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El Sínodo de Alemania tiene al menos tres antecedentes. Y todos acabaron en cisma

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El “Synodale Weg” que se celebra en Alemania está resultando cada día más un riesgo serio para el “camino” de la Iglesia católica, no solo alemana sino universal.

Para darse cuenta de ello, no hay más que hojear los documentos que hasta ahora ha publicado:

> Sexo, mujeres, poder. Los tres desafíos que Alemania lanza a la Iglesia

Y también hay que leer la preocupación que ha creado en un papa incluso germanófilo como Francisco:

> Francisco y el cisma de Alemania. Crónica de una pesadilla

En Settimo Cielo, el profesor Pietro De Marco ha criticado a fondo, varias veces, las posturas teológicas y eclesiológicas de la asamblea:

> El sínodo de la Iglesia alemana, bajo la lupa de un analista. Una revolución que se autodestruye
> Desde el sínodo de Alemania al monasterio de Bose. Anatomía de las revoluciones católicas

Pero también un análisis de carácter histórico puede resultar, como siempre, ilustrativo. Como el que esboza a continuación Roberto Pertici, profesor de historia contemporánea en la universidad de Bérgamo y especialista de relaciones entre Estado e Iglesia.

De hecho, la agenda y los objetivos del actual sínodo de Alemania se parecen mucho a las exigencias reformadoras de tres corrientes del catolicismo alemán del siglo XIX, que luego desembocaron en un cisma.

Pero con una diferencia que Pertici señala. Mientras que esas tres corrientes solo encontraron un mínimo apoyo en pocos y aislados exponentes del episcopado alemán, hoy son casi todos los obispos de Alemania los que se han alineado a favor de las arriesgadas reformas sinodales.

Y lo que les ha puesto de acuerdo es la intención de separar a la Iglesia católica de su “romanidad”, con un proceso de “desconfesionalización” a la manera de la llevada a cabo por los protestantes, como el propio Pertici explicó en un artículo de Settimo Cielo hace dos años:

> La reforma de Bergoglio ya la escribió Martin Lutero

Con una puntual coincidencia, el último domingo de Pentecostés, 30 teólogos católicos y protestantes alemanes –con su portavoz Johanna Rahner– firmaron una petición para revocar tanto la excomunión católica a Lutero, como la designación luterana del papa como “Anticristo”:

> Theologin über Luther-Bannbulle: Aufhebung wäre «ökumenisches Zeichen»

¡Feliz lectura!

*

La Iglesia alemana entre “reclamo nacional” y primado romano

de Roberto Pertici

Los artículos de Sandro Magister y Pietro De Marco sobre el “Synodale Weg” que se está celebrando en Alemania y la posible deriva cismática de la Iglesia alemana tienen un gran interés para quienes intentan comprender la relación entre la Iglesia católica y la sociedad contemporánea.

Y sin embargo el historiador, incluso el profano de la complicadísima historia religiosa de Alemania, tiene la impresión de un “déjà-vu”. Aunque sea con contenidos parcialmente nuevos, impuestos por el desarrollo sociocultural de los últimos cincuenta años, nos encontramos ante el enésimo intento de formar una especie de Iglesia nacional por parte de ciertas figuras y ciertos ambientes –hoy, parece, mayoritarios– del catolicismo alemán, con objeto de recomponer a medio-largo plazo la unidad religiosa de Alemania y de recomponerla con una sustancial protestantización de su teología, liturgia y organización interna.

Si no tenemos presente esta aspiración –otro diría esta tentación
– nacional, corremos el riesgo de reducir todo a una deriva teológica, a una lucha entre ortodoxia y heterodoxia, a un conflicto intraeclesial: todo esto es verdad, pero tal vez no suficiente para explicar perfectamente el fenómeno que tenemos delante.

