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En Ucrania, entre ortodoxos y católicos, Francisco tomó partido por Moscú

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Las palabras dirigidas por el papa Francisco a la delegación del patriarcado de Moscú, recibida en audiencia el miércoles 30 de mayo (ver foto), evidentemente debían permanecer reservadas.

Pero el 2 de junio la sala de prensa de la Santa Sede dio a conocer la transcripción textual del discurso. Que en ese punto no podía mantener más en secreto, porque imprevistamente la página web Rome Reports había difundido un video con los pasajes claves, y sobre todo el sitio oficial del patriarcado de Moscú había informado ampliamente, con plena satisfacción, lo que había declarado el Papa.

Satisfacción comprensible, visto como Francisco abrazó las tesis del patriarcado de Moscú y, por el contrario, condenó con palabras muy ásperas las posiciones de la Iglesia greco-católica ucrania.

A continuación, transcribimos lo que dijo Francisco a la delegación del patriarcado de Moscú, encabezada por su poderoso “ministro de Asuntos Exteriores”, el metropolitano Hilarion, de Volokolamsk:

“Frente a ustedes quiero confirmar – en modo especial frente a ti, querido hermano, y frente todos ustedes – que la Iglesia Católica jamás permitirá que desde los suyos nazca una actitud de división. Jamás permitiremos hacer esto, no lo quiero. En Moscú – en Rusia – hay un solo patriarcado: el de ustedes. Nosotros no tendremos otro. Y cuando algún fiel católico, sea laico, sacerdote u obispo, toma la bandera de los uniatas, que ya no tiene vigencia, que ha terminado, para mí es un dolor. Se deben respetar a las Iglesias que están unidas a Roma, pero el uniatismo como camino de unidad hoy no va”.

Y más adelante dice:

“La Iglesia Católica, las Iglesias católicas no deben inmiscuirse en las cuestiones internas de la Iglesia Ortodoxa Rusa, ni siquiera en las cuestiones políticas. Ésta es mi actitud, y la actitud de la Santa Sede hoy. Y aquéllos que se inmiscuyen no obedecen a la Santa Sede”.

A un no especialista estas palabras de Francisco pueden parecer escritas en clave. Pero se tornan clarísimas apenas se describen los antecedentes.

En primer lugar, hay que despejar un malentendido. Cuando el Papa parece decir que no pretende crear algún “patriarcado” católico alternativo al patriarcado ortodoxo de Moscú, él no piensa en Rusia – donde los católicos de rito oriental llegan a duras penas a 2000 y son atendidos por un obispo de rito latino – sino en Ucrania, donde la Iglesia greco-católica tiene 4 millones de fieles y aspira fuertemente, desde hace tiempo, a constituirse en patriarcado, más aún, ahora con frecuencia se considera y actúa como tal.

En el 2003, la elevación a patriarcado de la Iglesia greco-católica ucraniana parecía casi hecha. Y curiosamente, como promotor en Roma tenía al cardenal – hoy ultrabergogliano – Walter Kasper, quien en esa época era presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los  Cristianos y fue el que envió al patriarca de Moscú una carta para anunciarle el giro inminente.

Se desencadenó la tormenta. Cuando también el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, vio esa carta, escribió a Roma una respuesta incendiaria, amenazando con una ruptura total del diálogo ecuménico. La carta de Bartolomé al Papa, fechada el 29 de noviembre de 2003, se hizo pública en el mensuario católico internacional “30 Giorni” y el Vaticano dio marcha atrás.

Pero también el campo ortodoxo tiene sus conflictos internos, con el epicentro en Ucrania.

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Ucrania es la tierra natal de la Rusia ortodoxa y es allí que el patriarcado de Moscú tiene gran parte de sus fieles y recoge muchas vocaciones y una gran parte de su propio sostén económico.

Pero hoy la Iglesia ortodoxa ucraniana que forma parte del patriarcado de Moscú es solamente una de las tres facciones ortodoxas presentes en este país y es la única en ser reconocida canónicamente por toda la ortodoxia, con el metropolitano Onufry.

En efecto, han surgido en Ucrania, en las décadas pasadas, en primer lugar, un patriarcado rival de Moscú y declarado cismático por éste último, con un patriarca que fue un alto jerarca de la Iglesia rusa, Filarete, y después otra Iglesia ortodoxa ucraniana auto céfala, con el metropolitano Metodio.

Ahora bien, desde hace algún tiempo crece el impulso – también político, con el gobierno de Kiev muy activo – de unificar estas tres Iglesias en una nueva realidad autónoma, bajo la égida de Bartolomé, el patriarca ecuménico de Constantinopla.

Quien se ha comprometido mucho en esta dirección. Y ha informado personalmente al papa Francisco, con quien se encontró en Roma el pasado 26 de mayo.

