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CHARLIE HEBDO

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«Vaya por delante mi más enérgica condena contra los atentados que se han producido en Francia. Depende del lado del aire que uno se ponga, así te clasificarán»

La presencia necesaria en la sociedad de estas portadas creativas
La presencia necesaria en la sociedad de estas portadas creativas

    Estaba una mañana de jueves en las aulas de un instituto de pueblo, cuando se recibió la noticia de los atentados en Atocha el 11 de Marzo de 2004. A pocos días de celebrarse las Elecciones Generales en España. Las primeras noticias se referían a un atentado de ETA y los comentarios eran muy parecidos: “Ya tiene ganadas las elecciones el gobierno”. A medida que transcurrían las horas se iban confundiendo las noticias y ya se comenzaba a hablar de atentado islámico, como represalia por la participación de España en la Guerra de Irak.

         Ya estaba servido el debate. Si había sido ETA, ganaban unos; si eran de los islámicos, ganaban otros. Y así fue. No hubo que dar más pábilo a la discusión. Los medios de comunicación comenzaron a cocinar las elecciones, y así fue el resultado de las mismas.

         Ahora han saltado todas las alarmas con los atentados islamistas en Francia, asesinando vilmente a periodistas y ciudadanos que, según “ellos” se burlaban del Islam. Y el cartel más repetido es “Je suis Charlie”. De pronto, en la inmensa mayoría de los medios de comunicación comenzaron a salir títulos y titulares con esta única línea de opinión: “Todos debemos ser Charlie Hebdo…, Todos somos… Libertad de expresión… Tolerancia… Presencia necesaria…” De pronto, también comienzan a aparecer a cuenta gotas artículos aquí y allá, con esta otra pancarta: “Ye ne sui pas Charlie” (“Yo no soy Charlie”). Y se da comienzo a la discusión. Los que afirman lo primero están en la línea mayoritaria del pensamiento moderno, de los que piensan políticamente correcto; los que se atreven a afirmar lo segundo se les pone en duda si realmente condenan los atentados. Si decimos una cosa, seremos premiados por la prensa; si afirmamos lo segundo, seremos condenados y orillados por la misma prensa.

         Y, ahora, el Papa Francisco, del que hemos afirmado que él era “Charlie Hebdo”, sale con declaraciones más que claras diciendo que nunca se puede admitir la burla y el sarcasmo contra ninguna religión. Y, ¿cuál es la respuesta de esta revista? ¡Nada!, a burlarse groseramente de la religión católica.

         Parece que ya hemos aprendido que no nos podemos burlar del Islam, porque sabemos de sus respuestas. Seguimos utilizando la libertad de expresión para atacar contra la libertad de religión, que parece ser la prima segunda de los derechos humanos. Una libertad y un derecho que debe ser recluido en “zulos”. Pues, condenando los atentados terroristas –éstos como todos los que se produzcan en cualquier parte del mundo y bajo cualquier signo o bandera-, sigo creyendo que no hemos de glorificar a los que destruyen, afirmando que son “presencia necesaria en la sociedad”, ni que todos “Debemos ser…” El respeto y la libertad no pueden ser orilladas en nombre de la burla y la ironía. Seamos inteligentes para no perder el tiempo en discusiones banales, sino para seguir los mandatos de Dios en nuestra vida.

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