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CON TEMOR Y TEMBLOR ANTE EL MISTERIO

Sacerdotes
16 marzo, 2016

¿Por qué no sale alguien orientando mejor estas prácticas?

Con temor y temblor de quien está enamorado de Cristo. Seréis libres si vivís en la verdad de Cristo.

Con temor y temblor de quien está enamorado de Cristo. Seréis libres si vivís en la verdad de Cristo.


“No termino de salir de mi asombro. Desde mi opinión, me sigo sintiendo mal desde que leí un artículo donde venía a decir claramente el origen de la comunión en la mano”

         ¿Cuál es mi experiencia? Hace muchos años que no doy la comunión en la mano a niños y adolescentes. Los catequistas de la parroquia, a los niños de primera comunión, en las fiestas del Corpus Christi, colocan en mi fila a los niños que ya conocen este criterio y no se escandalizan por ello. Sé que otros compañeros obligan a los niños a comulgar en la mano desde el día de la primera comunión. En cuanto a la modalidad usada, he visto de todo y en muchos; mientras que casi en pocos he visto hacerlo como está prescrito por las normas de la Conferencia Episcopal Española. Me enseñaron hace tiempo que la comunión “se toma”, “no se coge”. También he escuchado que sólo las manos del sacerdote están consagradas por el Santo Crisma. Después oímos decir que se han llevado las hostias consagradas para hacer misas negras o/y satánicas. E incluso aquella anécdota de quien profanó un sagrario en tiempos de guerra, esparciendo las hostias por el suelo y una niña acudía todas las noches para comulgarlas puesta de rodillas y con la boca y la lengua tocando el suelo, porque no se atrevía a cogerlas con la mano. En una parroquia, donde se puso un comulgatorio, se le llamó la atención al párroco, diciéndole con falsedad y mentira, que el obispo le había dado aquella orden tajante de retirar inmediatamente el “potro de tortura”. Hay también quien se saca el chicle de la boca en la misma fila de comulgar, para después hacerlo en la boca. ¡Hay de todo!

         ¿Qué fue lo que leí? Que la comunión en la mano se remonta a la siglo XVI o XVII, cuando los protestantes luteranos comenzaron a dudar y, más tarde, a negar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Para demostrar que Cristo no estaba en la Hostia consagrada, comenzaron a comulgar en la mano como manifestación de burla. Además, decía ese artículo, que el mismo Lutero, con todo su manifiesto de protesta reformista, jamás se le hubiera ocurrido comulgar de aquella manera.

         ¿Qué consecuencias ha tenido este artículo? Vengo observando que la comunidad cristiana se aleja paulatinamente de la presencia real de Cristo en el Sagrario y en la Eucaristía. ¿Cuáles son estos detalles? Apenas si los presentes en la Eucaristía se arrodillan en la consagración. Cuando llegan al templo, lo primero que hacen es visitar las capillas de sus devociones representadas en imágenes. El cancel del templo ha perdido su función de separar el mundo exterior del ámbito de lo sagrado, y tal como se viene de la calle se continua por el pasillo del templo: hablando, masticando chicle y con la vestimenta de otro local público más bien del tipo veraniego y “piscinero”. Por cualquier motivo, en la primera ocasión, se recurre al aplauso y lo más duradero y ruidoso posible, como si de un “plácidodomingo” se tratara. Lo único que nos falta es un “aplausómetro”. Los novios están más preocupados por adornar los bancos y el pasillo que el mismo altar. Y todo porque se fijan en las novelas y series televisas americanas, donde todo está influenciado por el protestantismo. Nosotros admiramos más estas cosas que salen en la televisión y a las que le damos toda la importancia posible, que la tremenda riqueza de una liturgia de la Iglesia Católica que ha ido creciendo a lo largo de dos mil años.

         ¿Qué me gustaría? No voy a pedir que TVE1 abriera su noticiario diciendo que el Obispo de tal diócesis en España ha desaconsejado la comunión en la mano y que invita a sus sacerdotes a iniciar una catequesis intensa para enseñar que Cristo está de una manera real, verdadera y substancialmente presente en el sagrario, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. No soy tan pretensioso. Pero sí me gustaría verlo en alguna portada de la revista diocesana o que algún párroco lo explicara en su catequesis semanal con los chavales.

         Respeto la libertad que la Iglesia concede a sus fieles a la hora de comulgar, como en las demás normas y disciplinas internas. Pero también veo, desde mi humilde atalaya de una parroquia rural, que parte de la crisis religiosa que se está sufriendo en la Iglesia viene por la falta de fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía. Y de todo lo que he escrito más arriba es un fiel reflejo de esta verdad que considero más que demostrada.

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