Infovaticana
Cartas desde Praga

Cómo se forman las naciones y los estados

Peter Kopa
4 julio, 2016

Hasta ahora me parece que se ha prestado poca atención a los factores metademocráticos, que se dan como situaciones de hecho que configuran la sociedad, tal como los vemos hoy, y que son el resultado de procesos multiseculares como la mudanza de los pueblos, las guerras, el hundimiento de imperios y surgimiento de otros nuevos, las pestes, el hambre, el credo religioso, la cultura,  los descubrimientos geográficos, el progreso científico y técnico, la educación, la cultura, la ciencia  y las oscilaciones demográficas. En los últimos dos siglos, estos tres últimos factores han sido muy importantes en la plasmación de las sociedades que han dado lugar a  los Estados actuales, por lo cual me voy a detener en ellos. Pero antes recomiendo también aquí ir a YouTube, poniendo en el recuadro buscador la frase ´Ronald Reagan a man of faith´.

El factor cultural

El progreso científico y técnico ha dado lugar, primero en Occidente, a la mecanización de la agricultura y a la industrialización, que a su vez favoreció  el industrialismo y el crecimiento vertiginoso de las ciudades. Al mismo tiempo se iba conceptualizando y difundiendo la democracia como nueva forma de elección de los gobernantes. En este sentido el gran paradigma fueron los USA, instaurándose allí el Estado de Derecho, la Constitución con sus garantías en favor de la defensa de los Derechos humados irrenunciables del individuo, y, sobre todo, el principio de que el Estado tiene que estar al servicio del hombre individual y de la familia como célula básica de la sociedad.

Toda esta nueva forma de gobierno democrático estaba profundamente inspirada en principios judeo-cristianos y era anterior a la Revolución Francesa. Hay que recordar, a este propósito, que el territorio de USA fue poblado inicialmente por ingleses e irlandeses perseguidos por su fe. Así han llegado a las costas norteamericanas personas con un sueno y una visión de fundar un nuevo mundo sobre las bases de la Ley Natural y sobre los principios mencionados, en cierta manera reforzados por el puritanismo protestante. Y precisamente por este motivo, USA se fue considerando cada vez más como el guardián de la justicia y de la democracia, que es un mesianismo político que está en el fondo de sus intervenciones militares en Corea, Vietnam, Kosovo,  Iraq, Libia, Afganistán y ahora mismo en Siria, arremetiendo contra el IS (Islamic State).

Inspirados primordialmente en este modelo americano, muy distinto de las ideas propaladas por la Revolución Francesa, en cuanto inspirada en el ateísmo racionalista,  primero en todo el Occidente y desde el siglo XX en casi todo el mundo se ha ido formando la conciencia democrática. Y esto con sus más y sus menos, según el punto de partida en una nación concreta. Esta inculturación democrática, por ejemplo, sigue siendo hasta hoy muy difícil en África, debido a  la organización tribal de la convivencia social.

En este sentido, cada Estado tiene su propia historia, irrepetible y distinta de los demás Estados. Hasta hoy, en muchos sitios, el ropaje democrático exterior se sobrepone a formas ancestrales de atribución del poder político. Un caso especial son los países islámicos, donde siempre se ha aplicando la Ley del Corán que impone también sus reglas en la formación del gobierno, como algo rigurosamente exigido por Alá y muy lejano de la Democracia.

 

El progreso científico y tecnológico

El progreso científico y tecnológico ha permitido una creciente calidad de vida, no sólo en el orden material, que repercute positivamente en las expectativas de su duración, que hoy está llegando en Europa a los 80 anos, gracias sobre todo a la medicina y a las mejores condiciones de higiene.  El transporte rápido, la infraestructura de autopistas, túneles, puentes,  ferrocarriles y aeropuertos está reduciendo  cada vez más las distancias y las diferencias entre los pueblos. Así, todo vuelo es, sin darnos cuenta, un acontecimiento cultural que acerca los pueblos entre sí, contrarrestando antiguos prejuicios y odios, aunque todavía hoy siga habiendo un cierto pique entre  Alemania y Holanda, y entre Inglaterra, Francia y España etc. El turismo, los eventos deportivos transmitidos por TV y los medios de comunicación tienen en este sentido un efecto altamente positivo, hasta el punto de que hoy por hoy no es pensable una guerra entre los países de Europa,  ni entre la gran mayoría de los demás países sin  un liderazgo mundial. En cambio, las tensiones con potencial bélico se ven  hoy en la beligerancia yihadista de una pequeña parte de los países árabes y en las pretensiones hegemónicas  de Rusia  y de Corea del Norte. Y los USA, por su parte, siguen ejerciendo su función de vigilantes de los Derechos Humanos, buscando al mismo tiempo sus propios intereses geopolíticos.