El catolicismo alemán ha oscilado con frecuencia entre este “reclamo nacional” (prácticamente una atracción, quizá no confesada, hacia el protestantismo, con el que –no debemos olvidarlo– vive en simbiosis) y el reconocimiento del primado romano: oscilación aún más dolorosa y dramática provocada por el hecho de que, de Lutero y Ulrich von Hutten en adelante, la identidad germánica se ha formado precisamente en contraposición con la “Babilonia” romana. ¿Se puede ser a la vez “buenos alemanes” y católicos, es decir, obedientes a un poder lejano y odiado por tantos compatriotas? Esta pregunta ha serpenteado a lo largo de los siglos de la historia alemana, hasta el Kulturkampf de Bismarck y la política religiosa del Tercer Reich.

Durante los primeros años del siglo XIX, la figura más eminente de dicho “reclamo nacional” y de la propuesta teológico-educativa que lo sustenta fue Heinrich Ignaz von Wessenberg (1774-1860), vicario general y administrador obispal de la diócesis de Constanza, que propuso y defendió su programa para una Iglesia nacional alemana nada más ni nada menos que en el Congreso de Viena. Llevaba consigo las típicas tesis anti-romanas de la tradición “febroniana” (reducción de las prerrogativas papales a un simple primado de honor y no de jurisdicción; mayor importancia del cuerpo episcopal; supremacía del concilio sobre el papa; el derecho de las prerrogativas estatales contra las injerencias de la sede papal) y la polémica de la ilustración católica contra la manía de las peregrinaciones, el culto de las reliquias, el autoritarismo de las instituciones eclesiásticas.

Franz Schnabel, el gran historiador de la Alemania decimonónica, sintetiza así las ideas religiosas de Wessenberg: sustitución de la ciencia escolástica por la racionalista; institución de parlamentos eclesiásticos en la diócesis; formación del clero según la ciencia más moderna; puesta en discusión del celibato eclesiástico; reforma de la vida litúrgica, haciendo que la predicación sea “la parte más importante de la cura de almas”; introducción de la misa en alemán y germanización del breviario, el canto y el libro de devoción; hostilidad hacia las peregrinaciones y órdenes mendicantes; reforma de la arquitectura eclesiástica según el uso protestante o puritano, austera y lo más gris posible (en el altar mayor solo se admitía a Cristo, se evitaban las imágenes de santos, a excepción de los patronos de las iglesias, pero que debían colocarse solo en los altares laterales “mientras estos existieran”). Una ordenanza suya sobre los matrimonios permitía la bendición de los matrimonios interconfesionales, a condición de que los hijos varones siguieran la confesión del padre y las hijas la de la madre.

Sin ánimo de crear cortocircuitos históricos, ¿no se advierte un cierto aire familiar respecto a las tesis del actual “Synodale Weg”?

Otro clamoroso ejemplo del “reclamo nacional” fue el cisma del sacerdote silesiano Joahannes Ronge a mitad de los años cuarenta del siglo XIX, tres décadas después del Congreso de Viena, décadas en las que la conciencia nacional alemana se había desarrollado y sobreexcitado enormemente, mientras que el ultramontanismo había dominado la política papal.

También Ronge había heredado la tradición “febroniana”, aún viva en Silesia. En octubre de 1844, escribió una carta abierta al obispo de Tréveris, Arnoldi, para denunciar la exposición decidida por este de una famosa reliquia, la “Túnica de Cristo”, a la que habían acudido medio millón de peregrinos. Ronge acusaba a Arnoldi de manipular conscientemente al ingenuo fiel católico con una “puesta en escena no cristiana”, destinada a llenar las arcas eclesiásticas y promover la “esclavitud material y espiritual de Alemania” a Roma. El cura silesiano se dirigía a dos públicos diferentes, proporcionando a cada uno un objetivo específico: invitaba a los racionalistas presentes en el clero católico a oponerse al conformismo teológico, y a los “compatriotas alemanes, tanto católicos como protestantes” a superar la separación confesional de Alemania. Después de la excomunión, en diciembre de 1844, anunció la fundación de una “Iglesia general alemana” separada (véase a este respecto: Todd H. Weir, “Secularism and Religion in Nineteenth-Century Germany: The Rise of the Fourth Confession”, Cambridge University Press, 2014).

