Vivir para morir o Morir para vivir

|

Te dejo una carta que han publicado hoy en el diario Jaén y que me ha parecido muy buena:


Quería escribir unas líneas sobre mi abuela. Sé que ella no las leerá 

ya que aunque sigue con nosotros su avanzada edad, su silla de ruedas 

<
y la demencia senil no se lo permitirán. No voy a contar nada que a 

ella no le gustaría escuchar, únicamente anécdotas y situaciones que 

me hacen reflexionar sí morimos como hemos vivido o si vivimos para 

morir como nos merecemos. 

Dicen que la vejez se va anunciando a partir de una determinada edad, 

aquí no vale ni el dinero ni otro tipo de medios que no hayan sido el 

esfuerzo personal por llevar una vida…¿ordenada?, ¿disciplinada?, 

¿entregada?, no sabría definirla. La vejez no se improvisa, se va 

forjando con los distintos retos personales por los que vamos pasando 

a lo largo de nuestra vida.

Mi madre es hija única y desde que se casó con mi padre, la abuela ha

vivido con nosotros. Mi madre tuvo 13 hijos y el papel de mi abuela

como os podéis imaginar ha sido muy importante. De profesión enfermera 

y en mi casa una gran cómplice incondicional. Se jubiló de profesión  

pero nunca como abuela, actualmente tiene 90 años.




Por circunstancias de trabajo y familia somos pocos los que tenemos la

suerte de estar más tiempo en casa cuidándola y aunque su situación

invita a llevarla a una residencia, mi madre siempre ha tenido muy

claro que sus últimos días los pasará en «su piso», como pedía ella

antes de perder la lucidez. Distorsiona realidad y ficción, recuerdos

del pasado y frases que le llegan del presente, pesadillas nocturnas

de las que se despierta llorando, ¿y de fondo?…puntual como un

reloj, desde que no se puede levantar, gira el brazo izquierdo para

apagar su despertador, no duerme más de 8 h. Tiene pasión por el rezo

del Rosario que es lo que más le tranquiliza, y su misa diaria a

través de la tv. Recuerdo un día que se fue la luz y la única opción

era colocar el portátil con su batería y poner una misa que teníamos

grabada para que no estuviera todo el día llorando porque le habíamos

dejado sin Misa.


Cuando alguna vez me he puesto nerviosa  y le he hablado más alto de

lo normal, ella me ha contestado con un “perdona no te vuelvo a

llamar”, aunque  no pasaban 30 segundos y ya me estaba llamando otra

vez. Hoy en día se habla de la eutanasia, de que la persona no sufra,

que esta última etapa de la vida no tiene sentido. Pues pienso que sí,

mucho más sentido y significado del que nos imaginamos, aunque este

tema daría para otra carta. Sólo decir que nuestros mayores son

nuestro “altavoz” en la forma y en el contenido de cómo no

desaprovechar una vida.


Tenemos muy claro, que en esta vida no nos agradecerá los detalles que

tenemos continuamente con ella porque no tiene esa posibilidad, pero

no dudo que en el cielo cuando sea consciente de todo nuestros

cuidados, habrá una hija y un yerno con sus 13 nietos en la tierra que

tendrán una gran intercesora.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *