Cuando Bergoglio era peronista. Y todavía lo es

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Hierve la discusión sobre la visión política de Francisco. El juicio de un estudioso argentino de Perón y lo que el mismo Papa admite por Sandro Magister

ROMA, 26 de agosto de 2015 – Provocó mucha discusión la tesis de un Jorge Mario Bergoglio «populista» y «peronista», presentada en los dos anteriores servicios de www.chiesa: > Ecumenismo político. Con los tecnócratas y con los antiglobalización(21.8.2015) > De Perón a Bergoglio. Con el pueblo contra la globalización (12.8.2015) En especial, provocó una discusión la descripción del peronismo y de sus multiformes expresiones hecha por el profesor Marco Olivetti en un artículo publicado en «Avvenire» en vísperas de las primarias presidenciales en Argentina llevadas a cabo el 9 de agosto y ganadas por Daniel Scioli, el candidato de la actual presidente Cristina Fernández de Kirchner: «El kirchnerismo es la enésima reencarnación del peronismo: luego de la originaria, vagamente fascistizante, de Juan Domingo Perón y Evita; luego de la de los años 70, liberal-conservadora, del Perón moribundo y de su tercera esposa, Isabelita; y después de la versión hiperliberal de Carlos Menem en los años 90. «El kirchnerismo constituye la variante social-demócrata, en continuidad con los grupos para-revolucionarios que infestaban la Argentina de los primeros años 70, y está apoyado por el tradicional sindicalismo peronista. Sus mayores adhesiones son particularmente altas entre las personas con un muy bajo ingreso y con un bajo nivel de instrucción. «La categoría que lo define es la del populismo, la de la identificación con un ‘pueblo’ bueno, ahora reducido en concordancia con el humus político que prevalece en buena parte de América Latina, desde la Venezuela de Chávez y de sus herederos hasta la Bolivia de Morales, desde el Brasil de Lula y Dilma al Ecuador de Rafael Correa, aunque con muchas diferencias entre los distintos casos». Olivetti es un especialista sobre Constituciones y sobre sistemas políticos y no hizo ninguna referencia, en el artículo citado, a la visión política del papa Francisco. Pero el más conocido experto italiano de América latina, el profesor Loris Zanatta, de la Universidad de Boloña, sostuvo explícitamente un nexo entre Bergoglio y el populismo peronista, tanto en su último «La nazione cattolica. Chiesa e dittatura nell’Argentina di Bergoglio» – editado en Italia por Laterza y en Argentina por Editorial Sudamericana, con el título “La larga agonía de la nación católica. Iglesia y dictadura en la Argentina” –, como en este artículo publicado en el diario argentino «La Nación», luego del viaje del Papa a Ecuador Ecuador, Bolivia y Paraguay: > Un papa propenso a abrazar las raíces del populismo latinoamericano Al profesor Olivetti le ha contestado polémicamente, desde Buenos Aires, un conocedor y estimador profundo del peronismo, José Arturo Quarracino, con el escrito publicado íntegramente más abajo. Además de sobrino y homónimo del cardenal que, como arzobispo de Buenos Aires, quiso que Bergoglio fuese su obispo auxiliar, Quarracino enseña Historia y Evolución de las Ideas Políticas en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, y es un excelente traductor de grandes autores como Romano Guardini, Gilbert Chesterton, Joseph Ratzinger, y también de varios artículos www.chiesa, incluido éste. Ni siquiera él, al replicar a Olivetti, hace referencia explícita a Bergoglio. También da una definición del peronismo que está perfectamente en línea con lo que el papa Francisco ha dicho recientemente a propósito de la cuestión. Esto es lo que escribe Quarracino: «El peronismo siempre se definió como un movimiento humanista y cristiano, como tercera posición filosófica y política frente al capitalismo liberal y al totalitarismo marxista. Muchos de sus postulados doctrinales, en el plano social, económico y cultural se han fundado explícitamente en los principios de la doctrina social de la Iglesia». Esto es lo que el Papa ha dicho textualmente a Javier Cámara y a Sebastián Pfaffen, autores del libro «Aquel Francisco», publicado en otoño en Córdoba, respecto a su interés por la política: «En la exposición de la doctrina peronista hay una ligazón con la doctrina social de la Iglesia. No hay que olvidar que a monseñor Nicolás de Carlo, por aquellos años obispo de Resistencia (Chaco), Perón le llevó sus escritos para que los viera y le dijera si estaban de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia». Y también: «Monseñor de Carlo era simpatizante peronista, pero un excelente pastor. Una cosa no tenía nada que ver con la otra. En abril de 1948 Perón, desde al balcón del Seminario, ubicado en la rotonda de Resistencia, al terminar su discurso dijo que quería aclarar una cosa. Mencionó que acusaban a monseñor de Carlo de ser peronista y dijo: ‘Es una gran mentira. Perón es decarlista’. De Carlo fue quien ayudó a Perón con la doctrina social de la