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El cuidado de lo sagrado

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Hoy he tenido una plática con chicos de 13 años y, en ocasiones, estos chicos se dedican más a hablar entre ellos y a jugar; cuando no a estar con el móvil mandándose mensajes, que a mirar el Sagrario de la Capilla.

Entonces me acorde que hace unos meses celebre en, nada menos y nada menos, que una Basílica menor una boda de unos amigos. Antes de comenzar se había celebrado ya otra que, al terminar, se convirtió en una fiesta dentro del templo: unos y otros no paraban de saludarse, grandes voces, hablar en voz alta entre ellos sin darse cuenta de que podían estar molestando a otros, etc.

Cuantas veces, por ejemplo, después de un funeral u otro acontecimiento sacramental, el templo se convierte, más que en un lugar para rezar, en un lugar para saludarse y tener una entrañable conversación con alguien que hace tiempo que no se ha visto.

Pues, es verdad que el cuidado de lo Sagrado del templo depende del párroco pero ¿no podríamos ayudar todos, con delicadeza, a que nuestras iglesias sean lugares de oración y recogimiento facilitando el silencio?

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