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Anticipo. Los diarios de la prisión del cardenal Pell

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Puesto en libertad el 7 de abril por la Suprema Corte australiana que por unanimidad reconoció la inconsistencia de las acusaciones, el cardenal George Pell, de 79 años, entregó sus diarios de la prisión a Ignatius Press, la editorial estadounidense fundada y dirigida por el jesuita Joseph Fessio, discípulo de antigua data de Joseph Ratzinger y miembro de su “Schulerkreis”, para que sean publicados.

Y aquí está. El primer volumen del “Prison Journal” [Diario de la Prisión] de George Pell saldrá a la venta el 15 de diciembre y Settimo Cielo anticipa aquí algunos pasajes, con la autorización del editor.

El libro, de 350 páginas, cubre los primeros cinco meses de los 404 días transcurridos por el cardenal en una celda de aislamiento, en la Prisión de Evaluación de Melbourne.

Cada tarde Pell escribía el diario de la jornada, dos o tres páginas que casi siempre comenzaban con sus reflexiones sobre las dos lecturas matutinas del Breviario, una extraída de la Biblia y otra de los Padres de la Iglesia, y terminaban con una oración.

La Biblia y el Breviario – con las Laudes, las Vísperas y el Oficio de Lecturas – eran dos de sus seis libros, no más, que le fueron permitidos tener consigo en prisión, a su elección. Otro era “Guerra y Paz”, de León Tolstoi.

La celda era larga, entre 7 y 8 metros, ancha un poco más de 2 metros, con la cama, la silla, la mesita, el lavabo, el agua, la ducha y el televisor. La ventana, con sus barras y el vidrio oscurecido, permanecía siempre cerrada. En las celdas de la misma ala había asesinos y terroristas, algunos de ellos musulmanes, y Pell escuchaba tanto las oraciones como los gritos. Dos veces al día se le permitía salir por media hora en un pequeño patio rodeado por altos muros, también allí solo, y este era también el único momento en el que podía telefonear. Un par de veces a la semana recibía visitas y de tanto en tanto una religiosa le llevaba la comunión eucarística.

No se le permitía celebrar Misa, la dominical la veía en televisión. Recibía muchas cartas, también de algún vecino de celda, y los familiares y los amigos le procuraban diarios, recortes, diarios de páginas web, incluidas las de Settimo Cielo. Vestía el mismo uniforme que los demás encarcelados, sin el cinturón por razones de seguridad, y era sometido, como los demás, a frecuentes controles antidroga e inspecciones corporales.

Pero sus diarios no tienen nada triste. Más bien son calmos y tranquilazadores, aquí y allá con un hilo de ironía. Los partidos de fútbol australiano y de rugby encuentran en él un comentarista partícipe. La escritura es simple y profunda a la vez. El lamento está ausente. Aunque afloran críticas a Francisco y a Benedicto XVI, ellas son mesuradas y ecuánimes, como se puede advertir en los pasajes más abajo informados.

Sobre el escándalo financiero en la curia, que también lo había atormentado en Roma, en el diario hay menos todavía de eso poquísimo que Pell dijo hace algunos días en la entrevista con Nicole Winfield para Associated Press, que efectivamente nunca había pensado “que habría de ser en Technicolor como hemos visto”, pero “puede ser que se trate de una incompetencia desconcertante”, lamentablemente con “tanta criminalidad involucrada”, y en cuanto a la posible contribución del Vaticano a la campaña contra él en Australia su esperanza es que no haya existido, pero “pienso que descubriremos si ha habido o no”, porque “ciertamente la fiesta no ha terminado”.

Pero dejemos la palabra al cardenal Pell, en esta pequeña antología de su “Diario de la Prisión”.