La solución ideada por Bartolomé es similar a la que puso fin en el Medioevo al cisma de Occidente, cuando los tres Papas en el cargo presentaron sus renuncias para llegar a la elección de un nuevo Papa reconocido por todos.

En el plan de Bartolomé, las tres Iglesias ortodoxas hoy presentes en Ucrania deberían renunciar a la jurisdicción que ejercen actualmente para permitir la creación de un nuevo sujeto eclesial ortodoxo en el que confluyan los respectivos obispos, sacerdotes y fieles.

Esta nueva Iglesia ortodoxa ucraniana unificada no sería necesariamente un patriarcado, sino que gozaría de todas maneras de su autonomía y autocefalía.

Y para el patriarcado de Moscú esto costaría muy caro, porque perdería su presencia en Ucrania, actualmente asegurada por la Iglesia ortodoxa sometida a su jurisdicción.

En Moscú, el patriarca Cirilo e Hilarión, su brazo derecho, han sido muy desconfiados frente a esta operación. Y todavía más hostil es el presidente ruso Vladimir Putin, quien está en guerra con Ucrania y no quiere para nada ver disminuir su dominio sobre la región, por obra de corrientes autonomistas religiosas y políticas.

Pero no se excluye que el patriarca de Constantinopla, Bartolomé, quiera de todos modos llevar la operación a buen puerto, aunque con la oposición de Moscú. Se reproduciría, en este caso, lo que sucedió en el 2016 con el Concilio pan-ortodoxo, fuertemente querido por Bartolomé y finalmente celebrado a pesar de la defección del patriarcado de Moscú.

¿Y la Iglesia greco-católica ucraniana que rol quiere desempeñar en esta situación?

Ciertamente esta Iglesia está muy activa en el respaldo a la reunificación de las tres Iglesias ortodoxas, incluida la Iglesia más anti-rusa que tiene en Filarete a su autodenominado patriarca. Pero los dirigentes del patriarcado de Moscú la acusan de algo mucho más grave: querer reconducir subrepticiamente este reunificado mundo ortodoxo ucraniano a la unidad también con los greco-católicos y, en consecuencia, a la obediencia a la Iglesia de Roma.

Éste es el “uniatismo” que también el papa Francisco ha condenado sin términos medios, en su discurso del 30 de mayo a la delegación del patriarcado de Moscú. Para los ortodoxos, el “uniatismo” es lo más intolerable que existe. Significa el mimetismo de los que muestran asemejarse en todo a ellos, en las liturgias greco-bizantinas, en las costumbres, en el calendario, en el clero casado, pero además obedece – y quiere hacer obedecer – al papa de Roma.

A la cabeza de la Iglesia greco-católica ucraniana, con el título de arzobispo mayor, está Sviatoslav Shevchuk, de 48 años, personalidad dinámica y de gran inteligencia, que Jorge Mario Bergoglio conoce personalmente a causa de un período transcurrido por él en Buenos Aires, al cuidado de los emigrados ucranianos en Argentina.

Esto no quita que el papa Francisco haya dirigido precisamente contra él, sin dar el nombre, las palabras más duras de su discurso del 30 de mayo, ordenándole “no inmiscuirse en las cuestiones internas” de la ortodoxia.

Entre Shevchuk, Cirilo y Bartolomé, entonces, en estas circunstancias, el Papa se distancia claramente del primero, como hizo también a propósito de la agresión rusa a Ucrania.

Mientras que entre Cirilo y Bartolomé busca ser amigo de ambos. Con mayor preferencia por el patriarca ruso, en caso de tener que elegir entre los dos.

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Se puede destacar, confirmando esta última preferencia del Papa, la inexistente concesión por parte de Francisco de un lugar de culto en Roma para los fieles ortodoxos de tradición rusa que están bajo la jurisdicción de Bartolomé.

El patriarcado ecuménico de Constantinopla incluye, efectivamente, un exarcado para los rusos ortodoxos que viven en Europa occidental, exarcado que tiene su sede en París, en el célebre instituto teológico de Saint-Serge.

Una comunidad de tradición rusa que pertenece a este exarcado se encuentra también en Roma, pero allí – a diferencia de otras Iglesias ortodoxas, entre las cuales se cuenta el poderoso patriarcado de Moscú – no tiene su iglesia.

El arzobispo Job, de Telmessos, de origen ucraniano y de apellido Getcha, ex exarca patriarcal en París y desde fines del 2015 número uno del patriarcado de Constantinopla para las relaciones ecuménicas, co-presidente de la Comisión mixta para el diálogo teológico católico-ortodoxo, ha pedido al papa Francisco el otorgamiento de una iglesia en Roma, exactamente la de San Basilio en los Jardines de Salustio.

Pero el pedido no ha sido escuchado. Sustraída a los monjes basilianos de Grottaferrata, la iglesia de San Basilio ha sido confiada a los monjes de la Iglesia católica greco-melquita, cuyo patriarca es el de Antioquía

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