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El doble juego del diablo, a favor y en contra de Papa Francisco

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Un informe de la ONU humilla la Iglesia exaltando al actual Pontífice, que no reacciona y calla también después de la legalización de la eutanasia a los niños en Bélgica. Los riesgos de la estrategia del silencio adoptada por Bergoglio

de Sandro Magister para Chiesa

ROMA, 21 de febrero de 2014 – A casi un año de su elección como Papa, la popularidad de Francisco sigue su marcha triunfal. Pero él es el primero que no se fia de los aplausos que le llegan de las tribunas, incluidas las más inesperadas y lejanas.

Como ejemplo, tenemos la portada que le ha dedicado la revista «Rolling Stones», una coronación en plena regla por parte del templo de la cultura pop.

O bien el encomio que el informe del comité de la ONU sobre los derechos del niño ha tributado al famoso «¿Quién soy yo para juzgar?» dicho por el Papa Francisco, el único que ha salido incólume de un informe que dice lo peor de lo peor sobre la Iglesia católica.

En sus primeras homilías matutinas como Papa, Jorge Mario Bergoglio nombraba a menudo al diablo. Y también esto gustaba, causaba ternura.

Pero una mañana, la del 19 de noviembre, en lugar de nombrar al diablo, arremetió contra el «pensamiento único fruto de la mundanidad», que quiere someter todo a una «uniformidad hegemónica». Un pensamiento único, continuó, que ya domina el mundo y legaliza también «las condenas a muerte», también «los sacrificios humanos» con todas las «leyes que los protegen». Y citó una de sus novelas preferidas, el apocalíptico «El amo del mundo» de Robert H. Benson.

Cuando a inicios de este mes de febrero hojeó las dieciséis páginas del informe ONU, que perentoriamente ordena a la Iglesia católica «corregir» su doctrina sobre el aborto, la familia, el sexo, Francisco debió convencerse aún más que los hechos le estaban dando la razón, que el príncipe de este mundo estaba en efecto obrando y que, adulando sus decantadas «aperturas», quería asociarle a él, el Papa, a la empresa de uniformar la Iglesia al pensamiento hegemónico con el fin de aniquilarla.

No es fácil entrar en la mente del Papa Bergoglio. Sus palabras son como las teselas de un mosaico del cual, sin embargo, no aparece de inmediato el diseño. Dice cosas fuertes, incluso duras, pero nunca en el momento en que podrían generar un conflicto.

Si hubiera pronunciado esa tremenda homilía contra el pensamiento único que quiere hegemonizar el mundo el día después de la publicación del informe de la ONU, y como explícita respuesta al mismo, el hecho hubiera formado parte de las noticias de última hora de la información mundial. Pero no ha sido así. Pronunciada en una fecha cualquiera, esa misma homilía no provocó el mínimo desbarajuste. Fue ignorada.

Y sin embargo, es precisamente aquí donde hay que leer el pensamiento recóndito del Papa jesuita, su juicio sobre la época actual del mundo.

«Conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia», dice una y otra vez Francisco. Su pensamiento es el mismo que está escrito en el catecismo. Y algunas veces lo recuerda de manera polémica a quien espera de él un cambio de doctrina, como en el pasaje menos citado de su «Evangelii gaudium», donde tiene palabras durísimas contra el «derecho» al aborto.

Pero nunca proclama en voz alta la doctrina de la Iglesia sobre los puntos o en los momentos en los que el choque se podría hacer incandescente.

Ha callado ahora que en Bélgica se ha aprobado por ley la eutanasia de los niños. Se mantiene alejado de los millones de ciudadanos de los distintos credos religiosos que en Francia y en otros países se oponen a la destrucción de la idea de familia formada por padre, madre e hijos. Y ha permanecido callado después de la inaudita afrenta del informe de la ONU.

Con esto él se propone neutralizar el ataque del enemigo y derrotarlo con la popularidad inmensa de su figura de pastor de la misericordia de Dios.

Hay un ataque a la Iglesia de tipo jacobino, no solo en Francia, cuyo objetivo es únicamente excluirla de la sociedad civil.

Pero hay también un ataque más sutil, que se cubre de consenso hacía una Iglesia rehecha totalmente, actualizada con el paso de los tiempos. Esto es parte también de la popularidad que tiene Francisco, un Papa «como nunca había habido antes», finalmente «uno de nosotros», modelado con el copia y pega de sus frases abiertas, polivalentes.

Contra su predecesor Benedicto XVI esta astucia moderna no podía ejercerse. Él, el manso, prefería el conflicto a campo abierto, con el coraje de decir sí al sí y no al no, «opportune et importune», como en Ratisbona, cuando le quitó el velo a las raíces teológicas del vínculo entre fe y violencia en el islam y cuando, tiempo después, se pronunció sobre las cuestiones «no negociables». Por eso el mundo fue tan feroz con él.

