otros países parecido porque están en sus mantras de no se que economía, las agencias de calificación, y como en Francia creer se cree poco pues a falta de Dios ya creen en el sistema democrático como dijo Macrón. Vaya irresponsabilidad convocar unas elecciones municipales sabiendo lo que viene porque la democracia es las tablas de Moisés. (no se puede ser más tonto).
    ¿Y la Iglesia? se ve donde hay buenos obispos y sacerdotes y donde lo que importa es cualquier cosa menos las cosas de Dios. Un Decreto del Gobierno que no suspende las Misas cuando a muchos obispos se adelantaron a suspenderlas. ¿Cuantos morirán sin los últimos sacramentos? familiares sin ver a sus difuntos, sin poder enterrarlos ni siquiera dignamente. Seguro que hay muchos sacerdotes a tope jugándosela y dando consuelo porque en epidemias, guerras y pestilencia es cuando la caridad cristiana entra en juego y también en el enterrar a los muertos que es una obra de Misericordia. Eso es lo serio y no hablar en un programa donde se denigra todos los días a la Iglesia a hablar de lo malo que es el capitalismo, a hacer populismo barato y a decir que la tierra está muy enfadada y que Dios perdona siempre, los humanos alguna vez pero la Tierra nunca. Teológiamente no hay por donde cogerlo o es que el pecado no influye en los acontecimientos por mucho que Dios si se le pide con arrepentimiento te perdona. El pecado trae consecuencias. ¿Por qué afecta menos a sociedades pobres, de mucha natalidad, y bregados en tanta desgracia? nos afecta como sociedad occidental que está a punto de caer entre demagogia barata, inutilidad manifiesta, entre washapps, correos electrónicos y bulos y gente en los balcones bailando. Me hace recordar que cuando Dios mande la señal definitiva a mcuhos los haallará festejando. Que ceguera y que infantilismo.

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