Como muchos seguidores de Wessenberg después de 1830, también Ronge fue radicalizando sus posturas políticas y religiosas: participó en los hechos del parlamento de Frankfurt en 1848-49, luego se exilió a Gran Bretaña, donde se convirtió en un exponente del “secularismo” y el librepensamiento.

Otro cisma de profesores e intelectuales –aunque no faltó el apoyo de un ilustre prelado e historiador como Ignaz von Döllinger– fue también el de los Altkatholiken, los veterocatólicos, en 1871, en oposición a la proclamación del dogma de la infalibilidad pontificia votado por el Concilio Vaticano I el 18 de julio de 1870. Según uno de sus líderes, el gran canonista Johann Friedrich von Schulte, ese dogma cambiaba la naturaleza de la Iglesia y su constitución apostólica y suponía una amenaza para los Estados, porque daría a la Santa Sede enormes posibilidades de intervención en su vida interna, pues exigía la ciega obediencia de episcopado, clero y fieles. Este peligro se perfilaba especialmente para el nuevo Imperio germánico, fundado el 18 de enero de 1871, en el que había una importante presencia católica, con mucha influencia sobre todo en algunos Estados, y un nuevo partido católico, el Zentrum, que amenazaba con convertirse en la “longa manus” del Vaticano en la política alemana.

Así pues, las preocupaciones dogmáticas y religiosas y las preocupaciones nacionales y anti-romanas convivían en Schulte y en los Altkatholiken, con la falsa ilusión de encontrar un apoyo en el episcopado alemán que, en cambio –excepto muy raras excepciones–, se alineó con la mayoría defensora de la infalibilidad. Entonces los Altkatholiken buscaron un interlocutor en los vértices del nuevo Reich, en particular en el príncipe de Bismarck, y es sabido que esta alianza fue luego una de las bases del sucesivo Kulturkampf.

Estos tres intentos encontraron la firme condena de la Santa Sede, con procesos canónicos y excomuniones, y tuvieron un escaso seguimiento en el clero y el laicado, aunque la secta de Ronge, la de los Deutschkatholiken, sobrevivió varios decenios y la Iglesia veterocatólica todavía existe hoy. Repito: sin exagerar con los paralelismos históricos, parece que el “camino sinodal” emprendido actualmente (que sin duda habría sorprendido por su radicalismo a Wessenberg y puede que también al primer Ronge y a Döllinger) ha conquistado a la jerarquía de Alemania casi en su totalidad.

Creo que la filosofía de fondo del actual “Synodale Weg” fue señalada hace años por un eminente hombre de Iglesia alemán como el cardenal Walter Kasper. Ya he tenido ocasión de hablar a los lectores de Settimo Cielo de una conferencia suya sobre Lutero pronunciada el 18 de enero de 2016 (W. Kasper, “Martin Lutero. Una prospettiva ecumenica”, Brescia, Queriniana, 2016) y la propuesta que contenía de una “desconfesionalización” tanto de las confesiones protestantes como de la Iglesia católica: una especie de regreso al “status quo ante” el estallido de los conflictos religiosos del siglo XVI. Como ya se había llevado a cabo una amplia “desconfesionalización” en campo luterano, entonces le tocaría al mundo católico proceder con mayor valentía en esta dirección: Kasper habla de un “redescubrimiento de la catolicidad originaria, no restringida a un punto de vista confesional”. Está claro que las propuestas de Kasper están dirigidas a la Iglesia universal, pero aun así son evidentes sus raíces alemanas.