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EL DOLOR DE JOB, EL MÍO Y EL DE MIS AMIGOS CHINOS

(Lunes 4 de marzo y sábado 15 de junio de 2019, pp. 26-27 y 283-284)

En el Breviario, los problemas de Job continuaron y empeoraron, porque se le permitió a Satanás infectarlo con úlceras malignas. Pero Job no condenó a Dios, aunque su esposa, amargada, lo exhortaba “a maldecir a Dios y morir”. Job no pronunció ninguna palabra pecaminosa. “Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿por qué no deberíamos aceptar el mal?” (Job 2, 9-10).

En muchas ocasiones, cuando se me preguntó sobre el sufrimiento inmerecido, respondí que también “al Hijo de Dios, Jesús, no todo le salió bien”. Para los cristianos, esto los induce siempre a detenerse y reflexionar, y a veces les he pedido recordar también los momentos de bendición. […]

Jamás me han gustado los escritores, ni los grandes escritores cristianos como san Juan de la Cruz, que enfatizan el rol esencial y necesario del sufrimiento, si queremos acercarnos a Dios. Jamás he leído gran parte de su obra, al encontrarla un poco aterradora, mientras que he llegado a leer “El castillo interior” [1588] de santa Teresa de Ávila, aunque seguía una similar y robusta teología española.

Mi enfoque es más similar al del abuelo de Jude Chen, […] quien invocaba a Dios a partir de los pequeños problemas, porque sin ellos habría sido orgulloso y gracias a ellos quería evitar problemas más grandes. […]

Mi tiempo en prisión no es un picnic, pero se convierte en un período de vacaciones si se lo compara con otras experiencias de prisiones. Mi buen amigo Jude Chen, originario de Shanghai y ahora residente en Canadá, me ha escrito sobre la prisión que padeció su familia bajo el régimen de los comunistas chinos.

En 1958 el hermano de Jude, Paul, un seminarista, y la hermana Sophie, estudiante de secundaria, fueron encarcelados por ser católicos y pasaron treinta años en dos prisiones diferentes, para Sophie en el frío de China septentrional. A la familia se le concedió una visita al mes de quince minutos, cuando estaban en una prisión de Shangahi, y una carta de cien palabras al mes en el lapso de tres décadas.

Al abuelo de Giuda, Simon, que era rico y había construido una iglesia parroquial dedicada a la Santísima Trinidad, le confiscaron todos sus bienes. Jude lo amaba y ambos vivieron en la misma casa durante nueve años hasta la muerte del anciano. Jude cuenta que cuando le preguntaban sobre su propiedad confiscada, él respondía: “Todo vino de Dios y será restituido a Dios”.

Después del comienzo de la Revolución Cultural en la primavera de 1966, los Guardias Rojos irrumpieron en su casa y se decepcionaron al descubrir que el abuelo Simon había muerto. En consecuencia, destruyeron su tumba, saquearon la casa y obligaron a la madre de Jude a quemar todos sus objetos religosos. El padre de Jude fue despedido como docente y rebajado a portero.

A los once años y en la escuela primaria, Jude fue obligado a confesar a sus cuarenta compañeros de clase que era un criminal de una familia criminal. Recuerda también a su maestro que decía a sus compañeros se mantuvieran lejos de él.

A los diecisiete años, el mismo Jude fue enviado durante ochos años a un campo de trabajo en un suburbio de Shanghai. Mientras estaba por partir, sus padres le dieron esta instrucción: “Jude, no conserves odio en tu corazón, sino solamente amor”. Este es el combustible sagrado que da fuerza a la Iglesia.

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ESAS INTERPRETACIONES TAN PELIGROSAS DE “AMORIS LAETITIA”

(3 de marzo, Miércoles de Cenizas, y sábado 23 de marzo 2019, pp. 25 e 75)

Estoy siguiendo también la lectura de la Carta a los Hebreos, un gran texto, que desarrolla el objetivo central de Pablo de explicar el rol de Jesús en el Antiguo Testamento o con categorías hebreas; que completa la obra y el mensaje de la primera Alianza. La fidelidad a Cristo y a su enseñanza permanece indispensable para algún catolicismo fructífero, para algún despertar religioso. Este es el motivo por el que las “aprobadas” interpretaciones argentina y maltesa de “Amoris laetitia” son tan peligrosas: van contra la enseñanza del Señor sobre el adulterio y la enseñanza de san Pablo sobre las disposiciones necesarias para recibir adecuadamente la Santa Comunión. […]

