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El Papa irá a Nueva York, lo dice su orfebre

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Del Vatican Insider Francisco irá a Nueva York, en septiembre de 2015. Después de visitar Filadelfia, donde participará en el Encuentro Mundial de las Familias, el pontífice se trasladará a la “gran manzana” donde celebrará una misa en la Catedral de San Patricio y pronunciará un discurso ante el pleno de la ONU. Lo reveló el orfebre argentino Adrián Pallarols, quien está preparando un cáliz especial para esa ocasión. Todavía se mantiene la incógnita sobre la posibilidad de una visita a México tras su paso por Estados Unidos. Papa-Francesco-1-392x505“Él celebrará la misa de reinauguración de la Catedral de San Patricio. Estamos trabajando con el cardenal (Timothy) Dolan y monseñor (Robert T.) Richie (rector del templo), preparando un cáliz, que sería el cáliz que se va a usar en esa misa y que quedaría de recuerdo en Nueva York, por supuesto”, dijo Pallarols en una entrevista con el canal de televisión NY1. El artista sostuvo también que el líder católico se reunirá con el presidente Barack Obama y dirigirá un discurso ante el pleno de la Organización de las Naciones Unidas, en el Palacio de Vidrio. Hasta ahora eran fuertes los rumores sobre la inclusión de una etapa neoyorquina durante el viaje papal, aunque el Vaticano todavía no confirmó nada al respecto. De todas maneras, la visita apostólica a tierras estadounidenses es un hecho. Esta semana, el mismo Jorge Mario Bergoglio, anunció que asistirá a la reunión de las familias católicas del mundo, prevista en la capital dePennsylvania del 22 al 27 de septiembre del próximo año. Lo hizo en un discurso pronunciado ante los asistentes a un congreso sobre la complementariedad hombre-mujer, convocado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. No dio fechas exactas, ni tampoco habló sobre Nueva York en esta oportunidad. Pero, por lo que dijo el orfebre, ya se trabaja en eso. Otra incógnita que permanece abierta es la posibilidad de una visita a México, como parte de una gira norteamericana. El 8 de junio pasado el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, anunció que el Papa visitará su país, sin indicar fecha. Lo hizo tras una audiencia privada en el Palacio Apostólico, durante la cual Francisco le confirmó que aceptará las invitaciones oficiales presentadas tanto por el gobierno como por los obispos. En los meses posteriores el pontífice consultó a diversos eclesiásticos sobre posibles destinos, ciudades ubicadas en la frontera con los Estados Unidos. Eso llevó a pensar en su deseo por enviar un fuerte mensaje sobre la migración, considerando el muro que divide ambas naciones y es emblema de los miles de “mojados” que cada año pierden la vida en el desierto intentando ingresar ilegalmente en la Unión Americana en busca de un futuro mejor. Por lo pronto, esta semana el obispo de El Paso en Texas (del lado estadounidense), Mark Joseph Seitz, aseguró públicamente que junto con sus colegas de Ciudad Juárez y Las Cruces (del lado mexicano) enviaron una carta de invitación al Papa pidiéndole que considere visitar la zona. Será Francisco quien anuncie personalmente la etapa mexicana de su viaje, que en su entorno dan por un hecho. La ocasión ideal será el próximo 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Ese día la Basílica de San Pedro acogerá la “misa criolla”, una celebración eucarística presidida por el Papa que incluirá cantos tradicionales folclóricos argentinos. Ya en diciembre de 2011, cuando por primera vez esa ceremonia tuvo lugar en el Vaticano, Benedicto XVI dio a conocer que viajaría a México. Lo hizo en marzo siguiente. Serafines susurran.- Que los problemas surgidos en torno a la visita del Papa a México tienen que ver también con un desacuerdo entre el gobierno y los obispos. Desaveniencias en torno a la ciudad fronteriza que podría recibir a Francisco. Unos proponen Ciudad Juárez en Chihuahua y otros Tijuana, en Baja California. Y no lograron ponerse de acuerdo. Por eso en Roma la tendencia parece ir hacia un viaje breve a la capital, con la visita al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe como perno central. A decir verdad la situación mexicana no es de las mejores. La tensión social se encuentra por las estrellas, con un presidente cuestionado por la desaparición y horrorosa muerte de 43 estudiantes normalistas en pleno territorio del