El “camino sinodal” que la jerarquía católica alemana se propone está precisamente hecho en vista de esta “desconfesionalización” y, por tanto, también de un encuentro con los demás componentes del cristianismo germánico. Sin duda tiene detrás el proceso teológico nítidamente indicado por Pietro De Marco, pero más bien parece un clásico proceso histórico “por agotamiento”. La impresión es que las razones y los motivos clásicos de la teología y la eclesiología católica a los que De Marco hace referencia ya no interesan verdaderamente a nadie en la mayoría de la jerarquía y el mundo católico alemán, que ahora tiene una orientación más “política” –como advierte también De Marco– que “teológica” de los problemas fundamentales, en línea, por otro lado, con la cada vez mayor centralidad de la política en el discurso católico. Si el “camino sinodal” sigue adelante y se lleva a cabo, ¿qué habrá que hacer verdaderamente para recomponer la unidad religiosa de Alemania, por lo menos en la vida de los fieles que quedan?

¿Y Roma? “L’intendance suivra!” [“La intendencia nos seguirá”, frase atribuida a Charles De Gaulle, ndt]. Tengo la impresión que esto es lo que piensan los obispos alemanes: que también Roma, con todo su bagaje, antes o después los seguirá.

6 comentarios en “El Sínodo de Alemania tiene al menos tres antecedentes. Y todos acabaron en cisma
  1. El obispo y sacerdote que omite obrar de manera tal de crear una milicia católica o que dificulta su formación para enfrentar el NOM en la Iglesia, llamado por Viganó, Iglesia profunda y, por otros, como Partido del Mundo en la Iglesia, antiIglesia y contraIglesia peca mortalmente y come en la Eucaristía su propia condenación. No basta con hacer algo de manera aislada y sin tener presente que la Iglesia es comunidad de creyente y que deben obrar como comunidad. La evangelización tiene que tener como pilar enfrentar las herejías y el Partido del Mundo en la Iglesia sino se vuelve insignificante frente a los ataques.
    Basta de evitar la buena lucha, basta de querer entender la prudencia como una astucia que pasa por cobardía y que trata de evitar de todas las formas posibles cualquier riesgo para la propia persona del obispo y sacerdote y para su prestigio y basta de enseñar esta cobardía como virtud. Basta de desunión y espíritu de división en la Iglesia. La batalla ya está a la vista y la primera andanada será del sínodo alemán.
    Es necesario que la Iglesia cumpla su función de colaborar con Dios en la obra de salvación que sus obispos y sacerdotes formen una milicia católica capaz de establecer ciertos consensos mínimos sin el espíritu de división y el pensar cada uno diferente y de manera novadora para evitar actuar, no hacen más, estos obispos y sacerdotes, con ese comportamiento que favorecer a los enemigos de la Iglesia, la misma lucha de egos por quién es el primero en el Reino de los Cielos no hace más que ayudar a los que conspiran organizadamente con aquella la astucia propia de los hijos de la oscuridad contra la Iglesia.
    No es digno de católicos y menos de obispos y sacerdotes no ceder un ápice en lo que cada uno piensa para llegar a cierta estrategia y cierto pensamiento compartido de cómo llevar adelante la lucha contra este nuevo protestantismo del progresismo católico que va a llevar a la destrucción de la Iglesia católica y a la creación de cientos de religiones e Iglesias separadas.
    Lo que el Apocalipsis llama dar muerte a la mala mujer y repartirse los vestidos, ¿y no es una mala mujer ese Vaticano profundo esa Iglesia profunda del abismo de que nos habla Viganó en su carta a Trump?
    La mala mujer no deja de ser mujer nos dice Castellani y sigue siendo Iglesia terrenal influida y gobernada, adulterada por el Partido del Mundo dentro de la Iglesia, Ella adultera y prostituye su religión y sus valores y se sienta sobre la Bestia del Apocalipsis (el terreno de la política y los gobiernos según los Padres de la Iglesia) para satisfacerla pero también para manejarla, sin embargo, nos advierte San Juan que a la mala mujer se le dará muerte y se repartirán sus vestidos y todo lo que sucede en la actualidad con la Iglesia profunda puede ser visto como un tipo del antitipo final o como el antitipo final.
    Las dos bestias que surgen una de la tierra, terreno de lo religioso, con dos cabezas: la masonería y la cábala y, la otra del mar, terreno de la política, con muchas cabezas pero gobernadas por un pequeño reino y que por medio de este Covid 19 se nos manifiestan como un Estado profundo y una Iglesia profunda que han salido a la superficie y que se han dejado ver porque creen llegado el tiempo de gobernar de manera manifiesta el Mundo y, para ello, necesitan destruir a Trump o que se le someta y destruir a la Iglesia católica y sacarla de en medio.
    Ya derrotó la Iglesia católica al protestantismo en su unidad con el concilio de Trento y el postconcilio y no se lo derrotará al progresismo católico o neo protestantismo católico sin la unidad de la Iglesia.