La primera lectura del Breviario es tomada siempre del Éxodo, capítulo 20, en el pasaje que se relata la promulgación por parte de Dios de cuanto hemos ordenado en los Diez Mandamientos. Como adulto, y también como niño, los he considerado siempre esenciales. Hace cincuenta años recuerdo haber leído que Bertrand Russell, un famoso filósofo ateo, afirmaba que los Diez Mandamientos eran como un examen final de diez preguntas, de las que era suficiente responder sólo a seis. Inteligente, pero demasiado cómodo […].

En los dos Sínodos sobre la Familia, algunos voces proclamaron en voz alta que la Iglesia era un hospital de campaña o un puerto de refugio. Pero ésta es solamente una imagen de la Iglesia y está muy lejos de ser la más adecuada o relevante, porque ante todo la Iglesia debe mostrar cómo no enfermarse y como escapar a los naufragios, y aquí los mandamientos son esenciales. Jesús mismo enseñó: “Si ustedes cumplen mis mandamientos permanecerán en mi amor” (Jn 15, 10).

(En una nota editorial a pie de página, respecto a las interpretaciones de “Amoris laetitia”, se explica que “líneamientos pastorales” que “permitían recibir la Comunión en ciertas circunstancias a los católicos divorciados que se habían vuelto a casar” fueron publicadas en Argentina y en Malta, y “el papa Francisco aprobó los lineamientos de Buenos Aires en una carta a los obispos de la región en setiembre de 2016”, mientras que “la publicación de los lineamientos malteses en ‘L’Osservatore Romano’, el diario de la Santa Sede, en enero de 2017 fue vista también por algunos como una aprobación oficial de esos lineamientos”).

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“¿PAPA EMÉRITO”? UN ROL A DEFINIR

(Sábado 29 de junio de 2019, fiesta de los santos Pedro y Pablo, p. 319)

Soy favorable a la tradición milenaria que los Papas no renuncian, que continúan hasta la muerte, porque esto ayuda a mantener la unidad de la Iglesia. Los progresos en la medicina moderna han complicado la situación, al permitir que los Papas de hoy y de mañana puedan vivir probablemente mucho más que sus predecesores, aun cuando su salud se debilite mucho. […].

Pero es necesario que se clarifiquen los protocolos sobre el rol de un Papa que haya renunciado, para reforzar las fuerzas de la unidad. Si bien el Papa jubilado puede mantener el título de “Papa emérito”, se debería reinsertar en el colegio cardenalicio y pasar a ser conocido como “cardenal X, Papa emérito”, no debería vestir la sotana papal blanca y no debería enseñar públicamente. A causa de la reverencia y del amor por el Papa, muchos se sentirían reacios a imponer tales restricciones a alguien que en un tiempo se sentaba en la cátedra de Pedro. Probablemente esas medidas serían introducidas mejor por un Papa que no tenga ningún predecesor todavía viviendo.

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UNA TARJETA AUTÓGRAFA DE MCCARRICK, “ALGUNA VEZ CARDENAL”

(Martes 4 de junio de 2019, p. 254)

Ayer recibí, reenviada por mi secretario en Roma, el padre Anthony Robbie, una pequeña tarjeta recubierta por minúsculas letras ilegibles de Ted McCarrick. A pesar de los reiterados esfuerzos, no logré leer el 80 o el 90 por ciento, por eso no pude ni siquiera entender su mensaje principal para mí. Tiene ochenta y nueve años y firmó “Ted McCarrick, Catholicus, olim cardinalis”, que en latín significa “Católico, alguna vez cardenal”.