 

El factor demográfico

Sin embargo, en los últimos 50 anos, lo que más profundamente ha transmutado el sustrato humano de los Estados ha sido la píldora anticonceptiva (o abortiva) y los abortos, que en Europa ya han llegado a la cota de 40 millones, y en USA a los 51.1376.750 desde 1973 hasta el 2011, según el Instituto Guttmacher, norteamericano. Si consideramos que en 1880 en USA había 50.189.209 habitantes, según el censo oficial, la cifra de homicidios de nonatos resulta espeluznante y casi increíble.  Es fácil imaginarse todo el enorme potencial de talentos humanos que así se ha eliminado del mundo. De haberse dejado vivir en Europa y USA a estos cien millones de hombres y mujeres (al 2015 habremos ya superado este baremo, si incluimos los abortos no registrados) estaríamos ahora culturalmente mucho mejor. Probablemente no hubiesen habido ambas guerras mundiales.

El efecto combinado de estos dos  frenos demográficos –la píldora anticonceptiva y el aborto-  explica porqué hoy por hoy se está reduciendo dramáticamente la etnia europea originaria, que está siendo sustituida en Europa por los  ya 20 millones de inmigrantes árabes, turcos y africanos. Los árabes no asimilan la cultura y la forma mentis europea  en las primeras dos generaciones.

En cambio, en USA  hubo una fuertísima corriente inmigratoria europea, causadas por las guerras mundiales del siglo pasado, que han ocasionado una mudanza de decenas de millones de personas, que se han adaptado rápidamente al nuevo mundo y  han enriquecido el capital humano de esta nación.  Luego ha seguido un fuerte flujo inmigratorio desde Méjico y desde el Asia. Al ser USA un país joven y con una mentalidad más abierta, la asimilación de estas personas no planteó ni supone hoy  grandes problemas, en buena parte porque son mayoritariamente de cultura cristiana, con una fuerte dosis de cultura hispanoamericana. En estos acontecimientos se puede ver cómo el alto crecimiento demográfico ha hecho de los USA el país líder mundial. Además, en USA se registran más nacimientos por mujer que en los países europeos, con la excepción de unos pocos.

El desequilibrio demográfico, sobre todo en los países más desarrollados de Europa, pero también en el Japón y la China, crea el problema de que cada vez menos jóvenes, en edad de producción económica, tienen que sostener a cada vez más personas retiradas del trabajo. Hay que tener en cuenta, que la mayoría de los países tienen el sistema de las pensiones que se pagan con la aportación de los contribuyentes en ese mismo momento.

Sin embargo, las raíces profundas de este suicidio étnico, que pone en ridículo cualquier romanticismo en torno al amor a la patria, al beso de la propia bandera, al afán de defenderla con las armas, se encuentran en la dimensión cultural de los individuos. El quid del asunto está en la concepción que se ha ido formando  el hombre de sí mismo, en los últimos cincuenta anos, cuando comenzó la caída demográfica. Esta cuestión depende directamente de la opción que adopta el individuo ante la cuestión de la fe en Dios. Si cree en él y si se esfuerza por seguir los principios morales,  tales personas  serán     coherentes con estos principios, que entre otros efectos  tendrá el de una mayor  apertura hacia la transmisión de la vida. En cambio, si el individuo relativiza, revisa o sustituye esa premisa existencial – que inspira todas las religiones  y que retumba en la conciencia – por la ley del propio gusto, ¿no seria igualmente su consecuencia inmediata, la total reprogramación de la conciencia moral, con  resultados nefastos en la sociedad?

Esta segunda  opción  –generalmente inconsciente – sitúa a  Dios  en un segundo plano,  que se considera a veces un fundamentalismo superado. ¿No significa esto enaltecer el propio yo, arrogándose así el hombre una  cómoda libertad absoluta?  Por definición, la cultura es la objetivación de valores verdaderos, por parte del individuo y de la sociedad, aquí y ahora.  Prácticamente, el hombre, al valorarse a sí mismo por encima de todo, como su medida última,  lo que pretende es ponerse en el lugar de Dios, a quien no necesariamente niega, pero le pone sus condiciones para creer en él. Cuando este proceso asume la forma de abandono de la primera premisa correcta, donde Dios estaba en el centro, se produce un autoengaño profundo que da lugar a un comportamiento que lo degrada en su comportamiento moral.

La era pos cristiana está  marcada por este problema, manifestando los frutos amargos de una anticultura que llega al extremo del satanismo. Así, lo único bueno es lo que halaga el yo, y aquí en primer lugar está el regodeo en el propio poder y gloria, aunque no sea más  que  buscar el placer sin barreras y a cualquier precio,  el deporte,  un coche y poco más. Una persona así no puede comprender que la verdadera plenificación humana sólo se puede encontrar respetando las reglas de la Ley Natural. Y en esta línea ocupa un lugar primordial el no desestimar el instinto y la vocación a la maternidad y a la paternidad.

