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En la Ortodoxia hay un cisma entre Moscú y Constantinopla, pero Roma no sabe con quién quedarse

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En un momento en el que corren los rumores sobre el lugar y la fecha del cacareado nuevo encuentro entre el papa Francisco y Cirilo, el patriarca ortodoxo de Moscú -que ahora se prevé que tenga lugar en la abadía húngara de Pannonhalma, al no ser posible Kazajistán-, las relaciones entre el Catolicismo y la Ortodoxia están realmente paralizadas.

Lo que está causando grandes dificultades a Francisco es lo que está ocurriendo dentro del mundo ortodoxo. Donde Cirilo está en abierto conflicto, al borde del cisma, con dos de los patriarcados históricos de Oriente, los de Constantinopla y Alejandría, el primero especialmente cercano a Roma.

Lo que enfureció a Cirilo, hasta el punto de romper la comunión eucarística con Bartolomé, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, fue la decisión de este último, formalizada el 6 de enero de 2019, de reconocer la autonomía respecto a Moscú de la recién creada Iglesia Ortodoxa de Ucrania, encabezada por el metropolitano Epifanio.

El Patriarcado de Moscú condenó inmediatamente este reconocimiento como ilegítimo. Moscú considera a la Iglesia ucraniana como parte de sí misma, desde tiempos inmemoriales, y de hecho una parte conspicua de la ortodoxia ucraniana, con el metropolitano Onufrio, sigue sometida al Patriarcado de Moscú. Por el contrario, Bartolomé, como patriarca ecuménico y «primus inter partes» en todo el mundo ortodoxo, se considera con autoridad para dar vida a Iglesias “autocéfalas”, que se gobiernan a sí mismas, y actúa en consecuencia.

Si a esto añadimos el estado de guerra entre Rusia y Ucrania y los estrechísimos lazos entre Cirilo y el presidente ruso Vladimir Putin, podemos entender la radicalidad del enfrentamiento entre ambos patriarcados, que en última instancia consiste en la negativa del Patriarca de Moscú a reconocer la autoridad primacial que reclama el Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

Fortalecido por su peso numérico y político en el ámbito de la Ortodoxia, Moscú advirtió inmediatamente a todas las demás Iglesias Ortodoxas que no reconocieran a la nueva Iglesia Ortodoxa Ucraniana. Sólo lo hicieron las Iglesias de Grecia y Chipre, las más vinculadas a Constantinopla. Pero ahora que Teodoro II de Alejandría, el patriarca greco-ortodoxo de Alejandría “y de todo África”, ha hecho lo mismo, Moscú ha reaccionado de una manera que nadie esperaba.

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La primera señal se remonta a diciembre de 2019, cuando el Patriarcado de Moscú arrebató al Patriarcado de Alejandría seis parroquias africanas y las vinculó a sí mismo, confiándolas a misioneros rusos.

En la Ortodoxia, cada patriarcado tiene autoridad sobre su propio territorio canónico, en el que ningún otro patriarcado puede interferir, y África pertenece por antigua tradición al patriarcado de Alejandría.

Pero en Moscú han roto justamente con esta tradición, al invadir el terreno de los demás, es decir, haciendo a los demás lo que nunca han tolerado para sí mismos. El pasado 29 de diciembre el sínodo del patriarcado ruso instituyó su propio exarcado para África, con dos diócesis: una con sede en El Cairo y con jurisdicción sobre la parte norte del continente, y la segunda con sede en Sudáfrica, para la parte sur. A las dos diócesis se asociaron 102 sacerdotes, quienes fueron transferidos del patriarcado de Alejandría a la obediencia a Moscú.

El nuevo exarcado no tiene su sede central en África sino en Moscú y ha sido confiado al arzobispo Leonid de Vladikavkaz, con el título de exarca de África.

La reacción de Alejandría fue inmediata. El 30 de diciembre, el Patriarca Teodoro II expresó su “profundo dolor por la decisión sinodal del Patriarcado ruso de instituir un exarcado en los territorios canónicos de la jurisdicción de la antigua Iglesia de Alejandría”. Y anunció que la cuestión se habría discutido “en una sesión cercana del sínodo del patriarcado” en la que “se habrán tomado decisiones importantes”: es decir, en la misma sesión del sínodo ya convocada para el 10 de enero para proceder también al nombramiento del sucesor del difunto metropolitano de Kampala y de toda Uganda, Jonah Lwanga, una personalidad de gran talla y de espiritualidad ejemplar, pilar africano del patriarcado alejandrino.

