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Si no lo veo…no lo creo

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Todos, para las cosas de Dios, parece que tenemos un apóstol Tomas en nuestra alma. Y si nuestros sentidos: no tocan, no palpan, no ven o no huelen…parece como si esa realidad no existiese.

Sin embargo para otras cosas:  la fuerza gravitatoria, la energía, la existencia de partículas tan ínfimas que no hay quien las vea, las ondas….nadie duda.

Pues te voy a dejar una explicación del Papa Benedicto XVI sobre ese no veer para creer que juega con esas cosas que sin ver se creen. Era mientras charlaba con unos chicos que se preparaban para la primera comunión y uno, Andrés, le pregunto: Mi catequista, al prepararme para el día de mi primera Comunión, me dijo que Jesús esta presente en la Eucaristía. Pero, ¿cómo? yo no lo veo:


Respondió el Papa: Sí, no lo vemos, pero hay muchas cosas que no vemos y que existen y son esenciales. Por ejemplo, no vemos nuestra razón; y, sin embargo, tenemos la razón. No vemos nuestra inteligencia, y la tenemos. En una palabra, no vemos nuestra alma y, sin embargo, existe y vemos sus efectos, porque podemos hablar, pensar, decidir, etc. Así tampoco vemos, por ejemplo, la corriente eléctrica y, sin embargo, vemos que existe, vemos cómo funciona este micrófono; vemos las luces. En una palabra, precisamente las cosas más profundas, que sostienen realmente la vida y el mundo, no las vemos, pero podemos ver, sentir sus efectos. No vemos la electricidad, la corriente, pero vemos la luz. Y así sucesivamente. Del mismo modo, tampoco vemos con nuestros ojos al Señor resucitado, pero vemos que donde está Jesús los hombres cambian, se hacen mejores.

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