    La unidad la dio la santidad en la doctrina y moral de la Iglesia posterior a Trento en su esfuerzo de restauración de la santidad primitiva de la Iglesia terrenal y en su búsqueda de alianzas con príncipes y reyes católicos, de la misma manera no se vencerá el NOM dentro de la Iglesia si el clero no se dispone a buscar ciertos consensos en su pensamiento y acción manifestados en palabras y obras, no se necesita que se mencione a ninguna persona específica para que esos consensos queden claro, no es necesario mencionar a Viganó, lo necesario para pertenecer a la milicia católica es lo siguiente de parte de obispos y sacerdotes, a saber: 1) reconocer la extrema gravedad de la crisis de la Iglesia, 2) reconocer los motivos de esa crisis de la Iglesia que se remonta al Concilio Vaticano II y que implicó una decadencia (una cierta disruptura como señaló Viganó o continuidad pero con decadencia y merma en la comprensión de los dogmas y de la moral) en el clero en su celo por la doctrina y la moral y por la santificación, 3) reconocer que debe restaurarse la moral y la doctrina católica sobre la base de los doctores de la Iglesia, especialmente Santo Tomás de Aquino, y del Magisterio de siempre, y 4) declaraciones, de alguna manera conjuntas, en el tiempo y en la forma de obispos y sacerdotes sobre los temas anteriores y que no solamente se traduzcan en palabras sino en obras para la restauración de la moral y de la doctrina de la Iglesia en comunidad en la santa Misa, en las distintas prácticas piadosas y religiosas y en la evangelización.
    Es necesario que la Iglesia santa forme un Partido de la Iglesia dentro de la Iglesia para enfrentar el Partido del Mundo dentro de la Iglesia, no es difícil hacerlo basta que haya declaraciones coincidentes de obispos y sacerdotes en los temas mencionados, no es necesario declaraciones conjuntas basta que coincidan los artículos y declaraciones de cada uno de ellos en los temas señalados para formar una milicia católica y para ser parte de la misma y esto hay que decirlo no una vez sino setenta veces siete porque forma parte importante de la nueva evangelización a realizar.
    No es suficiente con que cada uno de los obispos y sacerdotes se empeñen de manera aislada, desorganizada y contraproducente a hacer declaraciones individuales y separadas en el tiempo y en la forma contra el aborto, la eutanasia o la ideología de género, ello es simular la lucha porque no se identifica al oponente como una organización secreta o Estado profundo que en el sínodo alemán toma la forma manifiesta de contraIglesia o Iglesia profunda o neo protestantismo católico, no se lo pone bajo los reflectores, no se señalan sus ataques y, por lo tanto, no se lo enfrenta.
    Se les exige a obispos y sacerdotes que obren como comunidad de creyentes y, para ello, deben pensar de forma comunitaria y hablar de manera comunitaria, tener una dialéctica compartida fundada sobre la Verdad para enfrentar las distintas ideologías proselitistas del enemigo, no es necesario declaraciones firmadas por todos pero sí cierto orden en la forma y tiempos de hacerlas, es necesario que obispos y sacerdotes dejen de simular como si hicieran algo por la Iglesia y pasen a hacerlo y es necesario que dejen de lado sus celos amorosos por sí mismos y sus prestigios y dediquen su celo a Dios y a su Iglesia y no de manera individual sino organizada y en comunidad de fe.
    Basta de pavadas, es momento de actuar con cierto orden y es momento de formar las milicias católicas y levantar la bandera de Cristo Rey, lo contrario es sólo actuación, simulación, cobardía y maldad.
    ¿Y por qué los obispos y sacerdotes y no los laicos? Porque los laicos solos poco pueden sin el apoyo de quienes tienen autoridad dentro de la Iglesia porque como nos recuerda Specola: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero” es frase que nos dice un ignoto sabio y que, al escucharla, Agamenón dice: “Conforme”, mientras que el porquero replica: “No me convence”.” (Infovaticana, blog de Specola artículo Quis ut Deus? Miguel, Mija – El, la deed church, la eterna lucha entre la luz y las tinieblas, ¡No tengáis miedo!)
    Porque los que tienen autoridad (sacerdotes y obispos) son los principales obligados en organizar (según la definición de ley de Santo Tomás de Aquino) a la comunidad en orden al bien común y Cristo es el Bien Común de la Iglesia en orden al cuál deben organizarse la doctrina y moral de la misma, eso ya se ha hecho sólo se necesita restaurarlas para instaurar todas las cosas en Cristo.
    Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  2. Sacerdotes y obispos ya no tienen excusa para no actuar y no defender a la Iglesia y la religión verdaderas.
    Entre los discípulos de Jesús había divisiones y mientras se conspiraban los hijos de la oscuridad para cometer el deicidio y, mientras, Jesús les explicaba lo que iba a suceder, ellos discutía y buscaban boicotearse para ser los primeros en el Reino de los Cielos, resultado: llevado el momento en que debieron estar con Jesús huyeron y lo negaron.
    Uno no quiere que los obispos y sacerdotes pasen por la misma ignominiosa situación de apostasía que tanto lastimó a Pedro y a los apóstoles, haber abandonado a Jesucristo en el momento en que necesitaba de ellos, no haberlo defendido y haberse portado como necios porque mientras Judas velaba, Simón y los discípulos dormían.
    Hoy es más importante que nunca que la Iglesia santa como parte de la Iglesia terrenal que enfrenta a la contraIglesia, Partido del Mundo en la Iglesia, antiIglesia o ciudad de Satanás en la Iglesia tenga presente y reconozca la crisis, reconozca las causas de la crisis y la forma de enfrentar la misma. No es distinta la crisis de la que ya existieron en especial de la que en el siglo XVI generó el cisma y la reforma protestante, la forma de combatirla fue restaurar la doctrina y la moral y santificarse los obispos y sacerdotes.
