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las instrucciones de Dios

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¿Alguna vez habéis probado a montar un mueble de Ikea sin saber qué mueble es? Yo sí.

Justo el otro día, me tocó encargarme de montar un mueble para la oficina. La caja era marrón, sin ninguna información sobre lo que me podría encontrar.

Al abrir la caja empezaron a salir piezas de madera de diferentes tamaños, una bolsa con tornillos y una llave Allen. Sí, parecía un mueble, pero ni fu de qué era o por dónde empezar a montarlo.

Hasta que di con lo que llevaba buscando desde que me encomendaron esa misión.

¡Las instrucciones!

Ahora todo cobra sentido, se hizo la luz.

Salvando las distancias, con Dios nos pasa exactamente eso. El hombre con los sentidos, la razón y el deseo que tenemos de Él, podemos alcanzar a sospechar su existencia, podemos percibir ligeramente su presencia, podemos valorar la creación. Conjeturas, pero poco más.

¿Cómo conocerle? ¿Cómo llegar a amarle?

Para poder conocer a Dios verdaderamente y por consiguiente amarle, Él nos tiene que dar sus instrucciones.

Dios nos lo ha dado para que le conozcamos bien y podamos entenderle y amarle.

Estas instrucciones son lo que llaman “la revelación de Dios”. Y son la Biblia, el magisterio y la tradición.

En las sagradas escrituras Dios nos ha dejado su historia, una historia donde Él con infinita paciencia nos ha ido buscando a lo largo de los siglos hasta que no le quedó más remedio que mandarnos a su hijo para que al final podamos acercarnos a Él. Seguramente nada de esto hubiera hecho falta sino fuera por el pecado original y por lo lejos que nos hace estar del Señor.

Gracias a los Apóstoles antes, y a los obispos y miembros del magisterio ahora, podemos comprender un poco más a Dios y seguir el camino que nos ha trazado hasta el Cielo.

Por eso hay que leer la biblia, es asombroso cómo todo cobra sentido y cómo todo encaja a la perfección.

Yo, preferisco il Paradiso.

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