narcotráfico, en Ayotzinapa, localidad de Iguala en el estado de Guerrero. A ese problema ahora se sumó otro. El señalamiento público por la compra de una casa, a nombre de la primera dama Angélica Rivera, por valor de más de siete millones de dólares. En las últimas horas la prensa se ha ensañado con ese tema, al grado de obligar a la señora a aclarar todo el asunto con un video publicado en internet y a decidir deshacerse de la polémica propiedad. Todo esto enrarece el ambiente, pero también podría ser oportunidad para que el Papa se acerque a algunas de sus ovejas que en este momento se encuentran en la periferia más extrema, víctimas de la peor violencia. Querubines replican.- Que en este contexto, varios nombramientos episcopales en México llamaron la atención. El primero porque evidenció un error comunicacional que abrió un mini-crisis en la Conferencia del Episcopado y el otro porque, de hecho, echó gasolina a un fuego ya de por sí ardiente en la Arquidiócesis de Guadalajara, fuego que preocupa de particular manera al nuncio apostólico Christophe Pierre. El lunes de esta semana y por un error de dedo se anticipó el nombramiento del sacerdote Hilario González García, hasta ahora rector del Seminario de Monterrey, como nuevo obispo de Linares. Era el 17 de noviembre. Pero resulta que la designación estaba fechada dos días después, el miércoles 19.  Así apareció en la página web de la CEM. La noticia estuvo colgada ahí por un largo rato, hasta que los administradores del portal se dieron cuenta y la quitaron. Para esa hora ya era tarde. Todos los medios mexicanos ya habían “primereado” al Papa. No se pudo parar la bola y finalmente el Vaticano difundió la designación el día previsto. Igual ese error puede considerarse menor. Lo que ha profundizada la ya de por sí tensa situación en la Arquidiócesis de Guadalajara ha sido la anticipada aceptación, por parte de Francisco, de la renuncia del obispo auxiliar de esa demarcación eclesiástica, Miguel Romano Gómez. Quienes conocen bien lo que ocurre en la Iglesia tapatía no se sorprendieron. Bueno, en parte. Se sabía que Romano podía tener los días contados, en el marco de la transición en la Curia que ha surgido del pasaje de estafeta entre el anterior arzobispo, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez y el actual, también purpurado, José Francisco Robles Ortega. Mientras Sandoval mantuvo su puesto, Romano era rector del Seminario, pero fue uno de los primeros que dejaron su puesto ni bien llegó Robles. Evidentemente ese y otros cambios profundizaron una innegable división entre el presbiterio. Algunos han optado por seguir el estilo del nuevo arzobispo, otros se han quedado ligados con la gestión anterior. Y como Sandoval goza de buena salud, pernocta aún en la histórica residencia arzobispal y todavía mantiene una intensa vida de pastor, los choques entre ambos cardenales no han faltado, sino todo lo contrario. Producto de una situación creada, de dos figuras de gran peso y de muchas malas costumbres que se arrastraban históricamente. Por lo pronto en la última visita “ad limina” de los obispos mexicanos al Papa, en mayo pasado, ocurrió un detalle particular. Cuando tocó el turno de entrar a hablar con Francisco al grupo del bajío, que incluyó a Guadalajara, Robles Ortega se acercó con el pontífice. Tras dialogar unos instantes, este preguntó quién era Romano y se apartó con él un rato. Ese gesto despertó múltiples especulaciones. Pero esta semana quedó en claro cuál era el motivo. El seminario tapatío es un reguero de pólvora por estas horas. Se habla de mala gestión, de abuso de poder y hasta de otras situaciones más graves. Por ahora no hay una explicación oficial, y seguramente no la habrá. Igualmente el mensaje quedó claro. No fue menor la causa que llevó al alejamiento de Romano. Por el simple motivo que el Papa aceptó su renuncia anticipada al puesto “por causas de fuerza mayor”. No lo transfirió a otra diócesis más pequeña, como se preveía. No le envió a la CEM o al CELAM, en un cargo menor. Esa habría sido una salida digna. No. Directamente forzó su renuncia cuando apenas tiene 55 años. Si se piensa que la edad de jubilación obligatoria de todos los obispos es igual a 75 años, a Romano le quedaban 20 años de “vida útil” episcopal. En el arco de tres años pasó de regir a uno de los seminarios más prolíficos de todo el mundo a quedarse sin cargo directivo alguno. Por algo será.

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