Iglesia». A los autores de «Aquel Francisco» el papa Bergoglio les dijo además: «Yo siempre fui un inquieto de lo político, siempre». Y lo explicó así: «Vengo de familia radical, mi abuelo era radical del 90. Después, en la adolescencia, tuve también una incursión por el ‘zurdaje’, leyendo libros del Partido comunista que me daba mi jefa de laboratorio Esther Ballestrino de Careaga, una gran mujer que antes había sido secretaria del Partido revolucionario febrerista paraguayo. «En aquellos años la cultura política era muy fomentada. A mí me gustaba meterme en todos esos lugares. En tiempos de los años 1951 y 1952 esperaba con ansias que pasaran, tres veces por semana, los militantes socialistas que vendían ‘La Vanguardia’. Y evidentemente que acompañé, también, a grupos justicialistas. Pero nunca me afilié a ningún partido». Los «grupos justicialistas» que el papa Francisco dijo que frecuentaba eran precisamente los seguidores de Perón, quién definió la propia ideología «justicialista» – es decir, la síntesis de «justicia» y de «socialismo» – y dio a su propio partido el nombre de «Partido Justicialista». En el libro citado no hay una sola palabra, en las cinco páginas de recuerdos que el papa Francisco dedica a la política, que suene mínimamente crítica respecto a Perón, a pesar de la impronta anticatólica del final de su segunda presidencia y la excomunión impuesta contra él en 1955 por Pío XII. Pero aquí a continuación presentamos la nota de Quarracino sobre el «verdadero» peronismo, muy similar a la visión política del papa Francisco. __________ UN MOVIMIENTO POPULAR, PERO NO POPULISTA de José Arturo Quarracino I. El kirchnerismo no es “la enésima versión del peronismo” – como lo define el profesor Marco Olivetti –, ya que en esencia es una “forma sutil de antiperonismo” o la “antiperonización del peronismo”: el contenido de sus políticas es totalmente contrario a las políticas históricas que implementó el peronismo y a sus definiciones doctrinales. En líneas generales, el kirchnerismo ha mantenido hasta hoy las leyes fundacionales del proceso cívico-militar de 1976, que convirtió a la Argentina en un apéndice neo-colonial del poder financiero internacional, así como también la concentración y extranjerización de la economía y el rol de país monoproductivo primario (soja). Por otra parte, históricamente hablando, el peronismo enfrentó a este poder financiero depredador, mientras que el kirchnerismo se sometió dócilmente a este poder y le ha pagado con creces el despojo implementado a partir de 1976: más de 200 mil millones de dólares, con la paradoja que hoy la Argentina debe más que lo que debía al comienzo de la gestión kirchnerista. La habilidad del kirchnerismo consistió en ejecutar una política profundamente antiperonista y pro-colonialista con ropaje y máscara peronistas. Es decir, en nombre de Perón ha llevado a cabo una política totalmente contraria a los postulados doctrinarios del peronismo. II. Es errónea y carente de rigor científico e intelectual definir a los gobiernos de Perón como “vagamente fascistizante” y “liberal-conservadora”. El peronismo siempre se definió como un movimiento humanista y cristiano, como tercera posición filosófica y política frente al capitalismo liberal y al totalitarismo marxista. Muchos de sus postulados doctrinales, en el plano social, económico y cultural se han fundado explícitamente en los principios de la doctrina social de la Iglesia. Definir al peronismo como “vagamente fascistizante” es lo mismo que definir al fascismo como “vagamente peronizante”; es aplicar una categoría política ajena y extraña al tema que se quiere definir. Fascismo y peronismo son experiencias políticas totalmente distintas una de otra: el primero es la experiencia política de un país europeo desarrollado basado en la grandeza imperial de Roma, mientras que el peronismo es la expresión política de una política nacional que buscó independizarse de la dominación política, económica y cultural que ejercía históricamente Gran Bretaña en la historia política argentina, a partir de 1810 en adelante, influencia que lamentablemente volvió a ejercer impunemente a partir de 1976 hasta hoy. Definir al peronismo como “liberal-conservador” en el período 1973-76 es una falacia. Más allá de las políticas adoptadas en ese período, totalmente contrarias a esa identificación que hace el profesor Olivetti, si hubiera sido como él lo define, no se entiende por qué el poder financiero mundial, con David Rockefeller a la cabeza, lo desplazó del gobierno para implementar una política… liberal y conservadora, reconvirtiendo a la Argentina en colonia del imperialismo internacional del dinero, comenzando por el proceso de desindustrialización del país. ¿O cree el profesor Olivetti que el proceso de 1976 significó el derrocamiento de un gobierno liberal-conservador para implementar una política revolucionaria? III. En esencia, el peronismo ha sido un movimiento popular, pero no populista. No gobernó para el