    Mientras el NOM organiza sus tropas de la antiIglesia por medio del sínodo alemán y el acuerdo secreto del papa Francisco con China y, mientras, los progresistas católicos se preparan para seguir cada una de las indicaciones del NOM y de la masonería. La Iglesia santa se encuentra dividida, no ha preparado un Partido de la Iglesia dentro de la Iglesia para enfrentar a la contraIglesia.
    Esa división de conservadores y tradicionalistas no es la única sino que pululan las divisiones internas en los diagnósticos y en las soluciones propuestas. Aquí el que no junta desparrama y hay mucha gente desparramando teorías erróneas sobre los verdaderos problemas de la crisis actual de la Iglesia y cómo solucionarla que no es otra que la decadencia moral y doctrinal que viene del CVII y que debe ser solucionada por una restauración de la doctrina y moral de siempre en los sacerdotes y obispos que son los que deben dar el ejemplo.
    Sin unidad no hay milicia católica y sin milicia católica la Iglesia no va a colaborar con Dios en la obra de salvación como se le exigen que haga y así peca gravemente por omisión de manera mortal y por orgullo al no aceptar sacerdotes y obispos sus errores pasados y al ocultar o negar la verdad a sí mismos y a los fieles.
    La restauración de la Iglesia católica en su santidad no puede llevarse a cabo si no se entiende que lo que quieren protestantes y católicos progresistas es lo mismo y que los católicos progresistas son ya los nuevos protestantes o reformadores, la reforma dio lugar a 30.000 Iglesia y religiones separadas y lo mismo sucederá con la Iglesia católica si la misma no encuentra cierta unidad de diagnóstico en el problema de la decadencia de su santidad y en la forma de restaurar su santidad doctrinal y moral no perdida pero sí menguada y dañada desde el CVII.
    Los que deben restaurar la Iglesia no son los laicos ni Internet sino los obispos y sacerdotes comportándose como se comportaron después del Concilio de Trento los santos hombres de la Iglesia, aumentando su evangelización de la doctrina verdadera y de la moral verdadera o pueden decidirse a abandonar a la Iglesia a esta crucifixión que llevan adelante los progresistas católicos como abandonaron a Cristo sus discípulos, demás está decir, que esto seguramente va a abrir los últimos tiempos y el Apocalipsis.
    Es conveniente tener un obispo al cuál seguir: he allí Viganó pero es necesario y obligatorio no insistir con las explicaciones y defensas del CVII y con la posición tibia que se ha tenido hasta ahora con respecto a los novadores y al pontífice.
    Francisco no murió y resucitó para la salvación de muchos, no nos salvamos por Francisco, nuestra obediencia es, en primer lugar, a Dios, no debemos alabar y no criticar a Francisco como si se tratara de Dios, más cuando Francisco dejó en claro que quería que se le hablara claro y se le hicieran las críticas necesarias, pero el problema actual no es sólo Francisco y sus herejías y su progresismo católico.
    El problema actual es la crisis de la Iglesia y la necesidad de organizar una milicia católica entre obispos y sacerdotes para hacer frente a la contraIglesia y al sínodo alemán y a los problemas que vendrán a futuro. No basta con esconderse para que las cosas se solucionen y no basta con esperar a que nada pase porque ya están pasando y hay que organizarse ahora.
    No está en decir yo estoy con Sarah, yo con Viganó, yo con Aguer, yo con Benedicto ninguno de ellos murió para salvarlos. Estos cardenales, sacerdotes y obispos deben dejar de ponerse trabas entre ellos y dejar de pelearse como niños, tampoco, es posible que se deje solo a Viganó como se dejó solo a Burke, como se dejó solo a Zen, como se dejó solo a Caffarra, Meisner, Brandmüller, Burke, como se dejó solo a Schneider, como se dejó solo a Sarah, como se dejó solo a Benedicto, como se dejó solo a Lefevre, etc., y luego decirse bueno si fracasaron o fueron derrotados es porque Dios lo quiso o lo permitió y si lo permitió es porque lo quiso y fue voluntad de Dios cuando la realidad es que los dejaron solos para que perdieran y para no tener que comprometerse en la batalla y poder no arriesgar ni la persona ni el prestigio, no basta con enviar a un indio solo contra un ejército armado para decir luego que lo que hizo ese indio era necedad y que lo prudente es lo cobarde y ponerse como ejemplo de lo cobarde y de lo prudente y decir que es la voluntad de Dios.
    Obispos y sacerdotes es necesario que decidan dónde quieren estar si con Dios o con el Mundo, es conveniente que elijan porque el no elegir es ya haberse decidido a estar contra Cristo por pecado de omisión, es momento de organizar el ejército de Dios mientras el ejército que está contra Dios nos ataca, no tienen ya ninguna excusa y ningún justificativo pueden no crearlo dividiendo con espíritu de división y discutiendo sobre el sexo de los ángeles pero Uds. saben y son conscientes que esta no es la forma en que actúa un verdadero hombre, no digamos un soldado de Cristo, ya no hay excusas para no organizarse y combatir, ya casi no queda tiempo, Dios no saldrá a salvar a un montón de cobardes que buscan excusas y estrategias para esquivar el combate, la vida es lucha y Uds. deben decidir de qué lado están, si siguen con sus necedades están contra Dios, arriba dormilones a organizar el ejército de Dios y a dejarse de estupideces.
    Saludos en la santa Virgen María y en Cristo Rey

