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Falta de aviso, razón de la misa impedida en México

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El Instituto Nacional de México aclara que nunca fue notificado sobre la intención del obispo de Tabasco, Gerardo de Jesús Rojas López, de celebrar una misa para migrantes

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ CIUDAD DEL VATICANO

“Ninguna autoridad fue previamente avisada”. Esa fue la razón por la cual se impidió al obispo de Tabasco, Gerardo de Jesús Rojas López, celebrar una misa para migrantes en la frontera entre México y Guatemala el 25 de agosto pasado. Así lo aclaró el Instituto Nacional de Migración mexicano, que por primera vez fijó postura sobre un episodio que parecía aislado pero provocó una inédita reacción del Vaticano.

 

En una nota informativa enviada al Vatican Insider, el INM dio su versión de los hechos. Aunque ese no fue el único organismo involucrado, también estuvo presente personal de las Aduanas de México, del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

 

No obstante, los responsables de pedir el retiro al obispo de Tabasco fueron los agentes de Aduanas, competentes sobre la jurisdicción en la cual se pretendía celebrar la misa. Todo esto se desprende del documento del INM, el cual hizo hincapié en que ninguna autoridad fue informada previamente sobre la celebración.

 

Según el relato consignado en el documento, aproximadamente a las 10:25 horas del lunes 25 se hizo presentó en las instalaciones del Punto Fronterizo de El Ceibo en Tenosique (Tabasco), el religioso fray Héctor Tomás González Castillo. Se encontraba a bordo de una camioneta acompañado por varias personas, entre ellas periodistas de los medios “Tabasco Hoy”, “Rumbo Nuevo”, “Tv Azteca Tabasco” y del “Canal 27”.

 

Todos ellos esperaban la llegada de Gerardo de Jesús Rojas López, el obispo de Tabasco, quien llegaría proveniente de la ciudad de Villahermosa para oficiar “un acto religioso (misa)”. Fue entonces cuando personal adscrito de la Delegación Federal Tabasco del INM interrogó los agentes de Aduana si tenían conocimiento de la celebración, pero estos respondieron que no.

 

“Estas personas estaban obstruyendo el área” y “sus vehículos estaban estacionados en un espacio no autorizado para tal fin”, indicó el texto. Destacó además que “en todo momento” la autoridad aduanal “se dirigió con respeto” a Fray Tomás González Castillo, haciéndole saber que era necesario mover los automóviles fuera de las instalaciones del Punto Fronterizo, ya que no contaban con la autorización para realizar la actividad.

 

“Es importante manifestar que el personal de este INM, se mantuvo al margen de la situación, debido a que los encargados de esa área son los de Aduanas; posteriormente, los asistentes al mismo retiraron los vehículos y concluyeron sus actividades alrededor de las doce horas de ese día del lado de Guatemala, abandonando las instalaciones”, ilustró.

 

“Los hechos fueron presenciados por personal del CISEN y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Asimismo, se debe puntualizar que no le fue notificada esta actividad a alguna autoridad de las que se encuentran en este Punto Fronterizo. Este INM se encuentra comprometido en salvaguardar y respetar toda creencia religiosa, así como los derechos humanos que se encuentran contemplados en nuestra Carta Magna”, apuntó.

 

Hasta ahí la versión oficial. Lo que entonces parecía sólo un episodio de poca relevancia trascendió rápidamente y llegó hasta el Vaticano, donde el Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes reaccionó asumiendo una posición muy concreta. En una carta pública el presidente de ese organismo y cardenal, Antonio María Veglió, expresó  al obispo tabasqueño su “cercanía espiritual” y la “total comunión de sentimientos e intenciones”.

 

Un gesto con pocos precedentes, porque no suele ocurrir que estas oficinas pontificias tomen postura sobre hechos concretos. Mucho menos a nombre de la sede apostólica. Pero este caso fue distinto, como quedó claro en uno de los párrafos de la carta: “Deseo expresarle la cercanía espiritual de este Consejo, que es la voz de la Santa Sede para extender a todas las áreas del mundo afectadas por los flujos migratorios el llamamiento del Santo Padre Francisco a no resignarse a la globalización de la indiferencia”.

 

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