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MÁS POETAS Y MENOS JURISTAS

Sacerdotes
2 marzo, 2016

Termina uno por echa de menos a aquellos antiguos y modernos –también- poetas que cantan al amor y -ganas no faltan- de apartar a los juristas que elaboran leyes contra la vida.

Amar la poesía desde la vocación a la que hemos sido llamados

Amar la poesía desde la vocación a la que hemos sido llamados

         En aquellos tiempos de Jesús de Nazaret por los caminos de Palestina, sobre todo cuando terminó en Jerusalén, lo que iba a suponer sus últimas días, se echaba de menos a los poetas y cantores de salmos y amores. Personas que estuvieran cerca de la poesía y del sentimiento de amor hacia los demás. Mientras que por todos lados aparecían juristas, fariseos y letrados empeñados en aplicar la ley en su más estricto sentido. Hasta los representantes de la religión oficial se habían olvidado del espíritu de los mandamientos del Sinaí y se aplicaron a la casuística más raquítica que les llevaba a criticar una curación en sábado, o hacer morir a un inocente para salvar al pueblo.

         En estos tiempos, donde Jesucristo sigue estando presente en la sociedad actual, por medio de la Iglesia Católica, seguimos echando de menos a los poetas y hartos de juristas del laicismo más rancio. La ley por encima de la persona. Parece que los hombres no hemos cambiado mucho.

         Ya pongas la televisión y sus debates de todo tipo y color; ya sintonices cualquier emisora de radio; ya descargues cualquier red social… Hoy es el debate de la investidura. Leyes, juristas, laicistas… que solo proponen leyes que matan. Aborto, eutanasia, manipulación de embriones, niños fármacos… Políticos y gente influyente que están obsesionados con aquellas instituciones que no les “ríen” la gracia. Denunciar los acuerdos Iglesia-Estado, pagar el IBI de los templos católicos –que vamos a construir mezquitas y lugares del culto, aunque sea alquilándolos con dinero público-, procesiones blasfemas, padrenuestros aberrantes…

         Un poeta no entra en una iglesia semidesnudo, como no lo haría en una mezquita. Hasta ahí son muy listos. Un poeta no “fusilaría” un poema o una oración para atentar contra el sentimiento religioso. Sólo si se trata de los católicos. Un poeta no sacaría a procesionar una parte del cuerpo humano, que solemos taparlo por decoro. Un poeta no agarraría el micrófono para alentar a la masa contra las imágenes religiosas. Todo esto sí lo hacen los que quieren ser y jugar a juristas. Y la masa los siguen.

         Pero en la Iglesia abundan los poetas. Son los sacerdotes, los grandes poetas del siglo XXI. Unos sabiendo la rima, otros poniendo en práctica las enseñanzas de Cristo. Unos, porque son muy dados a la estilográfica y al papel, otros porque dominan las redes sociales; los hay quienes gozan con la predicación de la Palabra de Dios; no faltan quienes pasan tiempo en la oscuridad de la capilla rezando a Dios; y, los hay también, quienes mandan pintar en los frisos de sus templos frases que nos hacen llevar a la oración.

         Queremos grandes poetas que canten la vida y el amor, a ser posible, con alzacuellos y sotana.

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