  3. Completa y peligrosamente erronea la idea de que el sínodo alemán aspira solamente a crear una Iglesia unificada en Alemania y una Iglesia reformista católica en Roma porque no se ve el problema. El protestantismo ha llevado a la creación de más de 30.000 religiones e Iglesia separadas eso no les preocupa a los del camino sinodal alemán. La unidad de la Iglesia en Alemania no podría llevarse a cabo más que por medio de un ecumenismo democrático de religiones. El objetivo es la desintegración de la Iglesia católica para formar Iglesias católicas reformistas nacionales separadas de Roma en lo político, económico y eclesiástico. El proceso de desintegración de la reforma aspira a la desintegración de la Iglesia católica en cientos de Iglesias cristianas reformistas separadas y luego unificarlas por medio del ecumenismo con otras religiones para que lo que quede sea el elemento humano y el error religioso o la mentira religiosa (elemento demoníaco de las religiones naturales) luego todas las religiones se unirán por medio de un ecumenismo democrático en una Iglesia y religión mundial que será masónica sobre la base de la cábala con líderes masones que tendrán un conocimiento esotérico y satanista, ello es la formación de una Iglesia mundial que responda al gobierno mundial que las sociedades secretas están formando desde hace años especialmente ahora por Covid 19 y la Iglesia católica con sus cardenales, obispos y fieles será destruida y eliminada o sacada del medio como prueba y muestra de poder de que la única religión es la masona cabalista salvo que acepten la apostasía universal en sus obras y pensamientos que se muestre en adhesión a la masonería y sus ideologías novedosas. Saludos en la santa Virgen María y en Cristo Rey