Siempre fue cortés conmigo y fue un hábil “recaudador de fondos” y tejedor de contactos, bien conectado en todos los niveles y especialmente con los Demócratas [estadounidenses]. Desafortunadamente, causó mucho daño en más de un sentido. […] Aunque rezo explícitamente todos los días por las víctimas, nunca he mantenido una categoría en mi lista de oración por los sacerdotes abusadores y por los obispos delincuentes. Debería remediar esto y recé por Ted McCarrick, «olim cardinalis».

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LA MUSULMANA QUE SE CONVIRTIÓ A JESÚS, “A CUALQUIER COSTO”

(Lunes 1 de julio de 2019, p. 323)

Un sacerdote australiano me informó que muy poco antes había recibido a seis musulmanas en la Iglesia Católica, bautizándolas y confirmándolas, y que dos de ellas habían sido enviadas al ostracismo por sus familias. Él preguntó a una de ellas por qué estaba decidida a dar este paso, y ella respondió simplemente que “quería amar a Jesús, a cualquier costo”. El mismo sacerdote comentó después: “Supongo que para todos nosotros esto debería ser nuestro único motivo y objetivo». Ellas forman parte de un constante flujo subterráneo de musulmanes convertidos.

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EL CASO DEL RUGBIER FOLAU, CUANDO TAMBIÉN DIOS SE PIERDE EN LA NIEBLA

(Lunes 6 de mayo y miércoles 26 de junio de 2019, pp. 181 y 309-311)

Israel Folau es un brillante jugador de rugby, originario de Tonga y hombre piadoso, de fe cristiana simple, un protestante de vieja estampa, que no tiene tiempo para las fiestas católicas de Navidad y de Pascua, mucho menos para la devoción a la Virgen.

Ha parafraseado y modificado la lista de san Pablo de los que no “heredarán el Reino de Dios”, publicando su advertencia en Instagram: “Borrachos, homosexuales, adúlteros, mentirosos, fornicadores, ladrones, ateos, idólatras. El infierno les espera. Arrepiéntanse”. Ahora bien, los funcionarios del sindicato de rugby lo despidieron por incitación al odio. […]

Este caso creará precedentes importantes en la lucha por la libertad religiosa, y el Lobby Cristiano Australiano mostró  sentido común al apoyar a Folau. Aun cuando no estoy a favor de condenar a las personas al infierno, porque esto es asunto de Dios, Folau está reafirmando simplemente las enseñanzas del Nuevo Testamento, cuando detalla las actividades no compatibles con la pertenencia al Reino de los Cielos. Lo que es extraño es que no hayan surgido quejas por parte de idólatras, adúlteros, mentirosos, ladrones, fornicadores, etc., pidiendo su expulsión y despido. Me pregunto cuántos de los que han sido hostiles con Folau son cristianos y cómo pueden creer en el paraíso y en el infierno. Quien está seguro de sus propias convicciones no se preocupa demasiado por la expresión de puntos de vista diferentes y opuestos, especialmente si los considera desprovistas de sentido. Por el contrario, las fuerzas cada vez más groseras de lo políticamente correcto no aceptan que todas las personas sean tratadas con respeto y amor, sino que exigen, en nombre de la tolerancia, no sólo que la actividad homosexual sea legal tal como los matrimonios del mismo sexo, sino que todos deben aprobar esas actividades, al menos públicamente; y que se le impida a todos predicar enseñanzas cristianas sobre el matrimonio y sobre la sexualidad en cualquier espacio público. Esto sería precisamente el final de la libertad religiosa. […]

Estamos entrando en un nuevo mundo de ideas, con el colapso del monoteismo. […] La civilización occidental nos ha convertido en lo que somos y una de las razones de su éxito es la tensión creativa entre Atenas y Jerusalén. Ambas ciudades están bajo ataque. Jerusalén y Roma, su aliada, soportan el mayor peso de este ataque, los ataques frontales, pero la debilidad de ambas hace difícil defender a Atenas. Cuando se pierde de vista a Dios en medio de la niebla, sea ésta la niebla de la lujuria, de la posesión o del poder, se  violan las defensas de la razón y de la verdad.

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