En una declaración emitida el 12 de enero al término de la sesión sinodal, el Patriarcado de Alejandría denunció la “pestilente confusión” creada por la Iglesia rusa entre “los hijos en Cristo que hemos engendrado”, los fieles africanos, y anunció “la aplicación fiel e inmediata de las sanciones eclesiásticas, prescritas por los divinos y santos cánones, para los transgresores», pero sin explicitar si estas sanciones incluirían la ruptura de la comunión eucarística con la Iglesia rusa.

Pero los objetivos de la Iglesia Ortodoxa Rusa no se limitan a África, sino que quieren golpear en otros lugares y más alto. En una entrevista concedida a la agencia de noticias Novosti, el poderoso metropolita Hilarión de Volokolamsk, presidente del departamento de relaciones exteriores del Patriarcado de Moscú, afirmó que la Iglesia rusa podría hacer en Turquía lo mismo que hace en África, porque “no podemos negar la atención pastoral a los fieles ortodoxos en una situación en la que el Patriarcado de Constantinopla se ha puesto del lado del cisma”.

Por lo tanto, no se puede descartar que Moscú proceda pronto a establecer sus propias parroquias también en Turquía, es decir, en el territorio canónico del Patriarcado de Constantinopla. Pero hay más. En la misma entrevista mencionada anteriormente, el metropolitano Hilarión declaró que sólo “la visión conciliar de la Iglesia puede sanar el cisma en el mundo de la comunidad ortodoxa”. Palabras sibilinas que piden la convocatoria de una cumbre entre los jefes de las Iglesias ortodoxas, del tipo de la celebrada por primera vez en Ammán, Jordania, el 26 de febrero de 2020.

En realidad, en Ammán se reunieron solamente los jefes de unas pocas Iglesias, las más cercanas al Patriarcado de Moscú. Y fue Cirilo quien dictó la línea.

Cirilo evocó el cisma de 1054 entre Constantinopla y Roma, para añadir inmediatamente que hoy, después de un milenio, la Ortodoxia se enfrenta de nuevo a un cisma que también tiene sus raíces en una visión diferente del “primado”.

Sin nombrar en ningún momento al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, pero refiriéndose a él en forma transparente, Cirilo señaló justamente a Bartolomé como el culpable del nuevo cisma, porque haciendo uso de su título de “primus inter pares” pretende decidir por sí solo por todos, sin aceptar “un sistema de control conciliar sobre los actos de la sede primada”.

En Ammán, Cirilo expuso seis puntos para debatir en una futura cumbre, los seis destinados a redimensionar los poderes del Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

Y es precisamente ésta la meta a la que quiere llegar el Patriarcado de Moscú. Después de haber hecho fracasar con su ausencia el Concilio Pan-Ortodoxo convocado por Bartolomé en Creta en 2016, después de sesenta años de atormentada preparación, ahora Cirilo quiere gobernar él mismo la futura cumbre, con el objetivo de desarmar al rival “cismático” de Constantinopla de toda autoridad primacial.

El primer encuentro entre el papa Francisco y Cirilo (ver foto) tuvo lugar en el aeropuerto de La Habana el 12 de febrero de 2016, cuatro meses antes del fallido concilio Pan-Ortodoxo. El segundo encuentro entre los dos, si se produce y cuando se produzca, podría presagiar una ruptura definitiva en el campo de la Ortodoxia.

Pero ya hoy, entre Moscú y Constantinopla, no es fácil para Roma encontrar el camino justo.

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Para una reconstrucción más detallada del enfrentamiento entre los patriarcados de Moscú, Alejandría y Constantinopla, con la firma del estudioso de la Ortodoxia, Peter Anderson, de Seattle:

> More developments relating to Orthodox Africa (4.1.2022)

> Alexandrian synod to make major decisions (7.1.2022)

> Response from Alexandria and other Orthodox news (12.1.2022)

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