  4. El cisma ya existe, lo de Alemania es sólo su síntoma más evidente. Es absurdo disimular y pretender que mi fe sea la misma que la de alguien que, por ejemplo, cuestiona la indisolubilidad del sacramento matrimonial porque «no tenemos una grabadora para saber lo que dijo Jesucristo». Cualquiera que sea el culto de tal persona, nada tiene que ver con el que yo profeso.
    Mi fe no es la misma que la de quien pone a la pseudodivinidad de la Pachamama junto a la Cruz del Hijo de Dios o la Virgen Madre de Dios.
    Mi fe no es la misma que la de quien considera que hay «discriminación» contra la mujer porque acato la voluntad de Cristo en el orden sacerdotal.

    Ya tenemos una «Iglesia profunda» que, formalmente, se superpone a la Iglesia Católica, pero que, dado que ya no se oculta, es netamente diferenciable. Por caridad cristiana, por misericordia elemental, no puedo disimular y decir que todo eso sea parte del catolicismo. No lo es. Y no lo digo con afán excluyente, puesto que oro por su conversión.

    1. «…las razones y los motivos clásicos de la teología y la eclesiología católica a los que De Marco hace referencia ya no interesan verdaderamente a nadie en la mayoría de la jerarquía y el mundo católico alemán, que ahora tiene una orientación más “política”…

      Cierto, la teología pertenece al pasado y ya es un fósil en una vitrina que resulta ofensivo incluso mirarla: pronto harán como «Lo que el viento se llevó», la sacarán del catálogo por racista, machista, oscuro-medieval y bla bla bla que ya he oído desde siempre.

      La nueva teología no es política, es algo más, es lo que ellos piensan que ha de ser así, tal como ocurre con muchas comunidades protestantes: se reúnen, deliberan, votan y deciden por mayoría siquiera mínima que si antes el infierno se llenava siendo homosexual, ahora no, el cielo se llena siendo homosexual practicante polígamo, y que es un camino de virtud y es deseado y querido por Dios. Obviamente, por efectos retroactivos más favorables, el infierno se vacía y todos los pecadores de este pecado nefando van hacia arriba también, con lo que se cometen dos herejías: la de la ideología de género, y la de que el infierno se puede vaciar desde las votaciones en la Tierra… somos dioses.

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