Con Francisco es distinto. Es otra partida. Pero ni siquiera él sabe cómo continuará el juego, ahora que se hace más duro.

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Esta nota se publica en «L’Espresso» n. 8 del 2014, y está disponible en los kioscos a partir del 21 de febrero, en la página de opinión titulada «Settimo cielo» confiada a Sandro Magister.

He aquí el índice de todas las notas precedentes: > «L’Espresso» al settimo cielo

El jueves 20 de febrero el Papa Francisco ha abierto el consistorio dirigiendo a los cardenales unas breves palabras sobre el tema de la familia que han sido «pensadas detenidamente», ha dicho el padre Federico Lombardi. Diciendo:

«En estos días reflexionaremos de modo particular sobre la familia, que es la célula básica de la sociedad humana. El Creador ha bendecido desde el principio al hombre y a la mujer para que fueran fecundos y se multiplicaran sobre la tierra; así, la familia representa en el mundo como un reflejo de Dios, Uno y Trino.

«Nuestra reflexión tendrá siempre presente la belleza de la familia y del matrimonio, la grandeza de esta realidad humana, tan sencilla y a la vez tan rica, llena de alegrías y esperanzas, de fatigas y sufrimientos, como toda la vida. Trataremos de profundizar en la teología de la familia, y en la pastoral que debemos emprender en las condiciones actuales. Hagámoslo con profundidad y sin caer en la casuística, porque esto haría reducir inevitablemente el nivel de nuestro trabajo. Hoy, la familia es despreciada, es maltratada, y lo que se nos pide es reconocer lo bello, auténtico y bueno que es formar una familia, ser familia hoy; lo indispensable que es esto para la vida del mundo, para el futuro de la humanidad. Se nos pide que realcemos el plan luminoso de Dios sobre la familia, y ayudemos a los cónyuges a vivirlo con alegría en su vida, acompañándoles en sus muchas dificultades, con una pastoral inteligente, animosa y llena de amor».

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La homilía del 19 de noviembre de 2013 del Papa Francisco en Santa Marta, en el resumen de «L’Osservatore Romano»:

> La fedeltà a Dio non si negozia

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El informe de finales de enero de 2014 del comité de las Naciones Unidas de verificación sobre los derechos del niño, que después de haber apreciado «la declaración progresista hecha por el Papa Francisco en julio de 2013» impone a la Iglesia católica «corregir» su doctrina sobre el aborto, la familia y el sexo:

> Concluding Observations on the Second Periodic Report of the Holy See

Este comité está presidido por la noruega Kirsten Sandberg. Sus cuatro vicepresidentes proceden de Arabia Saudita, Bahréin, Etiopia y Sri Lanka, países que no sobresalen por su respeto de los derechos humanos.

Al emitir juicios sobre los abusos sexuales cometidos en niñas y niños, la ONU es una de las instituciones más desacreditadas, vista la innumerable sucesión de violaciones por parte de los Cascos Azules que obran en varios países del mundo y que han quedado impunes.

Otros detalles del informe: > Anteprima del Sinodo. Il contributo dell’ONU sulla famiglia

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El análisis de James D. Conley, obispo de Lincoln, Nebraska, sobre el motivo por el cual la cultura pop hace del Papa Francisco su proprio héroe: > Our Pop Culture Moment

El análisis de Conley se publicó el 3 de febrero de 2014 en «First Things», revista de católicos «conservadores abiertos al mundo», calificación que se aplica también al grupo líder del episcopado de los Estados Unidos.

El obispo – anteriormente auxiliar en Denver del actual arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput – es parte activa de este grupo.

Entre otras cosas, escribe:

«Los libertinos sexuales y sociales tienen escaso interés en desacreditar al cristianismo. Están más interesados en remodelarlo, en reclamar a Cristo y a su vicario como sus seguidores. Para la gente joven e influenciable la agenda social secularizada es más apetitosa si complementa el cristianismo residual de sus familias, en lugar de competir con él. El enemigo no tiene interés en erradicar el cristianismo si puede someterlo a sus propios propósitos. El mayor ardid del diablo no es convencer al mundo de que no él existe, sino convencer al mundo de que Jesucristo es el paladín de sus causas».

Y sigue:

«A veces me preguntan si el Papa Francisco sabe que está sujeto a la tergiversación de los medios de comunicación. Sospecho que él es profundamente consciente de las elecciones que está haciendo y del riesgo que entrañan».

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Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España.

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