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San Isidro Labrador

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Aunque ha pasado ya casi un mes desde que fue la festividad de San Isidro, quiero publicar un artículo que escribí hace algunos años en otro blog que tuve y que acabo de encontrarme, entonces escribía como «Francisco de Santoyo».
Hoy quiero escribir algo sobre este santo nacido en Madrid en 1080 y fallecido el 15 de mayo de 1130.
Vivió un siglo antes que mi admirado san Francisco de Asís, se dedicó al mundo de la agricultura (por ello es patrón de los agricultores, motivo de ello es que en Santoyo también sea fiesta este día), trabajaba para el noble Iván de Vargas y estaba casado con santa María de la Cabeza, con quien ha servido como ejemplo de que se puede llegar a la santidad estando casado y teniendo una familia.
Fue un apasionado de la naturaleza y de los animales, aunque no es tan conocido en este sentido como el Pobrecillo de Asís.
Tiene dos milagros bastante curiosos, uno de ellos cuenta como un día su hijo san Illán se cayó a un pozo y tras la oración de su padre las aguas comenzaron a subir, con lo cual consiguió rescatar al niño.
Pero el milagro quizá mas bonito (o al menos a mí me lo parece) es el que cuenta en las actas de canonización Iván de Vargas. Según este, en varias ocasiones cuando san Isidro se había parado a rezar en parroquias cercanas y se le había acumulado el trabajo, dos ángeles le ayudaban a arar.
Me parece interesante recalcar dos apuntes sobre este santo, uno que se dedicaba a la labranza, y el otro que estaba casado, por lo siguiente:
1) el trabajo, realizado en una medida que permita descansar y tener tiempo para otras cosas, es algo que dignifica al hombre, especialmente cuando se realiza ofreciéndolo a Dios. Pero sobre todo si se trata de labrar, puesto que se está colaborando con la Creación de Dios, y además esos alimentos recogidos están bendecidos por el Señor, y esto para los creyentes tiene mucho valor. Además, también supone una prueba de que no hace falta ser sacerdote o fraile para llegar a la santidad, puesto que también desde una posición de trabajador «normal» (por llamarlo de alguna forma) se puede conseguir ser santo, puesto que en vez de ver ese trabajo como una carga o una mera rutina si lo realizamos de cara a Dios por un lado adquiere un mayor sentido y por otro lado al ofrecerle al Señor nuestra labor cotidiana estamos poniéndonos en sus manos, entregando incluso aquello que pueda resultarnos fatigosos. «Venid a mí los que estáis cansados y agotados» dijo Jesús, quizá un remedio para cuando tenemos una tarea que realizar y no hay motivación para ejecutarla o estamos fatigados pero nos quedan aún unas horas de curro, lo mejor sea recordar esa frase.
Pienso que vive mas feliz alguien que trabaja teniendo en mente al Señor que alguien que ve el trabajo como una mera rutina, puesto que en el primer caso lo estaremos haciendo por Amor a Dios y precisamente este será el motor que nos impulse a trabajar siendo felices, mientras que sí lo vemos como algo rutinario lo que puede ocurrir es que muchas veces estemos desmotivados y o trabajemos con desgana y siendo ineficaces o nos cabreemos y por algún lado ese enfado tiene que explotar.
Creo que san Isidro comprendió muy bien este aspecto, pues además la labor de labrar, y sobre todo en esos tiempos, es muy fatigosa, sin embargo él siempre lo hizo feliz por amor a Dios, tan contento le veía el Señor que incluso le mandaba ángeles a ayudarle.
2) Igual que se puede ser santo sin ser sacerdote o fraile, podemos aspirar a tal estado estando casados y formando una familia, tal como hicieron nuestro protagonista de hoy y su esposa santa María de la Cabeza. Cuentan los cronistas que ambos formaron un matrimonio ejemplar y santo, ofreciendo también su convivencia, amor y a su hijo Illán a Dios. Por ello creo que también sirven como ejemplo para aquellos que quieren formar una familia, sobre todo en estos tiempos que está de moda decir lo de «es que el amor se acaba», yo la verdad que no estoy de acuerdo con la frase, puesto que puede ser que se acabe la chispa que origina el amor, o lo que podríamos denominar la «fase primera del enamoramiento» pero pienso que este sentimiento es como la materia, ni se crea ni se destruye (a no ser que ocurra un hecho muy fuerte) si no que se transforma.
Yo conozco a matrimonios que llevan 60 años casados, y es admirable ver como se quieren. Es probable que no sientan el mismo amor que cuando se enamoraron, pero sin embargo se aman, la prueba de ello son las seis décadas de matrimonio.
Por ello, os animo a aquellos que queráis formar una familia a que sigáis el ejemplo de estos dos grandes y humildes santos madrileños, orientando vuestra relación al Señor y dejando que sea Él quien tome las riendas, puesto que, estoy convencido, será el mejor capitán posible para una travesía tan apasionante como es la de formar un matrimonio duradero y una familia, algo que en nuestros tiempos no abunda, por desgracia.
En cuanto al trabajo, todos debemos seguir el ejemplo de san Isidro, y realizar nuestras obligaciones de cara a Dios aquellos que seamos creyentes (y los que no, siempre pueden encontrar otra motivación para trabajar siendo feliz, por ejemplo saber que ese trabajo nos permitirá alimentarnos y dar de comer a nuestra familia).
Y a los que somos de Madrid: felicidades gatos 😉 VIVA SAN ISIDRO LABRADOR!!!!!

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