Es decir,  toda esa multitud de personas que se han dejado seducir por las promesas publicitarias del placer personal, como fin último, son las que no quieren tener hijos porque ven en ellos un estorbo para sus viajes, sus deportes, su vida profesional, su belleza física etc.  Este efecto es más nocivo en la mujer, porque ella es la protagonista principal en la transmisión de la vida humana. Menos mal que el error del feminismo está perdiendo mucho terreno en USA, donde ha nacido. Este perfil que opciona por el ˇfree choice´ en todo y para todo, a la hora de las elecciones políticas  preferirá probablemente candidatos que aprueban el aborto, los matrimonios gay, un ecologismo equivocado  y la iniciación sexual en las escuelas a partir de los 9 anos etc.

Por lo antes dicho cabe concluir que el voto democrático formal, periódico, es sólo una de las formas de elegir un gobernante, lo cual es lo menos importante. Las opciones vitales individuales constituyen  la otra forma de votar, mucho más trascendente en sus resultados, como por ejemplo,  el hecho de no querer tener hijos, porque al cabo de tres generaciones logra transmutar la base humana del Estado. Otras formas de voto fáctico conformador de un pueblo y de su organización jurídica es el rechazo de principios éticos, o el dejarse engañar por los errores ecologistas –de que el hombre es causa del calentamiento global- o la aceptación de cualquier otra ideología errónea.

Un ejemplo de falta de neutralidad ideológica nos brinda la votación democrática que permitió a Hitler llegar al poder. Entonces,  uno de los grandes engaños era la discriminación racial de judíos y de otras etnias , y el convencimiento de que la humillación de la primera guerra mundial había que arreglarla por las armas. En 1933, la Iglesia Católica condenó la ideología Nazi en el documento magisterial ˇMit brennender Sorge´ (Con Ardiente Preocupación), que se ha leído desde el púlpito en las iglesias católicas de Alemania. Así se explica que la gran mayoría de los votos a favor de Hitler procedían del electorado no católicos, en el norte del país. Podría aducir más  ejemplos.

Ante esta situación, pregunto al lector: ¿No haría falta examinarse uno mismo para asumir eventualmente la responsabilidad personal por apoyar situaciones de hecho que son una carga para la sociedad? O al contrario: ¿Qué más puedo hacer yo para aportar más hechos positivos que mejoren la conformación de mi nación y de mi estado? Estas consideraciones quizás no sean  ´políticamente correctas´, pero no hay ninguna demostración de que la mayoría realmente desee el estado de cosas que estamos lamentando. A estas alturas de nuestra historia, ¿no ha llegado el momento de pensar y hablar claro, sin herir a nadie, pero tampoco sin dejar de decir lo que en conciencia nos parezca lo mejor? ¿No será que en la sociedad redunda la misma lucha  que tiene el hombre en su interior, que tantas veces  hace el mal y luego lo lamenta y arregla?

Un ejemplo triste, que ahora mismo está destrozando familias: hacia finales de Agosto de 2015 cayó en Australia algo así como un relámpago desde el cielo mediático mundial: unos hackers  han logrado entrar en la plataforma digital Ashley Madison,  el montaje cibernético nr. 1 que tiene como fin intermediar contactos entre hombres y mujeres que buscando relacionarse amorosamente, sacando a la luz 36 millones de clientes, en su gran mayoría hombres.

Como si fuera poco,  inmediatamente  se dió a este banco de datos un buscador, para que cualquiera pueda ver si una persona concreta es o ha sido alguna vez cliente de esta nefasta organización. Y algunos periodistas  están ahora a la caza de información sobre cualquier persona VIP, para convertirla en la diana de sus tiros a matar su buena fama.

Ante toda esta problemática moral y cultural, el Estado en la OCDE debería  favorecer  toda iniciativa que busque dar una formación cultural positiva a la población, coherente con la cultural judeo-cristiana que le dio grandeza y liderazgo. Hay que tener en cuenta que la calidad de los gobernantes, y el buen o mal hacer de los mismos, es una función directa de la calidad moral y cultural de los ciudadanos. Ante la impotencia del Estado de lograr que sus súbditos sean buena gente, no tiene más remedio que apoyar a toda labor institucionalizada de orden religioso o cultural, que en base al principio de subsidiariedad, quite al Estado las castañas del fuego. El Estado cometería un craso error pensando que él mismo, mediante sus escuelas públicas, podría conseguir lo mismo sin la iniciativa de esos grupos intermedios. Y lo peor de todo, en este sentido, es cuando el Estado, como el perro del hortelano (un refrán español), no come ni deja comer. Es decir, cuando en el sector educativo pone condiciones legales muy difíciles a la hora de controlar la iniciativa educativa de los ciudadanos, imponiendo así fácticamente su monopolio en la educación,  siempre con el dinero de sus fieles contribuyentes.

 

 

 

 

 

 

Peter Kopa