pueblo, gobernó con el pueblo. El populismo supone una acción de gobierno para el pueblo, que recibe pasivamente lo que los funcionarios gubernamentales disponen, como una forma contemporánea del despotismo ilustrado. A diferencia de esta concepción elitista, el concepto de comunidad organizada, que define ideológicamente el punto de partida y el fin último de la política peronista, se basa en tres principios fundamentales: el Estado descentralizado, el gobierno centralizado y el pueblo organizado libremente, cooperando con la acción del gobierno. A diferencia de la masa populista, el pueblo tiene entidad plena, como sujeto con conciencia social, personalidad social y organización social. En esta concepción, el hombre como individuo es pueblo, porque se sabe miembro de una comunidad, a la que aporta activamente y creativamente, no sólo su presencia muda y temerosa. El individuo se sabe como “yo” que es al mismo tiempo un “nosotros”, de la misma manera que sabe que el “nosotros” es “yo”: el individuo no es extraño al pueblo, sino parte sustancial de él. En la concepción peronista, el individuo no es el individuo liberal sublimado (ajeno y hostil al Estado y a la comunidad, y superior a ambos) ni tampoco es el individuo insectificado del colectivismo totalitario (un número o un engranaje de un todo superior). Por el contrario, el populismo piensa al pueblo como un agrupamiento amorfo, pasivo y arrastrable según los caprichos del gobernante, que sólo está para aplaudir. En este sentido, el kirchnerismo es populismo, no así el peronismo, que en esencia es popular. El concepto peronista de “pueblo” es afín o similar al concepto de “pueblo” definido, entre otros, por Cicerón: asociación de personas unidas por un derecho común y con intereses comunes. __________ TRES NOTAS AL MARGEN En Argentina, la polémica sobre el Bergoglio peronista surgió inmediatamente después de su elección como sucesor de Pedro, sobre todo por iniciativa de los círculos intelectuales y políticos kirchneristas interesados en unirse al nuevo Papa. En esta nota publicada en La Nuova Bussola Quotidiana, el 4 de abril del 2013, Andrea Zambrano resumió magníficamente el comienzo de la polémica: > Bergoglio, figlio dell’era Perón Los partidarios del precoz peronismo de Bergoglio citaban, entre otros, un episodio acaecido en tiempos en que él era alumno del instituto técnico industrial, cuando un día entró a la clase con el escudo de Perón en el chaleco, razón por la cual fue castigado con una suspensión. A los autores de «Aquel Francisco» el Papa les desmintió ese episodio: «No fue real». Por el contrario, dijo que tuvo la oportunidad de «ver de cerca» a Perón justamente gracias a una concentración de estudiantes en el Teatro Colón de Buenos Aires, en la cual él participó como representante de su escuela y tuvo la fortuna de estar asignado en el palco. Y agregó que en otra ocasión se encontró también con Evita, en una «unidad básica peronista de la calle Córdoba», a la que había ido para recoger material para un ejercicio escolar. __________ En la edición del 21 de agosto del «Corriere della Sera», el profesor Angelo Panebianco, docente en la Universidad de Boloña de Sistemas Políticos Internacionales, ha escrito a propósito de la «argentinidad» del papa Francisco: «Es inevitable – ya que cada uno de nosotros es hijo de su propia historia – que este Papa, como todos los que lo han precedido, más allá de su fe y de su lectura del Evangelio, cargue también con experiencias, ideas y sentimientos que son parte de la tradición de su tierra. Tradición que no coincide necesariamente con la nuestra. Es plausible que en un país de capitalismo maduro como lo es Italia a pesar de todo, no sean pocos, también entre los católicos, los que disientan con Bergoglio en materia de trabajo y de beneficios, o que, para dar otro ejemplo, no crean que las guerras contemporáneas sean sólo el fruto del deseo de obtener ganancias por parte de capitalistas codiciosos. Y es también plausible que muchos se den cuenta que las concepciones económicas del Papa derivan de una cierta interpretación de las Escrituras, pero quizás también derivan de una tradición fuertemente anticapitalista, arraigada en el país del cual proviene. «En Italia tenemos excelentes estudiosos de América latina en general y de Argentina y de su historia en particular. Quizás es el momento para que comiencen a ocuparse de los vínculos culturales entre este Papa y esa tradición». El texto íntegro del artículo: > L’equilibrio che cerca la Chiesa __________ Para otros detalles en el libro «Aquel Francisco», dedicado sobre todo a los años transcurridos entre 1990 y 1992, cuando Bergoglio fue privado de todo cargo en la Compañía de Jesús y vivió “exiliado” en Córdoba, véase este post de Settimo Cielo: > Padre Jorge e i suoi confratelli. Perché vollero liberarsi di lui __________ Traducción en español de José Arturo Quarracino, Temperley, Buenos Aires, Argentina.

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