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Intereses económicos y comerciales en la investigación con embriones humanos congelados II

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Otra opción de FIV es el implante de ovocitos donados. Se recomienda en mujeres que, por diversos fallos en el funcionamiento de sus ovarios, no puedan usar sus propios óvulos. También cuando las demás técnicas de reproducción asistida han fallado. Es el procedimiento más caro: unos 6.000€. Además hay que contar con varios inconvenientes: análisis reiterados, tratamientos hormonales, hiperestimulación ovárica… Como contrapartida, es el método que ofrece mayor efectividad (entre el 50 y el 60%).

Adviértase también que el mercado de óvulos humanos es un negocio en aumento, no sólo por los experimentos de “clonación”, sino también por su demanda para parejas estériles. A través de “solidarios” anuncios se solicita óvulos de jóvenes estudiantes. En España se paga por la compra de óvulos entre los 500-900€ en concepto de “molestias”.

Por lo tanto, como se ha señalado, los precios de la inseminación artificial y de fecundación in vitro van, de media, desde los 600 hasta los 6.000€ por ciclo (FIV+DGP); mientras que la inyección espermática y el implante de ovocitos no bajan de los 4.500€ y 6.000€, respectivamente.

Por otro lado, en el 2008 hubo ganancias de más de 40 millones euros por concepto de aborto en España. Así pues, cabe preguntarse si a los intereses estrictamente médicos no acompañan otros de índole económica.

Una vez presentadas las principales modalidades de reproducción humana asistida y sus costes, este artículo se va a fijar en una de ellas: fecundación in vitro con embriones congelados.

A este respecto hay que advertir que la comercialización de embriones no es sino la expresión final de la “lógica de producción” a la que los seres humanos se hallan sometidos desde su generación en la reproducción artificial. Desde el momento en que la generación de la vida humana sale de su contexto natural-humano, se inicia un proceso gradual de deshumanización, o lo que es lo mismo, de “expropiación” de su dignidad, por el que la vida del embrión se comprende en términos de mercado. En este contexto mercantilista la vida del embrión humano no es ya un bien en sí mismo, sino un bien en cuanto “objeto”: un “producto” sometido al juego de la oferta y la demanda como cualquier otro artículo del mercado para satisfacer necesidades.

Esta lógica de producción lleva no sólo a utilizar a embriones humanos para fines de investigación, sino que incluso su producción mercantil y su uso comercial empuja a que sean directamente producidos, “genéticamente más fiables”, con la intención de conseguir a través de ellos cuantiosos beneficios económicos para los centros y empresas suministradoras de equipamientos e instalaciones. Dicha comercialización afianza más, si cabe, la consideración del embrión humano como bien-objeto disponible.

Otro asunto estrechamente relacionado con este tema corresponde a las políticas de investigación. El núcleo de esta cuestión no radica si dicha investigación ha de ser financiada con fondos públicos o privados, sino en las implicaciones éticas que la propia financiación con embriones humanos plantea. Por eso se ve necesario una regulación legislativa de carácter internacional que no permita al sector privado tener vía libre para investigar con seres humanos, sin más control científico y ético que aquel que el propio sector quiera imponerse.

Justamente, las políticas en investigación han de favorecer aquellas líneas de investigación que están consiguiendo efectivos resultados terapéuticos para la salud de muchas personas, y no políticas que atiendan a los beneficios económicos que obtendrían los grandes monopolios biotecnológicos y farmacéuticos, con la producción, muerte y comercialización de embriones humanos.

Por consiguiente, en la investigación con embriones “sobrantes” humanos entra en juego la fuerza de intereses no estrictamente terapéuticos, sino pura y simplemente económicos que explotan y manipulan el deseo de salud de las personas. Estas grandes empresas, con gran influencia y poder mediáticos, persiguen introducir medidas legales que aseguren dicho beneficio económico a costa de la salud de muchas personas enfermas que tienen puestas sus esperanzas de curación en investigaciones fraudulentas. Así las cosas, ¿cómo es posible que se pueda dejar en manos del mercado cuestiones esenciales para los valores sociales y morales de una sociedad?

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